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Liternum, la ciudad donde está la tumba de Escipión el Africano


No cabe duda de que los dos sitios arqueológicos más importantes y famosos de la región italiana de Campania son Pompeya y Herculano, las dos ciudades sepultadas por el flujo piroclástico del Vesubio. Sin embargo, hay una tercera urbe en ruinas muy cerca, al norte de Nápoles, que no fue alcanzada por la erupción sino que se abandonó en la Edad Media y que tiene un indudable interés porque allí descansan los restos de Escipión el Africano, el general que derrotó a Aníbal Barca en la Segunda Guerra Púnica. El lugar se llama Liternum.

Liternum se ubica exactamente en el municipio de Giugliano de Campania, que forma parte del área metropolitana de Nápoles y, para concretar más, se encuentra en la orilla sur del lago Patria. Éste consiste en una pequeña masa de agua de dos kilómetros cuadrados y metro y medio de profundidad media, alimentado por diversas fuentes -entre ellas un canal que lo comunica con el mar, de ahí que su agua sea salada-, aunque en la Antigüedad lo hacía el río Clanio, que desemboca en el Tirreno allí mismo. Por entonces, al lago se lo conocía con el nombre de Literna Palus y se extendía un poco más hacia el norte mediante una amplia zona pantanosa.

Localización de Liternum (en rojo) y el lago Patria, al noroeste de la bahía de Nápoles y el Vesubio/Imagen: Google Maps

Si bien consta que la zona estuvo habitada desde la prehistoria, a principios del primer milenio se asentaron allí los oscos, pueblo indoeuropeo que probablemente fue el que fundó Pompeya y Herculano, aunque a partir del siglo VII a.C. tuvieron que ceder ante los griegos de Cuma, que establecieron diversas colonias a lo largo de la costa. Luego fueron conquistados por los samnitas y después, tras la batalla de Sentino (en la Tercera Guerra Samnita), por la República Romana, experimentando el consecuente proceso de romanización.

Busto de un sacerdote de Isis tradicionalmente identificado como de Publio Cornelio Escipión Africano / Imagen: Miguel Hermoso Cuesta en Wikimedia Commons

Ahora bien, lo interesante de Liternum es la transformación que experimentó al término de la Segunda Guerra Púnica, tras la capitulación de Cartago y el encumbramiento del hombre que lo hizo posible: Publio Cornelio Escipión, vencedor de Magón Barca, Asdrúbal Giscón, el númida Sifax y, sobre todo, Aníbal, gracias a lo cual se ganó el agnomen de Africano y ser nombrado princeps senatus (primer senador). La contienda terminó en el año 201 a.C. y Escipión continuó su carrera político-militar pero, mientras, los veteranos de su ejército recibieron como premio las tierras de Liternum, que tenía el estatus de colonia romana.

Eso fue en el 194 a.C. pero, a lo largo de los años siguientes, las cosas cambiarían para el héroe de Zama. Inicialmente todo fue bien, persiguiendo a Aníbal hasta el imperio seléucida de Antíoco III el Grande, al que derrotó en la batalla de Magnesia junto con su hermano (que recibió por ello el agnomen de Asiático) en el 190 a.C. Pero en la antigua Roma el éxito solía despertar envidias y recelos. Al regresar, los dos Escipiones fueron acusados de haberse dejado sobornar por el rey derrotado debido a las laxas condiciones que le impusieron y el principal acusador, Catón el Viejo, exigió que hicieran públicas las cuentas de la campaña.

El Africano, indignado, se negó, lo que se tradujo en condena para su hermano. Él lo liberó de su prisión y aunque finalmente se hizo el pago de la sanción dictada, la actitud del Africano sirvió para abrir otro proceso contra él. Entonces abandonó Roma para retirarse a la villa que tenía en Liternum. Nunca regresaría, dedicándose a la agricultura olivarera y a escribir sus memorias mientras sus enemigos renunciaban a continuar con la acusación, quizá conscientes de que le quedaba poco. Efectivamente, falleció en torno al 183 a.C. habiendo indicado explícitamente ser enterrado allí mismo y no en la metrópoli que tanta ingratitud había demostrado.

