Vimara Pérez, el noble asturgalaico que venció a los vikingos y es considerado protofundador de Portugal

Estatua en honor de Vimara Pérez, en Oporto | foto Pedro Godinho en Wikimedia Commons

Hace tiempo dedicamos unos cuantos artículos a analizar la vida real de los personajes de la serie televisiva Vikings. Uno de ellos fue Björn Ragnarsson, hijo de Ragnar Lodbrok, quien formó parte de una incursión por el Mediterráneo con un primer episodio en Santiago de Compostela. Las crónicas de la época narran que el responsable de ponerlos en fuga, en nombre del rey Ordoño I, fue un caballero asturgalaico, llamado Pedro Theon, posiblemente de sangre real, al que acompañaba también su vástago, Vimara Pérez. Este último es considerado tradicionalmente uno de los fundadores de Portugal.

Empecemos por los vikingos. No era la primera vez que campaban por la Península Ibérica. Catorce años antes, en el 844 d.C., habían realizado una primera expedición cuyo primer punto de desembarco en la Península Ibérica fue Gijón. Un tiempo muy breve, eso sí, lo que lleva a suponer que quizá se limitaron a aprovisionarse (acaso tras un pacto con los habitantes del lugar), para reembarcar y poner proa a Coruña. En cualquier caso, los gijoneses enviaron un mensajero a la vecina Oviedo para advertir al rey Ramiro I, quien envió tropas a la ciudad gallega y se unió a las locales de los hermanos Erice, haciendo frente a los intrusos.

Ramiro I en una pintura decimonónica de Isidoro Lozano/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ramiro era el duodécimo de la dinastía asturiana y responsable de la construcción de algunos de los monumentos más emblemáticos del arte prerrománico (como las iglesias de Santa Cristina de Lena, San Miguel de Lillo y, sobre todo la icónica Santa María del Naranco, que entonces era un aula regia palaciega). Las crónicas de los obispos Rodrigo Jiménez de Rada y Lucas de Tuy cuentan sucintamente cómo terminó todo: «Y así ocurrió allí que el rey Don Ramiro los venció y desbarató, y luego mandó poner fuego a la flota y les quemó LXX naves».

Asimismo, la Crónica Rotense, escrita en el siglo X, reseña la llegada de aquellos «normandos, gente hasta entonces desconocida, pagana y muy cruel», que finalmente, tras sufrir cuantiosas bajas en Santa María de Camporramiro, subió de nuevo a sus drakkars. La escuadra vikinga continuó viaje hacia Usbuna (Lisboa), una de las urbes más ricas del Emirato de Córdoba, que también logró resistir. Pero los majus, como llamaban los musulmanes a los paganos, siguieron hacia el sur y la costa atlántica andaluza, remontando luego el Guadalquivir para dirigirse a Sevilla.

Alarma ante el avistamiento de los incursores vikingos (ilustración de Monro S. Orr)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Finalmente, Abderramán II les derrotó en Talyata (Itálica) y acabó con un buen número de ellos, permitiendo la marcha del resto a cambio de la devolución del botín. De todo dan testimonio obras como la Historia de la conquista de al-Andalus (de Abu Bakr), el Libro de la asombrosa historia de los reyes de al-Andalus (de Ibn Idhari) y Magreb o La máxima ambición en las artes de la erudición (de Al-Nuwayri), si bien son bastante posteriores a los hechos: las dos primeras del siglo X y la tercera del XVI.

Pese a haber logrado poner a los vikingos en fuga, tanto cristianos como musulmanes tomaron buena nota del peligro y fortificaron sus costas con torres y otros sistemas defensivos, de los que el mejor ejemplo pervive en Sevilla: los Reales Alcázares. También se crearon servicios de mensajeros a caballo para avisar cuando se distinguieran las velas en el horizonte. Y, en efecto, esas velas reaparecieron otra vez en el año 858. En concreto, las de sesenta y dos naves.

La existencia del Camino de Santiago y las riquezas que suponían ligadas a él, hizo que Björn y su hermano Hastein liderasen una expedición a Jacobslan (Tierra de Jacobo, es decir, Galicia) como primer objetivo. Desembarcaron en la ría de Arosa y tras campar a sus anchas por Iria Flavia pusieron cerco a Santiago de Compostela. La ciudad resistió durante dos semanas, pero al no disponer apenas de murallas la caída parecía inminente, por lo que se pactó el pago de un danegeld (un impuesto que los vikingos proponían a cambio de retirarse). Sin embargo no cumplieron el acuerdo y una vez cobrado retomaron el asedio.

