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Genji Monogatari, la novela más antigua de la Historia

Ilustración decimonónica de una edición de Genji Monogatari / Foto dominio público en Wikimedia Commons

La novela está considerada el género más tardío de la literatura, puesto que la poesía apareció casi de forma paralela a las civilizaciones (en torno al siglo XXV a.C., en Mesopotamia) y el teatro, algo parecido (si se entiende como dramatización de una escena; como género podría situarse en la India del siglo XV a.C., en la China del segundo milenio a.C, etc). En cambio, la novela no dio sus primeros títulos hasta el mundo clásico del siglo II a.C., aunque su afianzamiento tuvo que esperar hasta la Edad Media. Es en ésta donde, según la BDM (Biblioteca Digital Mundial, un proyecto de la Library of Congress y UNESCO), podría estar el caso más antiguo: una obra japonesa escrita en torno al año 1021 y titulada Genji Monogatari.

Por supuesto, como suele pasar, para llegar a esa catalogación se aplican unos estándares concretos que no concitan unanimidad. A la mente de muchos se les vendrán títulos romanos como el Satiricón de Petronio (finales del siglo I d.C.) y La metamorfosis de Apuleyo (siglo II d.C), las cinco griegas (Leucipe y Clitofonte, de Aquiles Tacio; Quéreas y Callírroe, de Caritón; Etiópicas o Teágenes y Cariclea, de Heliodoro; Dafnis y Cloe, de Longo de Lesbos; y Efesíacas o Habrócomes y Antía, de Jenofonte de Éfeso), las Fábulas de Mileto de Arístides o incluso los fragmentos que quedan de Nino y Semíramis, todas ellas de fecha similar.

Murasaki vistiendo el kimono violeta que le daría nombre (ilustración decimonónica del artista Taiso Yoshitoshi)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El problema es que suelen estar en verso, al igual que ejemplos más antiguos como la Epopeya de Gilgamesh sumeria, el Ramayana y el Mahabharata indios o la Odisea y la Ilíada de Homero, o bien tienen unas características arcaicas que les dan un carácter pionero pero sin llegar a alcanzar un lugar taxonómico pleno, de ahí la decantación por Genji Monogatari como primera novela moderna. En cualquier caso, lo que nos importa aquí es hablar un poco de esta obra nipona tan desconocida para el gran público occidental (los escolares japoneses sí lo tienen en su plan de estudios), salvo para quienes hayan visto alguna de sus adaptaciones cinematográficas; hay unas cuantas, varias de ellas animes.

El cuento de Genji, como sería su traducción al español (también puede encontrarse como La historia de Genji o La novela de Genji, si bien originalmente no tenía título), posee un elemento extra que lo hace más peculiar aún: haber sido escrito por una mujer. Se llamaba Murasaki Shikibu, una dama de alcurnia que vivía en la corte, si bien sus orígenes eran más modestos: era hija de un miembro de la pequeña nobleza que trabajaba como funcionario -llegó a ser gobernador- y pertenecía a una familia de ilustres literatos (de hecho, ella era nieta del célebre poeta Fujiwara no Kanesuke).

La emperatriz Fujiwara no Shōshi con su hijo en una ilustración del siglo XIII/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Nacida en Kioto en el año 978 d.C., con dos hermanas y un hermano, le tocó vivir en el período Heian, una época de esplendor artístico y cultural que, sin embargo, marginaba a las mujeres en algunas cuestiones de aprendizaje. Entre ellas estaba no poder aprender chino, que entonces aún era el lenguaje administrativo -empezaba a declinar por el surgimiento de una conciencia cultural nacional que impulsaba el uso del kana (caracteres alfabéticos fonéticos japoneses) en detrimento del usual kanji (caracteres chinos)- y por eso sí se le enseñó a su hermano. Pero el hecho de pertenecer a una saga de poetas y funcionarios otorgó a Murasaki un privilegio especial y la convirtió en una excepción intelectual entre las de su sexo, de igual manera que en el Medievo europeo también las hubo (Christine de Pizán, Eloísa, Leonor López de Córdoba…).

Se casó con un amigo de su padre pero enviudó pronto, aunque le dio tiempo a alumbrar a una hija, Kenshi, y a empezar a escribir el relato con el que pasaría a la Historia, en parte para dar salida al dolor por la muerte de su marido. Lo hizo, presuntamente, durante un retiro en un templo del lago Biwa. El Genji Monogatari fue distribuido entre sus amistades, que lo copiaron y difundieron convirtiéndolo en un éxito fulgurante. Eso le abrió las puertas de la corte de la emperatriz Fujiwara no Shōshi, quien estaba reuniendo un excepcional elenco de nyōbō (damas de compañía) caracterizado por la exquisita educación de sus intregrantes.

La escritora no estuvo del todo cómoda allí y sus rivales la apodaron despectivamente Nihongi no Tsubone, algo así como Dama de las Crónicas. Cabe añadir al respecto que, en realidad, Murasaki tampoco era su verdadero nombre; en la alta sociedad japonesa se consideraba de mal gusto referirse a alguien por él y en su lugar se utilizaban los cargos que ocupaban. Así, Shikibu es una referencia al Shikibu-shō, el ministerio de ceremonias de la corte imperial donde trabajaba su progenitor, mientras que Murasaki es el color violeta que, se dice, solía usar en sus vestiduras. En una lista de damas de honor del año 1007 figura la que acaso fuera su gracia natal: Fujiwara no Takako.

