Motaces, trófimos, partenios y otras categorías sociales de la antigua Esparta

Un espartiata muestra a sus hijos un ilota borracho (cuadro de Fernand Sabatté)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Todo aficionado a la historia de la Antigua Grecia sabe que la sociedad espartana se estructuraba en tres clases, con diferentes derechos y deberes: espartiatas, periecos e ilotas. Ahora bien, ése sólo sería el esquema básico al complicarse con otras subdivisiones, caso de los neodamodes, esquiritas, tresantes, brasideos, esclavos, etc. De todos ellos vamos a fijarnos especialmente en los motaces, trófimos y partenios, por la singularidad de su condición natural o su mestizaje social.

En una sociedad agraria como aquella, era la riqueza derivada del campo la que determinaba la adscripción jerárquica de cada uno. Ése fue el criterio seguido por el legislador ateniense Solón para dividir a los ciudadanos en cuatro clases (pentakosiomedimnoi, los que conseguían quinientas fanegas; hippeis o caballeros, con trescientos medimnoi de producto; zeugitai, con doscientas fanegas y poseedores de dos parejas de bueyes; y thetes o trabajadores), todas con derecho a participar en política, si bien únicamente los de las dos primeras podían ocupar cargos públicos.

Los dominios espartanos/Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Esparta, tuvo un desarrollo distinto, más tranquilo, que se plasmó en otro sistema. Los invasores dorios se habían fundido con la población preexistente y el resultado fue una curiosa monarquía dual con una sociedad que tenía características propias, aunque de nuevo la tierra y su rendimiento determinaban la posición social; ésta, a su vez, era la que regía la aportación del ciudadano al estado. La tradición adjudica el origen del sistema a otro famoso legislador, Licurgo, pero, como explica Chester G. Starr, en realidad fue el resultado de una evolución histórica de la vida comunitaria de las antiguas hermandades de guerreros.

Espartiatas

En la cúspide de la pirámide estaban los espartiatas, descendientes directos de los citados dorios, que eran los verdaderos ciudadanos en el sentido de que ostentaban los derechos políticos; por eso empleaban para definirse un término diferente al de otras polis griegas: frente al polités habitual, astoi implicaba una acepción más elitista y aristocrática. De ahí que entre ellos se conocieran como homoioi (iguales o pares), pues constituían una uniformidad socioeconómica y al alcanzar los treinta años pasaban a integrar el politeuma o cuerpo cívico.

Antes decíamos que, según Plutarco, Licurgo repartió las tierras lacedemonias entre unos nueve mil espartiatas. Posteriormente, el número de éstos se fue reduciendo progresivamente debido a la oligantopía (escasez de nacimientos a causa de la endogamia y la eugenesia), de modo que a mediados del siglo IV a.C. ya sólo había un millar de espartiatas; eso sí, más ricos al concentrarse las propiedades en sus manos, aunque la contrapartida era la escasez de efectivos para el ejército. Sin embargo, no todos los espartiatas eran iguales; estaban los hipomeiones, por ejemplo.

Estatua de Licurgo en Bruselas / foto Mattpopovich en Wikimedia Commons

Eran aquellos que habían cometido ciertos actos deshonrosos (cobardía o desobediencia en campaña, agresión al padre, prostitución, falsa delación, dilapidación de la fortuna…) y se los sometía a un proceso denominado atimia, por el cual perdían total o parcialmente sus derechos ciudadanos; en el caso bélico, en concreto, pasaban a ser llamados tresantes (temblorosos). Lo peor no era la exclusión política sino la pérdida del prestigio social, ya que se les hacía el vacío, estaban excluidos de ciertos actos, no podían casarse y debían lucir un aspecto desaliñado, todo so pena de muerte. Su posición quedaba similar a la de los ilotas, salvo que tenían libertad de circulación y podían rehabilitarse (luego veremos que los ilotas también obtendrían la posibilidad de prosperar).

