La batalla del Bosque de Hürtgen, la más larga disputada en solitario por el ejército de Estados Unidos

Soldados de EEUU en el bosque de Hürtgen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Resulta curioso que el combate más largo y duro de la historia de EEUU, de los disputados en solitario, apenas sea conocido. Es probable que ello se deba a la poca repercusión mediática que ha tenido desde que se disputó en la Segunda Guerra Mundial, terminando con una contundente derrota y una cifra de bajas incierta pero escalofriante, que sumó casi tantos muertos como los de Norte y Sur juntos en Gettysburg durante la Guerra de Secesión. Nos referimos a la batalla del Bosque de Hürtgen, que se desarrolló en el contexto de la Operación Queen y duró casi cinco meses del otoño-invierno de 1944-45.

El bosque en cuestión se encuentra en Alemania, en la parte suroeste del estado de Renania del Norte-Westfalia; un masa forestal de mil trescientos kilómetros cuadrados delimitados por las ciudades de Aquisgrán, Monschau y Düren, y que sirve de frontera con Bélgica, recorriendo el río Rur su área oriental. En su accidentada orografía, únicamente las mesetas aparecen despejadas para el cultivo, quedando valles y laderas montañosas cubiertas por extensas masas arbóreas. Apenas hay caminos, por lo que tampoco se trata de un sitio especialmente frecuentado por excursionistas, salvo aquellos que acuden a ver los restos de la batalla.

Área principal de la batalla en el bosque/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El principal punto de interés de éstos es el Museum Hürtgenwald 1944 und im Frieden, inaugurado en 1983 rehabilitando un antiguo granero de piedra. Se le unen tres cementerios con los cuerpos de los caídos no sólo durante la guerra sino también después, ya que quedaron abundantes municiones de fósforo blanco que se incendiaron en el verano de 1945 y el terreno sembrado de minas provocó un centenar de víctimas cuando ya había terminado la contienda.

Otra de las atracciones la componen los búnkeres que integraban la Línea Sigfrido y un par de monumentos. Uno es una escultura conmemorativa circular, hecha de piedra y con el título de A Time for Healing, que se erigió sobre el puente del sendero Kall en 2004, con motivo de 60º aniversario del alto el fuego. El otro, más emotivo y curioso, es una placa de bronce que los estadounidenses dedicaron al teniente alemán Friedrich Lengfeld, que murió cuando ayudaba a un soldado enemigo herido por una mina.

El monumento sobre el puente de Kall/Imagen: Xamos en Wikimedia Commons

Como vimos hace poco en el artículo dedicado a Digby Tatham-Warter, la Operación Market-Garden planeaba rodear por el norte la Línea Sigfrido, atravesando Bélgica y Holanda gracias a la captura de sus puentes; pero el fracaso obligó a los Aliados a asumir que debían cruzar el Rin con la previsible feroz oposición alemana. El punto elegido para abrir brecha fue Aquisgrán, por donde penetró el First United States Army (Primer Ejército de EEUU) que dirigía el general Courtney Hodges, que estaba integrado en el Decimosegundo Grupo de Ejércitos de Omar Bradley y que ya venía avalado por su éxito en la captura de Cherburgo y París.

Sólo que enfrente se le oponía el germano Heeresgruppe B (Grupo de Ejércitos B), mandado por el mariscal de campo Walther Model, un veterano del Frente Oriental, experto en la guerra relámpago con blindados y que gozaba de influencia suficiente ante Hitler como para haberle convencido de retroceder y reorganizar la defensa, algo que se demostró acertado tras su éxito al rechazar la citada Operación Market-Garden. Eso sí, ni él ni Von Rundstedt pudieron disuadir al Führer de que la proyectada ofensiva del Frente Oeste, la que luego se conocería como Batalla de las Ardenas, no tenía posibilidades de éxito final, dada la escasez de recursos de que disponía la Wehrmacht en esos momentos.

Model le planteó un plan alternativo pero no fue escuchado; la ofensiva debía llevarse a cabo. De manera que si, por un lado, los Aliados pretendían seguir avanzando hacia el Rin, tal como preveía la Operación Queen, para lo cual debían impedir que los alemanes enviasen refuerzos a la brecha abierta en Aquisgrán, por el otro sus adversarios tenían que detener dicho avance, puesto que obstaculizaba su plan de contraataque.

Infantes estadounidenses en Hürtgen/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Para ello, los teutones contaban con tres armas: la presa del Ruhr, que podían abrir inundando el terreno; el Westwall, que es como ellos llamaban a la mencionada Línea Sigfrido; y el bosque de Hürtgen, cuya accidentada orografía se veía reforzada por el tiempo frío, que pronto se materializaría en nieve (y ésta en barro, empantanando el terreno).

En aquel laberinto de coníferas y vegetación, un obstáculo natural para los carros de combate y vehículos motorizados en general, se construyeron numerosas fortificaciones con las que los soldados de Model podían combatir a cubierto, compensando así parcialmente la superioridad numérica del enemigo, que era abrumadora.

Los estadounidenses sumaban unos ciento veinte mil hombres (trece divisiones, de las que siete eran de infantería, tres aerotransportadas y otras tres blindadas, más un batallón de Rangers) por ochenta mil alemanes (catorce divisiones, doce de infantería, una de paracaidistas y una blindada), aunque estos últimos empezaron siendo muchos menos -sólo dos divisiones- y tuvieron que ir incrementando su número con sucesivos refuerzos.

