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Las últimas palabras del Oráculo de Delfos

Reconstrucción del santuario de Apolo en Delfos, según Albert Tournaire; Museo Arqueológico de Delfos / foto dominio público en Wikimedia Commons

De todos los oráculos del mundo griego antiguo el de Delfos era sin duda el más importante. Muchos que consultaban los oráculos de Didima, Dodona, Olimpia, Claros, Efira o Delos, pedían una segunda opinión en Delfos, si se lo podían permitir. Aun así, no era el más antiguo, honor que recaía en el de Dodona, mencionado ya por Homero en la Ilíada y la Odisea, aunque sí uno de los más ricos.

Principales santuarios y oráculos del mundo griego antiguo / foto Rowanwindwhistler en Wikimedia Commons

La profetisa del templo de Apolo en Delfos, la Pitia, sentada sobre un trípode dispuesto sobre la grieta de la que emanaban los gases que la hacían entrar en trance, devolvía a los consultantes el oráculo del dios, que hablaba a través de ella. Solían ser mensajes enigmáticos y sujetos a diferentes interpretaciones. Como dice Plutarco:

El señor cuyo oráculo está en Delfos no dice ni oculta, sino indica por medio de signos

Plutarco, De Pythiae oraculis 404d-e
La Pitia, cuadro de Jacek Malczewski (1917) / foto dominio público en Wikimedia Commons

La Pitia y sus profecías no eran infalibles y los griegos lo sabían. Sus revelaciones no eran consideradas verdades objetivas, y por eso se consultaban varios oráculos.

Situado junto al monte Parnaso en la Fócida, sobre cuya ladera meridional se extiende, el santuario de Delfos se fundó hacia 750 a.C. y existen evidencias de que en fecha tan tardía como 424 d.C. todavía mantenía cierta actividad, cuando ya el oráculo había desaparecido y el mundo griego era esencialmente cristiano. Aproximadamente 1.100 años de existencia.

Durante buena parte de ese tiempo el oráculo influyó, con sus predicciones y profecías, sobre la vida política y religiosa, primero de Grecia y luego del mundo romano. Todo tipo de gentes acudían a consultar a la Pitia, desde grandes reyes hasta campesinos, siempre que pudieran pagar las tasas.

De las respuestas ofrecidas por la Pitia a lo largo de toda la historia del oráculo han sobrevivido muchas, más de 500 recogidas por las fuentes antiguas, aunque saber cuantas de todas ellas son auténticas resulta complicado. En cualquier caso, se conservaron por su importancia histórica, o por ser especialmente notables literariamente.

Templo de Apolo en Delfos, donde la Pitia ofrecía sus oráculos / foto Laslovarga en Wikimedia Commons

Es especialmente famoso el episodio acaecido en 560 a.C., cuando el rey Creso de Lidia mandó consultar a los principales oráculos de Grecia, todos al mismo tiempo, para ver cual era más fiable. Envió emisarios a todos ellos con la orden de preguntar, el mismo día y a la misma hora, qué estaba haciendo el propio Creso en ese momento. Delfos respondió que el rey estaba haciendo un guiso de cordero y tortuga, y acertó.

Antes de marchar, dio a sus comisionados estas instrucciones: que contasen bien los días, desde que saliesen de Sardes y a los 100 días consultasen el oráculo en estos términos: «¿En qué se está ocupando en este momento el rey de los lidios, Creso, hijo de Aliates?» y que le trajesen la respuesta de cada oráculo por escrito. No sabemos lo que respondieron los demás oráculos, pero en Delfos, tras entrar los lidios en el templo y preguntar lo que se les había mandado, respondió la Pitia con estos versos: “Sé del mar la medida, y de su arena / el número contar. No hay sordo alguno / a quien no entienda; y oigo al que no habla. / Percibo el olor que despide / la tortuga cocida en vasija / de bronce, con la carne de cordero, /con bronce abajo y bronce arriba.”

Heródoto, Historia I-XLVII

Así que Creso volvió a consultarle (pero al mismo tiempo también a otro oráculo, por si acaso) si debía atacar a Persia. La respuesta fue que si lo hacía, destruiría un imperio.

Los lidios encargados de llevar a los templos estos dones, recibieron orden de Creso para hacer a los oráculos la siguiente pregunta: «Creso, monarca de los lidios y de otras naciones, bien seguro de que son solos vuestros oráculos los que hay en el mundo verídicos, os ofrece estas dádivas, debidas a vuestra divinidad y numen profético, y os pregunta de nuevo, si será bien emprender la guerra contra los persas, y juntar para ella algún ejército confederado.» Ambos oráculos convinieron en una misma respuesta, que fue la de pronosticar a Creso, que si movía sus tropas contra los persas acabaría con un grande imperio; y le aconsejaron, que informado primero de cuál pueblo entre los griegos fuese el más poderoso, hiciese con él un tratado de alianza.

