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El criterio de dificultad y otros métodos usados para determinar la historicidad de Jesús

La Última Cena (Juan de Juanes) / foto dominio público en Wikimedia Commons

En un pequeño ensayo titulado Desde el Jesús de la Historia al Cristo de la Fe, el profesor y teólogo Lorenzo Vicente Burgoa plantea la dicotomía o afinidad entre ambas dimensiones de ese personaje y pregunta: «¿Qué fundamento histórico podemos encontrar para que la creencia religiosa cristiana tenga un mínimo de “credibilidad racional” y no se convierta en una fe piadosa basada en una leyenda?» La respuesta, en parte, se encuentra en el método histórico; pero éste tiene sus limitaciones cuando apenas hay evidencias documentales y ninguna arqueológica. Ahí es donde algunos recurren a determinados criterios.

El primero es el de dificultad, un tipo de análisis crítico basado en conceder credibilidad a un hecho que en principio no parecería tener veracidad, ya que quien lo reseñe no tendría razón para inventárselo al poder quedar en mal lugar. Aplicado a la historicidad de Jesús y a las fuentes disponibles sobre el tema, que fundamentalmente son los evangelios, consistitía en someter a dicho criterio las situaciones que sobre él se cuentan en ellos o, al menos, aquellas más embarazosas y controvertidas.

Fragmento en papiro de un Evangelio de Lucas en griego/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Un ejemplo típico es de la crucifixión, sistema de ejecución que los romanos aplicaban a los reos sin ciudadanía sentenciados a pena capital que eran de bajo estatus social, y que además de terrible resultaba infamante por sus condiciones, pues el condenado era crucificado desnudo y al tardar días en morir se hacía las necesidades encima y públicamente. Todo lo cual demostraría, según el criterio de dificultad, que la muerte de Jesús en la cruz fue real por parecer improbable que sus seguidores inventasen algo así.

De hecho, hay más episodios de la vida de Cristo que suelen ser sometidos al criterio de dificultad para tratar de apuntalar su historicidad ante la escasez de datos. Es el caso de su bautismo por Juan el Bautista, personaje éste caído en desgracia ante Herodes Antipas, el tetrarca de Perea y Galilea, en un encuentro que sólo narra explícitamente el Evangelio de Lucas. No obstante, es interesante citar otra vez a Vicente Burgoa para matizar la diferenciación entre el Jesús real y el Jesús histórico; al primero no es posible conocerlo por las fuentes, como sí al segundo, aunque eso, advierte, es aplicable a todos los personajes de la Antigüedad.

El bautismo de Cristo, por Verrocchio/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Por supuesto, el criterio de dificultad no sirve para asegurar ni demostrar sino únicamente para establecer una probabilidad histórica. Se empezó a usar como expresión a finales del siglo XIX y, con el paso del tiempo, se le han señalado algunas limitaciones que lo obligan a ser utilizado en combinación con otros criterios, dado que normalmente no se aplica de forma general sino a temas muy concretos relacionados con el Nuevo Testamento en general y la vida de Jesús en particular, ambos escasos de datos. No es descartable, pues, la posibilidad de una construcción artificial buscando generar una reacción concreta.

En ese sentido, ha de complementarse con otros, igualmente derivados de la epistemología crítica. Es el caso del criterio de discontinuidad, basado en otorgar veracidad a partir de hechos reseñados que eran poco habituales en la época y, en principio, no sería lógico que el autor los hubiera inventado. En el ejemplo de Cristo, sería reseñar, entre otras cosas, que comía con publicanos y pecadores, tenía mujeres entre sus discípulos o llamaba Abbá (Papá) a Dios, todo lo cual le hubiera presentado como demasiado estrambótico, dificultando la difusión del cristianismo. Eso sí, se trata de algo interpretable también a la inversa y por eso debe usarse con cuidado y sentido crítico.

El criterio de testimonio múltiple o de referencias cruzadas consiste, como se deduce de su nombre, en la credibilidad sobre un evento derivada de la multitud de testigos independendientes y, a ser posible, en más de un género literario (parábola, profecía, aforismo…). En el caso de Jesús, tenemos todos los documentos que le mencionan en el Nuevo Testamento (aunque la independencia de algunos sería discutible debido a que, por ejemplo, los evangelios sinópticos tienen todos una misma fuente, conocida como Q), más los de otras fuentes documentales (como Antigüedades de los judíos, de Flavio Josefo, o Anales, de Tácito). Este criterio no tiene que aplicarse necesariamente sobre todo el conjunto biográfico y debe estar sometido, a su vez, a la fiabilidad de esas fuentes.

