Spolia opima, el trofeo romano por vencer a un enemigo en combate singular, solo se otorgó tres veces en la Historia

Rómulo lleva al templo de Júpiter las armas del vencido Agrón (Jean-auguste-Dominique-Ingres)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El diccionario de la R.A.E. define el verbo expoliar como «despojar algo o alguien con violencia o con iniquidad» y explica que la etiomología del término proviene del latín exspoliāre, que a su vez originó la palabra spolia (plural de spolium) con que los romanos se referían al botín, tanto el de saqueo como el que despojaba elementos decorativos de viejos edificios para los nuevos. En el primer caso, había una versión muy especial aplicada a la panoplia de un enemigo que se quedaba su vencedor tras derrotarlo en combate singular: spolia opima.

Spolia opima se traduce literalmente como ricos botines (opimus spolium en singular), si bien, como decimos, se obtenía en un duelo personal entre dos combatientes. Algo que no era muy habitual porque, al fin y al cabo, el ejército romano era tan poderoso que normalmente resultaba absurdo jugarse la victoria en un desafío de ese tipo. Por eso únicamente constan tres casos documentados en su historia, al menos en los que el protagonista fuera un militar de alta graduación.

El trofeo (Peter Paul Rubens)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El primero de ellos fue ni más ni menos que el propio fundador de Roma, el considerado también primer rey legendario: Rómulo. El episodio tuvo lugar como a mediados del siglo VIII a.C. como parte de otro mayor, el rapto de las sabinas, aquel en el que los primeros romanos estaban escasos de mujeres y organizaron una fiesta con los pueblos vecinos para secuestrar a las suyas. Consumados los hechos, los agredidos formaron una alianza para vengarse pero Agrón, el rey de los ceninetes, marchó sobre la ciudad sin esperar a los demás. Rómulo y Agrón se enfrentaron en combate singular ante la expectación de sus respectivas tropas.

Ganó el primero, que a continuación venció también a la hueste de su caído adversario y conquistó su ciudad, Caenina, quedándose con sus habitantes (que pasaron a ser romanos de pleno derecho). También se quedó con la armadura de Agrón, que exhibió junto a su cuerpo en un desfile triunfal por las calles. Luego la colocó sobre un tronco de árbol y dedicó el trofeo a Júpiter Feretrio, cuyo templo estaba en la colina Capitolina y se cree que fue el primero que se construyó en Roma. Plutarco lo cuenta así en sus Vidas paralelas:

Rómulo, para hacer su voto más grato a Júpiter, y más majestuoso a los ojos de sus ciudadanos, tendió la vista por el sitio de los reales, y echó al suelo la encina más robusta: dióle la forma de trofeo, y fue poniendo pendientes de él con orden cada una de las armas de Acrón; ciñóse la púrpura, y coronóse de enhiesto, dando el tono de un epinicio triunfal al ejército que en orden le seguía; y en esta forma fue recibido de los ciudadanos con admiración y regocijo. Esta pompa fue el principio y tipo de los siguientes triunfos; y al trofeo se dio el nombre de voto a Júpiter Feretrio, porque los Romanos al lastimar a los contrarios le llaman ferire, y Rómulo había pedido a Júpiter que lastimase y derribase a su contrario; y opimos dice Varrón llamarse los despojos, porque también a la hacienda le dicen opem; pero mejor se derivaría en mi concepto de la acción, porque a lo que se hace con trabajo le llaman opus.

No se sabe si el adjetivo Feretrio deriva realmente del verbo latino ferire (herir, lastimar, golpear, hacer daño) o de fero (ofrecer, llevar), pero la referencia en ambos casos serían los spolia opima. En plural porque el ritual se institucionalizó como parte de la religión oficial, enmarcado en los Fasti triumphales, ya que la ofrenda de Rómulo no se trató de un caso único, como vamos a ver a continuación. El propio Plutarco lo explica inmediatamente después del relato anterior:

Y fue prez de valor para el general que por su persona dio muerte al otro general la dedicación de los despojos; dicha que sólo cupo a tres generales romanos, siendo el primero Rómulo, que derribó muerto a Acrón Ceninete; el segundo, Cornelio Coso, que dio muerte a Tolumnio el Tirreno, y el último, Claudio Marcelo, que venció a Britomarto, rey de los Galos. De éstos, Coso y Marcelo hicieron ya su entrada con tiro de caballos, llevando ellos mismos sus trofeos; pero de Rómulo no tiene razón Dionisio en decir que usó de carroza; pues la opinión más recibida es que fue Tarquino, hijo de Demarato, el primero de los reyes que introdujo en los triunfos aquel aparato y pompa, aunque otros dicen que fue Publícola el primero que triunfó en carroza; mas en cuanto a Rómulo, todas las estatuas suyas que se ven en Roma en actitud de triunfo son pedestres.

Así habría sido el origen, más o menos legendario, de los triunfos romanos, que es como se llamó a las paradas militares, mitad civiles, mitad religiosas, en las que se ovacionaba al general que ganaba una batalla. Los triunfos empezaron haciéndose a pie, pues, y, según el autor, Rómulo en persona llevó su trofeo al templo capitolino; posteriormente pasarían a realizarse sobre carruaje. En cualquier caso, el siguiente en obtener spolia opima fue Aulo Cornelio Coso, que fue cónsul en el año 428 a.C. y tribuno consular dos años más tarde.

