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Historia

Hwarang, el grupo de guerreros de élite coreanos integrado originalmente sólo por mujeres


En 2016, se estrenó una serie coreana titulada Hwarang. The beginning que a pesar de ser un fracaso y aguantar sólo un año en emisión, recuperó la memoria histórica de un curioso episodio del pasado de Corea: la del grupo de jóvenes que le da título, que significa «Guerreros de Flor» en alusión a su juventud y su carácter de fuerza de élite, siendo sus integrantes famosos por la extrema belleza de que hacían gala.

Los Tres Reinos de Corea a finales del siglo IV d.C. / Imagen: KLS615 en Wikimedia Commons

Hay que remontarse al llamado Samguk o período de los Tres Reinos, en el que la península coreana y su continuación territorial por parte de Manchuria estaba dividida en tres estados denominados Silla, Koguryŏ (o Goguryeo, del que deviene Corea) y Baekje. La cronología lo data entre los siglos IV y VII d.C., aunque remonta sus orígenes al año 57 a.C., cuando el reino de Saro (que luego sería el de Silla), logró separarse de autoridad de la China de los Han a la par que empezaba a constituirse Koguryŏ, segregándose también de los chinos dos décadas después que el otro. El tercer reino, Baekje, aparecería en el 18 a.C. pero los tres empezaron a tener consistencia de estados propiamente dichos tres centurias más tarde.

A ellos se sumarían otros reinos menores, tribales (Dongye, Gaya, Okchŏ, Puyŏ, Usan y Tamna. En cualquier caso, se trataban todos de reinos muy similares, heredando buena parte de su legado cultural de China aunque recibiendo a partir de entonces la influencia decisiva del budismo, recién llegado pero rápidamente extendido y arraigado en el pueblo. Ese mosaico terminaría en el año 668, con la conquista de Koguryŏ por Silla -antes lo había hecho con Baekje- y dando el paso determinante para la unificación de Corea.

Ése fue el contexto en el que surgieron los Hwarang. Concretamente, lo hicieron en Silla, según revelan las fuentes documentales. Se trata del Samguk Sagi (una recopilación de crónicas escritas en chino que terminó en 1115 el funcionario e historiador Kim Busik por orden del rey Injong de Goryeo), el Samguk Yusa (antología de cuentos y leyendas coreanas, además de relatos históricos, también en chino, compilados en torno al 1285) y Haedong Goseungjeon (colección de hagiografías de monjes budistas que hizo el también monje Gakhun por orden del rey Goryeo Gojon en 1215).

Un ejemplar del Samguk Sagi / Imagen: 문화 재청 (공공 누리 제 1 유형) en Wikimedia Commons

Esas tres obras se basan, según sus propias referencias, en otras hoy perdidas, entre las que cabe señalar la crónica Xinluo guoji, otra recopilación titulada Hwarang Segi (escrita en el siglo VIII por el historiador Kim Dae-mun) y una estela conmemorativa que el filósofo Choe Chiwon (destacado poeta y funcionario imperial que abandonó el confucianismo por el budismo) erigió en honor de Nallang, personaje desconocido que por la etimología de su nombre se deduce que era un hwarang.

¿Y qué es lo que cuentan todos esos escritos en lo que se refiere al tema que tratamos? Lo primero es reseñar la tradición -se ignora si real o legendaria- de las Wonhwa. Se trataba de una clase de mujeres -la palabra significa «Flores originales»- que el rey Jinheung de Silla creó en el siglo VI, formando dos grupos compuestos por un total de trescientas jóvenes seleccionadas por su belleza pero también por su destreza. No se sabe qué funciones tenían, aunque sí que se les enseñaba artes y filosofía, lo que ha llevado a deducir que acaso se trataba de damas preparadas para formar parte de la corte. Se ha discutido también su entrenamiento marcial, aunque parece probable que sólo se tratase de un convencionalismo artístico.

Dos wonhwa simulando esgrima en una danza / Imagen: Corea Cultura

Lo que sí parece claro es que desarrollaron cierta rivalidad, lo que llevó a la líder de una de las bandas, Junjeong, a matar a traición a la de otra, Nammo. El monarca, tras mandar ajusticiar a la primera, disolvió a las Wonhwa pero no por ello renunció a su idea. Lo que hizo fue retocarla para que aquel cuerpo de jóvenes beldades pasase a estar compuesto por hombres: los Hwarang. Procedían de las mejores familias y eran elegidos también por su hermosura y habilidad, recurriendo al maquillaje, los cosméticos y los perfumes para realzar la primera, razón por la cual se les apodaba también Hyangdo (algo así como fragantes).

