Operación Nordwind, la última gran ofensiva alemana de la Segunda Guerra Mundial

Tanques del 714º Batallón de EEUU en Alsacia, durante la Operación Nordwind/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el invierno de 1944 todos los países beligerantes en la Segunda Guerra Mundial tenían claro que Alemania había perdido y el final de la contienda sólo era cuestión de tiempo, el que Hitler estuviera dispuesto a dilatar. El mandatario nazi, en efecto, todavía trató de realizar una postrera y desesperada jugada: la Unternehmen Nordwind (Operación Viento del Norte, más conocida por Operación Nordwind), que fue la última gran ofensiva germana contra las fuerzas Aliadas en el Frente Occidental europeo. Y fracasó.

Nordwind no surgió de repente sino como apoyo o complemento de otra ofensiva iniciada el 16 de diciembre de 1944, la de Las Ardenas (Ardennenoffensive o Rundstedt-Offensive), que a su vez se subdividió en otras operaciones menores vinculadas: Bodenplatte, Greif y Währung. Su objetivo era atravesar los bosques belgas, tomar Amberes y escindir la línea Aliada, embolsando a los cuatro ejércitos -británicos y estadounidenses- que la formaban para forzar una negociación de paz que permitiera a la Wehrmacht centrarse en el Frente Oriental.

Soldados estadounidenses en Las Ardenas/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Las difíciles condiciones meteorológicas, que impedían el reconocimiento aéreo, y un exceso de confianza de los Aliados provocaron que fueran tomados por sorpresa por los alemanes. Sin embargo, la férrea resistencia en Bastogne, la mejora del tiempo y el rápido flujo de refuerzos le dieron la vuelta a la situación, de manera que para el 25 de enero de 1945 aquel intento desesperado de Hitler para frenar el avance enemigo terminó en retirada hacia la Línea Sigfrido con cuantiosas pérdidas, aunque también sufridas por los norteamericanos. Ese fue el contexto en el que se planteó la Operación Nordwind.

Quince días después de iniciar su ataque en Las Ardenas, las tropas teutonas se habían quedado estancadas. A la dureza del invierno hubo que sumar otra importante adversidad, como la falta de combustible para los blindados, de ahí que se considerase necesario abrir otro frente. En contraste con los bosques belgas y luxemburgueses, se eligió la zona del valle de los Vosgos y la llanura de Alsacia, donde operaban el Sexto Grupo de Ejércitos de EEUU al mando del general Jacob Devers y el Séptimo Ejército de EEUU, dirigido por Alexander Patch, más el Primer Ejército Francés de Jean de Lattre de Tassigny. Estaban destinados allí por Eisenhower para desviar tropas enemigas de Las Ardenas y facilitar un contraataque.

Planteamiento original de la Operación Nordwind/Imagen: Memnon335bc en Wikimedia Commons

Pero precisamente por eso constituían el eslabón más débil y, frente a ellos, el mariscal Von Rundstedt movilizó al Grupo de Ejércitos G del general Johannes Albrecht Blaskowitz (donde estaba el Primer Ejército de Hans von Obstfelder), el recién formado Grupo de Ejércitos del Rin que mandaba Heinrich Himmler y el Décimonoveno Ejército de Sigfried Rasp. No está claro cuántos hombres sumaban unos y otros, calculándose en algo menos de un cuarto de millón los Aliados por una cifra desconocida en el caso germano.

El objetivo fijado por Hitler era destruir al adversario y tomar Estrasburgo, lo que permitiría desatar la Unternehmen Zahnarzt (Operación Dentista): el plan para acabar con el Tercer Ejército de Patton -que el 26 de diciembre logró romper el cerco de Bastogne- tras un movimiento de pinza. La ofensiva empezó el 31 de diciembre de 1944, actuando sobre un estrecho frente de ciento diez kilómetros contra el Séptimo Ejército de EEUU. Aquel inesperado golpe provocó un amago de retirada que desencadenó agrias dicusiones entre los mandos Aliados; trasladadas a las altas esferas, con Eisenhower y De Gaulle enfrentados, sólo la mediación de Churchill devolvió la calma.

