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La columna de Constantino, el único monumento que queda de la fundación de Constantinopla

La columna de Constantino / foto Mikhail Malykh en Wikimedia Commons

Tras su victoria sobre Licinio (el emperador de Oriente) en 324 d.C. Constantino quedó como único gobernante del mundo romano terminando con el período de la tetrarquía, y convirtiéndose así en el primer emperador que gobernaba en solitario desde Diocleciano.

Precisamente el lugar final de la derrota y rendición de Licinio (quien estaba casado con Constancia, la hermana de Constantino) fue la antigua colonia griega de Bizancio, situada a la entrada del estrecho del Bósforo, en un lugar estratégico desde donde se controlaba la navegación entre la Europa oriental, los Balcanes, el Egeo y el Mediterráneo.

Constantinopla en época bizantina, con el foro de Constantino (ovalado) y la columna en su centro / foto dominio público en Wikimedia Commons

Por ello, entre otros motivos, sería la elegida por Constantino para convertirse en su nueva capital, tras los graves disturbios del año 326 que le decidieron a abandonar Roma. Antes se le había ocurrido que podía reconstruir Troya con el fin de convertirla en el centro del imperio. Pero ante el potencial de Bizancio cambió de opinión.

Los trabajos comenzaron casi inmediatamente sin reparar en gastos, y la ciudad fue embellecida con obras de arte traídas de otras ciudades del imperio. Pero también con monumentos construidos para el momento de la inauguración. Uno de esos monumentos ya estaba finalizado para 328 d.C., y el 11 de mayo de 330, cuando Constantino inauguró oficialmente la nueva ciudad con el nombre de Constantinopolis, se alzaba en el centro del foro. Allí sigue estando todavía hoy.

La columna de Constantino / foto SALTOnline en Wikimedia Commons

Se trata de la llamada Columna de Constantino, a la que los turcos llaman Çemberlitaş. Hoy se alza en el Yeniçeriler Caddesi en la Ciudad Vieja de Estambul, que corresponde al Mese, la antigua calle principal de Constantinopla, donde los emperadores celebraban sus triunfos, y es el único monumento que queda de la fundación de la ciudad.

En el momento de su consagración aquel 11 de mayo de 330 d.C. la columna consistía en largos tambores de pórfido (traído de Heliópolis en Egipto) con incrustaciones de bronce entre ellos, que se alzaba sobre un pedestal decorado con relieves. No se sabe exactamente de cuantos tambores se componía, y las estimaciones indican entre 7 y 11. La coronaba una estatua de Apolo Helios con una lanza en la mano izquierda y un globo terráqueo en la derecha. Así es como aparece en la Tabula Peutingeriana, en la que se representa junto a una imagen de Constantino. Solo la altura de la columna alcanzaba los 23,40 metros, mientras que la estimación de la altura del monumento, incluida la estatua, debe haber sido de unos 37-40 metros. Incluyendo la base, la altura total habría estado cercana a los 50 metros (más o menos la altura del Coliseo en Roma).

No es mucho lo que se sabe acerca de la estatua. Las fuentes coinciden en indicar que la cabeza estaba adornada con una corona de siete rayos solares, quizá un intento por parte de Constantino de crear un sincretismo entre el culto al Sol y el cristianismo. No obstante algunas fuentes también aseguran que la cabeza había sido sustituida por una que representaba al propio emperador, lo que estaría en línea con la inscripción: Para Constantino, que brilla como el sol…

Evolución de la columna a lo largo de la historia / foto The Byzantine Legacy

La columna se alzaba sobre un pedestal cuadrado, hoy perdido, de 8,35 metros de lado. En ella había relieves y una inscripción (muy posiblemente posterior) que decía: Tú, Cristo, eres el creador y gobernante del mundo; a ti te he consagrado esta ciudad que es tuya, y el cetro y el poder de Roma. Guárdala y sálvala de todo daño.

Uno de los lados de la base aparece reproducido en un dibujo de Melchior Lorck fechado en 1561. En él se ve un bajorrelieve cuyo centro es una imagen de Constantino. Bajo él una figura femenina en un trono, que puede ser interpretada como la Tiqué de Constantinopla. Dos victorias, nikes, aladas con armadura conducen a dos muchachos que llevan regalos para la ciudad o el emperador. Tras ellos aparecen dos personajes barbados, quizá persas o germánicos. Sin embargo, no existe ninguna prueba de que este bajorrelieve fuera parte de la columna original.

Dibujo de Melchior Lorck en 1561 en el que se representa el supuesto relieve de la base / foto dominio publico en Wikimedia Commons

En el año 416, esto es, 86 años después de su construcción, un rayo impactó en la columna dañándola considerablemente. Por ello el emperador Teodosio II ordenó que se colocasen aros de hierro de refuerzo entre los tambores. Esos aros de hierro se han ido cambiando y renovando a lo largo de los siglos.

En 1079 sufrió el impacto de otro rayo, y en 1106 una tormenta derribó la estatua y los últimos tres tambores de la columna. Hacia 1150 el emperador Manuel I Comneno la restauró y colocó una cruz en lo alto. Todavía es visible la inscripción: ΤΟ ΘΕΙΟΝ ΕΡΓΟΝ ΕΝΘΑΔΕ ΦΘΑΡΕΝ ΧΡΟΝΩ ΚΑΙΝΕΙ ΜΑΝΟΥΗΛ ΕΥΣΕΒΗΣ ΑΥΤΟΚΡΑΤΩΡ (El piadoso Manuel fortaleció el monumento sagrado, desgastado por el tiempo).

La inscripción añadida por Manuel I Comneno / foto Vmenkov en Wikimedia Commons

Las incrustaciones de bronce que cubrían las uniones entre los tambores fueron saqueados por los cruzados en 1204, y la cruz sería retirada por los conquistadores otomanos en 1453. En 1779 un terremoto provocó un incendio que destruyó casi todo el área y dejó marcas negras en toda la columna (de ahí que empezasen a llamarla columna quemada). En los trabajos de restauración la base y el primer tambor de la columna quedaron ocultos bajo una capa de mampostería masiva, y hoy están a unos 2,50 metros bajo tierra.

Una leyenda extendida desde el siglo IX dice que Constantino guardó en una cavidad al pie de la columna varias reliquias: el Paladio troyano, el hacha de Noé, una astilla de la cruz de Jesús, las cestas de los panes y los peces, y otros varios artefactos más, reales o imaginarios. Por ello el teósofo danés Carl Vett emprendió excavaciones en 1929, que evidentemente no encontraron ni rastro de tales objetos.

La columna de Constantino vista desde la calle / foto Enrique Freire en Wikimedia Commons

Sin embargo encontró el pavimento del antiguo foro, a una profundidad de 2,33 metros, y también una bóveda en la base de la columna, a una profundidad de 4,6 metros, que algunos investigadores identifican con la capilla de Constantino que mencionan las fuentes. Esta capilla se encontraba en el lado norte, y es mencionada por Constantino VII Porfirogéneta en su obra De Ceremoniis, escrita en la primera mitad del siglo X.

Los trabajos de restauración de la columna comenzaron en 1955, completándose a principios de la década de 2000.


Fuentes

Yoncaci Arslan, Pelin, «Towards a New Honorific Column: The Column of Constantine In Early Byzantine Urban Landscape«. Journal of the Faculty of Architecture. Middle East Technical University. 33 (1): 121–145. doi:10.4305/METU.JFA.2016.1.5. / The Byzantine Legacy / Constantine’s Porphyry Column and the Chapel of St.Constantine (Cyril Mango) / Livius / Wikipedia.