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Hua Tao, el médico chino que hizo la primera operación quirúrgica con anestesia hace casi dos milenios

Hua Tao haciendo un de los ejercicios del Wuqinxi / foto 三猎 en Wikimedia Commons

Si preguntamos los nombres de los médicos más famosos de otros tiempos, a buen seguro se citarán Hipócrates, Sinuhé, Galeno, Avicena, Vesalio, Celso o Maimónides, entre otros. Todos tienen en común haber vivido en el mundo mediterráneo, de ahí que resulten más conocidos. En cambio, es una lástima que la lejanía geográfica -aparte de la temporal- releguen a otro que tiene en su currículum haber practicado la primera cirugía con anestesia de la que la Historia tiene constancia: el chino Hua Tuo.

Como suele pasar, los datos biográficos sobre él resultan inciertos, hasta el punto de que se le sitúa en un segmento cronológico tan impreciso como amplio: entre los años 110 y 265 d.C., quedándose muchos con el nacimiento en torno al 145 y el fallecimiento hacia el 208. Eso le hizo contemporáneo de otro famoso médico y farmacólogo chino, el erudito Zhang Zhongjing, y, por tanto, su contexto fue la última etapa de la dinastía Han del Este y el comienzo del período de los Tres Reinos.

Territorios de los señores de la guerra chinos a finales de la dinastía Han/Imagen: SY en Wikimedia Commons

De hecho, las fuentes documentales que existen sobre Hua Tuo son los Registros de los Tres Reinos (una obra compilada en el siglo III por el historiador y político Chen Shou contando la lucha por la supremacía de estados como Cao Wei, Shu Han y Wu del Este) y el Libro de Han Tardío (una recopilación de los hechos de esa época elaborada por el también historiador y político Fan Ye posteriormente, en el siglo V). Estos textos aportan que el futuro médico era natural de Qiao (actual Bozhou), en la provincia interior de Anhui, aunque estudió en otra, Xu (actuales Jiangshu y Shandong).

Hua Tao en un retrato de tiempos de la dinastía Qing/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Asimismo, cuentan que Hua Tuo sintió la vocación médica desde joven, razón por la cual rechazó las ofertas de trabajo que recibió de la administración, llegadas debido a la cultura que había adquirido. No está claro cuál fue su nombre real, ya que el que conocemos es un apodo: Hua significa «magnífico» y Tuo «jorobado«, lo que podría ser una alusión combinatoria de su brillantez y su aspecto físico. De hecho, no fue el único mote que recibió y también consta el de Hua Fu, traducible por «el que aplica«, en referencia a sus medicinas. Para el tratamiento personal y oficial se le llamaba Yuanhua.

Respecto al nombre, hay quien lo relaciona con el término agada, que en sánscrito quiere decir medicina y que suena parecido a Hua Tuo (cuya pronunciación en chino antiguo es ghwa-thā). Ello abriría la posibilidad de que el personaje hubiera estudiado las técnicas médicas del Ayurveda (una práctica sanatoria originaria de la India), acaso con los primeros monjes budistas que empezaban a llegar a China como misioneros en aquel tiempo.

Órganos internos del cuerpo humano en un dibujo atribuido a Hua Tao/Imagen: Wellcomeimages en Wikimedia Commons

No obstante, los Registros de los Tres Reinos le relacionan con el taoísmo, una doctrina creada por Lao Tsé (tradicionalmente en el siglo VI a.C., si bien los historiadores actuales lo sitúan dos más tarde) y que para el II d.C. se fundió con las creencias clásicas chinas, que incluían la medicina tradicional, la adivinación, la magia y la alquimia, todas ellas aplicables hasta entonces para tratar enfermedades. Hua Tuo fue labrándose fama con sus curaciones, basadas en su efectiva farmacología, una evolucionada acupuntura, la fitoterapia, el Wuqinxi (un sistema de ejercicios ideado por él que imitaba los movimientos de los animales) e incluso cierta psicología.

Esto último se cuenta en una de las múltiples historias que circularon sobre sus curaciones milagrosas, aquella en la que provocó a un paciente para que se enfadase cobrándole sin darle receta alguna y entregándole a cambio una carta burlándose de él: el otro, en efecto, se dejó llevar por la ira y entonces escupió varios coágulos, lo que le hizo mejorar. Asimismo, sabía aplicar remedios distintos para síntomas iguales pero con diferentes causas, como hizo tratando el dolor de cabeza y la fiebre de sendos pacientes con un laxante y un compuesto sudorífico respectivamente, dado que al primero le diagnosticó indigestión y al segundo resfriado.

