Brujas de la Noche, las aviadoras soviéticas más laureadas de la Segunda Guerra Mundial

Dos aviadoras recibiendo instrucciones antes de despegar hacia una misión/Imagen: Sergey G. en Wikimedia Commons

La mayor parte de las canciones de Sabaton, célebre banda sueca de heavy metal, se apartan de la temática habitual de la música para contar historias bélicas: desde las batallas libradas por el rey Carlos VII a la Guerra del Golfo, pasando por el ataque de los húsares alados polacos a los otomanos en Viena, la Carga de la Brigada Ligera y muchas más. En su disco Héroes (2014) dedican una al 588.º Regimiento de Bombardeo Nocturno, que tenía la peculiaridad de estar compuesto exclusivamente por mujeres. Los alemanes las llamaban Die Nachthexen, las Brujas de la Noche.

Salvo un primer momento revolucionario de 1917, en que Kerenski creó varios batallones femeninos, la mujer soviética no pudo ir al frente para combatir, inicialmente. El único intento que se había hecho en ese sentido fue en la Guerra Civil Española, cuando las milicianas obtuvieron autorización para alistarse basándose en el ejemplo que habían dado en huelgas y manifestaciones, así como en la Revolución de 1934, conquista aparte de derechos históricos (voto, divorcio, militancia política). Sin embargo, su presencia en primera línea resultó incómoda para los mandos y dirigentes, que terminaron por decretar su desmovilización en 1937.

Marina Raskova en 1938/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por eso cuando estalló la Gran Guerra Patria, el nombre que en la URSS se daba a la lucha contra la invasión alemana (es decir, el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial), las mujeres sólo pudieron incorporarse a unidades militares en puestos que no requirieran entrar en combate, destinándose a la mayoría a sanidad. Pero eso fue en junio. Cuatro meses más tarde, con Leningrado sitiado y la Wehrmacht detenida in extremis a costa de cuantiosas bajas que había que suplir cuanto antes, la situación cambió.

Aunque la mayoría siguió colaborando con trabajo al margen del apartado bélico (industria, transporte, agricultura), se reconsideraron las ventajas militares que podían aportar las miles de voluntarias que se habían ofrecido y oficialmente fue octubre el mes en el que se abrieron las puertas a que las mujeres pudieran combatir como los hombres. Es difícil decir con exactitud quién tuvo el honor de ser la primera; tradicionalmente se suele nombrar a Zoya Kosmodemyanskaya, una estudiante de secundaria que se incorporó a un grupo de partisanos en octubre. Enseguida habría mujeres tanquistas, francotriradoras, zapadoras…

El 8 de ese mismo mes, Stalin emitió una orden para organizar tres regimientos aéreos exclusivamente femeninos, accediendo así a la solicitud que le había realizado insistentemente Marina Raskova para paliar las pérdidas de pilotos. Se trataba de una joven de familia dedicada a la música que se interesó por la aviación en 1930, tras casarse con un ingeniero, ingresando en la Fuerza Aérea Soviética tres años después y alternando su trabajo como instructora con la consecución de récords de vuelo. Uno de ellos obtenido en 1938 al hacer la ruta Moscú-Komsomolsk del Amur en condiciones muy difíciles, pues al agotarse el combustible tuvo que lanzarse en paracaídas sobre la taiga para dar tiempo a sus compañeras a buscar un sitio donde aterrizar de emergencia.

Como se puede deducir, Marina protagonizó aquel episodio con una tripulación formada por otras dos mujeres: la copiloto Polina Osipenko y la comandante Valentina Grizodúbova. Las tres fueron nombradas las primeras Heroínas de la Unión Soviética y Marina fue ascendida a coronel, además de obtener un cargo directivo del Partido Comunista; se entiende así el acceso que tenía a Stalin, aunque también influyó el éxito de un libro que publicó sobre sus aventuras (estuvo diez días recorriendo sola la taiga siberiana, alimentandose de frutos silvestres, mientras buscaba el lugar donde se posaron a sus compañeras).