Heródoto, Historia I-LIII

Por supuesto, el imperio que destruyó fue el suyo propio.

Otra vista del templo de Apolo en Delfos / foto OACG en Wikimedia Commons

La ocupación romana supondría el inicio del declive del santuario. El escritor Plutarco que fue durante los últimos 30 años de su vida (vivió entre 46 y 127 d.C.) administrador de la anfictionía y sacerdote principal del templo (en la práctica el encargado del santuario y responsable de interpretar los augurios de la Pitia) habla de la sensación de abandono que le produce Delfos. En su época la Pitia incluso había dejado de dar sus respuestas en verso y lo hacía ahora en prosa. La influencia política del oráculo había desaparecido ya casi por completo.

La puntilla fue la llegada de una nueva religión, el cristianismo. A medida que se iba imponiendo en el mundo grecorromano cada vez menos gente acudía a los oráculos, de modo que fueron poco a poco desapareciendo, silenciándose. Los escritores cristianos de la Antigüedad quisieron desacreditar tanto al oráculo como a la Pitia, a la que frecuentemente presentan como una mujer poseída por el demonio. No obstante la anfictionía seguía funcionando y organizando los Juegos Píticos, que se habían celebrado primero cada 8 años, y luego cada 4 alternándose con los Juegos Olímpicos. Hay leyes (Cod. Theodosianus 15.5.4) que aluden a los Juegos Píticos en fecha tan tardía como 424 d.C. lo que significaría que se seguían celebrando.

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios, cuadro de Edward Armitage (1875) / foto dominio público en Wikimedia Commons

El emperador Juliano II, apodado por los cristianos el apóstata, que reinó entre 361 y 363 d.C. quiso restaurar y reavivar la antigua religión pagana e impedir la expansión del cristianismo. Para ello qué mejor que consultar al oráculo de Delfos. En el año 362 d.C. envió a Oribasio con la misión de consultar a la Pitia al respecto, y la respuesta que obtuvo se considera como las últimas palabras del oráculo de Delfos:

Dile al emperador que nuestro salón esculpido se está cayendo en ruinas. Febo (Apolo) ya no tiene techo sobre su cabeza ni ventana desde la que profetizar. La fuente ya no habla, el arroyo se ha secado, el que tanto tenía que decir.

El oráculo fue preservado en la Historia eclesiástica de Filostorgio el Arriano, que murió hacia 439 d.C. Su obra no ha llegado hasta nuestros días, pero Focio la revisó en su Myriobiblion en el siglo IX y escribió un epítome de su contenido que si ha sobrevivido.

Según los eruditos cristianos aquello quería decir, simplemente, no te molestes, Apolo ha muerto. Durante mucho tiempo se pensó que estas palabras no eran más que un invento destinado a poner en evidencia a Juliano. Actualmente muchos estudiosos piensan que, si fueran auténticas, podrían interpretarse de otra manera: como una petición de ayuda.

Vista del templo de Apolo desde el Teatro de Delfos / foto HerrAdams en Wikimedia Commons

De hecho, el cronista bizantino Jorge Cedreno, que vivió en el siglo XI, escribió que Juliano envió a Oribasio a Delfos para organizar la reconstrucción del templo. Así, la respuesta del oráculo serviría para confirmar al emperador la necesidad de poner en marcha ese programa de reconstrucción, debido al mal estado del templo y el santuario.

En algunos sitios se citan como últimas palabras del oráculo de Delfos todo ha terminado, haciéndolas coincidir en el año 393 d.C. con el decreto de Teodosio que cerraba definitivamente los templos paganos y prohibía los Juegos Olímpicos. Se suele citar como fuente un libro escrito en 1892 por Gilbert E.A. Grindle titulado The destruction of paganism in the Roman Empire from Constantine to Justinian. Sin embargo, hemos revisado dos de las versiones del libro que se pueden consultar online, y no hemos hallado rastro de tales palabras.

No obstante, hay que reconocer que habrían sido un gran final.


Fuentes

El oráculo de Delfos en la historia de Atenas según Plutarco de Queronea (Ricardo Martínez Lacy) / Obras morales y de costumbres (Moralia) VI: Isis y Osiris. Diálogos Píticos (Plutarco) / The Enigma of the Last Oracle (John Vanderspoel) / The last advice from the Oracle of Delphi / The last oracle of Delphi (Roger Pearse) / The destruction of paganism in the Roman Empire from Constantine to Justinian (Gilbert E.A. Grindle) versión 1versión 2 / Wikipedia.