Bermudo I el Diácono, obra de Isidoro lozano/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La situación era ya límite cuando llegó una inesperada solución: la aparición de Pedro Theon, conde de Pravia, comandando junto a Vimara el ejército que el rey Ordoño I, el hijo y sucesor de Ramiro I, enviaba en auxilio de aquellas tierras de su reino. Esa fuerza sorpresiva disuadió a los asaltantes de continuar; puesto que ya tenían el danegeld, no convenía enfangarse en una larga batalla que podía costarles demasiadas bajas, así que subieron a sus barcos y se fueron hacia el Mediterráneo. La Crónica Albeldense describe el choque, si es que lo hubo, de forma breve y simple: «En aquel tiempo los normandos vinieron de nuevo a las costas de Galicia, donde fueron derrotados por el conde Pedro».

Las fuentes dicen que Pedro Theon les destruyó treinta y ocho barcos; ahora bien ¿quién era este personaje? Como casi todo lo referente a la Edad Media, los datos resultan inciertos. Se ha apuntado la posibilidad de que fuera hijo de Bermudo I, que reinó en Asturias durante un trienio (entre el 789 y el 791), después de Mauregato. Éste fue un hijo ilegítimo que tuvo Alfonso I con una esclava musulmana y había subido al trono tras deponer a Alfonso II.

Alfonso II fue un impulsor de las artes y hasta mantuvo relaciones diplomáticas con Carlomagno, pero no contaba con demasiado apoyo entre los nobles asturianos por ser hijo de Fruela I, a quien se había apodado el Cruel por razones obvias. Además, presiones nobiliarias se incrementaron ante lo que se consideraba la necesidad de un monarca fuerte que hiciera frente a los musulmanes, de ahí el apoyo que le dieron a Mauregato. Pero, finalmente, Bermudo devolvió la corona a Alfonso y tomó los hábitos -de ahí que luego se le pusiera el mote de el Diácono-.

Alfonso III, en una pintura decimonónica de Eduardo Cano de la Peña/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Alfonso II falleció en el año 842, dejando un reinado ilustre, aunque sin descendencia (por eso también tuvo su sobrenombre, el Casto). El sustituto elegido fue un hijo de Bermudo, Ramiro I, a quien ya citamos antes como responsable de acudir en auxilio de Santiago de Compostela, aunque una teoría apunta la posibilidad de que Ramiro no fuera en realidad descendiente suyo sino de otro Bermudo. Tampoco hay ninguna fuente documental que acredite a Pedro Theon como vástago del rey y su esposa, Ozenda, por lo que todo queda en el terreno de la especulación probable.

Años después de su intervención contra los vikingos, Pedro Theon se incorporaría a la Curia Regia (algo así como el consejo real) de Alfonso III, soberano al que se mantuvo fiel frente a la insurrección de Fruela Bermúdez, quien se proclamó rey en Oviedo en el 866 si bien terminó derrotado. En la carta de donación con la que Alfonso III devuelve la villa de Carcacía a la Iglesia compostelana, usurpada por el rebelde, aparece reseñado Pedro Theon como firmante; su nombre figura sin ningún título de acompañamiento, lo que levanta dudas sobre el condado de Pravia que se le atribuye.

No es la única incerteza, como estamos viendo. También se desconoce la fecha de su muerte y el lugar donde está enterrado. Asimismo, no faltan problemas con la descendencia que tuvo. Hijo suyo y nacido, al parecer en Galicia, fue Vimara Pérez, no estando tan claro si también habría que sumar a Hermenegildo Pérez, cuya paternidad se le atribuye simplemente por el patronímico, al no conservarse ningún documento que lo refrende. Tras el óbito de su presunto progenitor, Hermenegildo se levantaría en armas contra Alfonso III hacia el 886, siendo vencido y perdiendo buena parte de sus posesiones (quizá también la vida) en el intento.

Extensión del Condado Portucalense hacia el año 1070/Imagen: Basilio en Wikimedia Commons

En cambio, Vimara fue fiel a su juramento de vasallaje y, en nombre del rey, tomo parte en numerosas acciones. En aquella etapa, se imponía ir más allá del río Miño, a la conquista del valle del Duero, territorio que actualmente es parte de Portugal y entonces estaba en disputa con los musulmanes, para hacer de él un tapón defensivo del reino asturiano y repoblarlo con cristianos. En ese proceso, la toma de Portu Cale (actual Vila Nova de Gaia, un área metropolitana de Oporto) en el 868 le valió convertirse en el primer titular del condado homónimo, que no era sólo la urbe sino todo lo que se extendía entre los ríos Limia y Duero, y luego se amplió más al sur, sobrepasando el Mondego.

