Genii cucullati, las representaciones romanas de espíritus encapuchados cuyo significado se desconoce

Genii cucullati encontrados en un altar del yacimiento romano de Vercovicium en Inglaterra / foto Carole Raddato en Wikimedia Commons

Duendes, gnomos y enanos son personajes que forman parte de la mitología de muchos lugares, tanto en España (el trasgu asturiano, el trastolillo cántabro, el iratxo vasco, el follet catalán…) como en Europa (el lutin francés, el leprechaun irlandés, el domovoi eslavo, el mazapégul italiano…). El hecho de que su apariencia sea similar en la mayor parte de esos casos (pequeño tamaño, carácter travieso o burlón, cabeza encapuchada) hace que se especule con un posible origen común o una transferencia cultural. Lo cierto es que ese aspecto parece remontarse, como mínimo, a la Antigua Roma; a los genii cucullati, concretamente.

En realidad, hay personajes parecidos en todo el mundo, caso del alux maya, el cipitio centroamericano, el momoy venezolano, el abura-sumashi japonés, el mogwai chino, etc. Pero su aspecto físico ya es más variado, diferenciándose así de ese modelo antiguo que, a su vez, era importado del folklore celta; ya sabemos que los romanos aceptaban cultos y divinidades ajenas sin problema. Genus cucullatus significa genio o espíritu encapuchado, nombre que se debe a que se lo representaba cubierto por una caperuza (cucullus, en latín). Para ser exactos, no sólo con ella sino con bardocucullus, una especie de manto corto con capucha que usaban los galos y que los legionarios adoptaron, extendiéndose luego también a la población civil.

Genii cucullati de perfil en un relieve del Museo Corinium (Cirencester, Inglaterra)/Imagen: Tony Grist en Wikimedia Commons

Esa prenda no se difundió tempranamente sino en algún momento entre los siglos I y II d.C., a medida que el contacto entre bárbaros y romanos se iba volviendo más común. Era de lana gruesa o cuero, sin mangas (o unas hasta el codo), y envolvía apretadamente al usuario, cubriendo normalmente hasta la cintura, aunque tenía una versión más larga, el colobio o cogulla, que luego se convertiría en el hábito monástico. También existía la paénula, una especie de poncho más ligero y holgado pero igualmente encapuchado. Uno y otra empezaron siendo buenas opciones para cubrirse de las inclemencias del tiempo por parte de los estratos más bajos de la sociedad, como los esclavos, los campesinos o los soldados; posteriormente, a partir del siglo III d.C., también las clases acomodadas las emplearon, fundamentalmente en invierno y durante los viajes, por considerarlas más prácticas que la toga clásica.

Si Roma tomó el bardocucullus de los galos -algunos autores, en cambio, lo consideran de creación propia-, ello significa que probablemente se tratase de una prenda habitual en todas las culturas célticas, habida cuenta que tenían muchos elementos comunes entre ellas. De hecho, no sólo se han encontrado representaciones de cuculli en Italia y Francia sino también en sitios tan diversos como Gran Bretaña, Alemania (Renania), Austria (Carintia), Suiza, etc. Hay quien concreta aún más y apunta a los lingones, una tribu que, procedente de las cabeceras de los ríos Sena y Marne, cruzó los Alpes y en torno al 400 a.C. se instaló en el valle del Po, siendo romanizados posteriormente y formando parte de las legiones destinadas a Britania.

Recreación de un bardocucullus a partir de una escultura hallada en Trevari/Imagen: www.ikvi.at

Lo que nos interesa aquí es la asociación del cucullus con los genii cucullati, lo que ha configurado toda una iconografía característica. Consiste en figuras, generalmente en escultura o relieve (estatuillas, estelas, lucernas, colgantes…), representadas vistiendo esa prenda, lo que se interpreta en sentido religioso. No está claro si todas pretenden ser ese tipo de personaje, aunque así se considera debido al hallazgo de dos altares en el templo de Wabelsdorf, en el citado estado austríaco de Carintia, que llevan la inscripción «Genus cucullatus», extrapolándose a las demás piezas encontradas.

Cabe decir que en Britania aparecen en forma de tríada mientras que en Roma se asimilan con Telesforo, el hijo de Esculapio (dios de la medicina), que simbolizaba a aquellos que habían logrado sanar de una enfermedad. Telesforo, cuyo culto seguramente nació hacia finales del siglo I d.C. en Pérgamo (donde había gran devoción por su padre) y se extendió al Danubio, era representado como un enano cubierto con cucullus o, a veces, con pilleus (el típico gorro frigio). Sin embargo, se cree que Telesforo era un dios celta llevado a esa región de Anatolia por los gálatas en el siglo III a.C. Allí sería donde se vinculó con Esculapio, pasando al Imperio Romano durante el mandato de Adriano, en el siglo II d.C.

