Calias, el hombre que luchó en la batalla de Maratón vestido de sacerdote y firmó el tratado que puso fin a las Guerras Médicas

La batalla de Maratón, cuadro de Georges Rochegrosse (1859) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Hacia el año 511 a.C. nació en Atenas Calias (llamado Calias II para distinguirlo de su abuelo y de su nieto, ambos del mismo nombre) en el seno de una acaudalada familia eupátrida (la nobleza de la región del Ática y la clase social más alta, por encima de demiurgos y geómoros) enriquecida con la gestión de esclavos en las minas de Laurión. Tanto que Calias estaba considerado el hombre más rico de la ciudad.

Cuando tenía 21 años acudió junto con el contingente ateniense a luchar en la batalla de Maratón (490 a.C.), donde lo hizo vestido de sacerdote. No era una extravagancia suya, pues en aquel momento era daduchos de los Misterios de Eleusis, y es posible que a su equipamiento militar le sumase el atuendo religioso.

Daduchos (literalmente, el portador de la antorcha) era el título que se daba al segundo sacerdote de los Misterios de Eleusis, solo por detrás del Hierofante, y era un oficio hereditario que pasaba de padres a hijos. Su labor era encarnar al Sol, purificar a los adeptos antes de la iniciación y encabezar la carrera de las antorchas, que imitaba la búsqueda de Perséfone por su madre Deméter.

Relieve que muestra la iniciación en los misterios eleusinos / foto dominio público en Wikimedia Commons

Pero ir vestido de esa guisa le vino muy bien para acrecentar su fortuna, pues viéndolo todo perdido un soldado persa pensó que por su apariencia debía ser una especie de rey y, para comprar su vida, le señaló donde había escondido mucho oro y plata que los persas llevaban consigo. Calias se dejó sobornar pero, una vez encontrado el oro, acabó con la vida del infeliz persa.

Como después de haber puesto en retirada a los bárbaros y haberse embarcado éstos observasen los Atenienses que no hacían rumbo hacia las islas, sino que el viento y el mar los impelían hacia afuera, con dirección al Ática, temiendo no se hallase la ciudad falta de defensores, se encaminaron solícitos hacia ella con las nueve tribus, y concluyeron su marcha en el mismo día. Quedó en Maratón Aristides con su tribu para custodia de los cautivos y de los despojos, y no frustró la opinión que de él se tenía, sino que haciendo acopio de oro y plata, de ropas de todos géneros y de toda suerte de efectos en número increíble en las tiendas y en los buques apresados, ni él mismo tocó a nada, ni permitió que tocase ninguno otro, a no ser que algunos ocultamente tomasen alguna cosa; de cuyo número fue Calias el daduco portaantorcha; porque, a lo que parece, a éste fue a presentársele uno de los bárbaros, creyendo, por la cabellera y por el turbante, que era un rey, y saludándole y tomándole la diestra le manifestó que había mucho oro enterrado en cierto hoyo; y Calias, hombre el más cruel y el más injusto, fue, cogió el oro, y al bárbaro, para que no lo revelara a otros, le quitó la vida

Plutarco, Vida de Arístides 5

Parece que era un hecho sabido en Atenas y por eso los escritores de comedias solían ridiculizar a su familia llamándoles algo así como ricos de hoyo.

De aquí dicen que viene el que los cómicos llamen a los de su parentela ricos de hoyo, con alusión al lugar en que Calias encontró aquel oro

Plutarco, Vida de Arístides 5

No obstante su estatus entre los ciudadanos de la polis queda bien reflejado por su matrimonio. Se caso con Elpinice, que era hija nada menos que de Milcíades, el estratego vencedor en Maratón. Parece ser que a cambio del matrimonio se ofreció a pagar la multa de 50 talentos que el pueblo había impuesto a Milcíades por no haber tomado la isla de Paros en 489 a.C. El estratego moriría en prisión, y la multa sería pagada después por su hijo Cimón, con el dinero de Calias.

Los funerales de Milcíades, grabado de Jean-François-Pierre Peyron (1782) / foto dominio público en Wikimedia Commons

A pesar de que por este matrimonio era cuñado de Cimón, el principal oponente político de Pericles, Calias no dudó en apoyar y financiar a éste. Pericles lo utilizó como embajador en numerosas ocasiones.

Tras la victoria ateniense en Salamina de Chipre, fue enviado a Susa para negociar el fin de las hostilidades con el rey persa Artajerjes I, donde concluyó el tratado que puso fin a las Guerras Médicas. Por ese acuerdo, Artajerjes se comprometía a no enviar tropas en el mar a una distancia de más de tres días desde su propia costa, y se reconocía la independencia de facto de las ciudades de Jonia.

Pero Artajerjes, al enterarse de las pérdidas que ya había hecho en esa isla, celebró un consejo con sus confidentes, a cuya conclusión le pareció importante hacer la paz con Grecia. Así que escribió a los generales y sátrapas que tenía en Chipre, para buscar algún medio de tratar con los griegos. Inmediatamente Artabase y Megabyse enviaron embajadores a Atenas para llevar sus propuestas. Los atenienses los escucharon favorablemente y enviaron de vuelta a otros embajadores, a la cabeza de los cuales estaba Calias, hijo de Hiponico. Por lo tanto, se concluyó un tratado entre los atenienses y sus aliados, por una parte, y los persas, por otra, cuyos artículos principales eran que todas las ciudades griegas repartidas por Asia debían ser devueltas a sí mismas y gobernadas por sus propias leyes; que los sátrapas de Persia no debían avanzar en el mar a más de tres días de distancia de sus propias costas, y que ninguno de sus barcos de alta mar debía ser visto jamás entre Faselis y las Cianas. Que siendo estas condiciones observadas por el rey y por los gobernadores de sus provincias, los atenienses tampoco entrarían en armas en las tierras del dominio del rey Artajerjes. Una vez concluido y jurado este tratado por ambas partes, los atenienses retiraron sus tropas de la isla de Chipre, habiendo terminado una guerra muy gloriosa con una paz aún más gloriosa.

Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica XII.3
Hipócrates rechazando los presentes de Artajerjes, cuadro de Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson (1792) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, a su vuelta a Atenas los ciudadanos consideraron que lo obtenido era insuficiente, le acusaron de haber sido corrompido y comprado por el rey persa y le multaron con 50 talentos, una suma muy considerable que equivalía a unos 300.000 dracmas (el sueldo medio de un artesano, por ejemplo, era de 350 dracmas al año).

Calias murió en la batalla de Potidea, donde estaba al mando como estratego de la fuerzas atenienses, en 432 a.C., precisamente aquella con la que Tucídides comienza su relato de la Guerra del Peloponeso y en la que el filósofo Sócrates salvó la vida de su pupilo Alcibíades.


Fuentes

Biblioteca histórica (Diodoro de Sicilia) / Vida de Arístides (Plutarco) / Encyclopedia of the Ancient Greek World (David Sacks et al.) / Wikipedia