Tabla claudiana, la placa de bronce que conserva el discurso en el que Claudio pidió la ciudadanía para los galos

La tabla claudiana en el museo de Lyon / foto Rama en Wikimedia Commons

Tiberio Claudio César Augusto Germánico, conocido simplemente como Claudio, fue el cuarto emperador romano (tras Calígula). Había nacido en Lugdunum, la actual Lyon en Francia, en el año 10 a.C., donde su padre estaba destinado como legado militar, convirtiéndose por tanto en el primer emperador romano nacido fuera de la península itálica (aunque de origen itálico sabino).

Antes de ser proclamado emperador por la guardia pretoriana en el año 41 d.C. Claudio se dedicaba a escribir obras históricas, e incluso un diccionario etrusco. Todas ellas, que incluían una historia de los cartagineses y los fenicios, un tratado sobre el juego de dados y una autobiografía, se han perdido.

La proclamación de Claudio como emperador, cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1871) / foto dominio público en Wikimedia Commons

La época de Claudio fue la de mayor expansión del imperio después de Augusto. En el censo del año 48 se contabilizaron un total de 5.984.072 ciudadanos romanos, aproximadamente un incremento de un millón desde el fallecimiento del primer emperador. A este incremento Claudio contribuyó fundando colonias a las que se otorgaba la ciudadanía romana, ya fuera a partir de comunidades existentes o creando otras en los nuevos territorios o en las fronteras del imperio.

Sería precisamente en Lyon (en el lugar del Santuario de las Tres Galias, erigido en 12 d.C. por el padre de Claudio, Druso el Mayor) donde se descubrió en 1528 una tablilla de bronce que contiene la transcripción de uno de los discursos de Claudio en el Senado romano. Pero no de un discurso cualquiera, sino de aquel en el que el emperador se pronuncia a favor d conceder a los galos la ciudadanía romana, incluyendo acceso a las magistraturas y al propio Senado.

Lo que queda de la tabla (parte inferior) / foto Morburre en Wikimedia Commons

Dado que Claudio había nacido allí y Lyon (Lugdunum) era el centro de su culto imperial, es posible que la propia ciudad mandase crear aquella tabla de bronce como conmemoración. Tiene 1,93 metros de ancho por 1,39 de alto y pesa 222,5 kilogramos. El texto del discurso, en latín, está dividido en dos columnas.

El discurso en cuestión había sido pronunciado por Claudio en el año 48 d.C. En él atendía una petición de los caudillos galos para obtener los mismos derechos que los ciudadanos romanos, mostrando una inaudita concepción de imperio universal no vista hasta entonces en los gobernantes de Roma.

Claudio proponía permitir a los ciudadanos adinerados y terratenientes de la Galia Comata (la que comprende las actuales Francia, Bélgica y Holanda) entrar en la clase senatorial, siempre claro que alcanzasen el nivel de riqueza necesario. En su argumentación, expone su propio origen sabino y el de su familia, la gens Claudia, así como la reciente promoción al rango senatorial de ciudadanos de la Galia Narbonensis (el sureste de Francia).

Estatua de Claudio descubierta en Gabii, ahora en el Museo del Louvre / foto dominio público en Wikimedia Commons

Mostrando su formación como historiador, Claudio hace una larga digresión sobre los orígenes y la historia primitiva de Roma, al mismo tiempo que se recogen las interpelaciones de algunos senadores que le exigen ir al grano. Curiosamente Tácito ofrece una versión distinta, aunque en líneas generales con las mismas conclusiones, por lo que se cree que la versión contenida en la tablilla de Lyon puede ser una copia exacta y literal del acta original del Senado.

Claudio: «Seguramente es una innovación del divino Augusto, mi tío abuelo, y de Tiberio César, mi tío, desear que se admita en esta asamblea especialmente a la flor de las colonias y de las ciudades municipales, es decir, a todas las que contienen hombres de alcurnia y riqueza.»

