Nueva Australia, la utópica colonia creada en Paraguay por inmigrantes australianos en 1893

Colonia de Nueva Australia, en Paraguay, entre 1892 y 1905/Imagen: State Library of New South Wales collection en Wikimedia Commons

¿Qué se la ha perdido a un australiano en Paraguay? Pues, por ejemplo, una colonia basada en el socialismo utópico, pensamiento que constituyó el antecedente de los movimientos obreros que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX. Se llamó Colonia Nueva Australia y fue impulsada por William Lane, un periodista inglés defensor del proletariado que se había establecido en Australia. El proyecto se materializó en 1893 con más de dos centenares de emigrantes, pero las disputas entre éstos terminó por hacerlo fracasar.

En 1847 se había fundado la Liga de los Comunistas, germen del Manifiesto comunista que publicaron al año siguiente Karl Marx y Friedrich Engels reflejando una filosofía nueva, tan rompedora como amplia (trataba política, historia, economía, sociedad…), que luego sería conocida simplemente como marxismo. Pero la Liga no surgió de la nada sino de la anterior Liga de los Justos y ésta de la Liga de los Proscritos, que se remontaba a 1834 y proponía un socialismo científico como alternativa al vigente hasta entonces, que Engels bautizó como utópico.

Es obvio por qué le puso ese nombre: aunque admitía que estaba orientado a conseguir una sociedad más igualitaria, siguiendo el ejemplo de la Revolución Francesa (y, más concretamente, de la Comuna de París y la Conspiración de Babeuf), lo consideraba irrealizable en la práctica debido a que, en su opinión, no tenía en cuenta la lucha de clases, el verdadero factor de explicación de los conflictos socioeconómicos y que sólo terminaría cuando se consiga una sociedad sin diferencias sociales. Sin embargo, los socialistas utópicos trataron de llevar a la práctica sus ideas, como veremos.

En ese ambiente, que impregnó el contexto de la Revolución Industrial, nació y creció William Lane. Era natural de Bristol (1861), hijo mayor de un protestante irlandés alcohólico y pobre que con el tiempo pudo prosperar y pagarle estudios a su primogénito. Eso le permitió emplearse como linotipista en Canadá, a donde había emigrado de adolescente. Posteriormente, pasó a trabajar de periodista y se casó con una colega de profesión, con la que en 1885 decidió coger las maletas por segunda vez rumbo a Australia.

Robert Owen retratado por William Henry Brooke/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Se establecieron en Brisbane, donde Lane fue columnista en varios periódicos. Con el pseudónimo Sketcher firmaba artículos de contenido social que reflejaban su preocupación por esos temas: lucha obrera, represión, inmigración china, voto femenino… Dos años más tarde creó su propio semanario, The Boomerang, una publicación contestataria cuya línea editorial era próxima al laborismo, un movimiento obrero político y sindicalista que poco a poco iba creciendo y ganando adeptos. En 1890 añadió el diario The Worker, de nombre bien explícito.

Sin embargo, el fracaso de los esquiladores australianos en la huelga que llevaron a cabo en 1891 (la organizaron mal y tuvieron que acabar cediendo al quedarse sin dinero, aunque como contrapartida, eso supuso un gran salto adelante del laborismo), llevó a Lane a concluir que la sociedad establecida no tenía solución y era necesario empezar de cero. Entonces empezó a dar forma a la idea de una colonia cuyo funcionamiento se inspiraba en los experimentos de Charles Fourier con su falansterio y Richard Owen con sus villages of cooperation.

El falansterio intentaba armonizar el trabajo con el talento y el capital, de manera que había inversores privados a los que se devolvía el dinero sin intereses, salarios distintos según la responsabilidad, socialización de los servicios individuales (ropa, comida, vivienda…) y, en suma, armonía social. En cuanto a las villages owenistas, eran granjas colectivas que debían generar un ambiente moral y educativo que impidiera la corrupción de la gente; él mismo había aplicado medidas revolucionarias en su fábrica para ofrecer a sus trabajadores salarios justos y buenas condiciones laborales.

Lane bebió de todo ello y no sólo expresó públicamente sus ideas a través de la prensa sino también de un par de novelas, en las que ensalzaba el anarcocomunismo como filosofía ideal. La buena recepción que tuvieron llevó al gobierno australiano a ofrecerle la cesión de tierras para que pudiera poner en práctica un experimento social como los de Fourier y Owen. Pero él rechazó la oferta, prefiriendo hacerlo fuera del país, en algún lugar donde no hubiera influencia de una sociedad tan avanzada como la del mundo anglosajón de entonces. Y fijó sus ojos en Paraguay.