Se trataba, pues, de refinados cortesanos que constituían un grupo de élite educativo y religioso, aunando ese elemento exquisito con otro guerrero que habrían heredado, según la dudosa tradición, de las Wonhwa. En el plano teórico, eran educados en el conocimiento de disciplinas tan diversas como la pintura, el baile, el canto o la historia pero, sobre todo, la filosofía, tanto la budista como la confucianista, la taoísta e incluso el chamanismo (a Nammo y Jungeong se las adscribía a esa mezcla de fe, naturaleza y culto a los antepasados).

Escena cinegética con Hwarang / Imagen: Corea Cultura

Además aprendían equitación, esgrima y otras artes marciales, especialmente el taekkyon coreano o gwonbeop. Esa parte física se revelaría de especial importancia debido al contexto político que les tocó vivir, con Silla inmersa en la campaña de conquistas contra los reinos vecinos y, de hecho, a los Hwarang se atribuye el mérito -seguramente sobredimensionado- de haber rechazado un intento de invasión desde Koguryŏ. Esto es, inicialmente acaso no serían guerreros y fueron las circunstancias las que terminaron por resaltar esa dimensión de sus atribuciones. Con el tiempo ampliaron el espectro de artes bélicas que dominaban, añadiendo el tiro con arco, el lanzamiento de jabalina y piedra, la escalada, etc.

Un joven recreador actual de Hwarang / Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Para el siglo VII, ya no había sólo dos bandas sino cientos, constituyendo un verdadero ejército dentro de otro, en el que sus miembros venían a ser un equivalente al de los caballeros medievales europeos. Hasta tenían su propio escalafón interno y guarniciones en cada provincia. Claro que, para entonces, muchos de ellos habían trascendido el oficio de las armas para pasar a formar parte de los altos cargos funcionariales de la administración e incluso ser nombrados ministros del rey. El general Kim Yushin, el guerrero Hae Ron y otros como Sa Da Ham o Kim Won Sool son algunos de los nombres más célebres.

Adiestrados por monjes budistas -que, como sabemos, armonizan lo espiritual y lo físico- bajo la dirección general de Won Gwang Beop Sa (el más famoso de los suyos, que había pasado una década aprendiendo en China y al regresar enseñaba el budismo Mahayana), los Hwarang usaban como guía teórica una obra de este maestro titulada Los cinco mandamientos para la vida secular, en la que se enunciaban los preceptos por los que debían conducirse: lealtad a su señor, devoción a los padres, confianza entre amigos, nunca retroceder en combate y ser selectivo a la hora de elegir la forma de vida. Otras lecturas básicas eran Las seis artes, Las tres ocupaciones escolares y Los seis caminos de servicio al gobierno.

Se situaban en la parte alta del golpum, que el rey Beopheung había instaurado oficialmente en la primera mitad del siglo VI junto con el budismo como religión estatal. El golpum o rango óseo, cuya cúspide ocupaban el Seonggol y el Jingol (Hueso Sagrado y Hueso Verdadero, la corona y la nobleza respectivamente), era un sistema de castas inspirado en el chino por el cual se determinaba el estatus de una persona en función de su linaje, lo cual tenía amplias repercusiones socioeconómicas porque esa clasificación no sólo determinaba qué papel jugar en la vida pública sino también con quién se podía contraer matrimonio, el tipo y color de ropa que se permitía vestir, las dimensiones de la vivienda, el medio de transporte utilizable, etc.

El golpum o rango óseo coreano / Imagen: Wikimedia Commons

Es posible que los Hwarang llegaran a alcanzar un nivel de consideración semi-religiosa, sobre todo después de que Silla, gracias a su alianza con la dinastía china Tang, consiguiera derrotar a Baekje y Koguryŏ unificando Corea temporalmente, hasta el siglo X. Después, Koguryŏ consiguió sacudirse el yugo Tang y quizá a partir de ahí cambió la perspectiva sobre los Hwarang, cuyo recuerdo se difuminó pasando a ser vistos como una ralea de afeminados a los que se comparaba con los mujari o bailarines, travestis dedicados a la prostitución masculina, tal como se refiere a ellos el Hunmong jahoe del lingüista del siglo XVI Choe Sejin.

No se sabe cuál fue la causa de su desaparición; quizá el hecho de ser ya innecesarios sus servicios guerreros. El término ha sido recuperado en nuestros tiempos y desprovisto de ese carácter despectivo para vincularlo con artes marciales coreanas como el taekwondo o el hwa rang do.


Fuentes: A new history of Korea (Ki-baik Lee)/The Hwarang warriors. Silla’s Flowers Boys (Courtney Lazore en Dartmouth’s The Quarterly)/The Korean tradition of religion, society, and ethics. A comparative and historical self-understanding and looking beyond (Chai-sik Chung)/¿Qué significa ser un Hwarang? (Elena Ayora en Corea Cultura)/¿Quiénes eran los Hwarang? (Centro de Cultura Asiática)/Wikipedia.