El Condado Portucalense vivió una etapa de prosperidad, extendiendo la repoblación hasta el sur del Duero y abarcando ciudades como Braga, Viseu, Lamego, Coimbra o Santa María da Feira; incluso se estableció un obispado en Magneto (probablemente Meinedo). Vimara también fundó un asentamiento al que dio su propio nombre, Vimaranis, que con el tiempo derivaría en Guimaraes. La tradición considera esta localidad la cuna de Portugal, de modo que el conde pasa por ser uno de los impulsores del país luso (que se independizó del Reino de León en el año 1143), algo por partida doble puesto que el primer monarca luso, Alfonso I, sería de su dinastía.

La incertidumbre que rodea la figura de Pedro Theon se le puede aplicar también a Vimara Pérez. Aunque se sabe que contrajo matrimonio, no se ha conservado ningún documento con el nombre de su esposa, si bien muchos historiadores consideran que fue una noble llamada Trudildi; en tal caso, ambos habrían sido padres de Auvidia Vimaraz, a la que casarían con el conde Gutierre Aloítez. Asimismo, a Vimara se la atribuye la paternidad, también indocumentada, de Lucidio Vimaranes, que fue el sucesor de su padre en el gobierno del Condado Portucalense a partir del año 873.

La Península Ibérica en el año 910, tras la muerte de Alfonso III, quien repartió el Reino de Asturias entre sus tres hijos: León para García , Galicia para Ordoño II y Asturias para Fuela II. La muerte sin descendencia del primero llevó a Ordoño II a reunificarlo todo con capital en León/Imagen: Cajas en Wikimedia Commons

Ésa habría sido la fecha de la muerte de Vimara Pérez, en un lugar denominado Vama. Había dos sitios con ese nombre, uno en Guimaraes y otro en Galicia, ignorándose de cuál se trataba; únicamente se sabe que allí tenía su corte en ese momento Alfonso III, quien confirmó a Lucidio como segundo conde junto a su mayordomo, el noble galaico Hermenegildo Guitérrez; un reparto que probablemente obedecía al deseo de la corona de poner paz entre ambos. Eso se debía a que Hermenegildo era el suegro de Lucidio, al estar éste casado con su hija, Gudilona Menéndez (que tenía cuatro hermanas -aparte de dos hermanos-, una de las cuales, Elvira, se convertiría en el 900 en reina consorte de Galicia y León por su matrimonio con Ordoño II).

Paradójicamente, se especula con que probablemente fuera Hermenegildo quien acabase con la vida de Vimara Pérez; puede que en alguna disputa por el control de la región. Al fin y al cabo, tenía en ella y su entrono muchas posesiones ya que la familia de su mujer poseía el condado de Gatón del Bierzo y él mismo gobernaba Coimbra, que había conquistado a los musulmanes y cuyo territorio, como pasaba con el Portucalense, abarcaba mucho más que la ciudad: desde el Duero hasta el Mondego, por lo que la juridicción en la zona era reñida.

Otra vista de la estatua/Imagen: Валерий Дед en Wikimedia Commons

En cualquier caso, a Vimara Pérez se le recuerda como uno de los protofundadores de Portugal y, de hecho, en 1968 se le encargó al escultor Salvador Barata Feyo una estatua de bronce en su memoria. Está colocada frente a la catedral de Oporto, ciudad que también le ha dedicado una calle.


Fuentes

Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan Ignacio Ruiz de la Peña, eds., Crónicas asturianas, Crónica de Alfonso III (Rotense y A Sebastián) y Crónica Albeldense (y Profética) | Lucas de Tuy, Crónica de España | Carlos Canales y Miguel del Rey, Demonios del norte. Las expediciones vikingas | Silvia Miguens Narvaiz, Breve historia de los piratas | Gonzalo Martínez Díez, El condado de Castilla (711-1038). La historia frente a la la leyenda | Rodrigo Furtado, Cuando Portugal era Reino de León: una región en el nordeste peninsular (siglos IX-XI) | Margarita Cecilia Torres Sevilla-Quiñones de León, Relaciones fronterizas entre Portugal y León en tiempos de Alfonso VII: el ejemplo de la Casa de Traba | Wikipedia