El túnel del Éufrates, el primer paso subterráneo del mundo, construido hace más de 4.000 años

Nabucodonosor y Semíramis, cuadro de René-Antoine Houasse (1676) / foto dominio público en Wikimedia Commons

El historiador griego del siglo I a.C. Diodoro de Sicilia recoge en su Bibliotheca historica un sorprendente hecho: la construcción en Babilonia de un pasaje subterráneo bajo el río Éufrates, un prodigio de la ingeniería que no se volvería a repetir hasta el siglo XIX. Dice Diodoro:

Tras todos estos (trabajos) en una depresión de Babilonia, (Semíramis) hizo excavar un lugar para un estanque, cuadrangular, de trescientos estadios de longitud por cada lado, revestido con ladrillos y cementado con azufre, con un total de cinco pies y medio de profundidad. De este modo, tras haber ordenado desviar el río, hizo construir un pasaje con la forma de una bóveda, desde un palacio al otro, cuyos arcos fueron construidos con ladrillos firmes y fuertes, recubriendo ambas caras con betún, con un espesor de cuatro codos. Los muros de esta bóveda tenían un espesor de una veintena de ladrillos y de doce pies de altura, por encima y a los lados de los arcos; y quince pies de ancho. Cuando esta parte del trabajo fue finalizada tras doscientos sesenta días, el río fue reorientado a su viejo cauce para que fluyera por encima de toda la obra, de modo que Semíramis pudiese ir de un palacio al otro sin tener que pasar por encima del río. Asimismo ordenó construir dos puertas de bronce en los dos extremos de la bóveda, que permanecieron hasta tiempos del Imperio persa

Diodoro de Sicilia, Biblioteca historica II,1

La Semíramis a quien se refiere Diodoro, probablemente siguiendo a Ctesias de Cnido, era una reina legendaria de Asiria. Otros autores antiguos como Plutarco, Eusebio, Polieno y Justino también la mencionan, y le atribuyen la construcción de diversas estructuras por toda Asia. Heródoto la considera autora de los bancos artificiales del Éufrates. Y en general, muchos monumentos del Próximo y Medio Oriente, cuyo origen fue olvidado o era desconocido, se le atribuían a ella.

Los jardines de Semiramis según la Descripción del Universo de Alain Manesson Mallet (1683) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Algunos expertos la identifican con Shammuramat, la esposa asiria del rey Shamshi-Adad V, que gobernó el imperio Neoasirio entre 824 y 811 a.C. En cualquier caso, de las fuentes se deduce que el túnel al que hacen referencia debió ser mucho más antiguo, construido en torno a 2180 y 2160 a.C., atribuido por tanto a la Semíramis legendaria y no a la histórica.

El túnel habría tenido 929 metros de longitud, con 4,5 metros de altura y 7,5 de ancho, conectando por debajo del cauce del río el templo principal de Babilonia con el palacio real. Según Diodoro su construcción duró 260 días, y para ello se levantó una presa temporal que retuvo el agua hasta que la estructura estuvo lista. Para evitar que el líquido se filtrase, toda la mampostería interior se recubrió impermeabilizándola con betún o alquitrán (toda la zona es rica es petróleo, conocido ya desde la Antigüedad).

Semíramis construyendo Babilonia, cuadro de Edgar Degas (1861) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Lucio Flavio Filóstrato, en su obra del año 250 d.C. Vida de Apolonio de Tiana, también relata la construcción del pasadizo subterráneo:

Y (Babilonia) está dividida en dos por el río Éufrates. Y bajo el río pasa un puente extraordinario que, a través de un pasaje invisible, une los palacios situados a ambas orillas. Por ello se dice que una mujer, Medea, que era anteriormente la reina de aquellos lugares, atravesó por debajo el río, de un modo en el cual ningún río ha sido atravesado nunca. Por ello se dice que recogió piedras, bronce y asfalto y todo lo necesario para que los hombres realizaran el ensamblaje bajo el agua, y acumuló estos materiales a lo largo de las orillas del río. Después desvió la corriente de agua hacia los lagos, y cuando el río se secó, excavó una profundidad de dos brazas realizando un túnel hueco, que desembocaba en los palacios de ambas riberas como una gruta subterránea; y cuando las bases fueron estables y también las paredes del túnel, lo cubrió con un techo a nivel del lecho del río. Pero como era necesaria el agua para que el alquitrán se volviese duro como una piedra, el Éufrates fue liberado para que fluyera sobre el techo aún fresco, haciendo que la unión se solidificara.

Lucio Flavio Filóstrato, Vida de Apolonio de Tiana I,25

Pero ¿existió realmente tal maravilla de la ingeniería? Diodoro así lo afirma, como hemos visto, pero Heródoto habla de un puente y no de un túnel subterráneo.

Hizo cortar y labrar unas piedras de extraordinaria magnitud, y cuando estuvieron ya dispuestas y hecha la excavación, torció y encaminó toda la corriente del río al lugar destinado para la laguna. Mientras éste se iba llenando, secábase la madre antigua del río. En el tiempo que duró esta operación, mandó hacer dos cosas: la una edificar en las orillas que corren por dentro de la ciudad, y a las cuales se baja por las puertas que a cada calle tienen, un margen de ladrillos cocidos, semejante a las obras de las murallas; la otra construir un puente, en medio poco más o menos de la ciudad, con las piedras labradas de antemano, uniéndolas entre sí con hierro y plomo. Sobre las pilastras de esta fábrica se tendía un puente hecho de unos maderos cuadrados, por donde se daba paso a los Babilonios durante el día; pero se retiraban los maderos por la noche, para impedir mutuos robos, que se pudiesen cometer con la facilidad de pasar de una parte a otra. Después que con la avenida del río se llenó la laguna y estuvo concluido el puente, restituyó el Eufrates a su antiguo cauce; con lo cual, además de proporcionar la conveniencia del vecindario, logró que se creyese muy acertada la excavación del pantano.

Heródoto, Historia I.186

No obstante, siendo un túnel subterráneo algo tan poco común entonces para lo que seguramente no había una palabra concreta, no parece extraño referirse a él como un puente, tal y como hace Heródoto. En cualquier caso, si existió un túnel bajo el Éufrates en Babilonia, las fuentes antiguas indican que ya estaba en desuso o había colapsado para cuando llegaron los persas, en el año 539 a.C.

¿Disponían los babilonios de la tecnología adecuada para llevar a cabo tal obra? No lo sabemos. Tenemos constancia de algunos túneles excavados en la Antigüedad, aunque ciertamente varios siglos más tarde, y que constituyen grandes logros de la ingeniería de su época. De dos de ellos, que todavía existen, hablamos aquí anteriormente. Son el Túnel de Ezequías (701 a.C.) y el Acueducto Subterráneo de Eupalino (entre 538 y 522 a.C.).

Puente de Ngirsu / Foto British Museum

Y en la ciudad sumaria de Ngirsu, a unos pocos kilómetros al sur de Babilonia, se descubrió el que pasa por ser el puente más antiguo del mundo, construido en la misma época atribuida al túnel del Éufrates, hace unos 4.000 años.

Sea como fuere, ningún otro paso subacuático se construyó hasta casi cuatro milenios más tarde, cuando en 1824 Marc Isambard Brunel proyectó y realizó el túnel bajo el río Támesis en Londres, con una longitud de 396 metros.

Fuentes: Biblioteca histórica (Diodoro Sículo) / The undersea tunnel goes back 200 years in time / Antiquitatem / The geographical system of Herodotus, examined; and explained, by a comparison with those of other ancient authors, and with modern geography (James Rennell) / Wikipedia.