Vijayanagara, la gran ciudad india que tenía más de 140 templos y llegó a ser la segunda más grande del mundo

Vista general del centro de la ciudad | foto Drouyn Cambridge en Wikimedia Commons

En el año 1336 los hermanos Sangama, Harihara I y Bukka Raya I, establecieron en el centro-sur de la India el Imperio Vijayanagara, que floreció durante tres siglos antes de desaparecer a manos de los sultanatos del Decan en 1646. El nombre del imperio procede del nombre de su capital, Vijayanagara (ciudad de la victoria), en el estado de Karnataka.

Está situada a orillas del río Tungabhadra, y fue fundada sobre un asentamiento anterior llamado Hampi que incluía un centro de peregrinación para los devotos de Shiva y templos hindúes.

El imperio favoreció la llegada de comunidades de diferentes creencias como musulmanes y jainistas, lo que unido a los hindúes dio lugar a una mezcla y abundancia de monumentos multirreligiosos con influencias mutuas. Aun así, la ciudad era un bastión de los valores hindúes que resistía el avance de los sultanatos musulmanes del norte.

El templo de Virupaksha en Vijayanagara | foto Jean-Pierre Dalbéra en Wikimedia Commons

Según las crónicas de los viajeros persas y europeos (principalmente portugueses) Vijayanagara era una ciudad próspera, maravillosa y grandiosa, que asombraba por la cantidad de templos y monumentos que albergaba, que llegaron a ser más de 140.

De hecho, hacia el año 1500 era la segunda ciudad más grande del mundo, solo por detrás de Pekín, extendiéndose por unos 650 kilómetros cuadrados de superficie. Por las noticias de estos viajeros se estima que la población era en aquella época de alrededor de 500.000 habitantes.

Plano de la ciudad creado por John Murray | foto dominio público en Wikimedia Commons

Según escribió el viajero persa Abdur-Razzak, la ciudad es tal que el ojo no ha visto ni el oído ha oído hablar de ningún lugar que se le parezca en la tierra. Cuando la visitó en 1440 vio siete niveles de fortificaciones antes de llegar a las puertas del palacio real. Rodeándolo, según Robert Sewell, se disponían múltiples galerías con arcadas, bazares, tiendas, baños públicos, establos para elefantes, riachuelos y arroyos que fluían por canales de piedra tallada, templos y palacios. Había fortalezas en cada colina.

Toda la ciudad estaba llena de jardines, según el italiano Nicolo Conti, que la visitó en 1420, y alcanzaba una circunferencia de sesenta millas (casi 97 kilómetros), toda ella rodeada por enormes murallas.

El portugués Paes, que llegó en 1522, dijo que era tan grande como Roma, llena de encanto y maravillas con sus innumerables lagos y canales y jardines frutales.

Panorámica de la zona del río | foto Dineshkannambadi en Wikimedia Commons

Además, gracias a un avanzado sistema de irrigación, la ciudad era autosuficiente pues la mayoría de la población de dedicaba a la agricultura dentro del perímetro de las murallas. Eso le permitía resistir largos asedios, que fueron frecuentes durante los tres siglos de vida del imperio. Todavía hoy son visibles hasta 23 depósitos y cisternas de agua, además de numerosos diques de contención y pozos.

La zona sur de la gran metrópoli era rica en minerales de hierro y hematita. Allí se han encontrado cinco yacimientos del período Vijayanagara, con sus correspondientes talleres de fundición.

El bazar de Krishna | foto Lodo en Wikimedia Commons

El actual yacimiento arqueológico se divide en dos zonas, el Centro Sagrado y el Centro Real. El Centro Sagrado se extiende a lo largo de la orilla sur, y se caracteriza por la mayor concentración de estructuras religiosas, muchas anteriores al imperio. Por el contrario, el Centro Real (o núcleo urbano) destaca por sus estructuras señoriales, tanto civiles como militares, tales como carreteras, un acueducto, depósitos de agua, mandapas, mercados y monasterios.

Una tercera zona, el barrio islámico, se encuentra entre la ladera norte de la colina de Malyavanta y la Puerta de Talarigatta. Era donde tenían sus viviendas los oficiales militares y los musulmanes de alto rango.

Ruinas de Hampi | foto Arunjayantvm en Wikimedia Commons

Para poder oponerse a los sultanatos del norte, el imperio Vijayanagara se alió con los portugueses, que ya controlaban Goa. Pero no pudieron evitar ser derrotados en la batalla de Talikota en 1565. La capital fue tomada, destruida y quemada, quedando en ruinas hasta la actualidad.

No obstante, el italiano Cesare Federici, que la visitó dos años después de la batalla, escribió que no estaba del todo destruida, pues las casas seguían en pie, aunque estaban vacías.

Estanque del templo de Virupakhya | foto Sailesh Patnaik en Wikimedia Commons

Los restos que sobrevivieron, principalmente en el centro de la ciudad, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad con el nombre de Grupo de Monumentos de Hampi. Son unos 1.600 monumentos distribuidos en una superficie de 41,5 kilómetros cuadrados.


Fuentes

UNESCO | Archaeological Survey of India | Vijayanagara Research Project | Burton Stein, The New Cambridge History of India: Vijayanagara | Wikipedia