El Dominio Nacional Francés, los cuatro territorios de soberanía francesa en Tierra Santa

Entrada de la Tumba de los Reyes en Jerusalén / foto Claude Truong-Ngoc en Wikimedia Commons

La región del Levante mediterráneo ha sido históricamente un hervidero de culturas y pueblos. Los europeos mantuvieron varios reinos en la zona durante las Cruzadas y hasta la caída de los Estados Latinos de Oriente: el condado de Edesa, el principado de Antioquía, el condado de Trípoli y el reino de Jerusalén.

El último en desaparecer, tras mantenerse 200 años, sería el reino de Jerusalén, tras la conquista de la ciudad de Acre en 1291 por los mamelucos. Habría que esperar casi dos siglos para que los estados occidentales regresaran a la zona, siendo los primeros los genoveses, pioneros en establecer relaciones diplomáticas con el Imperio Otomano en 1453.

Situación de los territorios franceses en Tierra Santa / foto Kimdime en Wikimedia Commons

Pero el país que desde el siglo XVI tuvo una relación más estrecha con los otomanos sería Francia. Ya en 1500 había firmado un tratado de capitulaciones con el sultanato mameluco en El Cairo y, tas la conquista de Egipto por el Imperio Otomano en 1517, estos ampliarían ese tratado a todo su territorio. El tratado franco-otomano de 1740 marcaría el apogeo de la influencia francesa en Oriente Próximo.

Tras la Guerra de Crimea (1853-1856), que enfrentó al Imperio Ruso y el reino de Grecia contra una coalición del Imperio Otomano, Francia, Reino Unido y el reino de Cerdeña, el sultán Abdülmcit I entregó a Francia en reconocimiento por su ayuda la iglesia de Santa Ana en Jerusalén, que se convertiría en la primera de las posesiones francesas en Tierra Santa.

Iglesia de Santa Ana en Jerusalén / foto Berthold Werner en Wikimedia Commons

Está situada en el barrio musulmán de la ciudad vieja de Jerusalén, según la tradición sobre el lugar donde estuvo la casa de Ana y Joaquín, padres de la virgen María, al comienzo de la Vía Dolorosa. Se trata de una iglesia románica construida en 1140 por los Caballeros De la Cruz, sobre los restos de un templo bizantino anterior.

Está administrada desde 1878 por los Padres Blancos de la sociedad Misioneros de África, y hoy alberga la sede de la ONG Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel, encargada de redactar informes sobre el comportamiento de israelíes y palestinos en los puestos de control.

El segundo de los territorios franceses en Tierra Santa es la iglesia del Pater Noster (también llamada santuario de Eleona). Está ubicada en el Monte de los Olivos en Jerusalén, al norte de las tumbas de los profetas. Es una iglesia moderna levantada junto a los restos de una basílica del siglo IV y la gruta donde la tradición sitúa la enseñanza del Padre Nuestro por Jesús a sus discípulos.

La Iglesia del Pater Noster en el Monte de los Olivos / foto Yoav Dothan en Wikimedia Commons

Los terrenos donde se ubica fueron comprados por la princesa Heloise de la Tour d’Auvergne entre 1856 y 1868, quien construyó allí un claustro con planos de Viollet-le-Duc, y fundó un convento de carmelitas. En 1874 dividió el terreno entre los Padres Blancos y las Hermanas Carmelitas, donando el conjunto a Francia. A partir de 1917 se iniciaron las obras de construcción de la actual iglesia, y en los últimos años se han seguido implementando nuevas instalaciones y estructuras.

El tercero de los territorios franceses en Jerusalén es la Tumba de los Reyes. Fue excavada por arqueólogos franceses a partir de 1863, y adquirida por los banqueros Pereire en 1878. En 1886 sus herederos donaron el lugar al estado francés para preservarlo para la ciencia y la veneración de los fieles hijos de Israel.

En aquel momento se pensaba que era la tumba de los reyes de Judea, pero en realidad albergaba el sarcófago de Helena de Adiabene, una princesa judía del siglo I, el de Nicodemo Ben Gurion y los de otras 29 personas sin identificar. Todos ellos fueron trasladados al Museo del Louvre, por lo que la tumba esta hoy vacía.

La Tumba de los Reyes en una foto de hacia 1900 / foto dominio público en Wikimedia Commons

Esta situada en Jerusalén Este, en el cruce entre la carretera de Nablus y la calle Saladino. Es un complejo funerario excavado en la roca que según Flavio Josefo estaba coronado por tres pequeñas pirámides, las cuales desaparecieron en algún momento del pasado. El complejo incluye una escalera monumental, baños rituales, un enorme patio, un vestíbulo y salas hipogeas que albergaban las 31 tumbas.

Y el último de los territorios es la Abadía de Santa María de la Resurrección en Abu Gosh, al oeste de Jerusalén. Se trata de una antigua comandancia hospitalaria del siglo XI que incluye una iglesia y una cripta. Fue entregado a Francia por el sultán Abdülaziz I en 1873, en compensación por la pérdida de la iglesia de San Jorge en Lod, que había sido entregada a los griegos dos años antes.

Desde 1976 el monasterio está administrado por dos comunidades benedictinas, una de monjes y otra de monjas, que viven separados pero se reúnen para los oficios.

La abadía benedictina de Abu Gosh / foto McKaby en Wikimedia Commons

Todos ellos conforman el Dominio Nacional Francés en Tierra Santa, administrado por el Cónsul General de Francia en Jerusalén. Fueron ratificados por los acuerdos de Mitilene en 1901 y de Constantinopla en 1913 (hasta 1930 no se denominaría oficialmente Estambul) con la Sublime Puerta.

No obstante, la situación y estatus de estos territorios son complicados. Francia firmó un acuerdo en 1948 con el recién creado Estado de Israel que reconocía la soberanía francesa sobre esos territorios adquiridos desde el siglo XIX, los denominados acuerdos Fischer-Chauvel. En 1997 hizo lo propio con la Autoridad Palestina.

Pero en 1963 se produjo un incidente cuando Israel descubrió que en el convento de las Hijas de la Caridad en Ein Karem (el pueblo cercano a Jerusalén donde la tradición cristiana sitúa el episodio de la Visitación) se estaban criando 40 cerdos (para contribuir a la alimentación de varios centenares de niños discapacitados que el convento acogía), una práctica prohibida por el estado salvo en instituciones científicas y zoológicos. De modo que ordenaron su eliminación.

Para Francia, esta injerencia de Israel constituía una clara violación de los acuerdos Fischer-Chauvel. Al final Israel aceptó dejar a los animales con vida, siempre y cuando no fueran visibles desde fuera y su carne no saliera de los muros del convento. Pero las relaciones se deterioraron hasta tal punto que a día de hoy Israel afirma que nunca ratificó los acuerdos Fischer-Chauvel.

Muchos lectores tendrán en mente, en este sentido, los altercados protagonizados por dos presidentes franceses en la iglesia de Santa Ana en Jerusalén. En 1996 Jacques Chirac se negó a entrar en la iglesia si los soldados israelíes que le acompañaban no se quedaban fuera. Y en enero de 2020 Emmanuel Macron se vio envuelto en un incidente con un oficial de seguridad en el interior de la misma, por haberle seguido hasta dentro. En ambos casos el problema era que los servicios de seguridad israelíes estaban entrando, sin permiso, en territorio francés.


Fuentes

Cross on the Star of David: The Christian World in Israel’s Foreign Policy, 1948-1967 (Uri Bialer) / Consulat Général de France à Jérusalem / L’Oeuvre d’Orient / CNN / Wikipedia