Marina Raskova y sus compañeras ante el Tupolev ANT-37 que emplearon en su histórico vuelo/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Este meritorio trío no era único. En los años treinta, muchas jóvenes soviéticas se interesaron por la aviación y se apuntaron a clubes de vuelo, escuelas de la Flota Aérea Civil y la OSOAVIAJIM (una unión de sociedades patrióticas para preparara a la población en la defensa del país y que disponía de aeródromos, clubes de radio, campos de tiro, etc), formando una enorme cantera potencial de pilotos y navegantes. Marina lo sabía y por eso consiguió de Stalin que se fundara lo que temporalmente se llamó 122º Cuerpo de Aviación.

Su base se situó en Engels, una ciudad del óblast de Sarátov, en el centro de Rusia, donde se proporcionó entrenamiento a las voluntarias alistadas, cuya media de edad era de veinte años. Concluida esa primera fase, el cuerpo se dividió en tres regimientos: el 586º de Combate Aéreo, el 588º de Bombardeo Nocturno y el 587º de Bombarderos. El bautizo de fuego lo recibió el primero, al mando de Tamara Kazarinova, el 16 de abril de 1942; equipado con aviones Yak 1, Yak 7-B y Yak 9, realizaría 4.419 misiones y participaría en 125 combates aéreos, derribando 38 aparatos enemigos.

Yevdokiya Bershánskaya/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El tercero, al que en septiembre de 1943 se renombraría 125º Regimiento Aéreo de Bombarderos de la Guardia, tuvo a Marina como comandante hasta que falleció ese mismo año, en un accidente (su avión cayó durante una tormenta) durante el sitio de Stalingrado; entonces el mando pasó a Valentín Márkov. Originalmente, estaba compuesto por obsoletos Sukhoi Su-2 que Marina, antes de su muerte, logró que se sustituyeran por modernos Petliakov Pe-2, algo que originó resentimento en unidades masculinas que seguían recibiendo aeronaves anticuadas. El regimiento llevó a cabo 1.134 misiones y cinco de sus integrantes se ganaron ser nombradas Heroínas de la Unión Soviética.

En cuanto al 588º, el regimiento más famoso, estaba dirigido por la coronel Yevdokiya Bershánskaya. Nacida en 1913, fue criada por su tío al haber fallecido sus padres durante la Guerra Civil que siguió a la Revolución. En 1931 se matriculó en la Escuela de Pilotos de Bataysk, ejerciendo de profesora hasta 1939. Ese año fue nombrada comandante del 218.° Escuadrón de Aviación de Operaciones Especiales, a la par que diputada en Krasnodar. Poco despues se casó y tuvo un hijo; el matrimonio duró poco, pero encontraría un segundo marido tras la Segunda Guerra Mundial.

Su unidad estaba formada por aviones Polikarpov Po-2, viejos biplanos de los años veinte reaprovechados para uso militar debido a su abundancia (es uno de los modelos de los que más unidades se han construido en la historia); en la vida civil se empleaban como fumigadores agrícolas, de ahí que se los apodara Kukuruznik (palabra derivada de kukuruza, maíz).

El problema del Polikarpov era esa obsolescencia, que inicialmente lo destinó sólo a adiestramiento. Pero, con el curso de la guerra y la necesidad de material, se revelaría como insospechadamente útil. Y es que, pese a disponer únicamente de dos plazas (piloto y artillero), resultaba muy maniobrable y no era precisamente rápido, lo que facilitaba aprender a controlarlo enseguida y reducía la necesidad de horas de vuelo a sus usuarios; ellas lo llamaban lastochka (golondrina). Además, la escasa velocidad propiciaba una curiosa paradoja que se convertía en ventajas.