Ilustración del «Falansterio» de Charles Fourier para tres mil personas/Imagen: Biblioteca Nacional de España en Wikimedia Commons

Desde su emancipación de España en 1811 (proclamada oficialmente en 1842, tras su negativa a unirse a las Provincias Unidas del Río de la Plata primero y a la Confederación Argentina después), ese país sudamericano había sufrido una devastadora guerra que lo dejó completamente hundido. Fue contra la Triple Alianza (Brasil, Uruguay y Argentina), entre 1864 y 1870, suponiéndole perder casi un tercio de su territorio y más de la mitad de los habitantes, así como endeudarse gravemente con las indemnizaciones postbélicas.

Incluso después de la marcha de las fuerzas de ocupación brasileñas, realizada en 1876, Paraguay quedó sumido en la inestabilidad política y con un grave problema demográfico, pues habían muerto dos tercios de la población masculina. Era necesario reconstruir la nación en varios ámbitos: político, promulgándose una constitución y entrando en juego dos partidos, el Liberal y el Colorado (conservador), que se alternaban en el poder efímeramente, si bien siempre con la sombra de los militares encima; y económico, con la extensión del ferrocarril y el telégrafo, así como la creación de escuelas.

Fronteras de Paraguay tras la guerra y territorios perdidos/Imagen: KSEltar en Wikimedia Commons

Pero estaba claro que también era urgente una recuperación demográfica, de ahí que se diera la bienvenida a inmigrantes dispuestos a generar riqueza. La escasa población del subcontinente y la abundancia de extensos terrenos disponibles -los nativos no contaban y fueron prácticamente exterminados- llevaron a varios países a aceptar asentamientos de extranjeros, como pasó en Argentina con los galeses de YWladfa (en Chubut, Patagonia), o los alemanes de Brasil, por ejemplo. Así que Lane ya tenía su tierra prometida.

La división del movimiento obrero en Australia fue la chispa definitiva. Socialistas utópicos, anarcocomunistas y anarquistas libertarios, los tres grupos que formaban la Australian Socialist League (Liga Socialista Australiana), fundada en 1887, se escindieron para tomar cada uno su propio camino, complicándose aún más la situación con su adecuación local a la cambiante disgregación que todavía había en la isla entre Nueva Gales del Sur, Australia del Sur, Queensland, Victoria, Australia del Oeste y el Territorio del Norte.

Juan Gualberto González, presidente de Paraguay entre 1890 y 1894/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Desanimado ante el panorama, Lane supo que el gobierno paraguayo de Juan Gualberto González invitaba a colonos a establecerse para engrosar la magra cifra de habitantes que había sobrevivido a la guerra: no más de ciento sesenta mil, de los que menos de veintinueve mil eran masculinos. Para ello, ofreció ciento ochenta y siete mil hectáreas deshabitadas, gratis y libres de impuestos. Lane anunció su proyecto y tuvo considerable repercusión, reforzada por la predisposición popular gracias a que en 1888 se había publicado una novela de enorme éxito (la tercera más vendida de su tiempo en EEUU, tras La cabaña del tío Tom y Ben Hur).

Edward Bellamy hacia 1889/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Se titulaba Looking Backward: 2000–1887 y su autor era Edward Bellamy, otro periodista -en este caso estadounidense- preocupado por los temas sociales. En la obra describía una revolución pacífica que desembocaba en una comunidad utópica, sin propiedad privada ni clases sociales. Tampoco había políticos, comerciantes, abogados ni militares; la gente no trabajaba antes de los veintún años y se jubilaba a los cuarenta y cinco, los horarios eran cortos, las vacaciones largas y el trabajo sencillo. Consecuentemente, ya no existían males anteriores como pobreza, corrupción, guerras, prostitución o pobreza.

La novela (que más tarde, en 1897, tuvo una secuela con el título de Equality) no sólo generó al escritor una legión de fans, el Movimiento Bellamita, pero también estimuló la creación de los llamados Clubes Nacionalistas, que en realidad eran socialistas pero que utilizaban el eufemismo que Bellamy empleó en su obra para evitar la palabra socialismo, que en EEUU tenía connotaciones negativas y podía limitar las ventas. Los clubes acabaron absorbidos por el Popular Party, un partido de izquierda, de carácter agrario, fundado en 1892 y disuelto en 1909.

En fin, que el mundo que presentaba Looking Backward: 2000–1887 hizo que mucha gente creyese en la posibilidad de hacerlo real y Lane conseguiría llevarse a Paraguay unas seiscientas personas, procedentes de la Asociación de Asentamientos Cooperativos de Nueva Australia, que había creado con ese fin. En realidad, el objetivo inicial -pactado con el gobierno paraguayo- era superar el millar, pero no fue posible, estableciéndose sólo dos colonias: Nueva Australia y Cosme. Hacia allí zarpó el primer barco en el verano de 1891, llevando a bordo, fundamentalmente, a descontentos con la democracia liberal occidental.

