Malik Ambar, el esclavo etíope que llegó a ser regente del sultanato indio de Ahmadnagar

Malik Ambar en una obra del siglo XVII/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Khuldabad, antaño llamada Rauza, es una ciudad del estado indio de Maharasthra, en la costa occidental del país. Su principal característica es haber sido el lugar elegido como residencia por muchos santos sufíes, razón por la cual hoy se cuentan millar y medio de tumbas de ellos en el conocido como Valle de los Santos. Una de las más famosas es la de Zar Zari Bakhs, en cuya cercanía se encuentra otra, no menos destacada, del curioso personaje que vamos a ver hoy: Malik Ambar, el hombre que, a caballo entre los siglos XVI y XVII, gobernó con brillantez el Sultanato de Ahmadnagar, retrasando su conquista por los mogoles.

El mausoleo de Malik Ambar consiste en dos plataformas elevadas sobre las que se disponen sendos dargahs (santuarios, pequeños edificios rematados con cúpulas que suelen incluir dependencias diversas para rezar y atender el ziyarat, es decir, las visitas de peregrinos), en uno de los cuales, el más grande y decorado, descansan sus restos mientras que en el otro lo hacen los de su esposa, Bibi Karima. El complejo se parece bastante al de Murtaza Nizam Shah, el sultán al que sirvió, aunque lógicamente no resulta tan rico.

La tumba de Malik Ambar/Imagen: Tervlugt en Wikimedia Commons

Aún así, quién lo hubiera imaginado atendiendo al humilde origen de Malik Ambar. Nació en Harar, una ciudad de la actual Etiopía que en aquel año de 1548 pertenecía al Sultanato de Adal, un reino suní que floreció entre 1415 y 1577 y mantuvo buena relación con el Imperio Otomano. Buena parte de su boyante economía se debía al comercio de esclavos y ésa era la condición de nuestro protagonista, que por entonces se llamaba simplemente Chapu y pertenecía a los oromo (una etnia cusita nómada, mayoritaria hoy en Etiopía), aunque hay quien cree que pudo ser más bien maya (otro grupo dedicado al pastoreo, rival del anterior; no confundir con los mayas americanos).

En cualquier caso, los oromo profesaban la waaqeffanna, una religión monoteísta a la que Chapu tuvo que renunciar en beneficio del islam cuando su dueño, un comerciante llamado Mir Qasim Al Baghdadi, supo ver en él una inteligencia superior a la de los otros y le favoreció a cambio de la conversión, rebautizándole con el nombre con que pasó a la Historia, Ambar. Si aceptamos la tesis maya, cabe resaltar el hecho de que los miembros de ese pueblo eran formidables guerreros y por ello solían ser contratados como mercenarios por los sultanes de Adel, siendo una de las puntas de lanza empleadas en la conquista de Abisinia.

Ubicación de Sultanato de Adel y el Imperio Etíope/Imagen: Skill1st en Wikimedia Commons

Entre los siglos XIV y XVII, el sultanato se enzarzó en una larga guerra con el Imperio Etíope, que regía la dinastía salomónica cristiana, y ambos se destruyeron mutuamente, pues arrastraron al conflicto a otros aliados poderosos como los citados otomanos en el primer caso y los portugueses en el segundo. Fue en ese contexto cuando nació Chapu, que fue vendido por sus padres y, a la par que iba creciendo y formándose como guerrero en medio de la contienda, también pasó de mano en mano por Yemen, Bagdad y La Meca hasta terminar en el Decán.

El Decán es la altiplanicie que ocupa la mayor parte del subcontinente indio desde el centro hacia el sur, extendiéndose por unos ochocientos mil kilómetros cuadrados que abarcan los estados de Madhya Pradesh, Chhattisgarh, Andhra Pradesh y Karnataka y el mencionado Maharastra. Allí, Malik fue comprado por Chengiz Khan, otro que había sido esclavo -éste de etnia siddi (también llamada habshi), típica de India y Pakistán, aunque su raíz entronca con la bantú-, pero había conseguido ascender socialmente -algo relativamente frecuente en el sistema esclavista musulmán- y ahora ejercía de peshwa, o sea, primer ministro del sultán de Ahmadnagar.