Una edición del Genji monogatari datada entre 1688-1704/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La novela, cuyo manuscrito original no se conserva, está formada por cincuenta y cuatro kakimono (rollos), cada uno correspondiente a un capítulo. Durante un tiempo se pensó que Murasaki había escrito sólo los primeros treinta y tres y el resto se debían a la mano de Daini no Sanmi, nombre con que se conoció a su mencionada hija Kenshi, que también fue una notable poetisa, hoy parece descartado. La obra narra la vida del príncipe Genji (posiblemente un trasunto de Minamoto no Tōru, nieto del emperador Saga y poeta) en todas sus facetas, desde la sentimental a la política, pasando luego a contar la de sus descendientes inmediatos.

El texto va explicando cómo Genji se enamora de su madrastra y frustrado por ese amor prohibido secuestra a la sobrina de ésta, Murasaki, que tiene diez años, educándola y vistiéndola para que sea como ella, un poco como pasaba en la película de Hitchcock Vértigo. Sin embargo, finalmente consigue el favor de su amada y engendran un niño que hacen pasar por hijo del emperador. Cuando éste fallece, el pequeño es proclamado heredero mientras Genji, que acaba de quedar viudo, se casa en segundas nupcias con Murasaki. Pero sigue teniendo aventuras amorosas y cuando le descubren con una concubina imperial es desterrado a provincias… donde de nuevo se relaciona con la hija de un adinerado señor local.

Hiragana y Katakana, los dos tipos de kana que evolucionaron de uno anterior más arcaico, el Man’yōgana/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La hija resultante terminará siendo emperatriz posteriormente pero Genji regresa cuando el hijo que ha tenido con su madrastra sube al trono y le indulta, sabedor de que se trata de su padre. Genji vive entonces sus mejores días e incluso se casa por tercera vez, hasta que la edad empieza a pasarle factura. Murasaki muere, lo que hace que él comprenda la fugacidad de la vida. A él mismo le llega el óbito, aunque no se cuenta de forma expresa sino con un elíptico capítulo en blanco. A partir de ahí asumen el protagonismo sus descendientes: su hijo Kaouru (del que en realidad no es el padre sino el tío) y su nieto Niou, rivales en el amor. No hay un final propiamente dicho; el cuento termina de manera abrupta, no se sabe si intencionadamente o es que se han perdido los últimos capítulos.

A lo largo del texto queda reflejada la sociedad aristocrática del Japón feudal, lo que facilita la comprensión de ese mundo exótico y cerrado, sus costumbres, la psicología de sus gentes, etc. Y eso que su lectura no es fácil, ni siquiera para sus contemporáneos, ya que Murasaki lo escribió para lectoras cortesanas y, por tanto, empleando un lenguaje culto en el que no se mencionan nombres explícitos debido a que, como dijimos, no se consideraba elegante, a que una misma palabra tiene un significado diferente según el contexto y a que, además, usó el citado silabario kana, en vez del kanji.

Una escena ilustrada del Genji Monogatari Emaki conservado en el Museo Tokugawa de Nagoya/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La producción literaria de Murasaki no se limitó al Genji Monogatari. De hecho, el manuscrito original no se conserva (la versión más cercana en el tiempo es el Genji Monogatari Emaki, un rollo en pergamino del siglo XII con ilustraciones) y sabemos el nombre de su autora únicamente porque ella misma lo reseña en el Murasaki Shikibu Nikki, su diario personal. Asimismo, escribió una colección de centenar y cuarto de poemas titulada Memorias poéticas, presumiblemente escritas para su marido, que serían publicadas póstumamente, en 1206, por el erudito Fujiwara no Teika en el prestigioso Shin Kokin Wakashū, la octava antología imperial de waka (un tipo de poesía).

Murasaki siguió residiendo en la corte hasta el año 1013, cuando acompañó a Fujiwara no Shōshi en su retiro. El lugar elegido fue precisamente Biwa, donde la leyenda dice que se fraguó la inspiración para el Genji Monogatari. Parece ser que falleció al año siguiente, cuando ella tenía cuarenta y uno, según se deduce del precipitado viaje que hizo entonces su padre a Kioto -donde fue enterrada- y el posterior ingreso de éste en un monasterio budista (deprimido porque poco antes había muerto otro de sus hijos), pero hay quien opina que pudo vivir al menos hasta 1025.


Fuentes

La novela de Genji (Murasaki Shikibu)/Murasaki Shikibu: The Tale of Genji (Richard Bowring)/The Tale of Genji: A visual companion (Melissa McCormick)/Heroic with grace: Legendary women of Japan (Chieko Irie Mulhern)/Japanese women writers: a bio-critical sourcebook (Chieko Irie Mulhern)/A study guide for Lady Murasaki Shikibu’s «The Tale of Genji» (Gale, Cengage Learning)/Wikipedia