Las dos veces que ondearon en la Casa Blanca banderas de otro país

Recreación artística de la bandera serbia en la Casa Blanca en 1918/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El 4 de septiembre de 1970, siguiendo una sugerencia de su esposa Pat, el presidente de los Estados Unidos de América, Richard Nixon, emitió una orden por la que ordenaba que, en lo sucesivo, la bandera nacional ondease en lo alto de la Casa Blanca las veinticuatro horas del día, todos los días de la semana, independientemente de si el presidente estaba en el edificio o no. Fue la llamada Proclamation 4000, que se ha cumplido a rajatabla desde entonces. Lo que muchos no saben es que, además de la Star-Spangled Banner, como se conoce a la enseña de barras y estrellas, también ondearon dos extranjeras en sendas ocasiones: la de Serbia y la de Francia.

Pat Nixon fue una primera dama casi revolucionaria en lo referente a la remodelación y decoración de la residencia presidencial, continuando y ampliando la labor iniciada por Jacqueline Kennedy. Fue ella quien incorporó más de seiscientas obras de arte (muebles, pinturas, esculturas…), quien devolvió los bergères (sillones) franceses al Salón Azul, quien restituyó los retratos originales de John Quincy y y su esposa Louisa Adams pintados por Gilbert Stuart -hasta la fecha sustituidos por copias- y quien, en suma, renovó las salas de Mapas y de China, aparte de las nueve habitaciones familiares.

Asimismo, Pat Nixon mandó instalar rampas para sillas de ruedas, traducir los folletos de visita a varios idiomas, iniciar los tours turísticos nocturnos y cambiar todo el sistema de iluminación del inmueble para darle el tono blanco que se consideró más adecuado. De ese modo, la Casa Blanca entró en lo que se suele denominar una Edad de Oro, abierta al público y con una función pedagógica que la hace ir más allá de su mero sentido residencial. No en vano es uno de los símbolos políticos del país y tiene la consideración de National Heritage Site. En suma, casi parecía inevitable que fuera ella también quien introdujera la novedad de la bandera perenne.

La familia Nixon, en la Casa Blanca/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En ese sentido, cabe aclarar que en EEUU se hace un énfasis especial en el tratamiento del tema de la enseña, hasta el punto de que existe incluso un Flag Code que recopila todas las leyes relativas a ella existentes en el corpus legislativo estadounidense (el título 4, capítulo 1º se refiere a la bandera; el título 18, capítulo 33º, sección 700 se refiere a sanciones penales por profanación de banderas; el título 36, capítulo 3º se refiere a las costumbres y observancias patrióticas), además de las órdenes ejecutivas y proclamaciones presidenciales. Curiosamente, vulnerar dicho código por motivos políticos no es punible, según dictaminó recientemente la Corte Suprema, porque cualquier violación queda amparada por la Primera Enmienda.

Eso no impide que el Flag Code sea minucioso hasta el más mínimo detalle. En sus disposiciones se pueden consultar cuestiones tan singulares como la forma correcta de saludar a la bandera, si hay que quitarla los días de lluvia para que no se moje, cómo doblarla o retirar y destruir una cuando ya está vieja, si es adecuado remendarla, la posibilidad de comprar alguna que haya ondeado en el Capitolio, los colores de Pantone exactos para imprimir un modelo y la exención de impuestos en los comercios para quien adquiera un ejemplar.

Lo que nos interesa aquí es el asunto comentado al principio. Si en muchos lugares del mundo sus banderas se arrían cuando la máxima autoridad no está presente, en EEUU no es así; la enseña siempre ondea en la azotea de la Casa Blanca por una proclamación de Nixon, tal como vimos, aunque la mayoría de los estadounidenses creen lo contrario. Como mucho se puede enarbolar sólo a media asta para rendir honores fúnebres a alguna personalidad importante fallecida (a menudo congresistas y senadores) o para recordar personajes y hechos históricos de especial relevancia.

Quema ceremonial de viejas banderas en la Base Naval de Kitsap, Washington, en 2010/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En esa misma línea, hay otra posibilidad: la colocación de otra bandera tremolando simultáneamente a la de barras y estrellas. Es algo que ha ocurrido únicamente dos veces en toda la historia del país y ambas en la misma época, el primer cuarto del siglo XX, separadas apenas por un lapso de dos años. La primera fue en julio de 1918, un mes antes de la llamada Ofensiva de los Cien Días que iba a suponer el final de la Primera Guerra Mundial en noviembre, cuando los aliados se impusieron en la batalla de Amiens y acto seguido rompieron la Línea Hindenburg. La bandera que los ciudadanos pudieron ver junto a la suya fue la de Serbia.

¿Por qué Serbia? Hay que remontarse cuatro años atrás, cuando un estudiante y activista serbiobosnio llamado Gavrilo Princip, militante del grupo revolucionario la Joven Bosnia, acabó a tiros con el archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, para vengar la anexión por el Imperio Austrohúngaro de Bosnia-Herzegovina, que hasta entonces formaba parte del Reino de Serbia, con el cual había mantenido además una guerra comercial. La víctima era el heredero del trono imperial, así que su gobierno presentó un ultimátum que, al no ser aceptado, significó el estallido bélico.

Bandera a media asta en la Casa Blanca/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

O sea, Serbia fue la primera víctima de las Potencias Centrales, y, por tanto, aliada de EEUU; de ahí el homenaje vexicológico de 1918. En palabras del que era secretario de Estado, Robert Lansing: «El honorable pueblo serbio se vio obligado a defender su país y sus hogares contra un enemigo que lo quería destruir y sacrificó todo por la libertad y la independencia». Los norteamericanos se volcaron en ayuda financiera y material a los serbios y Lansing convocó a sus ciudadanos a reunirse el domingo 28 de julio de 1918 para rezar por el país balcánico, en lo que fue bautizado como Día de Serbia.

La segunda vez en que hubo dos banderas en lo alto de la Casa Blanca llegó en julio de 1920. La contienda global había concluido año y medio antes, así que el episodio histórico a conmemorar no tenía nada que ver: se remontaba a doscientos treinta y un años, al 14 de julio de 1789, cuando la tensión revolucionaria en la Francia de Luis XVI eclosionó al ser destituido el ministro de Finanzas, Jacques Necker, por sus simpatías hacia el Tercer Estado y se precipitó el momento más emblemático de la Revolución Francesa: la toma popular de la prisión real, la famosa Bastilla.

Foto Internet Archive Book Images en Wikimedia Commons

Eso dio origen, al año siguiente, a una jornada de fiesta conocida como Fête de la Fédération, que en 1879, al cumplirse el primer centenario, se transformó en el Día de la Bastilla, festivo nacional celebrado en honor de la República. Las comunidades galas en el extranjero lo popularizaron, por eso en EEUU hay fastos temáticos en más de una veintena de ciudades con desfiles, feria gastronómica, fuegos artificiales, recreaciones históricas, etc. La Casa Blanca se sumó izando la drapeau tricolore; al fin y al cabo la había diseñado, según la tradición, alguien muy relacionado con ambas naciones: el marqués de Lafayette, colaborador decisivo de la independencia estadounidense.


Fuentes

U.S.A Gov (Unites States Government), U.S. Flag Code | Richard Nixon Foundation, Pat Nixon and the Golden Age ff The White House | U.S. Embassy in Serbia, The day when the Serbian and U.S. flags flew together over the White House | Rosemonde Sanson, Les 14 juillet, fête et conscience nationale 1789-1975 | Wikipedia