Los sultanatos del Decán entre 1490 y 1687/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El Sultanato de Ahmadnagar, ubicado en el noroeste del Decán, entre los de Gujarat y Bijapur, había sido fundado en 1490 por Malik Ahmad, hijo de un brahmán hindú llamado Nizam-ul-Mulk Malik Hasan Bahri que dio nombre a la dinastía gobernante, la Nizam Shahi. En 1494 la capital pasó de Junnar a Ahmadnagar y el trono fue pasando de generación en generación hasta llegar a la época del citado Chengiz Khan, junto al que el esclavo aprendió todo lo referente a las artes militares y políticas, y tras cuya muerte su viuda le concedió la libertad (por eso éste le homenajearía más adelante poniendo su nombre a su segundo hijo). Ambar entró al servicio del sultán de Bijapur y fue entonces cuando se ganó el título de Malik; pero fue una etapa corta y pronto regresó para ingresar en las filas del ejército de Ahmadnagar.

Su titular era, por entonces, Murtaza Nizam Shah II, el menor de los hijos de Burhan Nizam Shah I, el mandatario que había impuesto por la fuerza el chiísmo, en perjuicio del islam suní y bajo cuyo reinado empezaron las incursiones mogolas. De hecho fue un príncipe de este pueblo túrquido, Daniyal, el que apresó al anterior sultán, Bahadur Nizam Shah, dejando un vacío de poder que favoreció sin pretenderlo el progreso de Malik Ambar. Éste coronó al único miembro de la familia real que no había sido capturado al haber huido a Paranda, el joven Alí (como se llamaba Murtaza originalmente), consiguiendo así un líder bajo el que unir al país contra la amenaza exterior.

Malik Amber junto al sultán Murtaza Nizam Shah II y un joven no identificado/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No resultó tarea fácil porque fue necesario superar el recelo inicial de Alí. Malik lo logró ofreciéndole a su hija mayor, Shahir Bano, en matrimonio y finalmente, tras la boda y la coronación, fue nombrado regente y primer ministro en 1607. Su poco habitual aspecto físico («un kafir negro de Abisinia con un severo rostro romano», en palabras del comerciante Pieter van den Broecke, que le conoció cuando era gerente de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en la localidad de Surat, arrebatada a los portugueses) no le impidió, pues, prosperar, como tampoco demostrar en el cargo unas extraordinarias dotes de gobernante.

Dada la amenaza mogola, procedente del norte, designó varios sultanes títeres en esas regiones septentrionales para frenarlos, erigiendo una cadena de fuertes. Entretanto, en apenas tres años, reformó el ejército añadiéndole una fuerza de caballería e incorporando a filas a diez millares de guerreros siddi más otros cuarenta mil decaníes, gracias a lo cual -y con el extra de una alianza con los marathas del norte- pudo contener las arremetidas del enemigo empleando la guerra de guerrillas y cañones comprados a los británicos. Jahangir, emperador mogol entre 1605 y 1627, entendió pronto quién dirigía aquella inesperada resistencia, de ahí que en su corte se considerase a Malik Ambar el gran enemigo a batir y así fuera representado en el arte, además de dedicarsele epítetos peyorativos en las crónicas.

Expansión del Imperio Mogol por el subcontinente indio/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Por supuesto, no todo se limitó al campo de batalla y aquel ex-esclavo también fue un mecenas de las artes (especialmente de la arquitectura, plasmada en la construcción de Ahmadnagar), fomentó la educación, creó el Neher (un imponente y eficaz sistema de canales que proporcionaba agua a la capital y funcionó sin problemas hasta 1937) y puso orden en la administración, lo que mejoró las finanzas y engordó las arcas estatales para el futuro. Parte de esos ingresos venían del comercio, que creció merced a la creación de una flota, y, es cierto, de sus servicios bélicos mercenarios a otros reinos vecinos, que los solicitaban al ver sus excelentes resultados.

