Ya hemos hablado con anterioridad de la pirámide escalonada, su arquitecto, Imhotep, y el gobernante para el que la construyó, Zóser. A este faraón vamos a recurrir una vez más para introducir el tema de hoy, ya que en el pedestal de una de sus estatuas aparece un ave rejit asociada a unos signos, constituyendo la representación completa más antigua de la expresión con que en el Antiguo Egipto se referían a los diversos grupos humanos y especialmente a los extranjeros: los Nueve Arcos.

El ave rejit es el icono que identificaba al avefría, un ave del género Vanellus y la misma familia carádrida que la gaviota; vive en hábitats acuáticos, por lo que era común en el Nilo y su nombre tenía similitud fonética con la expresión «todos los pueblos me alaban«, probable razón por la que el pictograma que se usaba para representarla servía también para referirse a los forasteros.

Inicialmente, sólo a los enemigos de Kemet, que tal es el nombre que usaban los egipcios para llamar a su país (significa algo así como tierra negra o, literalmente, fértil barro del Nilo que prolonga la vida, en alusión al limo que dejaban las aguas del río al retirarse tras la crecida y facilitar la agricultura), extendiéndose luego a todos.

Frontal del pedestal de Nectanebo II mostrando dos aves rejit, dos estrellas y los Nueve Arcos/Imagen: Wikimedia Commons

Sin embargo, el ave rejit sólo era un recurso jeroglífico más, generalmente tallado a las puertas de los templos con el objetivo de indicar a los fieles que esa parte del edificio era de acceso público; en estos casos, al animal se le añadían unos brazos humanos. Este uso y la difusión del concepto de los Nueve Arcos hicieron que, con el tiempo, el ave rejit cambiara de sentido -aunque en el mismo contexto,- pasando primero a identificar a los pueblos conquistados (cuando no se mostraban de manera figurativa, con sus atuendos característicos) y, más tarde, al pueblo llano egipcio. Lo cual nos lleva de nuevo al tema de este artículo.

Los Nueve Arcos no se muestran en los jeroglíficos de relieves y papiros como un ave -aunque a veces aparece también- sino mediante un conjunto de signos formado por un semicírculo (el arco) seguido de tres grupos de líneas verticales o bien unos arcos repetidos nueve veces con la particularidad de que son dobles, o sea, están por parejas, ya que se trata de las alas atadas del ave rejit.

El nueve era una metáfora de totalidad (tres veces tres), mientras que el arco, que tiene el valor fonético de nb, es traducible como «todos«, lo que servía para aludir a las múltiples tierras infinitas extranjeras; las líneas otorgan el número gramatical plural. La transcripción fonética sería psḏt pḏt, «pesedjet pedjet«.

Combinación iconográfica de los enemigos de Egipto en versión figurativa y jeroglífica(Nueve Arcos) en la sala hipóstila del templo de Karnak/Imagen: schmuela en Wikimedia Commons

Por tanto, los Nueve Arcos era una expresión que pasó de definir a la humanidad conocida -egipcios incluidos- a los territorios que rodeaban Egipto, susceptibles de ser conquistados o, por contra, de constituir un peligro potencial. ¿Cuáles eran? En realidad no hay una lista porque la extensión del Imperio Egipcio fue variando con el transcurso de los siglos y, consecuentemente, también las fronteras, con la consiguiente repercusión en la consideración que se daba a unos u otros vecinos. Pero, por citar algunos y salvando las distancias cronológicas, habría que incluir a nubios, libios, hititas, sirios, persas…

Lo cierto es que la cosmología egipcia estaba impregnada de un marcado dualismo, con fuerzas cósmicas contrapuestas que quedan bien patentes en el mito de Osiris y su enfrentamiento con Seth, por lo que algunos autores apuntan a que la idea de los Nueve Arcos estaría a su vez relacionada con la polaridad entre orden y caos, siendo los extranjeros la personificación de ese desorden frente a la estabilidad y armonía que encarnaba el faraón.

De hecho, el significado de la expresión era doble porque también aludía al enorme poder del faraón, de ahí que a menudo el ideograma fuera acompañado de imágenes de enemigos derrotados; se los representaba entregando su arco al faraón en señal de sumisión, ya que el arco tenía un carácter alegórico (faraón, por cierto, es otro ejemplo de nombre simbólico, puesto que la palabra significa «Gran casa«, si bien en realidad no se utilizó con ese sentido hasta la XVIII dinastía).

Escena del jubileo de Ramsés III en el templo de Medinet Habú/Imagen: Steve FE en Wikimedia Commons

Por eso éste, durante la festividad de Heb Sed -una especie de jubileo cíclico para renovar su fuerza física y sobrenatural-, disparaba flechas hacia los cuatro puntos cardinales, manifestando y renovando así su derechos de poder universal (al contrario de lo que pasaba en Grecia, el arco era un arma de prestigio y símbolo del poder real). Y por eso también el militar al mando de cada una de esas zonas fronterizas recibía la denominación de hry-pdt, que significa «el que está por encima» (o sea jefe) del Arco, añadiéndose después el nombre del lugar o bien el complemento «… del Señor de las Dos Tierras«.