Una estatuilla de Telesforo/Imagen: Markus Cyron en Wikimedia Commons

Ahora bien, una cosa es que el Genus cucullatum sea un personaje religioso y otra qué sepamos exactamente en qué sentido, ya que no se conservan inscripciones ni documentación que lo refieran de forma explícita. Por eso hay multitud de interpretaciones basadas en los diferentes elementos iconográficos que presentan. Así, se ha visto similitud entre la capucha y las estatuillas fálicas tan abundantes en el arte romano: los fascinum, usados como amuleto contra el mal de ojo. De hecho, se han encontrado algunas en la que el bardocucullus se puede quitar, a manera de tapón que oculta un fascinus gigante; en tal caso, posiblemente estaríamos hablando de una representación de Príapo en vez de un genus cucullatus.

Pero Príapo era un dios -menor, pero dios- de la fertilidad y ésta es otra de las interpretaciones que se atribuyen a esas figuras, ya que a menudo se muestran dotadas de falos o llevan en la mano un huevo (símbolo de vida y renacimiento) o un rollo de pergamino (metáfora de la duración de la vida); también los hay que esgrimen dagas. La relación de todo esto con la salud -y, por tanto, con Telesforo- se refuerza con el hecho de que muchos genii cucullati aparecieron cerca de pozos y manantiales, cuyas aguas se consideraba que tenían propiedades curativas (no sólo en la Antigüedad sino también en la Edad Media). Alejar la enfermedad y la muerte, así como proteger a los recién nacidos, serían, pues, usos obvios.

Estatuilla de un genus cucullatus o Príapo desmontable/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Esa capacidad regenerativa también está relacionada con otros personajes que los acompañan o complementan a veces: las matronae, divinidades femeninas originarias del norte de Europa y muy veneradas entre los pueblos celtas de la Galia, Britania, Germania, norte de Italia y parte de Hispania. Pueden representarse solas, pero a veces van asociadas a los genii -a menudo una mujer acompañada de dos o tres hombres-, siendo de nuevo los legionarios los que las introdujeron en Roma. El tres vuelve a ser el número clave; recordemos que muchos geni cucullati aparecen agrupados en tríadas -con matrona o sin ella- y algunos autores opinan que cada figura ejerce un papel distinto, diferenciado por el tamaño y aspecto.

En ese sentido, es inevitable reseñar la teoría de la trifuncionalidad protoindoeuropea, enunciada por el filósofo conde de Gobineau y el filólogo Georges Dumézil, según la cual los pueblos de la Edad del Cobre y principios del Bronce que llegaron a Europa desde el noreste del Mar Negro tenían unos esquemas mentales tripartitos en todas las áreas (psicológica, ideológica, social y política). De ello derivaría la división de la sociedad en tres estamentos, de la religión en tres funciones (magia-justicia, fuerza-victoria-sabiduría y paz-belleza-prosperidad-amor), de la vida social en autoridad-guerra-productividad, etc. Aunque se les puede oponer que las tríadas también aparecen en otros contextos geográficos e históricos, como el Antiguo Egipto.

Genii cucullati con una matre divina en un relieve del Museo Corinium (Cirencester, Inglaterra)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Otra divertida posibilidad, apuntada por el historiador inglés Guy de la Bédoyère, especialista en la historia de la Britania romana, es que la iconografía de los genii cuculllati no responda a una interpretación rebuscada sino al mero hecho de que resulta más fácil esculpir una figura antropomorfa cubierta con una capa de pies a cabeza que hacerlo con piernas y brazos. Ahí queda eso.

Fuentes: Mitos celtas (Miranda Green)/Military religion in Roman Britain (Georgia Irby-Massie)/Gods with thunderbolts. Religion in Roman Britain (Guy de la Bedoyère)/A god of convalescence. Telesphorus/Genius Cucullatus in Roman Dacia (Adriana Antal)/Religion in Roman Britain (Martin Henig)/Figurillas de encapuchados hispanorromanos. Definición, clasificación e interpretación (Javier Salido Domínguez y Mariano Rodríguez Ceballos en Archivo Español de Arqueología)/Nomenclatura del traje y la moda: bardocucullus-cucullus-paénula (Diana Fernández en Vestuario Escénico)/Mythes et dieux des Indo-Européens ( Georges Dumézil)/Wikipedia