Helanódicas, los organizadores y jueces de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad

Tondo de Epicteto que muestra a un helanódica entregando premios al vencedor, h.520-510 a.C. / foto dominio público en Wikimedia Commons

Cuenta el mito que Evadne, que era hija de Poseidón, tuvo un hijo con Apolo, del que se avergonzaba, y por ello lo abandonó a su suerte. Pero el niño sobrevivió gracias a que dos serpientes lo alimentaron con miel, hasta que alguien lo encontró tumbado entre violetas y le dio el nombre de Yamo. Cuando fue mayor se sumergió en las aguas del río Alfeo e invocó a su padre, Apolo, el cual le ordenó ir a Olimpia y le concedió el don de la profecía. Yamo fundó en Elis, donde se encuentra la antigua Olimpia, una familia de sacerdotes adivinos, los Yámidas.

Estos Yámidas tenían dotes adivinatorias tan demandadas que a menudo otras ciudades griegas se los llevaban, a cambio de importantes emolumentos, para poder disponer de un adivino en condiciones. Pero los Yámidas tenían además otra función, porque desde la 50ª olimpíada (580 a.C.) se elegía entre ellos a uno de los dos jueces encargados de organizar los Juegos Olímpicos. Eran los llamados agonothetai (organizadores).

Representación de los helanódicas en un sello griego

Unos 180 años más tarde, durante la 95ª olimpiada (400 a.C.), el número de organizadores y jueces se aumentó a 9, y fueron llamados helanódicas (literalmente jueces de los griegos), que es el término que perduraría en las sucesivas ampliaciones.

En la 95ª olimpiada [400 a. C.] se establecieron nueve helanódicas: a tres de ellos se les encargó la carrera de caballos, a otros tantos la supervisión del pentatlon, y a los restantes el cuidado de las otras pruebas. En la olimpiada siguiente a ésta [392 a. C.] se añadió el décimo árbitro. En la 103ª [368 a. C.], como los eleos tenían doce tribus, hubo un helanódica por cada tribu. Pero, acosados por los arcadios en una guerra, perdieron una parte de la tierra y todos los pueblos que estaban en el territorio anexionado, y así se redujeron a ocho el número de tribus en la 104ª olimpiada [364 a. C.], y se eligieron igual número de helanódicas que de tribus. En la 108ª olimpiada [348 a. C.] volvieron de nuevo al número de diez hombres, que desde entonces ha permanecido hasta nuestros días.

Pausanias, Descripción de Grecia V.9

El deber de los helanódicas (en griego Ἑλλανοδίκαι, Hellanodikai) era, por tanto, organizar los juegos, pero también velar por que se cumplieran las normas y por que las competiciones tuvieran siempre el más alto nivel.

Se los seleccionaba entre los habitantes de Elis, la ciudad principal de la Élide al noroeste del Peloponeso, región en la que estaba situado el santuario de Olimpia.

Situación de Elis (Élide) y Olimpia / foto Αντιγόνη en Wikimedia Commons

Durante los diez meses anteriores a la celebración de los juegos los helanódicas convivían en un edificio cercano a los gimnasios donde se preparaban los atletas, llamado helanodiceo (y que estaba situado, según Pausanias, más arriba de la tumba de Aquiles). Allí los nomophylakes (guardianes de la ley) les enseñaban todo lo que debían saber sobre las normas y el reglamento de las diferentes disciplinas de los juegos, con el fin de que pudieran desempeñar sus funciones adecuadamente.

Aunque eran los organizadores, árbitros y jueces de los juegos, también podían competir en ellos (lo cual hoy nos parecería un sinsentido), hasta que en la 102ª olimpiada (hacia 372 a.C.) parece que se les prohibió, según cuenta Pausanias:

También éstos son originarios de Elis, aunque no obtuvieron victorias en las mismas pruebas, sino que Troilo fue helanódica al mismo tiempo que obtuvo victorias con una pareja de caballos crecidos y con el carro de potros. Éste venció en la 102.a olimpiada [372 a. C.], y después de esto los eleos hicieron una ley para que en lo sucesivo ninguno de los helanódicas participase en las competiciones con sus caballos.

Pausanias, Descripción de Grecia VI.1
Diferentes fases del santuario de Olimpia, con el Gimnasio (20) y el Estadio (10) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Durante el último mes antes de los juegos se encargaban de seleccionar a los atletas que iban a participar, eligiendo a aquellos cuyo rendimiento, atendiendo a aspectos como la potencia, la resistencia o la velocidad, fuera más satisfactorio. Pero también dando gran importancia al comportamiento, el carácter y la moralidad. Y, evidentemente, vigilando que todos ellos fueran auténticos griegos (como le ocurrió a Alejandro I de Macedonia hacia 500 a.C.).

como deseoso Alejandro en cierta ocasión, de concurrir a aquel público certamen, hubiese bajado a la arena con esta mira y pretensión, los aurigas sus competidores en la justa le quisieron excluir poniéndole tacha y diciendo que no eran aquellas fiestas para unos antagonistas bárbaros, sino únicamente para competidores griegos. Pero como probase Alejandro ser de origen argivo, fue declarado en juicio griego, y habiendo entrado en concurso con los demás en la carrera del estadio, su nombre salió el primero en el sorteo, juntamente con el de su antagonista.

