La semilla de mayor edad de la que germinó una planta tenía 2.000 años y se encontró en el palacio de Herodes en Masada

Matusalén en 2012 | foto Benjitheijneb en Wikipedia Commons

La mayoría de las plantas se reproducen mediante semillas. Así es como lo hacen las espermatofitas, que son el linaje de plantas más extenso de la Tierra, con unas 270.000 especies vivientes. Cada semilla contiene un embrión del que, bajo las condiciones apropiadas, se desarrollará una nueva planta. La semilla más antigua corresponde a un fósil encontrado en Bélgica, denominado Roncaría, y que tiene unos 390 millones de años.

Algunas semillas emplean una adaptación evolutiva que impide que germinen durante condiciones ecológicas inadecuadas, que normalmente conducirían a una baja probabilidad de supervivencia. Esta adaptación se llama latencia y permite que las semillas sobrevivan durante prolongados periodos de tiempo.

Pero con el tiempo las semillas van perdiendo viabilidad, esto es, la capacidad de iniciar la actividad metabólica, el crecimiento celular y la germinación. En general las semillas pequeñas, sobre todo las de especies de maleza y las anuales tienes más probabilidades de permanecer viables durante más tiempo.

Las semillas encontradas en el palacio de Herodes en Masada | foto Guy Eisner / Arava Institute

Muchas especies de plantas tienen semillas que retrasan la germinación durante muchos meses o años, y algunas semillas pueden permanecer en el suelo enterradas durante más de 50 años antes de germinar. Algunas semillas tienen un periodo de viabilidad muy largo, y la semilla germinativa más antigua documentada, de la que nació una planta, tenía casi 2000 años de antigüedad según la datación por radiocarbono.

Era una semilla de palmera datilera de Judea cuyos frutos, los dátiles, constituían el alimento básico en el desierto de Judea durante la Antigüedad. Espesos bosques de estas palmeras crecían alrededor del Mar Muerto y entre éste y el Mar de Galilea y las regiones del Valle de Hula en el norte. Heródoto decía que los dátiles de Judea eran más secos y menos perecederos que los de Egipto y, por tanto, más aptos para su almacenamiento y exportación. Plinio el Viejo escribió que eran conocidos por su suculencia y dulzura.

El valle de Arava | foto Chadica en Wikimedia Commons – Flickr

Sin embargo, para el siglo XV las palmeras datileras ya habían desaparecido de Judea, bien por la acción humana o por un cambio en el clima. El escritor y diplomático francés Pierre Belon, que visitó la zona en 1553, no pudo encontrar ninguna, por lo que expresó sus dudas de que la región pudiera haber producido alguna vez la abundancia de dátiles de la que hablan las fuentes antiguas.

Entre los años 1963 y 1965, se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas en el palacio de Herodes el Grande en la fortaleza de Masada (el último bastión de los rebeldes macabeos en la guerra contra Roma en 73 d.C.), durante las que se encontró una vasija de arcilla intacta en cuyo interior había varias semillas de palmera datilera. Habían estado en un ambiente muy seco y protegido durante siglos. La datación por radiocarbono realizada por la Universidad de Zúrich confirmó que las semillas databan de entre 35 a.C. y 65 d.C. No se les prestó mucha atención y fueron trasladadas a la Universidad de Bar-Ilan en Ramat Gan, donde las semillas estuvieron almacenadas durante 40 años.

Matusalén en 2013 | foto Avishai Teicher en Wikimedia Commons

Pero en el año 2005 la doctora Elaine Solowey, del Centro de Agricultura Sostenible del Instituto Arava de Estudios Ambientales, decidió plantar tres de esas semillas. Las preparó remojándolas primero en agua tibia para ablandar la cubierta exterior. Luego las colocó en un baño de hormonas ácidas y, finalmente, se sumergieron en una solución nutritiva enzimática derivada de algas. Luego se plantaron en el Aravá, un valle situado entre la costa meridional del mar Muerto y el golfo de Eilat-Aqaba, en el mar Rojo.

Seis semanas después una de las semillas brotó dando lugar a una planta masculina (que no puede dar frutos) a la que se denominó Matusalén (en referencia al abuelo de Noé, el hombre más viejo de la Biblia), convirtiéndose en la planta germinada de la semilla de mayor edad en la historia.

Matusalén en 2018 | foto DASonnenfeld en Wikimedia Commons

Aunque las dos primeras hojas eran muy planas y pálidas, posiblemente debido a la falta de nutrientes, la tercera ya parecía una hoja de datilera. Para 2008 ya tenía casi una docena de frondas y medía 1,4 metros de altura. En febrero de 2020 había alcanzado los 3,5 metros de altura.

Desde 2019 se han cultivado más semillas de palmera datilera de Judea, recuperando la planta de la extinción. Varias de estas son femeninas, por lo que fueron polinizadas con el polen de Matusalén. Una de ellas, llamada Hannah, dio dátiles en 2021.


Fuentes

Michael K. Fenner, The Ecology of Seeds | Sarah Sallon, Emira Cherif, Nathalie Chabrillange, Elaine Solowey, Muriel Gros-Balthazard, Origins and insights into the historic Judean date palm based on genetic analysis of germinated ancient seeds and morphometric studies. Science Advances. Band 6, Nr. 6, 1. Februar 2020, ISSN 2375-2548, S. eaax0384, doi:10.1126/sciadv.aax0384 | Arava Institute | Wikipedia