La historia de Gudrid Thorbjarnardóttir, madre del primer europeo nacido en América según las sagas vikingas

Gudrid Thorbjarnardóttir y su hijo Snorri, vista por el escultor Geird Eichmann/Imagen: Geird Eichmann en Wikimedia Commons

No es fácil leer su nombre, especialmente si se respeta la grafía original: Guðríðr Þorbjarnardóttir. Pero es un personaje interesante por varios motivos. Primero, el hecho de que se trata de una mujer de la que hablan las sagas vikingas sin implicaciones mitológicas. Segundo, el haber sido la madre del que se supone que fue el primer europeo nacido en América, Snorri Thorfinnsson, a su vez célebre por su activo papel en la cristianización de Islandia.

Las fuentes documentales para conocer este tema son las llamadas Sagas Vinland. Una es la Saga de Erik el Rojo, una obra del siglo XIII que narra el viaje de un grupo de vikingos noruegos desde Islandia hacia el oeste, con el descubrimiento y colonización de Groenlandia primero y Vinland después. El protagonista del primer periplo es el que da nombre a la obra, Erik Thorvaldsson, alias el Rojo (aunque es posible que otros escandinavos llegaran a la isla antes que él, fracasando, eso sí, en establecerse), mientras que el del segundo es su hijo Leif Eriksson (cuyo hermano, Thorvald, fundó el poblado de Leifsbúðir, que se identifica con el yacimiento arqueológico de L’Anse aux Meadows, en Terranova).

Monumento a Erik el Rojo en Groenlandia / foto Rüdiger Wenzel en Wikimedia Commons

Otra fuente es la Saga Grœnlendinga, escrita en el siglo XIV y más conocida como Saga de los Groenlandeses porque sus protagonistas son los mismos de la anterior. Pero en realidad no se trata de los únicos personajes y, de hecho, a la Saga de Erik el Rojo también se la llama Saga de Thorfinn Karlsefni y Snorri Thorbrandsson, en alusión a otros dos que intentaron quedarse a vivir en la nueva tierra, fracasando al entrar en guerra con los skraelingar (literalmente, skraeling significa bárbaro o salvaje) y tener que abandonar el poblado. Tampoco hay que olvidar a Bjarni Herjólfsson, el hombre que había avistado Terranova, Labrador e Isla de Baffin, incitando a Leif Eriksson a acudir en busca de madera para Groenlandia.

En ese contexto, situémonos en la Islandia del siglo X; concretamente, en una granja llamada Laugarbrekka que está en la península de Snæfellsnes, en la zona occidental insular, famosa porque allí se ubica el volcán homónimo por el que entran los protagonistas de la novela de Julio Verne Viaje al centro de la Tierra. Ahora es un Parque Nacional donde la mitología sitúa dos nacimientos: el de Bárður Snæfellsáss, héroe de otra saga (ésta de carácter más fantástico porque es hijo de una humana y un troll), y el de Gudrid Thorbjarnardóttir, como indica un cartel a la entrada, esta última hacia el año 980.

«Leif Erikson descubre América», cuadro de Christian Krohg/Imagen: Dominio público en Wikimedia Commons

El padre de Gudrid era el cacique local Thorbjorn, pero no sería en Laugarbrekka donde se desataron los acontecimientos sino en una isla bastante más grande y lejana: Groenlandia. Allí emigraron junto con el marido de ella, Thorir, en el viaje que hizo Erik Thorvaldsson (el mencionado Erik el Rojo, cuyo apodo quizá venía del tono de su cabello) y una treintena más de aventureros, la mitad de los cuales murió durante la travesía. No fue el caso de Gudrid, su progenitor y su esposo, que lograron salvarse gracias a que los rescató Leif Eriksson en alta mar.

Desembarcaron en la colonia de Brattahlíð, fundada por el Rojo en la parte suroeste, no lejos del fiordo Tunulliarfik, que la protegía de las fuertes tormentas oceánicas. Todavía se conservan restos arqueológicos de aquella granja, donde, por cierto, se cree que fue levantada la primera iglesia cristiana de América. La cristianización de Escandinavia empezó en el siglo VIII; en el caso de Noruega, durante los reinados de Haakon el Bueno -que había sido educado en Inglaterra- y su sucesor Harald II, si bien hubo altibajos y otros reyes trataron de retornar al paganismo. Olaf I impuso la nueva fe a sangre y fuego, siendo durante su mandato cuando la cruz llegó a Groenlandia.

Ruinas arqueológicas de Brattahlíð/Imagen: PederM en Wikimedia Commons

Precisamente Gudrid personificó un ejemplo de aquel difícil período de transición religiosa, justo cuando acababa de quedar viuda tras fallecer Thorir en el crudo invierno. Durante un banquete, una völva (sacerdotisa, vidente) llamada Þórbjörg lítilvölva (Thorbjörg la pequeña völva) ataviada de pintoresca forma (manto negro, una capucha de piel de cordero negro, guantes de piel de gato, báculo) solicitó la colaboración de las mujeres para cantar juntas el varðlokur, unos cantos tradicionales con los que se invocaba a los espíritus que formaban parte del seidr, es decir, la hechicería nórdica de carácter chamánico.

Resultó que la única que los conocía era Gudrid, que los había aprendido de niña. Pero había un problema: ella profesaba el cristianismo, por lo que se negó a participar. Al final la convencieron con el argumento de que el ritual sería benéfico para todos y no le afectaría en sus creencias. Gracias al varðlokur, Thorbjörg pudo recibir la influencia de los espíritus, ver el futuro y profetizar que la llegada de la primavera acabaría con la hambruna que sufrían; y a Gudrid le auguró una larga y próspera vida.