Johannes Albrecht Blaskowitz/Imagen: Bundesarchiv, Bild, en Wikimedia Commons

Y es que la sorpresa fue total, algo que los alemanes habían considerado primordial hasta el punto de que no hubo bombardeos previos. Más tarde, a lo largo de la jornada, sí se destinaron un millar de aviones para impedir la acción de la aviación rival. Fue la mencionada Operación Bodenplatte, que si bien logró causar cuantiosas bajas a los Aliados, en términos generales no sólo no triunfó sino que supuso la pérdida de cientos de unidades y pilotos en muy poco tiempo (algunos alcanzados por antiaéreos alemanes, al tomarlos por enemigos por no haber sido informados de su presencia) y agravar el progresivo debilitamiento de la Luftwaffe.

Los tres cuerpos que formaban el Primer Ejército alemán protagonizaron los primeros ataques y ocuparon Wingen el 4 de enero. Sin embargo, las dificultades del terreno y la falta de refuerzos lastraron los avances y dos días más tarde, ante un contraataque norteamericano, tuvieron que retirarse de la ciudad. Entonces se centró la atención en la llanura del Alto Rin, donde la población era pro-germana, algo que permitió cruzar el río sin problemas y establecer una cabeza de puente. Entretanto, el Primer Ejército obligó a retroceder a los franceses, que terminaron estableciendo una línea de resistencia en Benfeld.

A mediados de enero, la situación se estancó, con sucesivos golpes de mano de uno y otro bando. Entrando ya en la segunda mitad del mes, los alemanes fracasaron en su primer intento de alcanzar Estrasburgo, los galos repelieron un ataque en Kilstedt y los estadounidenses recibieron la noticia de que les enviaban refuerzos: la 101ª División de Paracaidistas, liberada de Las Ardenas al fracasar definitivamente esa ofensiva teutona el día 25. Pero el mal tiempo retrasó su llegada, lo que obligó a una retirada al sur del río Moder. Despejado el camino, los alemanes utilizaron la citada cabeza de puente para pasar más tropas y reanudar el avance, con la ciudad de Zabern en el horizonte.

Un avión estadounidense destruido en el aeródromo de Metz durante la Operación Bodenplatte/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No pudieron. Por el camino se estrellaron intentando apoderarse de Hagenau y Bischweiler, a la par que en otros puntos empezaban a recibir ataques Aliados, una vez que éstos pudieron tomar posiciones. En apenas tres días, del 22 al 25 de enero, la situación dio la vuelta y, ante el temor de que colapsara el Frente Oriental, Hitler ordenó detener la Operación Nordwind para retirar dos de las tres divisiones Panzer y emplearlas en contener a los soviéticos, que ya dejaban atrás el este de Prusia, tal como había advertido en vano el general Guderian cuando se aprobó la ofensiva.

Sólo la llamada Bolsa de Colmar permaneció, durante tres semanas, como una anomalía dentro del conjunto: algunas unidades del Décimonoveno Ejército alemán resistieron en la ciudad homónima hasta el 9 de febrero. Pero se trataba de un espejismo. A pesar de sus victorias tácticas, la ofensiva fracasó estratégicamente al no cumplir su objetivo de frenar al enemigo, convirtiéndose en lo que el historiador Anthony Beevor considera el equivalente del Kaiserlacht, el último gran ataque alemán de la Primera Guerra Mundial.

La ofensiva alemana en Alsacia durante el invierno de 1944: la Operación Nordwind, la Bolsa de Colmar y la campaña del Rin/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Las bajas germanas se calculan en torno a 23.000, por unas 7.000 francesas y algo menos de 12.000 estadounidenses, agravadas por las sufridas en la anteriormente reseñada Operación Dentista, que también salió mal: empezó el 1 de enero y concluyó apenas tres días después, al ver cortadas sus líneas de suministro por la artillería y los intensos bombardeos aéreos Aliados.

Alsacia volvió a ser francesa y Eisenhower pudo iniciar la Operación Undertone en marzo: limpiar de enemigos el Palatinado para poder acumular todas las fuerzas en la ribera del Rin y cruzarlo.


Fuentes

Robert Ross Smith y Jeffrey J. Clarke, Riviera to the Rhine. United States Army in WWII | Charles Withing, Operation Northwind. The other battle of the Bulge | Anthony Beevor, Berlín. La caída: 1945 | Anthony Beevor, Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler | Steven J. Zaloga y Jim Laurier, Operation Nordwind 1945. Hitler’s last offensive in the West | Wikipedia