También iban algunos ilustres pensadores de izquierdas que quisieron formar parte del esperanzador proyecto. Entre ellos figuraban la periodista y escritora Mary Gilmore, la sindicalista y feminista Rose Summerfield con su esposo y el socialista utópico Gilbert Casey con su mujer. Asimismo, se sumó el farmacéutico George Napier Birks, que viajó con toda su familia. Para costear el pasaje, todos tuvieron que pagar sesenta libras, una cantidad alta para la época, equivalente al precio de una vivienda, así que los verdaderamente pobres no tuvieron la oportunidad. Por eso muchos socialistas se negaron a ir, insistiendo en que la verdadera batalla social debía librarse en suelo australiano.

Mary Gilmore en 1916/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El tamaño del buque elegido, el Royal Tar, únicamente permitió embarcar a doscientos veinte hombres, mujeres y niños, si bien otros doscientos cincuenta zarparían poco después. La travesía duró un par de meses hasta arribar a Montevideo, donde hicieron un transbordo en dos vapores fluviales hasta Asunción. Allí fueron recibidos por el presidente González e instalados, mientras un grupo era seleccionado para adelantarse en el viaje en tren hasta Villarrica y, desde ese punto, continuar a pie hacia su destino.

Cronológicamente, la primera colonia fue Nueva Australia, actual Nueva Londres, en Caaguazú, donde se afincaron ciento treinta y un personas comprometidas a seguir las reglas formuladas para la nueva sociedad, que tomó como modelo las colonias icarianas que el francés Étienne Cabet llevaba fundando en Norteamérica desde 1848: Nueva Orleans, Denton (Texas), Nauvoo (Illinois), Corning (Iowa), Cheltenham (Missouri) y Cloverdale (California). Se trataba de sociedades libres, de filosofía comunista, abiertas a todo aquel que estuviera dispuesto a aceptar unas normas y siempre que los miembros dieran su aprobación votando.

Gilbert Stephen Casey en 1924/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En Paraguay se hizo algo parecido. En primer lugar, no había propiedad sino un dominio común de los bienes, según el modelo del comunismo decimonónico. Tierras, aperos de labranza, ganado y casas eran de todos, hombres y mujeres tenían los mismos derechos y no había amos ni asalariados, como tampoco señores, policías, desempleados ni vagos. En palabras del propio Lane, la hermandad reemplazaba a la competencia y, de hecho, tampoco hubo dinero en un primer momento. El que llevaron en metálico los colonos se cambió por unos créditos o cupones canjeables a la semana. En cambio, se crearon un periódico mensual y una escuela.

Por otra parte, los vecinos se comprometían a no divorciarse (para impedir la tentación de la mezcla racial, como veremos) y a no probar el alcohol, cláusula introducida por Lane recordando tanto la afición etílica de su padre como que era uno de los males generalizados entre el proletariado. Todo ello tenía como objetivo evitar conflictos; sin embargo, aparecieron muy pronto. Renunciar a la bebida generó fuerte controversia y una desobedencia tal que llevó a algunos hombres a entablar relación con mujeres paraguayas y a enfrentarse con Lane.

Éste solventó el asunto con expulsiones, pero su liderazgo fue objeto de duras críticas por el autoritarismo con que se empleaba. Hasta tal punto se deterioró la cosa que al año siguiente, cuando llegó una segunda remesa de colonos, él mismo decidió irse con ellos y algunos fieles al nuevo asentamiento de Cosme, en Caazapá, a setenta kilómetros. El mando de Nueva Australia quedó en manos de un recién llegado, Frederick Kidd, y la colonia terminó estrellándose: hombres aussies y mujeres paraguayas mezclados, privatización de las propiedades, etc.

Asimismo, los cupones se habían revelado inútiles ante la evidente necesidad de comerciar con la población local, de ahí que resultara inevitable crear un sistema monetario. No funcionó porque, por un lado, tras el marasmo financiero postbélico los bancos paraguayos estaban en quiebra, intervenidos directamente por el estado y, consecuentemente, con una inflación disparada; por otro, el gobierno no admitió la nueva moneda más que para uso interno de la propia colonia, así que a la postre resultó un fracaso.

