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El extraño manuscrito que recopila varios textos medievales, entre ellos la única copia original del poema de Beowulf


Hace ya bastante tiempo publicamos aquí un artículo dedicado a la confusa traducción del comienzo del famoso poema de Beowulf. Esta obra épica medieval que recoge una antigua leyenda anglosajona está en uno de los dos libros que componen el llamado Cotton MS Vitellius A XV C; concretamente en el segundo manuscrito, el Nowell Codex o Códice Nowell, al que también es frecuente referirse popularmente como Manuscrito Beowulf.

Beowulf es un héroe gauta, sobrino del soberano de Götaland (un reino germánico del sur de Suecia), que parte hacia la isla danesa de Selandia con catorce guerreros para combatir a Grendel, una especie de ogro que está asolando los dominios del rey Hroðgar porque detesta la música y el baile de sus fiestas. Beowulf consigue matarlo y luego hace otro tanto con su madre, que es aún peor, lo que le vuelve tan famoso y rico que terminará sucediendo a su tío en el trono. Décadas después deberá enfrentarse a un fiero dragón; lo logra pero a costa de perder la vida en la lucha.

Beowulf ante la madre de Grendel (John Howe)/Imagen: John Howe

Estas aventuras están narradas en Ænglisc o inglés arcaico (el hablado en buena parte de Gran Bretaña entre los siglos V y XII) y escritas en verso germánico (hemistiquios aliterativos seguidos de cesura), agrupándose en cuatro cantos. No se sabe exactamente la fecha de su composición pero sí que la única copia original que se conserva es la del citado Códice Nowell, que como decíamos antes, se trata de una singular compilación de relatos, ya que la historia de Beowulf no es la única que contiene.

En efecto, el primer manuscrito de ese libro está compuesto por una copia de la traducción que Alfredo el Grande (el rey anglosajón que rechazó el último intento de invasión vikinga) mandó realizar de Los soliloquios de San Agustín (un texto de filosofía), además de traducciones del Evangelio de Nicodemo (uno de los llamados Apócrifos, también conocido como Actas de Pilatos), las partes en prosa de Salomón y Saturno (poemas sobre la tradición cristiana escritos en forma de diálogo) y un fragmento de la biografía de San Quintín.

Apertura de Marvels of the East/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

El segundo manuscrito también es variado. Incluye una vida de San Cristóbal, las Maravillas del Este (bestiario del año 1000 sobre tierras fantásticas escrito en un dialecto de Mercia), una traducción de la Carta de Alejandro a Aristóteles, el poema de Beowulf y un fragmento poético del Libro de Judit (otro texto cristiano apócrifo). Parece ser que el copista de este último fue el mismo que el de parte de Beowulf, llamándosele Escribano B en contraposición al Escribano A, autor de lo demás y del que se diferencia por usar un tipo de letra redonda más reciente, frente a la cuadrada insular típica.

El eclecticismo del Códice Nowell levanta controversia, como es habitual en piezas tan antiguas, pero como cuatro de los libros que recopila el segundo tomo son de tono fantástico o, al menos tratan de monstruos y comportamientos aberrantes, se ha querido ver en ello el punto en común. Se trataría así de un liber monstruorum, clásica combinación de entretenimiento y educación, pues algunas criaturas que aparecen en las Maravillas del Este tienen reflejo en otros textos. Es lo que pasa, por ejemplo, con los donestres, seres caníbales que atraen a sus víctimas con palabras tortuosas para devorarlas, dejando la cabeza para sentarse sobre ella y llorar, lo que recuerda mucho a la madre de Grendel.

Primera página del poema de Beowulf, chamuscada por el incendio de 1731/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Hay multitud de interpretaciones metafóricas sobre esto: los monstruos serían representaciones del «otro», aquellos que se resistían a adaptarse a las leyes anglosajonas, dicen unos; son símbolos sexuales, opinan otros; tampoco faltan quienes ven relación entre los conopenae, seres con cabeza de perro, y San Cristóbal, protagonista -recordemos- del primer texto del segundo tomo. A lo mejor la solución estaría en el resto de obras, pues probablemente había más, según deducen los expertos a partir de los patrones que siguen los agujeros dejados por los insectos bibliófagos; si fue así, lamentablemente, se han perdido.

La desgracia ocurrió en el siglo XVIII. Por entonces, el Códice Nowell (cuyo nombre procede de su primer propietario conocido, Lawrence Nowell, un anticuario que dejó su firma en el margen superior de varias páginas del manuscrito) formaba parte de la Cotton Library, colección privada creada por otro anticuario y bibliófilo: Sir Robert Bruce Cotton. Éste le adjudicó el número quince y lo colocó en una estantería al lado de un busto del emperador romano Vitelio, de ahí que le quedara el otro nombre con que se conoce: Cotton Vitellius A.XV.

Sir Robert Bruce Cotton en 1629/Imagen: Wikimedia Commons

En 1702, siete décadas después de la muerte del dueño, la colección fue donada por su nieto al Estado y constituyó el germen de la British Library, la biblioteca nacional británica. La Cotton Library se conservaba en Ashburnham House (un edificio de la Westminster School de Londres), que en 1731 sufrió un importante incendio perdiendo valiosos ejemplares, tanto en fondos bibliográficos como documentales. Entre lo quemado por las llamas y lo arruinado por el agua que se empleó en apagarlo, se produjo una auténtica tragedia patrimonial.

El volumen consiguió salvarse pero no indemne. Aparte de los presuntos libros que perdió, los bordes de sus páginas se chamuscaron y quedó en un estado tan precario que nadie se atrevió a restaurarlo hasta el siglo XIX. Para entonces ya estaba medio desecho y muchas de sus páginas resultaban -y resultan- ilegibles, sumándose así a otras que anteriormente habían sido dañadas deliberadamente. Así lo creen los investigadores, dado que las palabras borradas no están cerca de los márgenes, por lo que el fuego no pudo ser el responsable, aunque en algún caso pudo ser al separar dos hojas pegadas.

Página restaurada del poema de Beowulf/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pese a todo, se ha recurrido a la moderna tecnología (luz ultravioleta, por ejemplo) para intentar descifrar esas páginas maltrechas, publicándose varias posibles transcripciones que, sin embargo, no han conseguido unanimidad. La razón de las discrepancias hay que buscarla en su comparación con las transcripciones realizadas siglos atrás, caso de la del erudito islandés Grímur Jónsson Thorkelin entre 1786 y 1787 o, antes aún, la del filólogo germano Franciscus Junius el Joven entre 1621 y 1651.

Esta última es especialmente interesante por haberse hecho antes del incendio y con sólo algunos errores menores. De hecho, es de la época en que se unieron los dos manuscritos, labor llevada a cabo en el priorato de Southwick, en Hampshire.

Fuentes: A Beowulf Handbook (Robert E. Bjork y John D. Niles)/A history of old English literature (Robert D. Fulk y Christopher M. Cain)/Pride and prodigies. Studies in the monsters of the Beowulf Manuscript (Andy Orchard)/The Beowulf Manuscript (R. D. Fulk)/Wikipedia