Corría el año 1911 cuando el gobierno de José Canalejas creó la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Popular, un organismo que tenía como finalidad la promoción turística de España y la protección de su patrimonio cultural. Para dirigirlo se nombró a su principal impulsor, el marqués vallisoletano Benigno Mariano Pedro Casto de la Vega-Inclán y Flaquer, un militar metido a político que había mostrado un especial interés en recuperar el arte histórico popular español, demostrándolo con la restauración del Museo del Greco en Toledo.

El éxito de su obra, gracias en parte al boom turístico experimentado a partir de la década de 1960, se refleja en los noventa y siete establecimientos que forman la actual lista de Paradores de Turismo de España y ofertan por encima de cuatro millones de plazas, dando trabajo a más de cuatro mil personas. Lugares perfectos para una escapada en pareja o en familia, dejando atrás aquel carácter exclusivo de sus inicios.

El marqués, ayudado por el arquitecto Vicente Traver y un grupo de funcionarios, desarrolló su actividad en varias direcciones: mejora de la red de transportes para facilitar la llegada de curiosos; impulso a la propaganda del país en el extranjero mediante publicaciones, exposiciones y ferias; atención especial a los visitantes ilustres; y recuperación tanto de lugares como de tradiciones folklóricas. Fruto de todo ello fueron la restauración de numerosos monumentos y la posterior creación de los primeros parques nacionales (Covadonga y el Valle de Ordesa).

Entre los objetivos inmediatos estaba también el dotar a España de un conjunto de alojamientos que implicase a las diversas administraciones y supliera la escasez existente. Así nacieron lujosos hoteles en las ciudades más renombradas, como el Ritz y el Palace en Madrid, el Alfonso XIII en Sevilla, el María Cristina en San Sebastián, etc. También se promovió la construcción de las llamadas Casas de América, que debían servir para acomodar a estudiantes e investigadores extranjeros.

Siguiendo esa línea, se alumbró un nuevo tipo de establecimiento, la hospedería, que aunaba confortabilidad con decoración regional; al fin y al cabo, las hospederías se ubicaban en viviendas típicas rehabilitadas ex profeso. Fueron el punto de partida para otra modalidad más que iba triunfar: la de los Paradores Nacionales, idea personal del propio marqués para atender a los viajeros de alto nivel que se movían en sus propios automóviles, por entonces escasos y exclusivos de las élites, y necesitaban de sitios donde pernoctar durante la ruta, sin que la iniciativa privada pudiera hacerse cargo por tratarse de lugares apartados, no rentables entonces.

Obviamente, dada la extracción social de los huéspedes potenciales, se les tenía que ofrecer algo de primera calidad, por lo que se decidió adaptar edificios antiguos para ese uso hotelero: mansiones, palacios, castillos, conventos… La ambientación histórica de su decoración reforzaba el interés que podía tener el hospedaje en sí y, de ese modo, se cumplía el doble objetivo previsto en la fundación de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Popular: satisfacer la demanda del turismo de qualité y recuperar el patrimonio monumental.

Fue el rey Alfonso XIII quien dio la idea para el primer parador: la Sierra de Gredos, a donde había acudido de cacería en 1911. Al proyecto, que incluía actividad cinegética, itinerarios de excursión, apertura/reparación de senderos y construcción de albergues de montaña, se le puso guinda en forma de un palecete que se levantó en Navarredonda de Gredos en dos años, inaugurándose el 9 de octubre de 1928. Aunque era un edificio de nuevo cuño, le fueron acoplados elementos procedentes de otros desaparecidos, de los siglos XV y XVI, para incrementar su interés arquitectónico.

Ese mismo día se creó la Junta de Paradores y Hosterías del Reino, que afianzó la idea de reaprovechar edificios singulares, ya fuera por su localización en pleno centro urbano (el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, el Hotel La Muralla de Ceuta, el Hostal de San Marcos de León), su monumentalidad histórica (el de Alcañiz está en un castillo medieval; el de Almagro, en un convento franciscano del siglo XVI; el de Lerma, en el palacio ducal) o su ubicación en parajes geográficos de interés natural (el de La Gomera, en una mansión canaria asomada al mar; el de Mazagón, en Doñana; el de Fuente Dé, en los Picos de Europa). Otros tienen su sede en campos de golf, ese nuevo nicho turístico, como los de El Saler y Málaga.

El mismo año en que abrió el Parador de Gredos, la Comisaría Regia cedió su sitio al Patronato Nacional de Turismo, que duraría hasta el estallido de la Guerra Civil para luego renacer en 1951 hasta que sus competencias pasaron a las comunidades autónomas.


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