Según cuenta Cicerón, desde los comienzos de la historia romana el Pontifex Maximus recopilaba en una tabla blanca los acontecimientos más importantes que habían ocurrido en Roma durante el año, así como lo nombres de los cónsules y de otros magistrados de la República, y la colocaba en un lugar público donde todo el mundo pudiera leerla.

A estos registros se los denominaba Annales Maximi y se compilaban anualmente hasta que, por razones que Cicerón no explica, dejó de hacerse en el año 131 a.C. A partir de ese año los anales comenzaron a ser recopilados por escritores como Catón, pero de manera privada.

Los ciudadanos de Roma no tenían en su vida cotidiana ninguna fuente de información oficial que les proporcionase un conocimiento de lo que estaba sucediendo en la ciudad, más allá del popular chismorreo y el boca a boca. Por eso Julio César decidió en el año 59 a.C. que era necesario crear una especie de boletín diario que subsanase esta carencia.

Estatua de Julio César en la Via del Foro Imperial, Roma | foto Leomudde en Wikimedia Commons

En ese año ordenó que los funcionarios públicos publicaran unas actas diarias, en el mismo tipo de tabla blanca (llamada album) que se usaba antiguamente para los anales, y disponiéndolas en tablones de anuncios o lugares públicos, como el Foro de Roma, para que todo el mundo pudiera leerlas.

Al tomar posesión de su dignidad, César fue el primero que estableció que se llevaría un diario de todos los actos del senado y del pueblo, y que este diario se haría público

Suetonio, Vida de César 20

Se denominaron Acta diurna (literalmente acontecimientos diarios) y por sus propias características muchos historiadores consideran que fueron un claro antecesor de los periódicos modernos. Según Luis Alberto Hernando se trata del primer ejemplo seguro de periodismo en la historia de la humanidad, aunque, como es lógico, no reúna todas las características que se exigen actualmente, pero sí muchas más de las que se pudiera pensar.

No solo incluían los asuntos tratados en el Senado, las leyes y disposiciones oficiales y públicas de los magistrados, sino que se complementaban con cotilleos sociales, sucesos excepcionales, curiosos o interesantes, informaciones sobre delitos y crímenes, construcción de nuevos edificios, y avisos varios de carácter social (nacimientos, matrimonios, divorcios, fallecimientos), militar o municipal (anuncios de juegos públicos, festividades, suministro de grano, etc.).

Probablemente no se publicaban a diario, pero sí con cierta regularidad. Después de permanecer unos días expuestas al público, se retiraban y se guardaban junto a otros documentos públicos. Escribas públicos y privados hacían copias de las actas, añadiendo otras informaciones de actualidad a las noticias oficiales, y las enviaban a los gobernadores y a las provincias para se distribuidas igualmente.

Tras la muerte de César, el emperador Augusto continuó con su publicación, reconociendo la utilidad de las actas como propaganda gubernamental, aunque excluyendo de ellas las actas de las sesiones del Senado. Algunos estudiosos opinan que incluso debieron contener representaciones gráficas en las que se mostraban las batallas y victorias del imperio, de manera similar a las representaciones en los arcos de triunfo.

Comparación, cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1892) | foto dominio público en Wikimedia Commons

Sabemos que tipo de contenido incluían y tenemos una cierta idea de como eran gracias a las menciones de algunos autores latinos. Petronio, en su obra Satiricón ofrece una parodia de las Acta diurna, en la que se enumeran una serie de hechos irrisorios:

26 de julio: en la finca de Cumas, que pertenece a Trimalchion, nacieron treinta niños y cuarenta niñas; se recogieron quinientas mil fanegas de trigo de la era; se unieron por primera vez quinientos bueyes. El mismo día: el esclavo Mitrídates fue puesto en la cruz por haber blasfemado contra el genio de nuestro maestro Cayo. El mismo día: diez millones de sestercios se volvieron a meter en el arcón porque no fue posible colocarlos. El mismo día: se produjo un incendio en los jardines de Pompeya; había comenzado en la casa del mayordomo Nasta. … Se leyeron los edictos emitidos por los ediles y los testamentos de los guardias forestales, en los que un codicilo desheredaba a Trimalchion. A continuación, la lista de los nombres de los intendentes, el repudio de un inspector de hacienda a una liberada a la que había sorprendido en la habitación de un bañista, luego la relegación a Bayas de un mayordomo, después la acusación de un ecónomo y una sentencia dictada entre ayudas de cámara

Plinio el Viejo cuenta varias historias que leyó en las Acta diurna, una sobre la fidelidad de un perro con su amo, otra sobre el conflicto entre dos familias durante un funeral, y una tercera sobre un juicio. Dión Casio recoge la historia de un arquitecto que salvó un pórtico del derrumbe, también extraída de las actas, pero solo para hacer notar que el emperador Tiberio no permitió que se publicase el nombre del salvador, pues estaba celoso del gran logro del arquitecto.

Séneca se queja de que las actas publican largas listas de divorcios, pues desde que cada gaceta tiene un caso de divorcio, ellos (los romanos) han aprendido a hacer lo que antes solo conocían de oidas.

Las Acta diurna se publicaron hasta al menos el año 235 d.C. (o posiblemente hasta el traslado de la capital imperial a Constantinopla en 330 d.C.). Lamentablemente no ha llegado hasta nuestros días ningún fragmento original, tan solo menciones a ellas en la obra de escritores como Tácito o Suetonio. Se sabe que todas las actas incluían, al final de las noticias y avisos, la frase publicare et propagare, es decir, la obligación para todos los ciudadanos y los no ciudadanos, de darles publicidad y difundirlas.


Fuentes

Suetonio, Vida de César | Brian J. Wright, Ancient Rome’s Daily News Publication With Some Likely Implications For Early Christian Studies | Encyclopaedia Britannica | William Smith, A Dictionary of Greek and Roman Antiquities | Luis Alberto Hernando Cuadrado, Los acta diurna y el registro periodístico | William Stearns Davis, A Day in Old Rome: A Picture of Roman Life | Wikipedia


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