Periecos

El siguiente estrato era el de los periecos, gente que vivía en los barrios de la periferia urbana (de ahí su nombre) y se dedicaban al comercio, la artesanía y la industria, aunque también los había campesinos. Eso les privaba del estatus de ciudadanos, pues tener negocio (es decir, no ocio, trabajar para vivir) impedía poder dedicarse con libertad a los asuntos políticos y adiestrarse con regularidad en el ejército. No obstante, se les concedían algunos derechos, como ser propietarios (y poder vender sus bienes), casarse, poseer esclavos o servir militarmente si disponían de riqueza/tiempo (sobre todo, lo hacían en la marina, donde solían ocupar cargos).

Equiparables a los periecos eran los esquiritas, con la particularidad de que correspondían a una región determinada: la Esquirítida, en la montañosa -y estratégica- frontera septentrional con Arcadia (de hecho, algunos autores les atribuyen un origen arcadio). Es difícil saber con exactitud si algo más los distinguía -Jenofonte así lo hace en su obra Helénicas-, pero parece que en tiempos de guerra formaban su propio lochos (batallón) ligero y se les estimaba lo suficiente como para situarlos como cobertura de los hoplitas en la formación.

Ilotas

La tercera clase era la mencionada de los ilotas, encargados de trabajar los campos de los espartiatas para que éstos pudieran dedicar todo su tiempo a la política y la guerra. Se trataba de siervos, similares a los penestas de Tesalia o los cilirios de Siracusa y, como tales, recibían un trato brutal, adscritos a la tierra y sometidos a la krypteía, si bien se diferenciaban de los esclavos -meros objetos- en poder contraer matrimonio y quedarse con la renta de su trabajo, una vez pagada la parte del dueño. Antíoco de Siracusa decía que los ilotas eran antiguos tresantes, rebajados a esa condición durante las guerras mesenias, o los hijos de ellos, posiblemente se tratase de descendientes de aqueos primigenios arruinados.

Estructura de la sociedad espartana/Imagen: Publius97 en Wikimedia Commons

Los ilotas, que constituían el grueso de la población -en torno a tres cuartas partes-, nacían y vivían como tales sin posibilidad de cambio. Al menos en principio, ya que con el tiempo se hizo acuciante la necesidad de efectivos para la guerra y empezaron a ser incorporados como infantes ligeros, remeros y exploradores (en la Guerra del Peloponeso, incluso hoplitas). En ese sentido, la distinción en campaña les podía suponer una pequeña promoción social y convertirse en neodamodes, palabra cuya etimología alude al nuevo demota (o sea, al habitante recién incorporado a un demo, el cuerpo de ciudadanos libres).

Ese progreso individual seguramente empezó con el reclutamiento de setecientos ilotas, fruto de la necesidad de soldados, que llevó a cabo el estratego espartano Brásidas en el 424 a.C. para la campaña contra Atenas en Tracia, premiándolos después con tierras y la libertad plena (incluyendo poder establecerse donde quisieran). No siempre se los utilizaba como infantes; si esos ilotas manumitidos y destacados habían servido en la marina, entonces se los denominaba desposionaûtai.

Motaces

Pero todavía quedaría una serie de subcategorías. La del motaz está revestida de un interés especial porque no derivaba de la pertenencia a un estatus histórico de partida exactamente ni era fruto de una degradación, sino algo adquirido. Como en casi todo, resulta complejo establecer los límites, pero en esencia había dos razones para ser un motaz. En primer lugar, aquel espartiata que hubiera quedado en la ruina -siempre que ésta no fuera causada por el despilfarro, en cuyo caso, como vimos, se condenaría al sujeto a la atimía– perdía su condición y pasaba a integrar el grupo de motaces.

La otra causa era ser hijo de un espartiata y una ilota, algo equivalente a una especie de bastardía mestiza. En ambos casos suponía estar encasillado en un nivel inferior con todas sus consecuencias: no poder acceder a las syssitía (banquetes de hermandad que se celebraban periódicamente con asistencia exclusiva de los homoioi a partir de los veinte años de edad) y, durante las guerras, luchar junto a los periecos. No obstante, los motaces disfrutaban de algunas ventajas frente a átimos y tresantes, hasta el punto de que algunos autores opinan que podrían considerarse un escalón intermedio hacia los neodemodes.