Un Polikarpov Po-2/Imagen: Douzeff en Wikimedia Commons

Y es que su lentitud era tal que la velocidad máxima que podía alcanzar (152 kilómetros por hora) se quedaba lejos de la mínima que los aviones alemanes Messerschmitt Bf 109 y Focke-Wulf Fw 190 necesitaban para no perder la sustentación y caer, así que éstos tenían enormes dificultades para derribarlo. Por contra, los Polikarpov podían reducir aún más la suya e incluso apagar el motor en el último tramo para precisar los bombardeos, para después ponerlo en marcha otra vez. Los germanos compararon el sordo sonido del aire frotando la tela del aparato con el de las escobas brujeriles y así habría nacido, según la tradición, el mote de Brujas de la Noche.

Claro que las virtudes eran también defectos y el as alemán Josef Kociok se apuntó numerosos derribos. Por otra parte, la baja altitud a la que el Polikarpov debía volar para hacer blanco (unos 400 metros) y su poca capacidad para cargar bombas, sólo dos que se arrojaban accionando una palanca o incluso a mano, obligaban a las aviadoras a prescindir de paracaídas. Eso se sumaba a lo arcaico del material de navegación que se les daba, arcaico y escaso, pues tampoco disponían de pistolas, radio, radar… ni siquiera uniformes a su medida, de ahí que se condenara a diez años de prisión a las mecánicas Raisa Kharitonova y Tamara Frolova por usar la tela de los paracaídas para hacer ropa interior.

Varias aviadoras del 588º Regimiento/Imagen: Sergey G. en Wikimedia Commons

La plantilla era íntegramente femenina, al menos si se hace caso textualmente a la orden 0099 por la que se creó el cuerpo. La realidad fue levemente distinta, ya que en el 587º fue necesario incorporar hombres: la ametralladora trasera superior de los bombarderos Petlyakov Pe-2 quedaba tan alta y era tan pesada (60 kilos aproximadamente) que resultaba difícil encontrar mujeres que pudieran manejarla. Asimismo, en el 588º, los puestos de operadores de reflectores y alguno de conductor se cubrieron con personal masculino. Ya vimos también que a Marina Raskova la sustituyó un oficial de otro sexo al morir.

Eso último ocurrió también con Tamara Kazarinova, pero en su caso por destitución. Pese a ser la primera mujer cadete en ingresar en la escuela de Leningrado, volar desde 1929 y tener la Orden de Lenin, una herida en la pierna la incapacitó para volar y entre eso, su agrio carácter (que la enfrentó con Raskova y otras) y su poca popularidad entre la tropa (preferían a la carismática, que sin embargo fue descartada por no pertenecer al partido y se estrelló en 1942), se encontró con muchas críticas. Éstas eclosionaron cuando perdió en misiones discutibles a varias ases, como Lydia Litvyak, Yekaterina Budanova y, sobre todo, Valeria Khomyakova (que tuvo que salir exhausta a volar), de ahí que se enviara a Aleksandr Gridnev para relevarla en el mando del 586º.

Las Brujas de la Noche, como indica su nombre, se especializaron en bombardeos nocturnos a los campamentos y posiciones enemigas; una labor de hostigamiento cuyo objetivo principal era desanimar psicológicamente a los alemanes. En su mejor momento reunían 40 tripulaciones de dos aviadoras cada una, que sumadas al resto del personal dejaban un total de 261 personas. De ellas murieron 32, unas derribadas, otras por accidentes, muchas de tuberculosis, perdiéndose 28 aviones.

Cuatro brujas preparando una misión/Imagen: Sergey G. en Wikimedia Commons

Algunas llegaron a sumar 800 misiones, lo que no debe extrañar porque cada areronave no podía llevar más de dos bombas a la vez (y también volaban en parejas, de modo que un avión atrajera la luz de los reflectores y antiaéreos mientras el otro soltaba su carga). Pero en total cumplieron unas 23.672 salidas, entre media y una docena diarias como media, según fuera verano o invierno, lo que significa que despegaba un turno cada poco, de cinco a ocho minutos y eso permitía mantener la presión sobre sus objetivos, a los que, según cálculos, arrojaron más de 3.000 toneladas de bombas, tanto normales como incendiarias.

