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Cómo Temístocles distrajo a los espartanos para reconstruir las murallas de Atenas sin que se enterasen


Durante la Segunda Guerra Médica los persas incendiaron y arrasaron Atenas en dos ocasiones. La primera bajo la dirección del propio Jerjes en 480 a.C., y la segunda con Mardonio al año siguiente, en 479 a.C.

En 480 a.C., tras su victoria en las Termópilas, Jerjes avanzó sobre el Ática y tomó la capital, cuya población había sido evacuada a Salamina excepto un pequeño número de ciudadanos que prefirió atrincherarse en la Acrópolis. Tal y como cuenta Heródoto, ésta fue arrasada y sus monumentos destruidos:

Cuando vieron los atenienses a los bárbaros subidos a la plaza, echándose los unos cabeza abajo desde los muros, perecieron despeñados, y los otros se refugiaron al templo de Atenea. La primera diligencia de los persas al acabar de subir, fue encaminarse hacia la puerta del templo, y abierta pasar a cuchillo a todos aquellos refugiados. […] saquearon el templo y entregaron a las llamas la ciudadela entera.

Heródoto, Historia VIII.53
En primer plano, los restos del antiguo templo de Atenea en la Acrópolis / foto del libro The Acropolis of Athens (Martin L. D’Ooge, 1909) – dominio público en Wikimedia Commons

Tras ello los persas se retiraron a invernar en Tesalia, donde quedó Mardonio al frente de la élite meda mientras Jerjes regresaba a Persia con el grueso del ejército. Al año siguiente, en 479 a.C. Mardonio marchó sobre Atenas otra vez, ordenando una destrucción más profunda:

Al salir de Atenas dio orden de arrasar la ciudad, y dar en el suelo con todo lo restante, ora fuese algún lienzo de muralla que hubiera quedado antes en pie, ora pared desmoronada de alguna casa, ora fragmento o ruina de algún templo. Dos motivos en particular le persuadían la retirada: uno por ver que el Ática no era a propósito para que maniobrara allí la caballería; otro el entender que, vencido una vez en campo de batalla, no le quedaría otro escape que por unos pasos tan estrechos, que un puñado de gente pudiera impedírselo.

Heródoto, Historia IX.13
Tambores de columnas del Hecatompedón utilizados en el muro norte de la Acrópolis / foto Seligmanwaite en Wikimedia Commons

Al final los persas fueron derrotados definitivamente en la batalla de Platea el 27 de agosto de ese mismo año 479 a.C., y los atenienses se apresuraron a reconstruir su ciudad bajo la dirección de Temístocles, que dio preferencia a las defensas frente a los templos y monumentos. Así, se repararon los muros de la Acrópolis utilizando los restos y escombros de los templos destruidos, como el primer Partenón y el antiguo templo de Atenea.

Pasado el invierno, los atenienses partieron, navegando desde el estrecho mar del Helesponto, ya que los bárbaros medos habían salido de aquella tierra, y vinieron derechamente a las ciudades, donde habían dejado sus hijos y mujeres, y bienes muebles en guarda al comienzo, de la guerra, y con ellos regresaron a la ciudad de Atenas, la reedificaron y repararon los muros que estaban casi todos derribados y arruinados, y lo mismo las casas que también estaban caídas las más, excepto algunas pocas que los principales de los bárbaros persas habían dejado enteras para alojarse en ellas.

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11
Busto de Temístocles / foto Antonietti, J.P.A. en Wikimedia Commons

Pero a Temístocles, como a muchos atenienses, les preocupaba que los persas pudieran regresar. Por ello propuso la reconstrucción de las murallas de la ciudad, con el levantamiento de lo que ahora conocemos como el muro de Temístocles. Eso sí, había un pequeño problema, y es que a los espartanos no les hacía ninguna gracia una Atenas bien amurallada y protegida porque, argumentaban, si los persas volvían a conquistarla, tendrían una excelente base de operaciones desde la que asaltar el Peloponeso.

