A lo largo de los cuatro años que, entre entre abril de 1861 y mayo de 1865, duró la Guerra de Secesión estadounidense, se disputaron aproximadamente unas trescientas noventa batallas, sin contar escaramuzas y enfrentamientos menores. De ellas apenas resultan familiares los nombres de unas pocas, las más representativas, como Gettysburg, Antietam, Fredericksburg, Chancellorsville o Vicksburg, por ejemplo.

De todas ellas, algunas se libraron en el llamado Territorio Indio (actual estado de Oklahoma), destacando especialmente una no sólo por haber sido la mayor en una región nativa sino también por su trascendencia estratégica y porque la mayoría de los contendientes fueron indígenas: la Batalla de Honey Springs.

Territorio Indio no era una expresión genérica sino el nombre propio del terreno que el gobierno de EEUU entregó a las tribus por la Intercouse Act de 1834 para sustituir el que ocupaban en el Territorio de Missouri (originalmente Territorio de Luisiana pero rebautizado por el Congreso en junio de 1812 para no confundirlo con el estado de Luisiana, proclamado un mes antes ), cuando el proceso de colonización creció en intensidad y se dividió su extensión en lo que iban a ser múltiples estados (además del propio Missouri, Iowa, Nebraska, Arkansas, Dakota del Norte y Dakota del Sur, junto con partes de Kansas, Wyoming, Montana, Colorado, Minnesota, Michigan y Nuevo Mexico).

El Territorio Indio estipulado en la Indian Intercourse Act de 1834/Imagen: Gbbinning en Wikimedia Commons

Los nativos debían abandonar sus tierras tradicionales para instalarse en esa región del Medio Oeste, heredera de aquella Reserva India proyectada un siglo antes pero nunca llevada a la práctica jurídicamente sino de facto, con los Apalaches como frontera natural (Proclamation Line de 1763). De hecho, el Territorio Indio siguió sin existir desde un punto de vista legal y no formaba parte del país de manera oficial: de acuerdo con los tratados firmados, las tribus se autogobernaban y los blancos no sólo tenían prohibida su entrada sino que tampoco podían adquirir terrenos allí.

Los límites se establecieron mediante la Nonintercourse Act de 1834, aunque fueron constriñéndose progresivamente hasta quedar reducidos más o menos a lo que hoy es el estado de Oklahoma. Allí se tuvieron que asentar multitud de pueblos distintos a partir de 1830, cuando la Indian Removal Act obligó a los que vivían al este del Mississipí a trasladarse, con el objetivo de acabar con las guerras en Florida.

Las Cinco Tribus Civilizadas (nombre que los pioneros dieron a semínolas, cherokees, choctaws, creeks y chikasaws porque les consideraban más avanzados y cultos que al resto) fueron las damnificadas, tal como contamos en el artículo dedicado al Sendero de las Lágrimas.

El Territorio Indio y otros, poco antes de estallar la Guerra de Secesión/Imagen: Golbez en Wikimedia Commons

No obstante, dada la extensión de aquel área, también se fueron instalando pawnees, osages, kiowas, comanches, apaches, cheyennes, arapajos y otros que, a menudo eran enemigos ancestrales entre sí. De modo que cuando estalló la Guerra Civil y el ejército, garante de la paz desde su base en Fort Washita, tuvo que retirar los efectivos para combatir en la contienda, las tribus más pacíficas, las civilizadas, quedaron a merced de las más agresivas, las de las llanuras. Sintiéndose abandonadas y ante el peligro que se cernía sobre ellas, acudieron en busca de ayuda a los Estados Confederados, con los que firmaron una alianza y pasaron a integrarse en sus tropas.

Ahí entró en escena Douglas Hancock Cooper, un político whig (partido liberal conservador que sería desplazado por el Partido Republicano) partidario de la anexión de la zona septentrional mexicana para expandir su país y los cultivos en régimen esclavista, tal como abogaban los Caballeros del Círculo Dorado, una sociedad imperialista de la época (aunque la mayoría de apoyos a ésta venían del Partido Demócrata). Cooper tenía experiencia militar adquirida en la guerra contra México, donde combatió a las órdenes de un coronel que ahora acababa de ser elegido presidente de la Confederación, Jefferson Davies, quien además, en 1853, cuando era secretario de Guerra, le había nombrado agente indio para los choctaw y chickasaw.