El salto importante lo dio cuando se ocupó de las afecciones del general Chen Deng, un militar y alto funcionario que había alcanzado el puesto de gobernador de Guangling y sufría dolores pectorales e irritación de la piel. El médico le diagnosticó parásitos estomacales por ingestión de pescado crudo y elaboró un vomitivo gracias al cual fueron expulsados varios gusanos, lo que inmediatamente se tradujo en una mejoría. Ello convirtió a Hua Tuo en una celebridad pero, a la vez, paradójicamente, supondría su perdición: Chen Deng ejercía de espía en la provincia de Xu para Cao Cao, un señor de la guerra que controlaba al gobierno central Han y que llegó a ser rey de Wei (ya hablamos de él en otro artículo), recomendándole sus servicios.

Cao Cao en un retrato del siglo XVII/Imagen: 유효준 en Wikimedia Commons

Así, Cao Cao le mandó llamar para que le curase unos dolores de cabeza que le asaltaban periódicamente, tan fuertes que le producían mareos. Hua Tao le alivió mediante acupuntura pero luego rehusó la oferta de ser su médico personal. Por lo visto él no se consideraba sólo eso sino algo más multidisciplinar y no quería atarse a una única especialidad, por eso adujo que su esposa estaba enferma y debía dedicarle toda su atención. Lamentablemente, Cao Cao descubrió el engañó y lo encerró en un calabozo, decretando su ejecución.

Hua Tao curando el brazo herido de Guan Yu/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Es posible que en esa reacción tuviera que ver también el hecho de que, tiempo atrás, Hua Tao había curado una herida por flecha a Guan Yu, un destacado general que combatía a favor del Reino de Shu contra el de Wei (Guan Yu fue traicionado por dos de sus oficiales, que enviaron su cabeza a Cao Cao). En cualquier caso, empleó la estancia en prisión en poner por escrito sus conocimientos en una obra titulada Qing Nang Shu (Libro de la bolsa verde)… que el poderoso señor ordenó quemar. Fue una pérdida irreparable porque los otros cuatro libros que había escrito también se perdieron y con ellos sus técnicas y recetas.

Entre ellas estaba la del mafeisan, unos polvos -cannabis, presumiblemente- que se disolvían en vino y provocan un efecto narcótico que servía para proceder a operar, a manera de anestesia, más de un milenio y medio antes que en Europa. Según los Registros de los Tres Reinos, Hua Tao practicó tres intervenciones quirúrgicas y dos ginecológicas, aunque el grueso de sus actuaciones se centró en la medicina interna. Después de él, la cirugía cayó en desuso y perdió prestigio.

Estatua de hua Tao en el templo Longshan de Taiwán/Imagen: Tatsundo h en Wikimedia Commons

Cao Cao, que pensaba que lo que pretendía Hua Tao era prolongar su mal para asegurarse una buena posición, lamentaría no haber hecho caso a los consejeros que le recomendaban indultarlo. Las jaquecas se reprodujeron (hoy se piensa que tenía un tumor cerebral) y su hijo Cao Chong, que era un genio (formuló el Principio de Arquímedes sin saber de la existencia de éste), enfermó de gravedad, muriendo poco después, en el 208. Hablando de óbitos, se ignora cómo, dónde y en qué momento se le quitó la vida a Hua Tao, aunque tuvo que ser antes de acabar ese año, por lógica.

Y eso que el famoso médico tenía varios discípulos, como Wu Pu y Fan A, que trataron de continuar su legado. Curaron a mucha gente y desarrollaron extraordinariamente la acupuntura, además de hacer preparados de herboristería con qiye (árbol de laca, Toxicodendron vernicifluum) y qingdian (Sigesbeckia), que tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y analgésicas.

Quizá por eso pervivió el recuerdo de Hua Tao, aunque trocando sus rasgos históricos por otros de carácter divino: se le considera shenyi (sagrado), hay estatuas suyas en los templos taoístas y se usa la expresión Hua Tuo zaishi («Hua Tao reencarnado») para referirse a los médicos de gran nivel.


Fuentes:  Records of the Three Kingdoms in plain language (anonymous)/Book of Later Han (Fan Ye)/A biographical dictionary of Later Han to the Three Kingdoms (23–220 AD)(Rafe de Crespigny)/History and development of traditional Chinese medicine (Zhen’guo Wang, Ping Chen y Peiping Xie)/Wikipedia