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Arqueología

Las tablillas de Bath, con las que los romanos traspasaban a la diosa sus objetos robados para que se ocupase de recuperarlos

Baños romanos de Bath / foto Diliff en Wikimedia Commons

Aquí hemos visto las de Tutankamón, Tamerlán y Jacques de Molay, que junto a la de Moctezuma (aunque ésta sea de otra naturaleza), son las maldiciones de leyenda más famosas de la Historia. Pero es que en otros tiempos se hizo bastante común recurrir a esas imprecaciones y deseos malignos; en la antigua Roma, por ejemplo, solían ponerse por escrito en lo que se denominan defixionis tabella, es decir, tablillas de maldición. La mayoría estaban hechas de plomo y lo mismo podían ser conjuros que fórmulas religiosas o funerarias. En la localidad inglesa de Bath se encontró una cantidad extraordinaria.

Una de las tablillas de maldición de Bath/Imagen: Mike Peel en Wikimedia Commons

Bath es una ciudad del condado de Sommerset que está asomada al Canal de Bristol, la lengua de mar que separa Inglaterra del sur de Gales. La fundaron los romanos en el año 43 d.C. con el nombre de Aquae Sulis, en alusión a la diosa acuatica britana que presidía el santuario celta anterior y que los invasores asimilaron sincréticamente a Minerva. Allí había un manantial sagrado de aguas termales sobre el que se construyeron unas termas y un templo a las que más tarde, hacia el siglo III, se añadieron unas murallas perimetrales. Los baños decayeron con el tiempo hasta que doscientos años más tarde, con el abandono definitivo de Britania por los romanos, quedaron en ruinas y cubiertos por sucesivas acumulaciones de sedimentos.

Entre 1978 y 1983 se llevaron a cabo varias campañas de excavaciones bajo la dirección de los arqueólogos Sir Barrington Windsor Cunliffe y Peter Davenport que llevarían a que el conjunto pasase a formar parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, además de convertir el lugar en un atractivo turístico que incluye un spa y las visitas al sitio para ver las estructuras arquitectónicas romanas que se reparten por la ciudad (aparte de las posteriores sajonas, normandas, Tudor y demás). Por supuesto, también hay un museo donde se exhiben las piezas encontradas.

La cabeza de bronce de Sulis-Minerva hallada en Bath / Imagen: Hchc2009 en Wikimedia Commons

En el museo de Bath, que está justo donde las termas, se pueden ver las espectaculares estructuras del caldarium, el tepidarium y el frigidarium, así como el hipocaustum, las columnas corintias estriadas que sujetaban un friso y un frontón decorado con una polémica faz masculina (para unos, una gorgona; para otros, el dios Océano o la divinidad solar celta), una cabeza femenina de bronce identificada con Sulis-Minerva y un extraordinario conjunto de denarios (doce mil) que constituye la colección de monedas votivas más grande de Gran bretaña.

Pero lo que nos interesa aquí es otra colección encontrada también en Bath: la formada por 130 tablillas de maldición, cuya cronología se extiende a lo largo de dos siglos, desde el II hasta el IV. Aparecieron bajo el citado Manantial Sagrado y presentaban un estado de conservación diverso, estando algunas en buen estado mientras que de otras apenas quedaban fragmentos. Como es habitual en ese tipo de piezas, son de plomo aleado con estaño y ocasionales trazas de cobre, formando delgadas láminas rectangulares tan flexibles que una vez hecha la inscripción se podían enrollar, doblar o incluso clavar en una pared.

Tablilla con maldición sobre el robo de una túnica y una capa / Imagen: Mike Peel en Wikimedia Commons

Como se puede deducir, en las defixionis tabella se inscribían peticiones a los dioses que, generalmente, solían ser de venganza; o maldiciones, como indica su nombre, aunque en otros sitios las hay de carácter amoroso o mágico (videncia). El hecho de que en Bath hubiera unas termas hace que todas menos una contengan mensajes relacionados con el uso de las instalaciones. Se trata de oraciones para que las divinidades castiguen a quien ha robado objetos de valor en los vestuarios: joyas, dinero en metálico o incluso la ropa misma, pues llevarse una túnica nueva y dejar la vieja era todo un clásico. Eso resulta especialmente significativo porque la mayor parte de los damnificados eran de clase baja.

En el caso de Bath, casi todas las inscripciones siguen la misma fórmula, lo que hace suponer que había un modelo: la propiedad robada se traspasa a la deidad, de modo que ésta pasa a ser la víctima, toda una profanación; le sigue el nombre del sospechoso acompañado -aunque no necesariamente- del invocante; y se pide que el ladrón sea obligado a devolver el botín, dejando en manos del dios (o más bien de la diosa, ya que se trataba de Sulis-Minerva) la decisión final sobre si castigarle o no. Unos ejemplos típicos podrían ser:

«Le he dado a la diosa Sulis las seis monedas de plata que he perdido. Es para que la diosa se las exija a los nombres escritos a continuación: Seniciano y Saturnino y Anniola».

«Docimedio ha perdido dos guantes y pide que el ladrón responsable pierda la cabeza y los ojos en el templo de la diosa».

Una de las tablillas escrita en lengua celta / Imagen: Mike Peel en Wikimedia Commons

La mayoría de las tablillas están en el latín coloquial que hablaba la población romano-britana. Dos fueron escritas en una lengua que se cree que es la céltica de Britania, lo que las convertiría en piezas únicas, si bien no han podido ser traducidas (el arqueólogo Roger Simon Ouin Tomlin publicó en 1988 una traducción de la colección bajo el título Tabellae Sulis: Roman Inscribed Tablets of Tin and Lead from the Sacred Spring at Bath).

No todas las tablillas resultan fáciles de interpretar con exactitud, no sólo por el estado de algunas o las dificultades de las abreviaturas latinas, sino también porque las hay que no presentan una escritura real sino una imitación: unos signos que tratarían de imitar las letras pero por mera copia, sin formar palabras, lo que se debería al analfabetismo propio de la condición social humilde que decíamos. De hecho, algunas incluso están en blanco; Sulis sabría qué querían decir.


Fuentes: The end of Roman Bath (Current Archeology) / Curse tablets and binding spells from the Ancient World (John G. Gager) / Curse tablets of Roman Britain (CSAD)/ The Roman Baths Museum-Bath / Wikipedia