Douglas Hancock Cooper/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el desarrollo de sus funciones, Cooper se había ganado la confianza de esas tribus, que incluso le adoptaron formalmente, por lo que en 1858 dirigió una milicia de voluntarios contra los comanches. Al estallar la contienda contra el Norte, Cooper se alineó con el Sur y se le encomendó la protección del Territorio Indio. Para ello creó el 1st Choctaw and Chickasaw Mounted Rifles, regimiento indígena del que recibió el mando como coronel. Constaba de seis compañías de choctaws, tres compañías chickasaws y una de mestizos. Ambas tribus formaron varios regimientos más para combatir en los dos teatros de operaciones de su entorno: el Trans-Mississipí (o sea, en el margen occidental de ese río) y el Oeste (paradójicamente, en la parte oriental).

Al mando de sus hombres, Cooper tomó parte en diversas acciones contra los creek, que bajo el liderazgo de su jefe Opothleyahola se habían mantenido leales a la Unión, al considerar a los sureños los verdaderos responsables de su deportación al Territorio Indio. No obstante, la tribu estaba dividida, pues los grupos meridionales, al igual que los cherokees, cultivaban algodón con esclavos, y si los propietarios eran receptivos a las promesas confederadas de garantizarles una nación independiente, los esclavos – a menudo mezcla de sangre nativa y africana-, por contra, aspiraban a la libertad.

Opothleyahola en una litografía de Charles Bird King para el libro The History of the Indian tribes of North America, de Thomas L. McKenney y James Hall/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el invierno de 1861, Cooper, al frente de un millar y medio de hombres, marchó al encuentro de Opothleyahola para convencerle por las buenas o las malas. Pero éste ya había reunido un contingente de creeks y ex-esclavos reforzado con semínolas del jefe Halleck Tustenuggee, que, tras contactar con el gobierno de Lincoln, recibió la orden de llevar a sus nueve mil seguidores a Fort Row, en Kansas. Durante el trayecto, que ha sido bautizado con el nombre de Trail of Blood on Ice (Sendero de Sangre sobre Hielo) debido a las duras y apresuradas condiciones en que se realizó, fueron alcanzados por sus perseguidores, a los que lograron rechazar en dos enfrentamientos: Round Mountain y Chusto-Talasah. El tercero llegó a finales de diciembre en Chustenahlah y supuso la victoria para Cooper, que logró asaltar el campamento enemigo y poner en desbandada a los supervivientes.

En esa batalla intervino el coronel cherokee Stand Wattie, del que ya hablamos en otro artículo; al mando de trescientos cherokees, se encargó de la persecución de los enemigos en fuga, a los que trataban de proteger los mermados efectivos de tres capitanes: el semínola Sonuk Mikko (alias Billy Bowlegs), el uche Jon-neh y el creek Tus-te-nup-chup-ko. Pero el esfuerzo de éstos resultó baldío porque al llegar a Fort Row resultó que no estaba preparado para acogerlos, debiendo continuar hasta Fort Belmont en pésimas condiciones. Dos millares de nativos, entre ellos la hija de Opothleyahola, perecieron en aquel viaje por los combates, el frío, el agotamiento y las enfermedades; él propio jefe moriría un año después. Los pocos supervivientes formarían luego la First Indian Home Guard.

Entretanto, antes de ese trágico final, Cooper tomó parte en más batallas. La de Pea Ridge (o Elkhorn Tavern, marzo de 1862) se enmarcó en la controfensiva diseñada por el mayor general Earl van Dorn para recuperar la zona septentrional de Arkansas y Missouri; el general nordista Samuel R. Curtis se encargó de hacerle frente victoriosamente, a pesar de su inferioridad numérica, poniendo así fin a la amenaza confederada sobre ese área. Parte de los dieciséis mil soldados de Van Dorn eran nativos: el 1std Cherokee Mounted Rifles del coronel John Drew, el 2nd Cherokee Mounted Rifles del ya reseñado coronel Stand Watie, el Welch’s Texas Cavalry Squadron del capitán Otis G. Welch, el 1st Creek Mounted Rifles del coronel Daniel N. McIntosh y el 1st Choctaw and Chickasaw de Cooper (que no llegó a tiempo de intervenir).