Reconstrucción del foro de Liternum con el altar sobre la tumba de Escipión / foto Biblus

Lamentablemente, su tumba cayó en el olvido durante mucho tiempo. Tito Livio y Séneca, que vivieron a caballo entre el siglo I a.C. y el I d.C. todavía la consignaron (en Ab urbe condita y Cartas a Lucilio respectivamente), pero a partir de ahí se pierde en la Historia. Y eso que, según el primero, el sepulcro tenía una estatua y todo, además de un epígrafe con unas famosas presuntas palabras del personaje: «Ingrata Patria nec bones quidem mea habes» (Desagradecida patria, ni siquiera tienes mis huesos). Por cierto, una tradición cuenta que mucho después se halló un fragmento de esa lápida en el que sólo se podía leer «…ta Patria nec …» y por eso la gente empezó a llamar Patria al lago.

La Via Domitiana a su paso bajo el Arco Felice, en Pozzuoli / Imagen: Rjdeadly en Wikimedia Commons

Posteriormente a Escipión, Liternum vivió dos períodos de esplendor: el primero fue durante el reinado de Augusto y el segundo desde finales del siglo I d.C. a principios del II d.C. Ese desarrollo se debió a la Via Domitiana, una calzada construida por el emperador Domiciano en el 95 d.C. para conectar el puerto de Puteoli (actual Pozzuoli) con el resto del imperio; el tramo que iba del puerto a Sinuessa (actual Mondragone), donde enlazaba con la Vía Apia, medía unos cuarenta y nueve kilómetros y pasaba por Liternum, lo que le permitía participar de la red de comercio de pescado, los perfumes, la cerámica y, sobre todo, el vidrio que se fabricaba con la fina arena de esa parte del litoral.

En esa etapa, la ciudad llegó incluso a ser sede episcopal pero una serie de inundaciones y las invasiones bárbaras que empezaron a solar la península itálica hicieron que, del siglo IV d.C. en adelante, la gente tendiese a abandonar el lugar para concentrarse en la vecina Lilianum (Giugliano de Campania), otro núcleo urbano fundado por los griegos. Liternum quedó abandonada y en el Medievo ya únicamente vivía allí una comunidad benedictina.

El sitio fue redescubierto en el siglo XIX, al encontrarse algunas lápidas, lo que en 1930 incentivó a los arqueólogos a excavar en busca de la tumba de Escipión; no está claro si tuvieron suerte. Hoy en día constituye el centro de un parque arqueológico que, a su vez, está integrado en la reserva natural regional de Foce Volturno-Costa di Licola, un área protegida de 1.540 hectáreas de las que 85.000 metros cuadrados son las ruinas históricas que comenzaron a salir a la luz en 1932.

Vista aérea de las ruinas arqueológicas de Liternum / Imagen: MiBACT

Esos restos, en bastante mal estado, incluyen foro (rectangular, se supone que bajo el pavimento reposa Escipión), capitolio (del siglo II d.C. y con un templo dedicado a la tríada Júpiter, Juno y Minerva), basílica (de tiempos de Sila), teatro (de época Antonina, con aforo para un millar de espectadores), murallas, cisterna, termas, anfiteatro, necrópolis (del período imperial) y un ara que se colocó en el sitio donde se supone que está inhumado el general romano, en el foro, frente a las tabernae (tiendas).

Desde 2016, el conjunto ha sido incorporado al Parque Arqueológico del Campi Flegrei y se puede visitar.

Plano del Parque Arqueológico de Liternum con las principales estructuras; el anfiteatro y la necrópolis se encuentran extramuros / Imagen: Biblus

Fuentes: Historia de Roma desde su fundación (Tito Livio)/Cartas a Lucilio-Epístolas escogidas (Séneca)/Historias (Polibio)/Liternum (Giuseppe Camodeca en Supplementa Italica)/Ministero per i Beni e le Attività Culturali e per il turismo/Sito Archeologico di Liternum/Biblus/Wikipedia