Es posible que más de un lector tenga dudas sobre pasar unas vacaciones en Ibiza si lo que busca es una visita lejos de esa imagen clásica de la isla, de marcha nocturna, discotecas increíbles y fiestas extravagantes. Vamos a intentar convencerle aquí de que se puede hacer, que no hay por qué rendirse necesariamente al tópico, ofreciéndole una alternativa: Santa Eulalia, que se ubica a quince kilómetros de la capital y, pese a tratarse de la tercera población insular en tamaño, intenta mantener un perfil turístico tranquilo; familiar incluso. Por eso es posible encontrar hoteles en Santa Eulalia Ibiza, del tipo que se prefiera y donde alojarse no implica pasar la noche sin pegar ojo, sea cual sea el modelo de viaje que se haga: en pareja, con niños, con amigos o de trabajo.

Conocer el patrimonio de Santa Eulalia del Río

Del antiguo asentamiento romano apenas queda recuerdo en el acueducto de s’Argamassa, mientras que de la Xarc musulmana hay un conjunto de obras hidráulicas que dejaron su impronta en las actuales almazaras, aljibes, acequias, norias…. Conquistada Ibiza por la Corona de Aragón, la localidad fue creciendo en torno a una iglesia construida en el siglo XIII en Puig de Missa, una colina de poco más de un centenar de metros de altitud, aunque tras una incursión berberisca tres siglos después hubo que rehacerla y se le añadió un torreón defensivo contra nuevos ataques (que no es el único existente; en la Punta d’en Valls se alza la recia silueta pétrea de la Torre de Campanitx).

El templo de Puig de Missa, que está dedicado a Santa Eulalia (una legendaria mártir cristiana del siglo III), se conserva bastante bien y, junto con las casas dieciochescas que lo rodean, constituye un punto de referencia perfecto para una ruta por el municipio, durante la cual se irán descubriendo el molino de Es Puig d’en Valls (el único de su tipo en la isla), el Pou de Gatzara (un pozo medieval en Santa Gertrudis, donde asimismo se puede contemplar la Font d’Altzaró, una fuente del siglo XVIII y de las pocas ibicencas que manan todo el año), la iglesia de Jesús (del siglo XVI) y la Sala Barrau (casa-museo del pintor Laureà Barrau i Buñol). A ese abanico de posibilidades hay que añadir un centro de interpretación del río, el museo etnográfico de Can Ros y el Pont Vell (un puente de piedra dieciochesco).

Admirar la belleza mediterránea de Santa Eulalia

El paseo marítimo de s’Alamera, de dos kilómetros tachonados de terrazas hosteleras, el puerto deportivo o dos rincones costeros como Canal d’en Martí (un pequeño puerto natural, usado antaño por pescadores y piratas en el que quedan restos de la recogida de múrex, el molusco del que se obtenía el tinte púrpura) y Es Pou d’es Lleó (un inaudito pozo colgante del acantilado que cierra la recoleta cala homónima) son algunos rincones que suman su belleza mediterránea a la de la Ruta del Río.

Descubrir las fiestas y el fascinante folklore

Hablábamos antes del Pont Vell, del que se cuentan curiosas leyendas. Una es la clásica del diablo burlado por un gato que lo cruzó cuando el maligno reclamaba el alma del primero que lo hiciera; otra, aquella que dice que bajo sus arcadas nace, en la Noche de San Juan, una hierba que sólo florece unas horas y que, recogida y debidamente embotellada, permitirá el nacimiento de un fameliar (duende). Esto no es algo aislado; Ibiza está llena de leyendas sobre demonios, duendes, genios y espíritus varios, de los que los más conocidos son el fameliar, el barruguet y el follet.

El folklore local, síntesis de la multitud de culturas que habitaron Ibiza, se plasma asimismo en un interesante calendario de fiestas: la Fira des Gerret (una jornada gastronómica al final del invierno), la Fira des Estocs (tercer sábado de abril y octubre), las animadas fiestas de Sant Carles de Peralta (4 de noviembre), los Caramelles de Nadal (un antiguo canto de la Misa del Gallo que es Bien de Interés Cultural) y otras.

Por supuesto, disfrutar de las playas

Por supuesto, si se viaja en meses apropiados, especialmente los estivales, las playas esperan con los brazos abiertos; no en vano son cuarenta y seis los kilómetros de litoral municipal. Santa Eulalia tiene una urbana, pero también están las de Niu Blau (localizada a un par de kilómetros, con un centenar de metros de longitud), Cala Pada (a tres kilómetros, con doscientos metros de arenal), s’Argamassa (a cuatro kilómetros, junto al acueducto romano, con medio centenar de metros de longitud) o Cala Llonga (un centro turístico situado a cinco kilómetros), por citar sólo algunas de las veintidós existentes, muchas de ellas con abundantes servicios y oferta de ocio (motos acuáticas, velomares, etc.).

Practicar deportes náuticos y otras actividades

En ese último apartado se enmarcan también los deportes náuticos, entre los que se pueden citar la vela, el esquí acuático, el paddle surf, el parasailing o incluso el buceo, el cual tiene en la vecina isla de Tagomago un escenario único (es un curioso pedazo de tierra de kilómetro y medio de largo por ciento trece metros de ancho del que se obtienen las mejores vistas desde la mencionada Torre de Campanitx) para el que hay salidas desde Santa Eulalia (igual que hay ferrys a Formentera). También hay excursiones marítimas y otras de interior con temas tan insólitos como ver el día a día de la vida en una granja, subir a un típico tren turístico, deslizarse en tirolina en un parque de aventura ubicado en un pinar, conducir un kart o jugar un partido de golf en el campo de Roca Llisa, a las afueras del municipio.

Recorrer el interior

De hecho, quien prefiera el secano dispone de once rutas de senderismo, aprovechando la red de caminos rurales y practicables casi todo el año, más una docena de rutas cicloturísticas especialmente pensadas para las familias, todas conectadas entre sí para prolongar la excursión cuanto se desee, siendo de nueve kilómetros la más corta y treinta la más larga (o sea, una hora y media de promedio), con una dificultad que suele ser medio-baja. Sea a pie o en bici, se irán descubriendo maravillas insospechadas, tanto naturales (bosquecillos, valles, calas…) como fruto de la mano del Hombre (arquitectura rural, puentes de piedra…).

Visitar los mercadillos

No todos gustan de las descargas activas de adrenalina y hay quien prefiere opciones más relajadas; y qué duda cabe de que el concepto de relajación forma parte de la cultura hippie, y que ésta tiene una presencia proverbial en Ibiza. Los mercadillos hippies son su manifestación más evidente y atraen a montones de curiosos, por eso es inevitable mencionar dos del entorno de Santa Eulalia. Uno es el Hippy Market de Punta Arabí, que además de puestos de venta tiene también espacios para actuaciones en vivo, restaurantes y hasta rincones infantiles. Cada tercer sábado de abril y octubre organiza una Fira d’Estocs.

El otro, el de Las Dalias, en la parroquia de Sant Carles de Peralta («el corazón hippie de Ibiza«), se puede visitar todos los sábados -aunque en temporada alta abre también los lunes y martes por la noche- y celebra una fiesta Namasté. Claro que por mercadillos que no quede. En verano se van sucediendo otros más tradicionales: cada día en el paseo marítimo de Santa Eulalia, los jueves en Cala Llonga, los domingos en Cala Llenya (de artesanía, como la que se puede encontrar en febrero en Puig de Missa), la Luna Llena de Arte en los veranos de Santa Gertrudis…


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