La Batalla de Pea Ridge en una ilustración de la editorial Kurz and Allison/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Otra batalla librada por la brigada de Cooper -había ascendido a general- fue la primera de Newtonia (septiembre de 1862), donde también intervinieron el 1st Cherokee Battalion y el 1st Choctaw Regiment, mientras que en el bando unionista estaba el tercer regimiento de la Indian Home Guard (muchos de cuyos integrantes, curiosamente, habían abandonado dos meses antes las filas confederadas del 1st Cherokee Mounted Rifles). El choque se resolvió a favor de los sudistas y ha pasado a la historia por ser el primero de la guerra en el que ambos bandos contaron con tropas indígenas bien organizadas, no meras auxiliares. La brigada de Cooper aún estaba en Newtonia cuando recibió la orden de quedarse y proteger la retaguardia, mientras el grueso del ejército se desplazaba a Springfield.

Y es que se acercaba la división del general nordista James G. Blunt, que también incluía dos regimientos de caballería cherokee. Se presentó a principios de octubre y cercó la localidad de Maysville, fronteriza entre el Territorio Indio y Arkansas, donde se ubicaba un viejo fuerte abandonado llamado Old Fort Wayne, en torno al cual se había atrincherado Cooper con sus mil quinientos hombres y cuatro cañones. El día 22 la artillería de Blunt barrió las posiciones enemigas, abriendo una brecha para que cargase su caballería y pusiera en fuga a los confederados, que tuvieron que refugiarse en Fort Gibson (a un centenar de kilómetros).

El Trans-Mississipi Theatre con las principales batallas libradas en él/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, Cooper también tuvo que dejar Fort Gibson, con lo que el Territorio Indio al norte de Arkansas quedaba en manos del general unionista William Phillips. Ahora bien, éste debía recibir suministros desde su base principal en Fort Scott (Kansas), que estaba a casi trescientos kilómetros, para lo cual utilizaba la Texas Road, una larga ruta ganadera que resultaba muy susceptible de ataques por parte del adversario. Algo que no le pasó inadvertido a Cooper, quien, efectivamente. desde su campamento de Honey Springs empezó a realizar incursiones interrumpiendo el abastecimiento.

Los nordistas habían difundido el rumor de que Copper, nombrado comandante en jefe de todas las tropas indias del Departamento Trans-Mississippi, no tenía respaldo pleno de su hombres; pero si Jefferson Davies dudó alguna vez, pronto se le pasó al recibir una carta de los jefes tribales desmintiéndolo. Así que de nuevo le tocaba a James G. Blunt desalojarlo de la región, habida cuenta de que, además, Honey Springs era un enclave de gran valor estratégico: aparte de amenazar la Texas Road y poder obstaculizar la navegación por el Mississipí -que controlaba Fort Gibson-, constituía un enorme depósito de suministros y agua cuya carencia supondría un importante problema logístico para el ejército confederado.

Por esa razón se concentraron allí seis mil soldados, dispuestos a defender la posición a la par que trataban de impedir la llegada de un convoy ferroviario a Fort Gibson en la primera batalla de Cabin Creek. La misión se le encomendó a Stand Watie, que contando con mil ochocientos hombres (más otros tantos que debía recibir de refuerzo, pero que nunca llegaron), preparó una emboscada. Lamentablemente para él, fue descubierta y su contrincante, el general William L. Cabell, dirigió una audaz operación cruzando el Grand River (un afluente del Arkansas) para asaltar las posiciones de Watie y expulsarlo.

Con esa batalla, histórica por ser la primera en que tropas afroamericanas (1st Kansas Colored Infantry) combatían al lado de las blancas, Fort Gibson pudo ser abastecido y la Unión construyó una serie de fortines a lo largo de la Texas Road que garantizaban su salvaguardia. Todo quedaba dispuesto para el enfrentamiento decisivo, en el que, no obstante, Blunt estaba en inferioridad numérica al disponer sólo de tres mil efectivos frente a los mencionados seis mil sudistas. Asimismo, el general unionista tenía otro enemigo en contra, ya que contrajo una encefalitis con alta fiebre que le obligaba a guardar cama. Valorando todos esos factores y sabiendo que el general William Cabell se dirigía hacia allí a marchas forzadas, llevándole refuerzos, Cooper decidió tomar la iniciativa.

