La Biblioteca Imperial de Constantinopla, última de las grandes bibliotecas de la Antigüedad

Murallas de Constantinopla / foto Carole Raddato en Wikimedia Commons

Tanto en el medio como el próximo oriente, Mesopotamia, China, Anatolia y el mundo grecorromano, existieron grandes archivos y bibliotecas hoy desaparecidos. La última de todas esas grandes bibliotecas fue la Biblioteca Imperial de Constantinopla.

Fue fundada por Constantino el Grande en algún momento entre 330 y 336 d.C. No obstante su crecimiento fue lento, y a la muerte del emperador sólo contaba con 7.000 volúmenes. Sería el emperador Constancio II, que reinó entre los años 337 y 361 d.C. quien le dio su mayor impulso creando un scriptorium para copiar y conservar las obras griegas y romanas pasándolas de los papiros originales, ya muy deteriorados, a pergamino. En tiempos del emperador Valente, hacia el 372 d.C., este trabajo lo realizaban cuatro calígrafos griegos y tres latinos.

Supuesta localización de la Biblioteca Imperial / foto Wikipedia

Al frente se encontraba Temistio, filósofo págano que alcanzó varios cargos destacados en el imperio. Fue nombrado senador en 355 d.C., procónsul en 358 d.C. y prefecto de Constantinopla en 383 d.C. Fue el encargado de poner en marcha la biblioteca, que dirigió bajo diferentes emperadores, hasta la época de Teodosio I.

Posiblemente fue él quien estableció el sistema que priorizaba unos textos sobre otros, dando preferencia a las obras griegas más antiguas sobre las latinas. Autores como Homero o Sófocles eran elegidos por delante de otros cuyas obras no eran tan utilizadas o conocidas. Se estima que en tiempos de Teodosio II (401-450 d.C.) la biblioteca llegó a albergar unos 100.000 volúmenes.

Estatua de Constancio II en San Juan de Letrán, Roma / foto Anthony M. en Wikimedia Commons

Se sabe que Carlomagno obtuvo copias de libros de la Biblioteca Imperial para su palacio en Aquisgrán. Y que tanto los monasterios armenios como las escuelas del mundo musulmán, aunque enemigos de Constantinopla durante muchos siglos, pedían y obtenían préstamos de libros para copiar. La Biblioteca enviaba copias de volúmenes a todas las partes del mundo conocido. Un monasterio siciliano del siglo XI, por ejemplo, guardaba copias de autores griegos prácticamente desconocidos en el resto de Europa en aquella época.

A lo largo de los siglos sufrió varios incendios que mermaron su colección. El primero de que se tiene noticia sucedió en el año 473 d.C. y supuso la pérdida de muchos volúmenes.

La toma de Constantinopla por los cruzados en 1204, en una miniatura del siglo XV / foto David Aubert en Wikimedia Commons

Tras la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 se pierde todo rastro de la biblioteca. Es probable que en alguno de los tres incendios que asolaron la ciudad durante el ataque muchos manuscritos se vieran afectados, como también lo es que los francos y venecianos, que se dedicaron a saquear la ciudad, se llevaran todos los que pudieron.

El emperador Miguel Paleólogo restableció la Biblioteca Imperial hacia 1360 d.C. en un ala del palacio, pero con toda seguridad para entonces los fondos eran ya muy inferiores en número al esplendor de los primeros tiempos.

Nunca se han encontrado manuscritos pertenecientes a la Biblioteca Imperial. Ni siquiera en el año 1800, cuando los turcos permitieron el acceso al Serrallo, supuesto depósito de los textos supervivientes tras la conquista otomana. Por ello algunos expertos dudan de que alguna vez existiese una Biblioteca Imperial de Constantinopla similar a la de Alejandría, concentrada en un único edificio.

Vista de Constantinopla hacia 1895 / foto …trialsanderrors en Wikimedia Commons

De lo que sí hay constancia es de la existencia de numerosas bibliotecas eclesiásticas y monásticas, que pudieron albergar partes de la colección imperial. Según Michael H. Harris, en una forma u otra la Biblioteca Imperial sobrevivió hasta la captura de la ciudad por los turcos otomanos en 1453.

Tras la desaparición de la Gran Biblioteca de Alejandría, y de las de Pérgamo y Antioquía, la de Constantinopla conservó el conocimiento griego y romano durante más de mil años. La mayor parte de las obras clásicas griegas que han llegado hasta nuestros días procederían de copias bizantinas realizadas en la Biblioteca Imperial de Constantinopla.


Fuentes

History of Libraries of the Western World (Michael H.Harris) / The Libraries of the Byzantine World (Nigel G.Wilson) / Preserving the intelectual heritage (Knut Kleve) / Wikipedia