Al comienzo decíamos que la representación completa más antigua de la expresión Nueve Arcos está en la basa de una estatua sedente de Zóser, que reinó en la III dinastía (aproximadamente entre los años 2665 y 2645 a.C.), mostrándole con los pies sobre dichos arcos; probablemente se trate de una referencia a los nubios, dado que el reino egipcio no pasaba entonces de la primera catarata y más al sur estaba Nubia, a la que se conocía como Tai-Seiti, es decir, la tierra de la “gente del arco”, en alusión a la habilidad de sus habitantes con ese arma.

Ahora bien, hay registros muy anteriores; ya desde el Período Predinástico Tardío, cuya cronología se mueve entre los años 3200 y 3000 a.C., como demuestran el hallazgo de un cetro en Nejen (Hieracómpolis), capital del Alto Egipto, cuya cabeza lleva tallados nueve arcos, o un vaso de piedra y la maza del Rey Escorpión encontrados en Nejen y decorados con el mismo motivo. Sin embargo, es en la estatuaria -al menos a partir del Imperio Medio- donde se encuentra más a menudo, seguramente porque los materiales usuales, la piedra y metal, son más resistentes y les ha resultado más fácil perdurar al paso de los milenios. Hay un buen puñado de ejemplos.

La esfinge de Tutmosis III, acostada sobre los Nueve Arcos y dos aves rejit en el frontal/Imagen: Rama en Wikimedia Commons

Es el caso de la esfinge de bronce de Tutmosis III, faraón de la XVIII dinastía, que le muestra recostado sobre los Nueve Arcos y en el frontal del pedestal aparecen sendas aves rejit para referirse a los pueblos, acompañadas del mencionado fonema jeroglífico «nb» para el concepto de totalidad y una estrella que significa el verbo alabar, expresando el conjunto la frase «todos los pueblos me alaban«. Asimismo, en el lateral de dicho pedestal se ven los Dyed, unos pilares o postes con gavillas de grano atadas cuya iconografía se cree que se remonta a la prehistoria y que en Egipto simbolizaban la columna vertebral de Osiris; combinados con lo anterior, tenían un sentido de estabilidad y dominio.

En la dinastía siguiente, la XIX, también encontramos los Nueve Arcos en otra peana, la de Ramsés II de Antinoópolis (una ciudad fundada por el emperador Adriano en el nomo XV del Alto Egipto, sobre la anterior egipcia de Hir-we); la estatua propiamente dicha, de alabastro, se ha perdido y sólo quedan los pies pisando un bajorrelieve de los arcos. Por cierto, su padre, Seti I, usaba como nombre de Nebty (uno de los títulos reales que aludían a la unión del Alto y el Bajo Egipto) Uehemmesut Sejemjepesh Derpedyetpesdyet, que se traduce como «El que renace, poderoso que somete a los Nueve Arcos» y como nombre de Hor-Nub (otro título que asociaba al faraón con Horus) Uehemjau Ueserpedyutemtaunebu, que significa «El que reaparece [glorioso] de poder sobre los arcos en todas las tierras«.

A la izquierda, Seti derrotando a sus enemigos (relieve del templo de Karnak); a la derecha, sus nombres de Nebty y Hor-Nub/Imagen 1: Ovedc en Wikimedia Commons – Imagen 2: Wikipedia

De Nectanebo II, de la XXX dinastía, también se conserva un pedestal -ya sin estatua- con una inscripción similar a las anteriores: los Nueve Arcos y los pilares formando la frase «todos los pueblos me alaban» junto a la expresión Ntr-Nfr, «Faraón magnífico«. Asimismo, se podría citar el pedestal de la estatua de una reina del período tardío (en el frontal se lee Hotep, término oferente funerario) de la que, como en el caso reseñado de Ramsés II, únicamente quedan los pies y éstos están sobre los Nueve Arcos.

Lo cierto es que hay más ejemplos y no sólo en estatuas sino también en los relieves que decoraban las paredes de templos como los de Abu Simbel, Edfú, Karnak o Medinet Habú. Pero vamos a terminar con uno de un faraón muy popular hoy: Tutankamón, de la dinastía XIX. Su famosa tumba, aquella que descubrieron Howard Carter y Lord Carnavon en 1922, estaba cerrada con una cuerda anudada cuyo sello de arcilla llevaba impresa la figura de un chacal, el dios Anubis, echado sobre los Nueve Arcos. Y eso no es todo; las sandalias del joven faraón llevan una serie de ocho lazos cada una, cuatro en el talón y cuatro en la puntera, y en medio las siluetas de dos extranjeros, evidente metáfora de que eran pisoteados.

Pedestal de la estatua de una reina con los pies sobre los Nueve Arcos/Imagen: Osama Shukir Muhammed Amin FRCP en wikimedia Commons

Esto último, en suma, trascendió el ámbito estrictamente egipcio y se hizo común en otras culturas; véase si no la Biblia misma, en la que el Libro de los Salmos 110:1 dice textualmente:

Palabra del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha, hasta que haga de tus enemigos estrado para tus pies».

Hoy, lo de pisotear al enemigo se ha convertido en una idea universal.


Fuentes

Andrés Diego Espinel, Etnicidad y territorio en el Egipto del Reino Antiguo | Nicolas-Christophe Grimal, A history of ancient Egypt | Fernando Quesada, El arco en el antiguo Egipto (en La Aventura de la Historia) | Mu-chou Poo, Enemies of Civilization. Attitudes toward foreigners in Ancient Mesopotamia, Egypt and China | Wikipedia


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