Cuando los franceses dividieron el día en 10 horas

Apolo y las Horas, cuadro de Georg Friedrich Kersting (1822) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Durante siglos hemos utilizado el sistema sexagesimal de medición del tiempo, en el que cada día se divide en 24 horas, cada hora en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos. ¿Por qué lo hacemos?

Los antiguos griegos fueron los primeros en introducir el concepto de hora en honor a las Horae, las diosas de las estaciones y las porciones naturales del tiempo. El número de Horae variaba según las distintas fuentes, y aunque el más común es el de tres, en la Antigüedad tardía su número había aumentado a doce, de donde surgió la idea de dividir el día y la noche en 12 horas cada uno.

La división de la hora en 60 minutos y del minuto en 60 segundos procede de los babilonios, que utilizaban un sistema sexagesimal para las matemáticas y la astronomía. Los babilonios dividían el día en 360 partes, porque esa era su estimación del número de días de un año. Dividir un círculo en 360 grados también idea suya.

Los egipcios también utilizaban días de 12 horas, posiblemente porque hay doce ciclos lunares en un año, o probablemente eran más fáciles de contar con las 12 articulaciones de los dedos de cada mano. En cualquier caso, estos sistemas se adoptaron en todo el mundo y son ahora los estándares de medición del tiempo. ¿Pero qué pasa si cambiamos los estándares?

Reloj decimal / foto Kcida 10 en Wikimedia Commons

En 1754, el matemático francés Jean Le Rond d’Alembert propuso que todas las unidades de tiempo fueran divisibles por diez: Esta división daría lugar a cálculos mucho más fáciles y convenientes y sería muy preferible a la división arbitraria (…) del día en veinticuatro horas, de la hora en sesenta minutos, etc.

En 1788, Claude Boniface Collignon, un abogado francés, propuso dividir el día en 10 horas, cada hora en 100 minutos, cada minuto en 1.000 segundos y cada segundo en 1.000 tierces. También sugirió una semana de 10 días y dividir el año en 10 meses solares. Jean-Charles de Borda modificó la propuesta, y sobre esta base el Parlamento francés decretó que de medianoche a medianoche, se divide en diez partes, cada parte en otras diez, y así sucesivamente hasta la porción más pequeña medible de duración.

El sistema entró oficialmente en vigor el 24 de noviembre de 1793. La medianoche comenzaba a las cero horas (o 10 horas), y el mediodía llegaba a las 5 horas. Así, cada hora métrica pasó a tener 2,4 horas convencionales. Cada minuto métrico pasó a equivaler a 1,44 minutos convencionales, y cada segundo métrico se convirtió en 0,864 segundos convencionales. Los cálculos se hicieron más fáciles. El tiempo se podía escribir de forma fraccionada, por ejemplo, 6 horas y 42 minutos se convertían en 6,42 horas y ambos significaban lo mismo.

Reloj de la Revolución francesa / foto dominio público en Wikimedia Commons

Pero la gente nunca se adaptó al nuevo modelo. La hora decimal formaba parte de un intento más amplio de decimalización de todo por parte de los revolucionarios franceses, que también incluía la decimalización de la moneda y el sistema métrico, y se introdujo como parte del calendario republicano francés, que, además de dividir el día de forma decimal, dividía el mes en tres décadas de 10 días cada una. Como esto sólo suponía 360 días, los cinco días extra necesarios para aproximarse al año solar se colocaban al final de cada año sin que se contaran en ningún mes. Este calendario fue abolido a finales de 1805, y todo el plan fue enterrado antes de que tuviera tiempo de asentarse.

Después del fiasco de la hora decimal, cabía esperar que los franceses no volvieran a hablar de ello, pero en la década de 1890, Joseph Charles François de Rey-Pailhade, presidente de la Sociedad Geográfica de Toulouse, propuso de nuevo dividir el día, esta vez en 100 partes llamadas cés, cada una de las cuales equivaldría a 14,4 minutos estándar, y cada una de ellas se dividía en 10 decices, 100 centicés, etc.

Y lo que es peor, la Cámara de Comercio de Toulouse adoptó una resolución de apoyo a su propuesta. Finalmente, el comité científico francés Bureau des Longitudes, con el matemático Henri Poincaré como secretario, hizo un último intento en 1897. Poincaré adoptó el compromiso de mantener el día de 24 horas, pero dividiendo cada hora en 100 minutos decimales y cada minuto en 100 segundos. Una vez más, el plan no tuvo aceptación y la hora decimal se abandonó definitivamente en 1900. Nadie se ha atrevido a volver a tocar el reloj.


Este artículo se publicó en Amusing Planet. Traducido del inglés y republicado con permiso.

Fuentes

The Guardian | ABC Science | Wikipedia