Interrupción, aparentemente de un senador: «¿Cómo ahora? ¿No hay que preferir un senador italiano a un senador de provincia?»

Claudio: «Pronto os explicaré este punto, cuando presente la parte de mis actos que realicé como censor, pero no concibo que sea necesario rechazar incluso a los provinciales que pueden hacer honor a la Cámara del Senado. Aquí está esa espléndida y poderosa colonia de Viena (actual Vienne); ¿hace tanto tiempo que no nos envía senadores? De esa colonia viene Lucio Vestino, una de las glorias de la orden ecuestre, mi amigo personal, a quien tengo cerca para la gestión de mis asuntos privados. Dejad que sus hijos se conviertan en sacerdotes del rango más bajo, mientras esperan que, con el paso de los años, puedan seguir el avance de su dignidad. En cuanto a ese ladrón, Valerio Asiático de Viena, pasaré por alto su odioso nombre. Porque detesto a ese héroe del gimnasio, que trajo el consulado a su familia antes de que incluso su colonia hubiera obtenido los plenos derechos de la ciudadanía romana. Podría decir lo mismo de su hermano, marcado como indigno por esta desafortunada relación, e incapaz en lo sucesivo de ser un miembro útil de vuestro cuerpo.»

Grito de interrupción: «¡Aquí ahora, Tiberio César Germánico! Es hora de que los Padres Conscriptos entiendan a qué conduce tu discurso… ¡ya has llegado a los límites de la Galia Narbonense!»

Claudio: «Todos estos jóvenes de rango, sobre los que lanzo mi mirada, seguramente no lamentan ver entre el número de los senadores; como tampoco Pérsico, ese caballero de altísima cuna y amigo mío, se avergüenza cuando encuentra sobre las imágenes de sus antepasados el nombre de Alobrogio. Y si tal es tu pensamiento, ¿qué desearías más? ¿Tengo que señalárselo? Incluso el territorio que se encuentra más allá de la provincia de Galia Narbonense, ¿no os ha enviado ya senadores? Porque seguramente no nos arrepentimos de haber ido hasta Lugdunum por los miembros de nuestra orden. Ciertamente, Padres Conscriptos, no es sin cierta vacilación que atravieso los límites de las provincias que os son bien conocidas y familiares, pero ha llegado el momento en que debo defender abiertamente la causa de la Galia posterior. Se objetará que la Galia sostuvo una guerra contra el divino Julio durante diez años. Pero a esto hay que oponer el recuerdo de cien años de firme fidelidad, y una lealtad puesta a prueba en muchas circunstancias difíciles. Mi padre, Druso, pudo obligar a Germania a someterse, porque tras él reinaba una profunda paz asegurada por la tranquilidad de los galos. Y nótese bien, que en el momento en que fue llamado a esa guerra, estaba ocupado en instituir el censo en la Galia, una institución nueva entre ellos, y contraria a sus costumbres. Y cuán difícil y peligroso es para nosotros este asunto del censo, aunque todo lo que requerimos es que se conozcan nuestros recursos públicos, lo hemos aprendido por demasiada experiencia.»

La tabla expuesta en el museo de Lyon / foto NearEMPTiness en Wikimedia Commons

Finalmente el Senado aprobó la propuesta de Claudio, y la élite de Lugdunum mandó poner por escrito el discurso como muestra de gratitud hacia él. Se sabe que, posteriormente, Claudio visitó su ciudad natal en dos ocasiones, en el 43 y el 47 d.C.

Hoy la tabla claudiana se expone en el museo galo-romano de Lyon, donde ocupa un lugar destacado como uno de los objetos antiguos más importantes descubiertos en la ciudad.


Fuentes

Lugdunum Musée & Théatres Romains / Fordham University / Epigraphik-Datenbank Clauss Slaby / Griffin, M. (1982). The Lyons Tablet and Tacitean Hindsight. The Classical Quarterly, 32(2), 404-418. jstor.org/stable/638580 / Wikipedia