Cómo Auguste Mariette encontró el fabuloso Serapeo de Saqqara y los sarcófagos de los toros Apis

Uno de los sarcófagos del serapeo | foto Leon petrosyan en Wikimedia Commons

En 1850 el francés Auguste Mariette, interesado en el estudio de los jeroglíficos egipcios y la lengua copta, fue comisionado por el Museo del Louvre para viajar a Egipto en busca de manuscritos coptos, siríacos y arábigos. Debía comprar todos los que pudiera encontrar, para mantener la primacía del museo parisino sobre otras colecciones públicas y privadas.

Auguste Mariette en 1861 | foto dominio público en Wikimedia Commons

Pero la inexperiencia y el desconocimiento del lugar hicieron que no tuviera demasiado éxito en su cometido. Para evitar regresar a Francia con las manos vacías, y temiendo que aquel pudiera ser su última oportunidad de visitar el país, consiguió que un grupo de beduinos aceptasen servirle de guía y se dedicó a recorrer monumentos, templos y yacimientos arqueológicos.

Así mientras visitaba la necrópolis de Menfis y la pirámide escalonada de Zoser en Saqqara, observó la cabeza de una esfinge que sobresalía en la arena del desierto, cerca de la pirámide. Para poder desenterrarla contrató un grupo de 30 obreros, que poco a poco fueron sacando a la luz toda una avenida flanqueada por esfinges (se calcula que tenía unas 600 esfinges, hoy pueden verse algunas en el Museo del Louvre).

No solo eso, la avenida conducía a un complejo subterráneo que resultó ser un serapeo, un conjunto de tumbas-templo donde se enterraba a los toros Apis. Estos eran toros que se suponía encarnaban al dios solar Ptah, de modo que cuando uno moría se le enterraba en un sarcófago con una gran celebración ritual para propiciar su renacimiento. Luego, los sacerdotes le buscaban un sucesor.

La entrada del serapeo | foto Happa en Wikimedia Commons

El 12 de noviembre de 1851 Mariette, utilizando explosivos para romper la entrada del complejo subterráneo, conseguía acceder al interior. Lo que se encontró dentro superaba con mucho sus expectativas. Además de los enormes y espectaculares sarcófagos de más de 60 toros, que abarcaban desde la época de Amenofis III (que reinó hacia 1390-1353 a.C.) hasta la de Ptolomeo X Alejandro (110-88 a.C.), descubrió la tumba prácticamente intacta del sacerdote Jaemuaset, hijo de Ramsés II.

Mariette comunicó el hallazgo a las autoridades francesas, que enseguida le relevaron de su tarea de recopilar manuscritos, y adelantaron los fondos necesarios para la continuación de las excavaciones. Durante cuatro años permaneció en Egipto excavando y extrayendo los tesoros del serapeo. El gobierno francés, el museo del Louvre y el gobierno egipcio llegaron a un acuerdo para repartirse los hallazgos al 50 por ciento.

El interior del serapeo | foto Carole Raddato en Wikimedia Commons

El serapeo consta de un gran túnel con más de 30 cámaras laterales conectadas por pasillos y pasadizos que contienen los sarcófagos de los toros. Lamentablemente todos ellos estaban vacíos en el momento del descubrimiento. Esta gran galería había sido construida por orden de Jaemuaset entre 1279 y 1213 a.C. A ella se había sumado otra galería en tiempos de Psamético I (664-610 a.C.), que fue ampliada después por la dinastía Ptolemaica hasta alcanzar los 350 metros de longitud por 5 de altura y 3 de ancho. Asimismo se construyó una nueva galería de servicio. En total el complejo tiene unos 7 kilómetros de longitud.

Los impresionantes sarcófagos de los toros son de granito y diorita, y algunos llegan a pesar hasta 70 toneladas (incluyendo la tapa), encontrándose entre los más grandes de la Antigüedad. Las momias de los animales fueron destruidas por los monjes coptos, que se instalaron en las cercanías del serapeo cuando el emperador romano Honorio mandó cerrarlo para siempre.

Uno de los sarcófagos de los toros | foto Leon petrosyan en Wikimedia Commons

Pero antes de eso, en época ptolemaica y romana el conjunto formaba un vasto perímetro sagrado unido al valle por el famoso dromos descrito por Estrabón. Al final de este camino había una explanada donde se levantaron santuarios y templos grecorromanos, entre ellos un hemiciclo dedicado a escritores y filósofos griegos, cuyas estatuas se conservan en el Museo Egipcio de El Cairo y constituyen las únicas representaciones de estos personajes que ha llegado a nuestros días.

Un poco más al norte del camino había una capilla dedicada a Apis que contenía una estatua de tamaño natural del dios toro, con un disco solar sujeto entre los cuernos. Hoy se conserva en el Louvre. El dromos continuaba hacia el recinto del serapeo y finalizaba en una entrada enmarcada con leones reclinados, un monumento levantado por Nectanebo I, quien también ordenó construir la avenida de esfinges.

La galería principal del serapeo | foto Leon petrosyan en Wikimedia Commons

En las cámaras de los toros Mariette encontró estelas dedicatorias en las que se indica el reinado durante el que había nacido el toro, su año de entronización en el templo de Ptah, su tiempo de vida y la fecha de su muerte y entierro, especificando el reinado en el que tuvo lugar la ceremonia. Estas estelas constituyen hoy importantes documentos que permiten arrojar luz sobre reinados que los anales reales no han conservado o de los que se tienen pocos detalles por otras fuentes (algunos investigadores las consideran más fiables que la lista atribuida a Manetón).

Entre los toros del serapeo Mariette encontró los enterrados durante los reinados de los persas Dario I y Cambises II. Y entre los objetos y artefactos hallados en el interior del complejo destaca el famoso escriba sentado, una figura que representa probablemente a un alto funcionario. La estatua es de caliza, con los ojos tallados en cristal de roca, cuarzo blanco y ébano. El escriba esta sentado con las piernas cruzadas y tiene encima de ellas un papiro desplegado. Probablemente es una de las esculturas egipcias más realistas que conocemos, frente al hieratismo con que se representaba a los faraones y dioses.

El escriba sentado | foto Rama en Wikimedia Commons

En cuanto a Mariette, a su regreso a París con 230 cajas de artefactos (el mismo número que se quedaron en Egipto), fue ascendido al cargo de conservador adjunto del museo del Louvre.

Pero menos de un año después no pudo resistir y regresó a Egipto. El gobierno egipcio creó para él el puesto de Conservador de monumentos egipcios en 1858, y en 1863 creó el Museo de El Cairo, para proteger los yacimientos arqueológicos y detener el expolio sistemático.

Otro de los sarcófagos del serapeo | foto Ovedc en Wikimedia Commons

Solo en 1860 dirigió más de 35 nuevas excavaciones, al tiempo que se ocupaba de conservar los lugares ya excavados. Nombrado Director del Servicio de Antigüedades de Egipto, fue distinguido sucesivamente con los rangos de bey y pachá.

Pero en 1878 su museo fue destruido por inundaciones y todas sus notas y dibujos se perdieron. El 18 de enero de 1881 falleció, y fue enterrado en un sarcófago, que está en el Jardín del Museo Egipcio de El Cairo, rodeado de los bustos de otros egiptólogos famosos.


Fuentes

Auguste Mariette, Le Sérapeum de Memphis | Kathryn A. Bard, ed., Encyclopedia of the Archaeology of Ancient Egypt | Toby Wilkinson, A World Beneath the Sands: Adventurers and Archaeologists in the Golden Age of Egyptology | Wikipedia