Así fue cómo ayudó a los británicos en su rivalidad contra los portugueses -aunque luego contrató a muchos lusos, sobre todo marinos- e intervino también incluso en la guerra civil que el nuevo emperador mogol, Shah Yahan I (el constructor del Taj Mahal y el fabuloso Trono de Oro), libró contra su madrastra, Nur Jahan, por el control de Delhi. No obstante, fue precisamente dicho emperador el que luego le derrotó, obligando a Malik a entregarle las ciudades de Ahmadnagar y Berar para evitar una invasión. El tiempo corría en contra de Malik. El Imperio Mogol se hallaba en plena expansión y contaba con muchos más recursos que los que el sultanato pudiera oponer, algo agravado por el hecho de que varios de los sardar (generales) del Decán, viendo el panorama, optaron por unirse a los invasores.

Fateh Khan, hijo de Malik Ambar, de quien heredó su cargo/Imagen: The African Diaspora in the Indian Ocean World

La situación interior tampoco ayudó. La tregua firmada con los mogoles no gustó nada al sultán, que además sentía renacer la desconfianza ante el poder que acumulaba su ministro. Ahora bien, no podía limitarse a destituirlo, puesto que al fin y al cabo era su gran sostén y además se granjearía la animadversión del ejército, así que optó por un juego sibilino: fomentar la rivalidad de Malik con un poderoso noble, Raju Daccani, que aspiraba a ocupar su puesto, otorgándole cada vez mayor respaldo. Eso originó algunos intentos de asonada contra el ministro que, si bien pudo solventar, le provocaron una enorme decepción hacia Murtaza.

Acudió entonces a Ibrahim Adil Shah II, sultán de Bijapur, bajo cuya protección se había puesto Murtaza cuando escapó de los mogoles y que era miembro también de la dinastía; gracias a su mediación, las cosas se tranquilizaron durante un tiempo. Pero en 1610 volvieron a deteriorarse, después de que la mujer de Murtaza -que, recordemos, era hija de Malik Ambar – fuera gravemente insultada por otra de las esposas, una de procedencia persa que la llamó esclava recordando el origen de su familia y calificó a su padre de rebelde. Ella fue a quejarse a su progenitor y éste hizo envenenar a la otra.

Aquel revuelto panorama favoreció el avance mogol, pese a lo cual el sultanato aún era independiente a la muerte de Malik Ambar, en 1626. Su primogénito, Fateh Khan, fue quien le sucedió en el cargo. Sin embargo, no heredó la brillantez de su predecesor ni en el ámbito militar ni en el político, por lo que se reprodujeron las luchas internas. Murtaza, a su vez había fallecido legando el trono a su vástago de cinco años (del que no se sabe si su madre fue la hija de Malik o la esposa persa del altercado), que adoptó el nombre de Burhan Nizam Shah III… y acabó asesinado por Fateh Khan.

Así pues, lo que nunca se atrevió a hacer el padre lo llevó a cabo el vástago, pero la falta de contención fue la puntilla para todos; el Imperio Mogol, al que Malik Ambar había logrado frenar de nuevo entre 1616 a 1621, merced a una alianza con Bijapur y Golconda -incluso le arrebató las provincias de Khandesh y Berar- no desaprovechó aquella descomposición intestina y en 1633 conquistó por fin el sultanato. El emperador, Shah Yahan I, dejó como gobernador del Decán a su tercer hijo, Aurangzeb, quien más tarde y tras una serie de desencuentros con su progenitor, dio un golpe de estado, le depuso y se deshizo de sus hermanos para hacerse con el trono.

En ese sentido cabe señalar que la hija pequeña de Malik Ambar, llamada Azija Bano, estaba casada con Muqarrab Khan, un circasiano nombrado general del ejército por su suegro y que demostró su genio militar en numerosas batallas. Ante las nuevas circunstancias, aceptó ponerse al servicio de los mogoles y acabó asesinado en 1658, durante la guerra sucesoria que aupó a Aurangzeb.


Fuentes

Omar Hamid Ali, Malik Ambar: the legacy of an Ethipian ruler in India | Sir Richard Burn, ed., The Cambridge History of India. The Moghul Period | Indrani Chatterjee y Richard M. Eaton, eds., Slavery and South Asian history | Shanti Sadiq Ali, The African dispersal in the Deccan. From Medieval to Modern times | Richard M. Eaton, A social history of the Deccan, 1300-1761. Eight Indian lives: Malik Ambar (1548-1626): the rise and fall of a military slave | Wikipedia