Recreación de una casa comunal nórdica en L’Anse aux Meadows, Terranova/Imagen: D. Gordon E. Robertson en Wikimedia Commons

Posteriormente, Gudrid se casó con Thorstein Eriksson, el tercer hijo de Erik el Rojo y hermano menor de Leif, que planeaba embarcarse rumbo a Vinland con el objetivo de recuperar el cuerpo perdido del otro hermano, Thorvald, muerto en el reseñado enfrentamiento con los skrælingar. Así llegaron a Lysufjord, nombre de un fiordo que sirvió para bautizar también un enclave americano donde permanecieron un invierno, junto a los demás miembros de la expedición. Thorstein se iba a quedar más porque, al igual que otros, murió a causa de una epidemia; eso sí, se le apareció a su mujer, cuentan las sagas, para predecirle que volvería a casarse con un islandés con el que tendría numerosa descendencia.

En efecto, Gudrid regresó a Brattahlíð y contrajo matrimonio con Thorfinn Karlsefni, un acaudalado comerciante que, según el Landnámabók (Libro del Asentamiento, un manuscrito del siglo XII sobre el descubrimiento y poblamiento de Islandia), era descendiente directo de Björn Ragnarsson, el primogénito de Ragnar Lodbrok. El caso es que Thorfinn se dejó convencer por su nueva cónyuge para organizar una expedición colonizadora a Vinland. Constaba de sesenta hombres y cinco mujeres, entre ellas Freydís Eiríksdóttir, otra hija de Erik el Rojo (posiblemente de madre distinta a la de Leif, aunque no está claro).

Thorfinn Karselfni, estatua del escultor Einar Jónsson/Imagen: Capri23auto en Pixabay

Gudrid acompañó a su marido, algo providencial para la historia porque al cabo de tres años en Vinland, quedó embarazada y dio a luz al que se considera primer europeo nacido en América del que hay noticia: Snorri Thorfinnsson. No se sabe la fecha exacta pero debió ser entre los años 1005 y 1013, probablemente en L’Anse aux Meadows. Snorri, sin embargo, no viviría mucho en aquella tierra porque las relaciones con los skrælingar (casi seguro los indios beothuk, una rama de los algonquinos) se volvieron cada vez más tensas y, como decíamos antes, los vikingos optaron por irse.

Freydís Eiríksdóttir, cuenta la Saga de los Groenlandeses, que había combatido al enemigo con la bravura de un hombre, no se conformó y convenció a dos hermanos, Helgi y Finnbogi, para organizar un segundo viaje a Vinland compartiendo a medias gastos y beneficios. Así lo hicieron, pero no tardaron en sumirse en agrias disputas que terminaron con el asesinato de los hermanos y sus seguidores. Freydís se ocupó de matar personalmente a hachazos a las mujeres, ya que nadie quería hacerlo. Al volver a Brattahlíð le dijo a Leif que Helgi y Finnbogi habían preferido quedarse en Vinland, y, si bien él terminó por descubrir la verdad, no quiso castigarla como merecía, limitándose a maldecir a sus descendientes.

Rutas seguidas por los escandinavos a Groenlandia, Vinland (Terranova), Helluland (Baffin), y Markland (Labrador)/Imagen: Masae en Wikimedia Commons

En cambio, cuando Gudrid y los suyos regresaron a Islandia se instalaron en Seyluhreppur, donde Thorfinn era dueño de una granja denominada Glaumbær. Según la Saga de Erik el Rojo el matrimonio tuvo dos hijos más, Þorbjörn y Björn, antes de que ella enviudase por segunda vez. Snorri heredó la hacienda y se casó, teniendo también un par vástagos: una chica, Hallfrid, que más tarde le daría un nieto que llegó a ser obispo de Skálholt, y un chico, Thorgeir, que asimismo fue abuelo de un prelado. De hecho, habría varios obispos más en las diferentes ramas de la familia, puesto que, como decíamos al comienzo, ésta tuvo un importante papel en la cristianización de la isla.

Buen ejemplo de ello es la peregrinación a Roma que hizo Gudrid en sus últimos años, después de que Snorri se casara. Se dice que incluso consiguió entrevistarse con el papa Benedicto VIII, aunque en realidad no hay ninguna prueba que lo demuestre. Cuando retornó a Islandia, tomó los hábitos de monja y se instaló en la que era la primera iglesia de Glaumbær, construida por su hijo, tal como había pronosticado su segundo marido en aquella fantasmal aparición. Vivió enclaustrada el resto de sus días, que terminaron hacia el año 1019.

Otra imagen de la estatua, ubicada en Glaumbær/Imagen: Gbuchana en Wikimedia Commons

En 2002, un equipo de arqueólogos estadounidenses desenterró las ruinas de una antigua casa comunal en la costa septentrional de Islandia, en el municipio de Sauðárkrókur. Algunos piensan que formaba parte de la granja Glaumbær.


Fuentes

Saga de los groenlandeses-Saga de Eirik el Rojo (anónimos)/Landnámabók (Hermann Pálsson y Paul Edwards, trads.)/The conquest of the North Atlantic (Geoffrey Jules Marcus)/The vikings: Classic histories series (Magnus Magnusson)/Icelanders in the Viking Age: The people of the sagas (William R. Short)/Eirik the Red, and other Icelandic sagas (Gwyn Jones)/The Norse discovery of America (Arthur Middleton Reeves, North Ludlow Beamish y Rasmus B. Anderson, trads.)/Wikipedia