Los embajadores de los lacedemonios les exigieron que no reparasen sus muros, sino que mandasen derribar todos los de las otras villas, que estaban fuera de tierra del Peloponeso, y habían quedado sanos y enteros. Mas no les declararon la causa que les movía a esta exigencia, antes les dijeron que lo hacían por temor de que si reparaban sus muros y los bárbaros volvían, tendrían éstos grandes fuerzas y guardas, desde donde seguros pudiesen hacerles guerra, como les hacían al presente desde la ciudad de Tebas, que ellos tenían fortalecida. Porque el Peloponeso era una guarida y defensa bastante para todos los griegos para que desde allí pudiesen salir sin peligro contra los enemigos.

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11
Restos del muro de Temístocles en el Cerámico / foto Jebulon en Wikimedia Commons

Por supuesto, Temístocles no se iba a dar por vencido tan fácilmente, y comenzó a urdir una estratagema que funcionase en dos aspectos clave. El primero tener entretenidos a los espartanos y que no se percatasen del engaño. Y el segundo, apurar todo lo posible la construcción de las nuevas murallas de Atenas, de modo que alcanzasen la altura suficiente para proporcionar una protección adecuada.

Cuando los atenienses oyeron la embajada de los lacedemonios, respondiéronles que ellos enviarían en breve sus embajadores a Lacedemonia para darles satisfacción; y con esto los despidieron por consejo de Temístocles, el cual les dijo que le enviasen a él delante a Lacedemonia, y tras él enviasen otros embajadores sus compañeros, los cuales se detuviesen en la ciudad hasta tanto que levantasen sus murallas tan altas que fuesen bastantes para que desde ellas pudiesen pelear y defenderse de sus enemigos caso necesario

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11

Precisamente esta urgencia es la causa de que para la obra se reutilizase todo aquello que los atenienses tenían a mano, desde los restos de los templos destruidos, hasta trozos de estatuas rotas, cerámica, estelas funerarias, etc.

Restos del muro de Temístocles en el Pnyx / foto Bahnfrend en Wikimedia Commons

Tras organizar los trabajos de construcción de los muros, Temístocles partió para Esparta donde, durante varias semanas, estuvo dando largas a los espartanos acerca del asunto, con la excusa de estar esperando a sus compañeros embajadores que debían venir de Atenas para dar explicaciones.

y para esta obra hicieron trabajar a todos los del pueblo, así hombres como mujeres, grandes y pequeños, tomando la piedra y los otros materiales de los edificios donde los hallaban más a mano, ora fuesen públicos, ora particulares. Y cuando les hubo enseñado esto, y aconsejado otras cosas, que tenían intención de hacer allí, partió para Lacedemonia, y al llegar a la ciudad, estuvo muchos días sin presentarse al Senado, alegando excusas y achaques. Si alguno de los que tenían cargos le encontraba por la calle y le preguntaba por qué no entraba en el Senado, decíale que esperaba a los otros embajadores sus compañeros, que pensaba que debían estar ocupados en alguna cosa, y creía que vendrían pronto, maravillándose mucho de que no hubiesen llegado ya; cuantos le oían hablar así, daban crédito a Temístocles por la amistad que con él tenían.

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11

Incluso cuando los espartanos empezaron a sospechar por las noticias que muchos viajeros traían de Atenas, diciendo que allí estaban amurallando la ciudad rápidamente, Temístocles se mantuvo en sus trece negándolo todo.

Restos del muro de Temístocles en el entorno del Templo de Zeus / foto George E. Koronaios en Wikimedia Commons

Llegaban entretanto diariamente a la ciudad de Lacedemonia algunas gentes que venían de Atenas, y decían cómo se labraban los muros de la ciudad, y que ya estaban muy altos, siendo preciso creerles. Temístocles vio que ya no podría disimularlo más, y rogóles que no creyeran las palabras que oían, sino que enviasen algunos de los suyos, hombres de fe y crédito, que lo viesen por sí mismos e hiciesen verdadera relación de lo que pasaba. Así lo hicieron.

