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Cuando un estoico, un peripatético y un escéptico fueron enviados a Roma en 155 a.C. y el Senado entró en pánico

El senado romano en un cuadro de Hans Werner Schmidt (1912) / foto dominio público en Flickr

La historia comienza en Oropo, una ciudad situada en la frontera entre el Ática y Beocia, en la costa por donde desemboca el río Asopo, objeto de frecuentes disputas entre ambas y que a lo largo de los años cambiaría varias veces de manos (hoy la moderna Oropo se halla a 3,2 kilómetros de la costa, denominándose Skála el lugar donde estaba la antigua).

Por ello las fuentes son confusas. Estrabón afirma que se trata de una ciudad beocia (cuya capital era Tebas), mientras que Livio, Pausanias y Plinio el Viejo dicen que era ateniense. Además parece que los atenienses le cambiaban el nombre, cuando estaba en su poder, por el de Graea, algo que confirma Aristóteles.

Situación de Oropo, al norte del Ática en la actualidad, en Google Maps

En cualquier caso, en el año 157 a.C. Oropo (o Graea) pertenecía a Atenas. Grecia llevaba mucho tiempo enzarzada en las guerras macedónicas, la tercera había finalizado una década atrás con la victoria romana y la división de Macedonia en cuatro repúblicas nominalmente independientes. Prácticamente toda la hélade se encontraba empobrecida y sometida a Roma.

En este contexto la pobreza y el hambre llevaron a los atenienses, según relata Pausanias, a saquear Oropo.

el pueblo de Atenas, más por necesidad que por voluntad, saqueó Oropo, que era súbdita suya, pues los atenienses entonces habían llegado a extrema pobreza por haber sido los más oprimidos de todos los griegos por los macedonios en la guerra

Pausanias, Descripción de Grecia VII.11.4
Ruinas del amfiareo de Oropo / foto O Petros en Flickr

Tebanos y beocios protestaron ante el Senado romano el extraño comportamiento de los atenienses, y este ordenó a los sicionios (de la ciudad de Sición, al norte del Peloponeso) que investigasen el asunto. Los de Atenas no se presentaron al juicio, así que les fue impuesta una multa de 500 talentos.

Entonces los de Oropo acudieron al Senado romano, y como estimaron que habían sufrido injusticia, el Senado encargó a los sicionios que impusieran una multa a los atenienses proporcionada al daño que habían causado a los de Oropo. Así pues, los sicionios, como los atenienses no llegaron a tiempo para el juicio, les impusieron una multa de quinientos talentos

Pausanias, Descripción de Grecia VII.11.4-5

Los 500 talentos equivalían aproximadamente a unas 13 toneladas de plata, una cantidad desorbitada en aquellos momentos (aunque Atenas poseía las famosas minas de este mineral en Lavrio). Por ello los atenienses decidieron enviar en 155 a.C. una comisión de tres embajadores a Roma, para pedir al Senado que les perdonase la multa.

Diógenes de Babilonia / foto dominio público en Wikimedia Commons

Los elegidos fueron tres filósofos: Diógenes de Babilonia, Critolao y Carnéades. Su misión era convencer al senado romano de cancelar la multa e invalidar el veredicto de los sicionios.

Diógenes había nacido en Seleucia pero se había educado en Atenas, donde dirigía la escuela estoica, y además había sido maestro de dialéctica de Carnéades. Critolao era el director del Liceo, la escuela fundada por Aristóteles en 336 a.C., y por tanto un peripatético (nombre dado a los seguidores de las enseñanzas aristotélicas). Carnéades, un escéptico enemigo de todo dogmatismo, procedía de Cirene y dirigía la Academia fundada por Platón. Eran, por tanto, los más sabios de los sabios atenienses del momento.

Durante su estancia en Roma los tres atrajeron gran atención con sus discursos sobre temas filosóficos, que pronunciaron en sus casas, en lugares públicos y en el Senado.

Busto de Carnéades / foto Sailko en Wikimedia Commons

Los tres filósofos fueron: Carnéades, un académico; Diógenes, un estoico; y Critolao, un peripatético. Se informa que, para mostrar su elocuencia, hablaron por separado en los lugares más frecuentados de la ciudad, en presencia de un gran concurso de personas. La elocuencia de Carneades fue, según se dice, rápida y ardiente; la de Critolao, sutil y discreta; la de Diógenes, simple y severa. Pero; presentado en el senado, tuvieron que tomar como intérprete al senador Coelio

Macrobio, Saturnales I.5

William Smith, en su famoso diccionario de biografías clásicas dice que tanto los jóvenes como los hombres más ilustres del estado, entre los que se encontraban Escipión el Africano, Lelio, Furio y otros, vinieron a escuchar sus discursos.