Paracaidistas estadounidenses sufriendo las duras coindiciones climatológicas al llegar el invierno/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

A mediados de septiembre, los estadounidenses lanzaron su ataque hacia Schmidt y Monschau, tomando Schevenhütte y Lammersdorf; pero los germanos se hicieron fuertes en el bosque y los frenaron, causándoles miles de bajas a lo largo de ese mes y la mitad del siguiente. Por eso se envió un batallón de tanques Sherman que, sin embargo, únicamente podía avanzar por el reseñado sendero de Kall, que discurre paralelo al río y, consecuentemente, se convirtió en una trampa a base de minas y fuego de mortero.

Tras dos días apenas se había avanzado un kilómetro y medio, así que se hizo indispensable una operación para despejar la zona de follaje que flanqueaba el sendero. Era más fácil decirlo que hacerlo, ya que el otoño llegó con una meteorología tan adversa que hasta bien entrado noviembre no permitió apoyo aéreo.

Camiones de EEUU avanzando penosamente sobre el fango del camino/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Aún así, los norteamericanos lograron capturar Simonskall, Vossenack, Kommerscheidt y Schmidt. Entonces, un fulminante contraataque de la 116ª División Panzer los hizo retroceder y perder las posiciones ganadas en el sendero y Schmidt. Era tal la cantidad de heridos por ambas partes que fue entonces cuando se negoció un alto el fuego sobre el puente de Kall, el que conmemora el monumento, para atenderlos. En ese sentido, cabe decir que los estadounidenses estaban muy limitados, al carecer de vías de suministro, por lo que los médicos alemanes se ocuparon de muchos enemigos.

El 14 de noviembre se reanudaron los combates, con el VII Cuerpo -al que se le unió el V días después- empeñado en despejar el bosque de Hürtgen. Los cañones y nidos de ametralladoras ocultos en la maleza, volvieron a hacer una carnicería causando tres centenares de bajas en setenta y dos horas. Los cañonazos hacían volar miles de astillas como lluvia, obligando a los norteamericanos a abrazarse a los árboles en vez de arrojarse cuerpo a tierra.

De nuevo se solicitó la ayuda de los Sherman, pero a las dificultades para que se abrieran paso se unían las que seguía habiendo para enviar suministros y evacuar a los heridos, debido al fango que cubría los caminos. Y todavía hubo una peor: los teutones recibieron dos divisiones de refuerzo. Por consiguiente, durante lo que quedó de mes apenas se podía avanzar medio kilómetro diario.

El 29, los estadounidenses tomaron Langerwehe-Merode y el 6 de diciembre los Rangers hicieron otro tanto con la Colina 400 (llamada así por su altitud). Ambas posiciones fueron recuperadas por los alemanes tres días después, en un contraataque de Von Rudstedt, ya que, al estar en una cota elevada y fortificada (se construyó un bastión sobre los restos de un castillo medieval), la colina resultaba muy valiosa. Asimismo, el 13 también fue conquistada Kesternich y… perdida poco después. Era el punto final de la batalla del Bosque de Hürtgen, ya que ese 16 de diciembre empezó en Las Ardenas la ofensiva teutona Wacht am Rhein, que absorbió a sus participantes.

Artillería alemana en acción/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

A Las Ardenas, la Wehrmacht destinó medio millón de hombres (una treintena de divisiones, practicamente) y casi dos mil tanques, mientras la Luftwaffe apoyaba con dos mil cuatrocientos aviones. La parte septentrional de la acción estaba en el entorno de Monschau, donde se consiguió penetrar un centenar de kilómetros entre las líneas enemigas. Sin embargo, tal como Model había advertido, la falta de combustible detuvo a los panzers y dio tiempo a los estadounidenses a concentrar tropas para la defensa, incluyendo ayuda de sus aliados, de modo que el objetivo final, que era alcanzar Amberes, quedó lejos.

En febrero del año siguiente, los norteamericanos reanudaron la Operación Queen, atacando otra vez el bosque de Hürtgen. Con el adversario ya en retirada, en esta ocasión pudieron atravesar el lugar con menos problemas y el día 10 se apoderaron de la presa del Ruhr, en un movimiento combinado con el Noveno Ejército (que no lo tuvo tan difícil) y el XXX Ejército británico encargado de la Operación Clipper (que había logrado su objetivo de reducir el llamado Saliente de Geilenkirchen). Entonces cruzaron el Ruhr, quedando expedito el camino hacia el Rin.

Desarrollo de las operaciones. La fila de triángulos representa la Línea Sigfrido/Imagen: Kernec en Wikimedia Commons

La lucha en el bosque fue tan agónica que los dos bandos acumularon juntos un cuarto de millón de bajas, entre muertos, heridos y enfermos. No hay registros concretos de las pérdidas germanas, que se calculan en torno a veintiocho mil, pero las tropas de EEUU sufrieron treinta y tres mil, a las que hubo que sumar nueve mil más por enfermedades, accidentes y congelaciones.

Todo ello, reflejo de prácticamente tres meses seguidos de combates (cinco, si se incluyen los dos de 1945), por lo que se considera que la del Bosque de Hürtgen fue la batalla más larga jamás disputada por el ejército estadounidense en solitario y también la más duradera de la Segunda Guerra Mundial en territorio alemán.


Fuentes

Charles Brown MacDonald, The Battle of the Huertgen Forest | Gerald Astor, The Bloody Forest. Battle for the Hurtgen: September 1944-January 1945 | Lt. Paul Boesch, Road to Huertgen. Forest in Hell | Edward G. Miller, A dark and bloody ground. The Hürtgen Forest and the Roer River dams, 1944-1945 | Wikipedia