Fruto de ello, fueron alcanzados o destruidos decenas de puentes, vehículos, ferrocarriles, depósitos de combustible… El piloto alemán Johannes Steinhoff, uno de los grandes ases de la Luftwaffe (¡176 derribos!) que tomó parte en la Operación Barbarroja al mando de una escuadrilla especializada precisamente en combate nocturno, declararía: “Nos resultaba simplemente incomprensible que los pilotos soviéticos que nos daban tantos problemas eran, de hecho… mujeres. Estas mujeres no le temían a nada: venían noche tras noche, en sus destartalados aviones, impidiéndonos dormir…”

Una pequeña parte de esos vuelos fueron de transporte y suministros, pero la mayoría se centraron en el bombardeo nocturno, como indicaba el nombre de la unidad. Nombre, por cierto, que cambió dos veces: la primera, en febrero de 1943, cuando el regimiento fue enviado a a la nueva línea de frente en Bielorrusia y, adscrito a la 325ª División de Aviación de Bombarderos Nocturnos del IV Ejército Aéreo, pasando a ser el 46º Regimiento de Aviación de Bombarderos Nocturnos de la Guardia; la segunda, en octubre del año siguiente, cuando se le añadió el complemento honorífico Taman por su participación en las operaciones llevadas a cabo en la península homónima (situada en el Mar de Azov).

Irina Sebrova fue la aviadora del regimiento con más salidas realizadas, 1.800/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En Taman, durante la primavera-verano de 1943, las aviadoras soviéticas realizaron 4.623 salidas, colaborando en la toma de Novorosíisk y la región de Kuban. Doblaban casi las 2.920 acreditadas antes, en la Batalla del Cáucaso (agosto-diciembre de 1942), en la que defendieron la ciudad de Vladikavkaz y bombardearon al enemigo en Digora, Mozdok y Prokhladny, ayudando a las fuerzas terrestres a cruzar el río Terek y atacar Stavropol en enero del 43.

Más salidas hicieron aún en noviembre de ese año, durante la ofensiva de Crimea, 6.140, dando cobertura aérea a la infantería en la Operación Kerch-Eltigen y Sebastopol. Después se tomaron un «descanso» con las 400 de la Operación Bagration, en Bielorrusia, bombardeando las fortificaciones germanas que seguían el cauce del río Pronya y permitiendo la recuperación de Białystok, Cherven, Minsk y Mogilev (junio-julio del 44).

Ese mismo verano, en Polonia, volvieron a acercarse al récord con 5.421, incorporándose a la ofensiva del Vístula-Óder para expulsar al enemigo de Augustów, Varsovia, Ostrołęka, Gdynia y Gdansk, estas últimas ya en la primavera del 45. De allí pasaron a prusia Oriental, tierra alemana, donde llevaron a cabo dos millares de misiones entre abril y mayo. Fue el canto del cisne porque el 15 de octubre, una vez acabada la guerra y cumplido su cometido, se disolvió el regimiento.

El legado que dejó fue de 23 aviadoras nombradas Heroínas de la Unión Soviética, otras dos Heroínas de la Federación de Rusia y una Heroína de Kazajistán. Algunas volvieron a la universidad y otras pasaron a trabajar en la aviación civil o en otros empleos, continuando muy pocas con la vida militar. Ya no eran brujas.


Fuentes

Heroines of the Soviet Union: 1941–45 (Henry Sakaida y Christa Hook)/Soviet women on the frontline in the Second World War (Roger D. Markwick y Euridice Charon Cardona)/A dance with death: soviet airwomen in World War II (Anne Nogle)/Guerra absoluta (Chris Bellamy)/Unit cohesion among the three soviet women’s air regiments during World War II (Jessica Leight Bhuvasorakul)/Wikipedia