Además, y de acuerdo con el gobierno de González, tampoco se permitía mezclarse con los autóctonos para no contaminar las respectivas razas y culturas, algo que en el caso local se basaba en el temor a la entrada del anglicanismo mientras que en el aussie tenía su origen en la naturaleza con que ya nació aquella sociedad, no tan idílica como se pretendía: una hermandad, sí, pero sólo para blancos y de habla inglesa. Racista, en suma, igual que el intento, llevado a cabo en 1887 por el doctor Bernhard Förster, de crear una sociedad aria y alejada de los judíos en otra colonia paraguaya, sólo que con alemanes: Nueva Germania.

Era lo que se denominaba Color Line (Línea de Color) y, en ese sentido, los antecedentes en Australia tampoco eran buenos. Allí existía un considerable recelo hacia los inmigrantes chinos porque aceptaban salarios más bajos que los locales para los mismos empleos y ello suponía el riesgo de que los empresarios los introdujeran a gran escala, desplazando a los trabajadores australianos. Algo parecido a lo que ocurría con los melanesios, usados a menudo como mano de obra semiesclava, pero con mayor dimensión.

Mapa de Paraguay hecho a mano por John Lane, hermano de William/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El mismo William Lane lo narró en White or Yellow? A story of the race war of A.D. 1908 (¿Blanco o amarillo? Una historia de la guerra racial de 1908 d.C.), una novela distópica que publicó en 1887, en la que una inmigración china masiva dejaba a los orientales dueños de la sociedad. Se trataba de una variante de lo que se conocía como Yellow Peril (Peligro Amarillo), filosofía xenófoba que nació en el siglo XIX, en el contexto de la mencionada emigración (que también tuvo América del Norte como meta), la Rebelión de los Bóxer y la modernización del Japón Meiji, como pretexto para justificar la intervención imperialista en Asia.

Los orientales eran presentados, pues, como una amenaza para el resto del mundo, tal como plasmaron luego novelas y películas; el personaje Fu Manchú podría ser un ejemplo, pues aunque Sax Rohmer -escritor de clase obrera, por cierto- lo creó en 1913, todavía estaba fresco el recuerdo de los Bóxer. En el caso australiano, aquella xenofobia cristalizó en 1901 en una restricción de la inmigración y en la adopción de la política conocida como White Australia (Australia Blanca), que prohibía a los no europeos entrar en el país y restringía la contratación de indígenas melanesios, manteniéndose hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

William Lane reprodujo esos esquemas en Nueva Australia y Cosme, que sin embargo no consiguieron sobrepasar nunca los doscientos y ciento treinta y un habitantes respectivamente porque buena parte de la gente sólo permanecía allí un tiempo, regresando luego a su hogar. ¿La razón? El escaso nivel de vida conseguido y el desagradable descubrimiento de que el trabajo resultaba mucho más duro de lo prometido. Cosme todavía logró sacar adelante cultivos de caña de azúcar, pero en Nueva Australia se llegó a pasar hambre. El golpe de gracia se produjo con la caída del presidente Juan Gualberto González en el verano de 1894, el principal valedor de las colonias.

Los apuros económicos se volvieron insostenibles y tres años más tarde no quedó más remedio que reconvertir los asentamientos en abiertos, subastando las tierras salvo unas parcelas reservadas para los vecinos. Eso era contrario a lo esperado y muchos se fueron -bien a Australia, bien a otros sitios de Paraguay y Argentina-, lo que en la práctica significaba el fracaso definitivo del experimento. Las colonias perduraron hasta la primera década del siglo XX; a partir de ahí, pasaron a ser dos localidades paraguayas más, aunque en ellas viven hoy algunos descendientes de los aussies con apellidos como Wood, McLeod, Burke o Murray.

Lane también retornó a Australia en 1899, pero para emigrar a Nueva Zelanda, donde retomó la profesión de periodista. Irónicamente, trocó su ideología izquierdista por otra ultraconservadora y defensora del Imperio Británico, continuando su visión racista y xenófoba de los orientales hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial le hizo redirigir su odio hacia los alemanes (en parte porque perdió a un hijo en Gallípoli). Falleció en 1917 y con él, aquel sueño utópico.


Fuentes

Where socialism failed. An actual experiment (Stewart Grahame)/El hilo rojo. Palabras y prácticas de la utopía en América (Ernesto Lázaro Bohoslavsky y ‎Marisa González de Oleaga)/Utopía en Paraguay: memoria y transmisión en los relatos sobre el pasado (Marisa González de Oleaga)/Paradise mislaid: in search of the Australian tribe of Paraguay (Anne Whitehead)/Sopa paraguaya. Viaje por el pan de la utopía (Christian Kipchik)/‘White Sugar’ against ‘Yellow Peril’ consuming for national identity and racial purity (Stefanie Affeldt)/1893 The New Australia Colony Collection (Migration Heritage Centre-New South Wales)/Wikipedia