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11

Finalmente, cuando los muros eran lo suficiente altos como para ofrecer una defensa adecuada, Temístocles confesó. Con esto, los atenienses podrían comenzar a limpiar y refortificar la Acrópolis y el resto de la ciudad con menos urgencia y con más consideración por el aspecto formal final. Las murallas estuvieron concluidas en el mismo año 479 a.C., con una longitud de 8 kilómetros y medio, una altura media de 9 metros, y un ancho de 3 metros con 13 puertas de acceso.

Entretanto llegaron a Lacedemonia los otros embajadores sus compañeros, que eran Abrónico, hijo de Lísides, y Arístides, hijo de Lisímaco, los cuales le dijeron que ya las murallas de Atenas estaban bien altas, y en términos que se podían defender. Temían que cuando los lacedemonios supiesen la verdad de lo ocurrido, no les dejasen partir. Y como los atenienses detuviesen a los mensajeros enviados por los lacedemonios, según les aconsejó Temístocles, éste fue derecho al Senado de los lacedemonios, y les dijo claramente que ya su ciudad estaba bien fortalecida de muros, que era bastante para guardar a los moradores; y que si los lacedemonios o sus aliados querían en adelante enviar embajadores a Atenas verían a gentes que sabían y entendían lo que cumplía así a ellos como a su república; que cuando les pareciese ser mejor dejar la ciudad y entrar en las naves, mostrarían tener corazón y osadía para ello sin tomar consejo de otro.

Tucidides, Historia de la Guerra del Peloponeso I.11
Perímetro y extensión del muro de Temístocles / foto Singinglemon en Wikimedia Commons

El muro de Temístocles sufrió daños tras la derrota ateniense en la Guerra del Peloponeso en 404 a.C., cuando los espartanos obligaron a los atenienses a derribar todos los muros, pero fue reparado en 394 a.C. El asedio de Sila en 86 a.C. también produjo importantes destrozos.

Hoy en día todavía se pueden ver lienzos y fragmentos, principalmente en el cementerio del Cerámico, la Pnyx, y en los sótanos del edificio del Banco Nacional en la calle Aiolou y del número 29 de la calle Erysichthonos. Hay unos 115 lugares en la moderna Atenas donde se han documentado restos del muro de Temístocles, que consistía principalmente en un zócalo de piedra con uno o dos niveles como cimientos y otros dos niveles sobre el suelo, coronados por una superestructura de ladrillos de barro.

Restos del muro de Temístocles en el Cerámico / foto Tilemahos Efthimiadis en Wikimedia Commons

Quizá la puerta más famosa de todas las que han sido excavadas de las antiguas murallas es la de Dípilon, por la que entraba el camino de Eleusis al noroeste de la ciudad. Saliendo por el Dípilon, y después de caminar apenas algo más de un kilómetro, se llegaba a la Academia de Platón. Aunque el Dípilon se levantó en 330 a.C., se construyó aprovechando el vano de la puerta Triasias de Temístocles, de la cual aun subsiste la base de la torre oeste.

En cuanto a Temístocles, fue expulsado de Atenas en 472 a.C. por razones que no están muy claras, marchando a Asia Menor donde se puso al servicio del rey persa Artajerjes I, que lo nombró gobernador de Magnesia, donde finalizó sus días.

Fuentes: Historia de la Guerra del Peloponeso (Tucídides) / Historia (Heródoto) / An Historical Geography of Europe 450 B.C.-A.D. 1330 (Normal J. G. Pounds) / Reset in Stone: Memory and Reuse in Ancient Athens (Sarah A. Rous) / Anna Maria Theocharaki. THE ANCIENT CIRCUIT WALL OF ATHENS: Its Changing Course and the Phases of Construction. Hesperia: The Journal of the American School of Classical Studies at Athens 80, no. 1 (2011): 71–156. doi:10.2972/hesp.80.1.0071 / Wikipedia.