Lo que no imaginaba era que Blunt se había enterado de su movimiento y de la inminente llegada de Cabell, por lo que, al mismo tiempo, quiso adelantarse preparando su propio ataque. Tras cruzar el río Arkansas la noche del 16 de julio y descansar, dividió sus fuerzas en dos brigadas y empezó a bombardear Honey Springs y el enemigo respondió, en un duelo de cañoneo dificultado por una tromba de agua que mojaba la pólvora. Esto afectó especialmente a los sudistas, que usaban una de fabricación mexicana muy susceptible a la humedad, lo que redujo su cadencia de tiro e incitó a Blunt a lanzar una carga de sus tropas afroamericanas. Llegados a este punto, conviene aclarar cuáles eran las fuerzas contendientes.

William Lewis Cabell/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Blunt únicamente tenía el llamado District of Frontier, una parte del Army of Frontier (Ejército de la Frontera) compuesta por tres regimientos de la Indian Home Guard, el 1st Kansas Coloured Infantry y seis compañías del 2nd Colorado Infantry Regiment, más dos batallones de caballería (el 6º de Kansas y el 3º de Wisconsin) y dos baterías de artillería. Es decir, la mayor parte de sus efectivos no eran blancos y demostraron que su combatividad, siempre cuestionada, estaba a la altura o incluso más que la del resto. De hecho, aunque la carga del regimiento afroamericano fue repelida, Blunt mismo dejó testimonio de su excelente comportamiento, hasta el punto de que hasta salvaron un apurado repliegue de sus compañeros nativos, perdidos en tierra de nadie.

Por su parte, la división confederada estaba compuesta por la brigada de Texas que mandaba el coronel Thomas C. Bass (dos regimientos de caballería y uno de Rangers), la brigada indígena (dos regimientos de creeks, tres de cherokees y el choctaw, todos montados), más una batería artillera y los cañones adscritos a dos escuadrones de caballería de Texas. Su gran problema fue la obsolescencia de su equipamiento, pues usaban anticuados mosquetes o incluso simples escopetas de chispa frente a las carabinas Springfield del enemigo. Tampoco disponían de los potentes cañones de doce libras que sí tenía Blunt.

Stand Watie cuando era coronel/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No obstante, lo peor para los sudistas fue la dirección de la batalla de Cooper, considerada torpe por no saber aprovechar la superioridad numérica; de hecho, buena parte de las tropas no llegaron a intervenir, caso de los cherokees de Watie, enviados a una maniobra de distracción que no sirvió para nada. Algo que quedó de manifiesto en el momento culminante del choque, cuando un repliegue confederado para municionar derivó en retirada general, hundiendo el frente. Choctaws y chickasaws trataron de improvisar una última resistencia con ayuda de algunos texanos, pero sin pólvora no pudieron aguantar mucho y todo acabó en un sálvese quién pueda, agravada por la llegada de los refuerzos de Cabell.

Tuvieron la suerte de que Blunt, que seguía enfermo, prefirió dar descanso a sus hombres en vez de perseguir al enemigo. Luego incautó todo lo que pudo del depósito de Honey Springs, quemó el resto y enterró a los muertos, tanto propios como rivales (algo que Cooper le agradecería en una carta). A partir de ahí, el ejército confederado, sin armas ni material, perdió el dominio del territorio y renunció a las batallas campales, optando por la guerra de guerrillas. Todo por una batalla en la que, por primera vez, la mayoría de los contendientes eran nativos.

Blunt participaría en más choques con distinta suerte y tras la guerra retomó su profesión de médico hasta que su enfermedad cerebral le hizo perder el sentido primero y le mató después, en 1881. Cooper también siguió luchando hasta la rendición de Lee en Appomatox (en la que, por cierto, estuvo presente un general iroqués nordista, Ely Parker); recibió un indulto en 1866 y trabajó defendiendo a los choctaw y chickasaw ante el gobierno federal, falleciendo de neumonía en 1879.


Fuentes

Karen Hama y R. Brian Culpepper, The Battle of Honey Springs: The Civil War comes to the Indian Territory | Chris Rein, The U.S. Army, Indian Agency, and the path to assimilation: The First Indian Home Guards in the American Civil War | Clarissa W. Confer, The Cherokee Nation in the Civil War | Bradley R. Clampitt, The Civil War and Reconstruction in Indian Territory | Angie Debo, The road to disappearance.: A history of the Creek Indians | Oklahoma Historical Society, Honey Springs Battlefield Park | Wikipedia


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