Jesús en casa de Marta y María (Johannes Vermeer)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Actualmente hay un par de criterios complementarios de éstos. Uno es el llamado de conformidad o coherencia que pone a prueba el encaje de lo narrado en su contexto histórico, analizando si otros hechos relativos al personaje concuerdan con su perfil y refuerzan su posible carácter verídico. Otro, el criterio de rechazo y ejecución, es prácticamente una forma concreta del anterior porque determina qué hechos o dichos pudieron ser históricos segun su congruencia con el devenir del personaje.

Vicente Burgoa cita algunos criterios más que considera secundarios frente a los anteriores y tienen un carácter más técnico y específico: huellas del arameo (la lengua que se hablaba en Palestina entonces), ambiente palestino (condiciones políticas, sociales, económicas y culturales), viveza narrativa (detalles que revelan la presencia del testigo), tendencias evolutivas de la tradición sinóptica (difícil, al ignorarse la citada fuente común) y presunción histórica (en caso de duda se considera cierta la historicidad mientras no se demuestre lo contrario; algo muy discutible).

Flavio Josefo en un grabado decimonónico romántico de William Whiston/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Burgoa todavía desgrana otros dos que considera útiles siempre que se discutan y depuren debidamente. El de un testimonio injustificable plantea cómo un narrador pudo saber de un hecho si ni él ni sus contemporáneos fueron testigos por ser algo sobrenatural o íntimo, poniendo como ejemplo la resurrección de Jesús, deducida de testigos indirectos: los que vieron el sepulcro vacío y los discípulos a quienes se apareció resucitado. El criterio de silencio incomprensible analiza cuando todos los narradores guardan un silencio total sobre hechos, que, de ser ciertos y públicos, deberían haberse indicado siquiera indirectamente; es lo que pasa con el presunto celibato de Jesús, del que apenas se habla en el nuevo Testamento.

Juntando todo lo dicho hasta ahora, el catedrático de la Universidad Complutense Antonio Piñeiro, filólogo bíblico y clásico, considera que los evangelios resultan tan problemáticos y contradictorios -incoherentes incluso- que «no pueden concebirse como una mera falsificación de una o varias manos» y «sólo se sustentan como obra si se piensa que existió un Jesús de Nazaret real, del que se contaron muchas historias y del que se repitieron muchos dichos, que fue luego reinterpretado por diversas gentes, y que más tarde fue repensado de tal modo que resultó divinizado, convirtiéndose en Jesucristo».

La provincia romana de Judea en el siglo I d.C./Imagen: Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

Piñeiro también aplica la famosa navaja de Ockham al explicar que «es mucho más económico, sencillo y plausible aceptar la existencia histórica de Jesús que lo contrario», aunque ello no es incompatible con que «haya sufrido múltiples idealizaciones y transformaciones», añadiendo que «en pura historia, es muchísimo más fácil explicar por qué surgió el cristianismo si Jesús de Nazaret existió en verdad, independientemente del grado de idealización de su figura, que si se informara que este personaje es una mera ficción literaria, un invento».

Pero eso es algo que se sale un poco del tema del artículo. Volviendo a los criterios, unos y otros quedan siempre sujetos al mencionado método histórico, la auténtica base de la investigación. Se trata del conjunto de técnicas, procedimientos y disciplinas auxiliares (arqueología, epigrafía, paleografía, diplomática, antropología, genealogía, numismática, etc) en que se apoyan los historiadores para acometer su procedimiento: erotética (definición del tema, formulación de preguntas y desarrollo de un programa de trabajo), heurística (búsqueda y recopilación de fuentes documentales con su correspondiente análisis y crítica), síntesis historiográfica y su publicación (no sólo para divulgarla sino también para someterla a debate científico).


Fuentes

Desde el Jesús de la Historia al Cristo de la Fe (Lorenzo Vicente Burgoa)/¿Existió Jesús realmente? (Antonio Piñeiro en Desperta Ferro)/The criteria for authenticity in historical-Jesus (Stanley E. Porter)/Jesus, criteria, and the demise of authenticity (VVAA)/The quest for the plausible Jesus. The question of criteria (Gerd Theissen y Dagmar Winter)/Wikipedia