Aulo Cornelio Coso con la cabeza y la panoplia del rey Lars Tolumnio (grabado decimonónico)/Imagen: Wikimedia Commons

Las fechas resultan confusas porque, según Tito Livio, los cronistas de la época situaban ese consulado en el 437 a.C. y por entonces Coso todavía era tribuno consular en el ejército del dictador Mamerco Emilio Mamercino, por lo que muchos historiadores se inclinan por pensar que los hechos ocurrieron siendo magister equitum del citado Mamercino. Cronología aparte, lo importante es que Roma estaba en guerra con la ciudad etrusca de Veyes y, en ese contexto, Coso dio muerte a su rey, Lars Tolumnio, en un enfrentamiento personal, arrebatándole su armadura y ofrendándola a Júpiter Feretrio.

Dice Livio que el romano reconoció a su enemigo en el fragor de la batalla y cargó contra él, desmontándolo con su lanza. Luego empleó ésta para saltar hábilmente del caballo y derribar otra vez a Lars Tolumnio con un golpe de su escudo, ensartándolo después y cortándole la cabeza; entonces, los guerreros de Veyes dieron por perdido el choque. Mamercino fue distinguido en Roma con un triunfo, pero el verdadero protagonismo se lo llevó Coso gracias a su opimus spolium, consistente en armadura, espada y escudo del rey fenecido, debidamente ofrendado a Júpiter Feretrio.

El tercer caso registrado de spolia opima que menciona Plutarco es el de Marco Claudio Marcelo, que era cónsul en el año 222 a.C., cuando tuvo que afrontar la amenaza de una invasión gala. Ese pueblo ya había puesto en aprietos a Roma años atrás, pero las cosas habían cambiado y los romanos se habían vuelto poderosos, derrotando a varias de sus tribus, caso de los boyos y los insubrios, que habitaban la Galia Cisalpina. Por eso los galos enviaron delegados para negociar la paz.

Estatua de Marco Claudio Marcelo en el Capitolio de Roma/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, los embajadores fueron rechazados a instancias de Marcelo y su colega de consulado, Cneo Cornelio Escipión (el tío de Escipión el Africano), interesados en que hubiera guerra para aplastar de una vez aquel peligro latente. Varias legiones invadieron territorio enemigo y, aunque se enfrentaron a un enemigo muy superior en número, al unirse gesetas e insubrios, consiguieron imponerse en Clastidio. La iniciativa corrió a cargo de la caballería romana que mandaba Marcelo, que en su carga arrasó las líneas contrarias.

Durante la lucha, Marcelo se enfentó en combate singular con Britomarto, el jefe galo que cita Plutarco y que también es conocido como Viridómaro, Britómaro o Virdumaro. Como en los casos anteriormente reseñados, el cónsul recibió un triunfo durante el que llevó el opimus spolium del rival hasta el templo capitolino en una cuádriga, como también hiciera Coso. No era para menos, pues aquello puso fin al problema de los galos y dejó a Roma las manos libres para afrontar la Segunda Guerra Púnica.

Spolia opima de panoplia gala en una ilustración decimonónica/Imagen: Internet Archive Book Images en Wikimedia Commons

Aún pudo haber dos nuevos y heroicos capítulos en la historia de los spolia opima, de no ser porque el primero no quiso reconocerlo Octavio (que aún no había sido proclamado Augusto). Lo protagonizó Marco Licinio Craso (nieto de aquel famoso Craso que formó el primer trinvirato junto a Pompeyo y Julio César), que en el año 29 a.C. era procónsul de Macedonia y, en el ejercicio de su cargo, organizó una campaña contra los bastarnos, una tribu escita que había ocupado la región de Mesia amenazando territorio macedonio.

Craso consiguió expulsarlos y, en su persecución, chocó contra ellos en la confluencia del río Cedro con el Danubio, cerca de Ratiaria (una ciudad de la actual Bulgaria), derrotándolos en una batalla campal. En medio de la lucha, se enfrentó al rey escita Deidona y lo mató, por lo que tenía derecho a la spolia opima; sin embargo, Octavio juzgó peligroso que adquiriera demasiado prestigio, dado su linaje, y se la negó argumentando que Craso sólo era un legado y no tenía el mando supremo del ejército. Lo que sí le admitió fue un triunfo, que se celebró dos años más tarde.

Ese triunfo fue el último concedido a alguien ajeno a la familia imperial en lo sucesivo y el hecho de que se otorgara frente a la denegación de la spolia opima revela la superior categoría de ésta, así como el especialísimo valor que se le otorgaba por encima de otros botines típicos (estandartes, proas de barcos…).

El otro posible spolia opima pudo haberlo ganado Druso el Mayor, hijo adoptivo de Augusto (su madre era Livia y su padre Tiberio Claudio Nerón, el primer esposo de ella). Al parecer, durante su brillante campaña en Germania, mantuvo duelos singulares y victoriosos con varios jefes (que valoraban mucho ese tipo de combate), por lo que la lógica dice que debió ser merecedor de la distinción. No obstante, murió antes de poder regresar a Roma para ello.


Fuentes

Vidas paralelas (Plutarco)/Historia de Roma desde su fundación (Tito Livio)/Vidas de los doce césares (Suetonio)/The Roman revolution (Ronald Syme)/The Roman historical tradition. Regal and Republican Rome (James H. Richardson y Federico Santangelo)/Wikipedia