Heródoto, Historia V.22
El estadio de Olimpia en la actualidad / foto Alexios Emmanuel Panagiotopoulos en Wikimedia Commons

Los seleccionados eran inscritos en el leukoma, la lista de participantes, y dos días antes del inicio de los juegos se dirigían desde Elis hasta Olimpia, en una procesión que encabezaban los helanódicas. Y el día de inicio de aquellos, volvían a dirigirse en procesión, esta vez al estadio, al que entraban por una puerta oculta, probablemente un túnel situado en la esquina noroeste.

Al final de las estatuas hechas con las multas impuestas a los atletas está la entrada llamada Secreta. Por ella entran al estadio los helanódicas y los competidores. El estadio es un montículo de tierra y en él está construido un asiento para los que presiden los juegos. Enfrente de los helanódicas hay un altar de mármol blanco. En este altar una mujer se sienta y comtempla los Juegos Olímpicos, la sacerdotisa de Deméter Camine, cargo que reciben de los eleos temporalmente distintas mujeres. A las muchachas no las prohiben verlos. En el extremo del estadio, en el que está la salida para los corredores, está el sepulcro de Endimión, según cuentan los eleos.

Pausanias, Descripción de Grecia VI.20
Túnel de entrada al estadio para atletas y helanódicas / foto Napoleon Vier en Wikimedia Commons

Llevaban túnicas de color púrpura y tenían sus asientos sobre una plataforma en la zona sur del estadio. Tres de los helanódicas supervisaban el pentatlón, tres las competiciones ecuestres, y otros tres el resto de pruebas. El mayor de ellos actuaba como supervisor general. Y, por supuesto, entregaban las coronas y palmas a los vencedores, salvo en caso de empate en que las coronas eran ofrecidas a Zeus.

Pero, ¿y si un helanódica se equivocaba, digamos, a propósito? Pues había un consejo olímpico al que los atletas podían recurrir. Este consejo no podía enmendar o cambiar las decisiones de los helanódicas, pero sí podía castigarles si se daba el caso.

Hubo varias ocasiones en que los helanódicas se vieron envueltos en controversia. Pausanias menciona el caso de Eupólemo de Elis, al que dos de los jueces dieron como vencedor en la carrera, mientras que el tercer helanódica declaró ganador a León de Ambracia.

La inscripción sobre él indica que Eupólemo obtuvo una victoria en el estadio de hombres en las olimpiadas y que recibió dos coronas por el pentatlon en los Juegos Píticos y otra en los Juegos Nemeos. Se dice también lo siguiente de él: que al final de la carrera estaban apostados tres helanódicas, y que dos de ellos le dieron la victoria a Eupólemo, pero el tercero se la dio al ambraciota León, y que León consiguió que el Consejo Olímpico condenase a cada uno de los helanódicas que decidieron que Eupólemo había vencido.

Pausanias, Descripción de Grecia VI.3

León apeló al consejo olímpico y consiguió que los dos helanódicas fueran castigados, lo que sugiere que él había sido el justo vencedor.

Reconstrucción de la plataforma de los helanódicas en el estadio / foto Ancient Olympics

Pero quizá el mayor escándalo en que se vieron envueltos fue cuando, supuestamente, aceptaron un millón de sestercios de manos de Nerón, para que le permitiesen competir, y ganar seis pruebas, en los juegos del año 67 d.C. (que debían haberse celebrado en 65 d.C., pero fueron pospuestos también a instancias de Nerón). Según Pausanias, las olimpiadas de ese año fueron las únicas omitidas en los registros.

Dice la inscripción que hay sobre ella que el pancraciasta Jenodamo de Anticira obtuvo una victoria olímpica entre hombres. Si la inscripción dice la verdad, parece que Jenodamo se había llevado el olivo silvestre en la 211ª [67 d. C.]. Pero ésta es la única olimpiada que ha sido omitida en los registros de los eleos

Pausanias, Descripción de Grecia X.36

En cualquier caso, durante los más de mil años en que se celebraron los Juegos Olímpicos en la Antigüedad (desde 776 a.C. hasta 393 d.C.) los helanódicas cumplieron con creces su cometido de organizar y velar por el cumplimiento de las reglas. Alcanzaron una alta estima entre todos los griegos y siempre tuvieron fama de imparciales, a pesar de que también competían sus propios compatriotas. No olvidemos que al fin y al cabo eran ciudadanos normales y corrientes, elegidos por sorteo.

Fuentes: Descripción de Grecia (Pausanias) / Historia (Heródoto) / Onward to the Olympics: Historical perspectives on the Olympic Games (Gerald P. Schaus, Stephen R. Wenn, eds.) / Ancient Olympics / A Companion to Sport and Spectacle in Greek and Roman Antiquity (Paul Christesen, Donald G. Kyle) / Wikipedia.