En realidad no era así porque los neodemodes salían de entre los ilotas y, por tanto, habían redimido su humilde origen y ganado sus derechos, mientras que los motaces eran totalmente libres de nacimiento, aún cuando éste no fuera muy honroso. Lo demostraría el que a menudo fueran adoptados por casas espartiatas cuyo oikos (padre, cabeza de familia) no había conseguido tener descendencia legítima.

Es más, los motaces compartían con los vástagos de los espartiatas la agogé, el duro sistema de educación establecido en el siglo VI a.C. por el que todos los niños, al cumplir los siete años, pasaban a vivir en comunidad en un agelé (cuartel) bajo la autoridad de un paidónomo supervisado por los éforos, aprendiendo a leer y escribir, además de recibir una formación física que incluía el adiestramiento en el oficio de las armas. En ese sentido, el término sýntrophoi («los criados juntos») con que las fuentes documentales reseñan al conjunto, se ampliaría a los motaces.

Brásidas en una ilustración de Walter Crane/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Al convertirse en efebos, ya con veinte años de edad, estaban excluidos de las sisitias, decíamos antes, pero colaboraban de otros modos. No se sabe con exactitud si, como sugieren algunos historiadores, tenían derecho a asistir a la apella (la asamblea de las polis dorias en la que se elegía a los éforos y gerontes; algunos autores antiguos prefieren usar la palabra ekklêsía) ni si, en caso afirmativo, tenían derecho a voto. Pero disponían de la siempre apreciada vía bélica, en la que un buen servicio les podía suponer ganar la ciudadanía; así se cree que ocurrió con ilustres navarcas como Lisandro y Calicrátidas o generales como Gilipo, todos ellos de padre espartiata y madre ilota.

Partenios

Por la agogé pasaban otros dos tipos de niños medio descastados. En primer lugar estaban los partheníai (partenios), que se traduce literalmente como «hijos de vírgenes». Su origen es confuso y si una tradición lo sitúa en la Primera Guerra de Mesenia (los espartiatas que no se presentaron fueron rebajados a ilotas y los hijos que nacieron durante la contienda fueron los partenios, ya que esa degradación no se heredaba completamente), otra cuenta que los hoplitas que no juraron vencer o morir fueron obligados a regresar y unirse a las muchachas para compensar la baja natalidad, siendo sus hijos los partenios. Una tercera los identifica con los bastardos que las mujeres espartiatas tuvieron con ilotas y esclavos en ausencia de sus maridos. Serían en suma, los nacidos de madres solteras de clase alta.

Trófimos

El otro tipo fue el de los trophimoi (trófimos, pupilos o alimentados). En este caso, su ascendencia no era espartiata sino perieca, incluyendo en el grupo a los extranjeros residentes en Lacedemonia. También eran educados mediante la agogé y solían ser apadrinados por un oikós espartiata, lo que les abría la puerta a la ciudadanía como pasaba con los motaces y neodamodes para contrapesar, una vez más, aquella tasa de fecundidad espartana tan limitada que amenazaba la viabilidad del ejército. Hay ejemplos históricos de trófimos, como los hijos de Jenofonte, que era áticos como él pero se educaron en Esparta por la admiración que sentía hacia esa cultura y por su amistad con el rey Agesilao II.


Fuentes

Historia de la Guerra del Peloponeso (Tucídides)/La república de los lacedemonios (Jenofonte)/Los nueve libros de la Historia (Heródoto)/Vidas paralelas: Licurgo (Plutarco)/A history of the Ancient World (Chester G. Starr)/La antigua Grecia. Historia política, social y cultural (Sarah Pomeroy, Stanley Burstein, Walter Donlan y Jennifer Tolbert)/Property and wealth in classical Sparta (Stephen Hodkinson)/Historia de la Grecia antigua (María José Hidalgo de la Vega, Juan José Sayas Abengochea y José Manuel Roldán Hervás)/Campesinado, comunidad rural y diferenciación social en la Grecia antigua: el caso de los periecos lacedemonios (Julián Gallego)/Griegos y persas. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua (Hermann Bengtson)/Esparta y sus problemas sociales (Pavel Oliva)/Wikipedia