Con su capacidad de convicción los filósofos lograron que los romanos redujeran la sanción a 100 talentos (unas 2 toneladas y media de plata), aunque nunca llegarían a pagarla.

pero el Senado romano, a petición de los atenienses, les perdonó la multa, con excepción de cien talentos. Con todo, ni siquiera esto pagaron los atenienses, sino que atrayéndoselos con promesas y regalos los indujeron a acordar que entrase una guarnición de atenienses en Oropo y tomasen los atenienses rehenes de los de Oropo

Pausanias, Descripción de Grecia VII.11.5

Luego de haber cumplido su misión, decidieron quedarse un poco más en Roma, donde sus enseñanzas eran muy apreciadas e incluso se les requería en el Senado en ocasiones para pronunciar discursos.

La escuela peripatética de Aristóteles, fresco de Gustav Adolph Spangenberg (1885) / foto dominio público en Wikimedia Commons

En cierta ocasión en que invitaron a Carnéades a hablar en el Senado realizó una encendida defensa de la virtud de la justicia romana. Aquel discursó agradó sobremanera a los senadores, y especialmente a Catón el Viejo, para quien la justicia y la virtud eran los valores principales de todo romano.

Pero al día siguiente Carnéades volvió a pronunciar otro discurso en el Senado, esta vez refutando todo lo que había dicho el día anterior e intentando convencer a los estupefactos senadores de que la justicia era algo problemático, tenía poco que ver con la virtud y era algo artificial necesario solo para mantener el orden.

Los senadores, al principio, se quedaron de piedra. Luego Catón estalló en gritos contra Carnéades y al instante todos los demás entraron en pánico. No podían dejar que aquel argumento saliese de los muros de la curia. Era tan potencialmente peligroso que, si la juventud romana se exponía a él, podía comenzar a reexaminar el resto de doctrinas romanas.

Supuesto busto de Catón el Viejo / foto dominio público en Wikimedia Commons

Así que inmediatamente sacaron a Carnéades de allí y embarcaron a los tres filósofos en un navío con destino a Atenas, con el mensaje de no regresar jamás. Algo que Catón ya tenía en mente hacía tiempo, según nos cuenta Plutarco.

pero Catón, a quien desde el principio había sido poco grato el que fuese cundiendo en la ciudad la admiración de la elocuencia, por temor de que los jóvenes, convirtiendo a ella su afición, prefiriesen la gloria de hablar bien a la de las obras y hechos militares, cuando llegó a tan alto punto en la ciudad la fama de aquellos filósofos y se enteró de sus primeros discursos que a solicitud e instancia suya tradujo ante el Senado Gayo Acilio, varón muy respetable, tomó ya la resolución de hacer que con decoro fueran todos los filósofos despedidos de la ciudad

Plutarco, Vida de Marco Catón XXII

Aunque según Plutarco, Catón no tenía nada personal en contra de Carnéades, simplemente es que no le gustaba la filosofía.

No lo hizo esto, como algunos han creído, porque estuviese mal individualmente con Carnéades, sino por ser opuesto en general a la filosofía, y por desdeñar con orgullo y soberbia toda instrucción y enseñanza griega

Plutarco, Vida de Marco Catón XXIII

Pero, ¿qué fue lo que dijo concretamente Carnéades en el Senado para que se armara tan gran alboroto y molestara tanto a Catón y el resto de senadores? Como ya hemos visto, Carnéades predicaba una perniciosa doctrina de una conveniencia distinta de la justicia. Y no solo eso, ilustraba su doctrina tocando un tema peligroso y delicado: el ejemplo de la propia Roma.

Si Roma fuera despojada de todo lo que no ha ganado justamente, los romanos podrían volver a sus chozas

Carnéades (en el Senado romano)

Fuentes

A History of Greece, from the earliest times to the destruction of Corinth (Leonhard Schmitz) / A Dictionary of Greek and Roman biography and mythology (William Smith, Ed.) / Descripción de Grecia (Pausanias) / Saturnales (Macrobio) / Vida de Marco Catón (Plutarco) / Wikipedia.