Cómo Estados Unidos y Howard Hughes intentaron rescatar en secreto un submarino soviético hundido con torpedos nucleares

Un submarino de la clase Golf II, quizá el el K-129/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Mucha gente recuerda aún el accidente del K-141 Kursk, el submarino ruso hundido en el mar de Barents en el año 2000 al sufrir una serie de explosiones internas durante un ejercicio naval, y muy especialmente los nueve dramáticos días empleados para tratar de salvar a los supervivientes atrapados en el fondo. El esfuerzo no tuvo éxito y hubo que esperar a octubre de 2001 para que la nave fuera reflotada. Pero no se trató de un caso único; hubo otros antes y después, de todos los cuales vamos a ver aquí uno muy curioso porque tuvo lugar en el período soviético y quienes intentaron rescatarlo fueron los EEUU, en lo que se conoce como Proyecto Azorian.

Antes de nada, hay que aclarar que esa operación, a pesar de desarrollarse entre finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, permanece clasificada hoy en día, razón por la cual se desconocen los detalles y habrá que esperar a que pase el plazo reglamentario para que se desvelen públicamente. Lo que sabemos actualmente procede de varios libros que tratan el asunto; la parte de un vídeo de la operación, enviado a la URSS en 1992, que muestra las exequias fúnebres de los cuerpos de seis marineros soviéticos; y un artículo escrito en 1985, pero publicado con censura parcial en 2010, por Studies in Intelligence (la revista interna de la CIA).

Seymour Hersh en 2004/Imagen: Institue for Policy Studies en Wikimedia Commons

Ahora bien, la fuente principal y chispa que encendió el caso fue un artículo publicado en 1975 en The New York Times por Seymour Hersh, un periodista de investigación que ya había ganado el Pulitzer por haber desvelado el encubrimiento de la masacre de My Lai en Vietnam y que retomó la primera noticia publicada por su compañero Jack Anderson -a su vez basándose en otra reseña previa de Los Angeles Times-, haciendo caso omiso de la petición de la CIA de mantenerlo en secreto. De hecho, ese intento de acallar a la prensa provocó revuelo en ésta y llevó a la reportera Hank Phillippi Ryan a invocar la FOIA (Freedom of Information Act, Ley de Libertad de Información), una ley que exige la divulgación total o parcial de documentos gubernamentales.

Incluso dio lugar a una expresión «Glomar response» (o «glomarization«) para describir una contestación oficial que ni confirma ni desmiente, que sigue usándose como alternativa al clásico «sin comentarios», aunque en 2004 un juez se la negó al Departamento de Defensa, obligándolo a mostrar los famosos informes y fotos de abusos en la prisión de Abu Ghraib. Glomar es precisamente una referencia al caso del submarino, ya que la empresa encargada del rescate, propiedad del magnate Howard Hughes, habitual contratista militar, se llamaba Global Marine Development Inc. y usaba la unión de sus sílabas iniciales para bautizar sus barcos.

El USNS Hughes Glomar Explorer, buque que intentó reflotar el submarino/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Uno de ellos era el USNS Hughes Glomar Explorer, el buque asignado a lo que se denominó Operación Matador (nombre en español en el original), la puesta en práctica del Proyecto Azorian, al que Hersh, que obviamente desconocía el nombre oficial (no se supo hasta 2010), denominaba Proyecto Jennifer. Consistía en reflotar o rescatar cuanto se pudiera del submarino soviético K-129, que había desaparecido en el océano Pacífico en el invierno de 1968 sin que nadie supiera las causas del hundimiento ni la ubicación exacta del pecio… excepto los servicios de inteligencia de EEUU, que alertados por los movimiento de búsqueda de la armada de la URSS iniciaron su propio rastreo y tuvieron éxito.

Los estadounidenses encargaron al SOSUS (Sound Surveillance System), una cadena de hidrófonos que originalmente cubría el llamado paso GIUK (Groenlandia,-Islandia-Reino Unido), pero que luego se extendió a otras aguas, permitiendo detectar el paso de submarinos soviéticos. El análisis de las grabaciones acústicas efectuadas en el período de la desaparición del K-129 permitió identificar lo que parecía una implosión en la nave y, por triangulación, localizar dónde estaba: a 2.890 kilómetros al noroeste de la isla hawaiana de Oahu, cerca ya de las Midway, a 4.900 metros de profundidad.

