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Cuando el general romano Sila taló los árboles centenarios de la Academia de Platón

Edificio actual de la Academia / foto Vasilios Gavrilis en Wikimedia Commons

Cuando el general romano Sila tomó Atenas en el año 86 a.C. obtuvo un premio fantástico: la biblioteca de Aristóteles. Efectivamente, buena parte de la biblioteca del famoso filósofo había sido llevada de vuelta a Atenas por Apelicón, quien la había comprado en muy mal estado y se dedicó a restaurarla, no con demasiado tacto. Los soldados romanos, al entrar en la ciudad el 1 de marzo de aquel 86 a.C., encontraron a Apelicón escondido en su biblioteca, dieron cuenta de él y avisaron a Sila de su hallazgo. Éste ordeno cargar los libros en un barco para transportarlos a su villa de Roma.

Posible busto de Sila, en la New Carlsberg Glyptotek de Copenhague / foto Sergey Sosnovskiy en Wikimedia Commons

La biblioteca contenía obras tanto propias de Aristóteles, como ajenas, entre ellas posiblemente las obras de los más famosos filósofos griegos como Tales de Mileto, Pitágoras, Heráclito, y por supuesto las de su maestro Platón. Apelicón, que había comandado una expedición ateniense para intentar arrebatar Delos a los romanos (sin éxito) fue así víctima de la venganza de Sila quien, según algunos, iba ya tras su famosa y nutrida biblioteca filosófica.

Sila había sido enviado a contrarrestar la expansión del rey Mitrídates VI del Ponto, que había colocado a Aristión como tirano de Atenas, en el curso de la Primera Guerra Mitridática. Como Aristión había seguido una política de tierra quemada para defenderse del asedio romano, Sila no encontró con que construir sus máquinas de asalto a la Acrópolis donde resistía Aristión. Así que ordenó talar todos los árboles en 150 kilómetros a la redonda para obtener madera, incluyendo los bosques sagrados, y así quedó el Ática arrasada.

Plano de Atenas de Jean-Denis Barbié du Bocage, con la localización de la Academia y el Liceo / foto dominio público en Wikimedia Commons

Entre los árboles que taló estaban los centenarios de la Academia de Platón, bajo cuya sombra se pasearon y filosofaron tantos pensadores de renombre. Fundada exactamente 300 años antes en los jardines de Academo, estaba situada aproximadamente a 1 kilómetro al noroeste de Atenas, saliendo por la puerta Dípilon (doble) de la muralla y en el camino hacia Eleusis.

Sila destruyó la Academia, que no sería refundada hasta más de 490 años después, en el año 410 d.C., solo para ser clausurada definitivamente por Justiniano en 529. No solo eso, según Plutarco, Sila también destruyó el Liceo de Aristóteles, que estaba al este, y más cerca de las murallas que la Academia:

Faltóle la madera, quebrantándose muchas de las piezas por su propio peso, y siendo frecuentemente incendiadas otras por los enemigos, y acudió por fin a los bosques sagrados, despojando la Academia, que de todos los alrededores de Atenas era el más poblado de árboles, y el Liceo

Plutarco, Vida de Sila XI
Entrada al yacimiento arqueológico de la Academia de Platón / foto Tomisti en Wikimedia Commons

Y como necesitaba dinero, tomó todo el oro y la plata que quiso de templos y santuarios por toda Grecia, y con ello acuño moneda. Estas monedas de Sila permanecerían en circulación durante siglos, tan alta era su calidad.

Dice Pausanias en su Descripción de Grecia cuando habla del Odeón de Pericles a los pies de la Acrópolis:

Cerca del santuario de Dioniso y del teatro hay una construcción que se dice que fue hecha a imitación de la tienda de Jerjes. Fue hecha por segunda vez, pues la antigua la incendió el general romano Sila cuando tomó Atenas

Pausanias, Descripción de Grecia I-20.3

No obstante, otras fuentes dicen que fue el propio Aristión quien le prendió fuego, para evitar que Sila utilizase la madera de la construcción. Y es que el Odeón había sido diseñado para imitar la tienda de Jerjes, como conmemoración de las Guerras Médicas.

Esta visión de Sila como destructor de obras de arte y opuesto a todo aquello que tuviera que ver con la filosofía, se atenuaría después en la obra de otros autores como Cicerón o Estrabón, que suelen pasar por alto los hechos descritos por Plutarco.

Recinto arqueológico de la Academia de Platón / foto Tomisti en Wikimedia Commons

Sin embargo, una frase sobre Sila, posiblemente del retórico Claudio Eliano, quedó para la posteridad como una broma muy celebrada tanto en la antigüedad como en tiempos posteriores: ¿qué tienen en común un delfín y un buey, dicen, y qué Sila y los filósofos?. En ambos casos la respuesta correcta es no mucho.


Fuentes: Vida de Sila (Plutarco) / Sulla: Politics and Reception (Alexandra Eckert, Alexander Thein, eds.) / Higher Education in the Ancient World (M.L.Clarke) / Wikipedia.