Los curiosos relieves asirios que muestran nadadores usando artefactos para flotar

Detalle de uno de los relieves asirios / foto The Trustees of the British Museum

El año 911 a.C. se considera el de la fundación del Imperio Neoasirio. Ese año subió al trono de Asiria Adad-nirari II, que continuaría la labor de reconstrucción empezada por su padre tras el colapso de la Edad del Bronce en siglo XII a.C. que había sumido a todo Oriente Próximo, África del norte, el Mediterráneo y el Cáucaso en una especie de edad oscura.

Asiria resistió esta época de conmociones y migraciones mejor que otros estados y regiones como Egipto, Babilonia, Frigia o Persia, y consiguió vencer e imponerse a todos ellos, dominando incluso partes de la península arábiga y el norte de África.

Arqueros y maquinaria de asedio asiria / foto Iglonghurst en Wikimedia Commons

Una de las claves fue la alta organización tanto del ejército como de la burocracia, comparables salvando las distancias con las del posterior Imperio Romano. Su ingenio a la hora de desarrollar tácticas y artefactos militares convirtieron al imperio neoasirio en el mayor de la historia hasta el momento, superado solo más tarde por las conquistas de Alejandro Magno y Roma.

Entre las innovaciones desarrolladas están el empleo de caballería y arqueros a caballo (se les considera los primeros en introducir una verdadera caballería), el uso generalizado del hierro, y algunas innovaciones tecnológicas en máquinas de asedio, pero también en tecnología y equipamiento militar.

Ataque asirio a una ciudad, relieve del Palacio Noroeste de Nimrud (habitación B, panel 18), 865-860 a.C. / foto dominio público en Wikimedia Commons

Una de estas novedades tecnológicas puede contemplarse en dos de los tres grandes paneles con relieves descubiertos por el arqueólogo Austen Henry Layard en el Palacio Noroeste de Nimrud en 1846, que hoy están en el Museo Británico.

Los relieves, fechados entre los años 865 y 860 a.C. (durante el reinado de Asurnasirpal II) muestran a soldados asirios cruzando un río. Unos lo hacen en un bote cargado con lo que parecen partes de un carro o quizá una máquina de asedio. Los caballos cruzan nadando, al igual que algunos de los soldados. Pero otros utilizan una especie de pieles de animales que inflan soplando, a modo de flotadores.

Uno de los paneles con relieves de nadadores / foto The Trustees of the British Museum

Según Henry Siebe esa debía ser la manera en que aquellos que no habían aprendido a nadar podían mantenerse a flote a la hora de atravesar un curso fluvial. Y es que nada podía parar al ejército neoasirio, ni siquiera la ausencia de puentes o de vados. El propio Layard, en su memoria de las excavaciones de Nínive (en realidad Nimrud, como él descubriría más tarde al encontrar la auténtica Nínive) escribe sobre uno de los paneles:

Tres guerreros, probablemente huyendo del enemigo, cruzan un río a nado, dos de ellos llevan pieles infladas, al modo hoy practicado por los árabes que viven en las orillas de los ríos de Asiria y Mesopotamia, excepto que en el relieve los nadadores están representados sosteniendo la abertura con la boca, a través de la cual el aire entra en su boca. El tercero, alcanzado por las flechas de dos arqueros arrodillados en la orilla, lucha (sin la ayuda de una piel inflada) contra la corriente

El panel descrito por Layard en su memoria de las excavaciones / foto The Trustees of the British Museum

Layard creyó que los guerreros estaban buceando utilizando las vejigas de piel para respirar, algo que durante mucho tiempo no se puso en duda. Se consideraba que estos relieves mostraban la primera representación de buzos de la historia. Sin embargo, un examen más detallado en tiempos recientes demostró que en realidad se trata de una especie de flotadores que van inflando mediante soplado, ya que sería difícil sumergirse utilizando ese tipo de artefacto.

No obstante la existencia de buceadores en épocas posteriores está atestiguada por las fuentes. Heródoto cuenta la curiosa historia de Escilias de Escione:

Entretanto, se encontraba en el campamento Escilias de Escione, a la sazón el mejor buceador del mundo (este personaje, con ocasión del naufragio que se produjo a la altura del Pelión, ya había rescatado para los persas numerosos tesoros, aunque personalmente se había apropiado de muchos), quien, por lo visto, tenía el propósito, desde hacía ya tiempo, de pasarse a los griegos, pero resulta que, hasta aquel momento, le había sido imposible. Pues bien, no puedo indicar con exactitud cómo acabó llegando finalmente al bando griego, pero me pregunto, lleno de perplejidad, si lo que se cuenta es cierto, porque, según dicen, se zambulló en el mar en Áfetas y no emergió hasta que llegó al Artemisio, tras haber recorrido bajo el agua los ochenta estadios, poco más o menos, que hay de distancia (unos quince kilómetros)… Acerca de este episodio, sin embargo, he de manifestar que, en mi opinión, Escilias llegó a Artemisio en una barca

Heródoto, Historia VIII.8
Detalle del relieve con el bote cargado con maquinaria de asedio / foto The Trustees of the British Museum

Y Aristóteles incluso habla de artefactos que permitían a los buceadores respirar debajo del agua, comparándolos con la trompa de un elefante:

Igual que algunos procuran a los buceadores aparatos para la respiración, para que permanezcan mucho tiempo sumergidos y aspiren el aire de fuera del agua a través del aparato, del mismo modo la naturaleza ha provisto a los elefantes de una nariz enorme. Por eso respiran levantando la nariz y sacándola fuera del agua, en el caso de que caminen por el elemento líquido

Aristóteles, Partes de los animales 659a

Fuentes

Henry Siebe, The conquest of the sea, a book about divers and diving | Joseph Stewart, Exploring the History of Hyperbaric Chambers, Atmospheric Diving Suits and Manned Submersibles | Josho Brouwers, Crossing the river: An example of Assyrian ingenuity | Jean Vaucher, Animal Skin Floats | British Museum