Punto del Pacífico donde está el pecio del K-129/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El K-129, que medía 98,9 metros de eslora, pertenecía al Proyecto 629 (lo que la OTAN denominaba clase Golf II), un tipo de submarino de propulsión diésel-eléctrica pero que portaba 3 misiles balísticos R-13 y 2 torpedos con ojivas nucleares. Todavía hoy se ignora la causa del naufragio -salvo que la CIA tenga información secreta al respecto-, si bien se manejan hipótesis diversas, desde una explosión interna (de las baterías o de un torpedo) a un mal uso por parte de la tripulación dejando abierta una escotilla (la mitad era novata), pasando por una colisión con el USS Swordfish, que por las fechas del desastre tuvo que regresar a puerto para unas reparaciones (los submarinos soviéticos y estadounidenses practicaban una especie de juego bélico basado en perseguirse).

En cualquier caso acabó mal y, con los resultados del SOSUS, los estadounidenses pusieron en marcha ese verano la Operación Sand Dollar, en la que el submarino USS Hallibut debía fotografiar el pecio; experiencia en ello no faltaba, pues poco antes se había hecho lo mismo con el USS Scorpion, un submarino norteamericano hundido en el Atlántico (fue un mal año para ese tipo de naves, ya que también se perdieron el USS Threser, el israelí INS Dakar y el francés Minerve). El Hallibut sacó veinte mil fotografías que sivieron para convencer a Kissinger y Nixon de la valiosa oportunidad de obtener la tecnología de los misiles nucleares soviéticos, códigos cifrados, etc.

Submarino del Proyecto 629a como el K-129/Imagen: Mike1979Russia en Wikimedia Commons

El USNS Hughes Glomar Explorer empezó los trabajos in situ en noviembre de 1972. Era un barco grande, de 189 metros de eslora y un desplazamiento de 50.500 toneladas, construido expresamente para el Proyecto Azorian. Con semejante tamaño y el estentóreo equipamiento de su cubierta (un gran brazo mecánico y el andamiaje para anclar una piscina lunar bajo el casco) no podía pasar desapercibido a ojos soviéticos, así que oficialmente se dijo que estaba en misión minera para extraer nódulos polimetálicos de manganeso del fondo marino. El hecho de que la mayor parte de la labor fuera bajo la superficie ayudó a mantener la discreción.

Aún así, los sovieticos se enteraron del verdadero motivo de la presencia allí del buque e incluso enviaron un remolcador a echar un vistazo. Sin embargo, consideraron que sacar al K-129 era poco menos que imposible, de manera que se limitaron a permanecer a la expectativa. No les faltó cierta razón, pues cuando la grúa del Hughes ya estaba elevando la parte más grande del casco del submarino, ésta se partió y volvió al fondo, perdiéndose para siempre. De hecho, a lo largo de tres semanas se usaron más grúas y todas sufrieron desperfectos diversos, por lo que no es de extrañar que el coste total ascendiese a unos 800 millones de dólares de entonces; un sobrecoste del doble de lo presupuestado inicialmente.

Esquema del funcionamiento del USNS Hughes Glomar Explorer/Imagen: Victorddt en Wikimedia Commons

¿Consiguieron los estadounidenses recuperar algo? No hay confirmación oficial, pero un informe de los servicios de inteligencia rusos para Boris Yeltsin en 1993 suponía que se extrajo una sección de 12 metros de la proa que incluía un par de torpedos con ojiva nuclear y los mencionados cuerpos de 6 de los 83 tripulantes, a los que se sepultó en el mar rápidamente -aunque con ceremonial- por temor a que tuvieran contaminación radiactiva por plutonio. Hay testimonios del personal, según los cuales también se recogieron piezas variadas como equipo de sonar, instrumental, máquinas criptográficas y hasta la campana, que se habría devuelto a la URSS junto con el fragmento de la película correspondiente al sepelio.

No obstante, en la CIA siempre se consideró un éxito la Operación Azorian, dada la complejidad tecnológica que requirió, lo que ha llevado a especular con que quizá se extrajeron más cosas de las admitidas. Así lo insinuó en 2009 Joe Houston, el ingeniero que diseñó las cámaras teledirigidas que guiaban al brazo mecánico, en una entrevista para el documental Azorian. The raising of the K-129. En cambio, otros colaboradores que estaban a bordo sólo admitieron haber rescatado la mencionada sección de proa, confirmando que el resto se perdió mientras era izado. En fin, Glomar response.


Fuentes

Project Azorian: the story of the Hughes Glomar Explorer (Studies in Intelligence, CIA)/Project Azorian. The CIA’s declassified history of the Glomar Explorer (Matthew Aid, William Burr y Thomas Blanton en The National Security Archive. The George Washington University)/The silent war. The Cold War battle beneath the sea (John Pina Craven)/La tragedia del submarino K-129. Detrás de la escena de la operación Jennifer (Anatoly Shtyrov en Mil Press Flot)/Wikipedia