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Las rocas del monte Quimera arden desde hace milenios y dieron lugar al monstruo mitológico del mismo nombre

Los fuegos milenarios del Monte Quimera / foto Carole Raddato en Flickr

A unos 80 kilómetros al suroeste de la provincia turca de Antalya, cerca de la localidad de Çıralı, se encuentra el monte hoy llamado Yanartaş, cuyo principal atractivo son las numerosas llamas que arden constantemente entre sus rocas, debido a emisiones de gas.

Yanartaş / foto William Neuheisel en Wikimedia Commons

Estos fuegos, que llevan ardiendo durante milenios (documentados desde hace más de 2.500 años) sin interrupción, están situados en la antigua región de Licia, de cuyos habitantes decía Heródoto que provenían de la isla de Creta, y a los que Homero cita entre los que acudieron en ayuda de los troyanos. Pero otro pasaje de la Ilíada sobre Licia dice lo siguiente:

Belerofonte, poniéndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, llegó a la vasta Licia y a la corriente del Janto: el rey recibióle con afabilidad, hospedóle durante nueve días y mandó matar otros tantos bueyes; pero, al aparecer por décima vez la Aurora, la de rosáceos dedos, lo interrogó y quiso ver la nota que de su yerno Preto le traía. Y así que tuvo la funesta nota, ordenó a Belerofonte que lo primero de todo matara a la ineluctable Quimera, ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas; y aquél le dio muerte, alentado por divinales indicaciones.

Homero, La Ilíada VI.145
Belerofonte matando a la Quimera en un mosaico del Museo Arqueológico de Rodas / foto dominio público en Wikimedia Commons

Que Homero situase a la Quimera, el monstruo híbrido de la mitología griega que escupía fuego, en la región Licia, y que allí precisamente hubiera una montaña que también escupía fuego por las hendiduras de sus rocas, parece una feliz coincidencia. El propio nombre turco de lugar, Yanartaş, significa rocas ardientes, y consiste hoy día en unas dos docenas de hendiduras repartidas en dos conjuntos a diferente altura, por las que arde el metano que mana del interior de las rocas.

Sin embargo, hasta 1811 nadie reparó en la posible relación entre la Quimera, la Ilíada y las llamas de Yanartaş. Sería Francis Beaufort, hidrógrafo irlandés (creador de la escala Beaufort para medir la intensidad del viento) y contraalmirante de la Royal Navy, quien se percatase del asunto. En ese año a Beaufort se le otorgó el mando el HMS Frederickstein, dedicándose durante los dos siguientes a explorar y cartografiar toda la costa sur de Anatolia, localizando y situando por primera vez muchas ruinas de lugares de la Antigüedad grecorromana.

Sir Francis Beaufort retratado por Stephen Pearce en 1850 / foto dominio público en Wikimedia Commons

A su regreso a Inglaterra, en 1817 publicó un libro titulado Karamania or a brief description of the South Coast of Asia Minor, and of the remains of Antiquity (Karamania o una breve descripción de la costa sur de Asia Menor, y de las ruinas de la Antigüedad), en el que sugería que Yanartaş no era otro que el antiguo Monte Quimera mencionado por Plinio:

En Fasélide, la montaña Quimera arde, y de hecho con una llama continua, día y noche. Ctesias de Cnido nos informa que este fuego se enciende con el agua, mientras que se apaga con la tierra y el heno. En el mismo país de Licia, los montes de Hefesto, al ser tocados por una antorcha encendida, arden tan violentamente que hasta las piedras del río y la arena arden, incluso en el agua: este fuego también se incrementa con la lluvia. Si una persona hace surcos en la tierra con un palo que ha sido encendido en este fuego, se dice que una corriente de llamas lo seguirá.

Plinio el Viejo, Historia Natural 2-110
Foto Mars Travel

Curiosamente al pie de la montaña aun son visibles las ruinas de un templo de Hefesto, el dios griego del fuego asociado a la metalurgia y la forja.

No obstante, otros investigadores basándose en Estrabón creen que el antiguo Monte Quimera no era sino un barranco que se encontraba más al oeste, a unos 75 kilómetros de distancia, en otra montaña donde existen unos fuegos similares.

A continuación está el Anticrago, un monte escarpado sobre el que se encuentra Carmileso, un lugar situado en un barranco, y después el Crago con ocho promontorios y una ciudad del mismo nombre. En torno a estas montañas se sitúa el mito de la Quimera, y tampoco está lejos Quimera, un barranco que sube desde la costa

Estrabón, Geografía XIV-3
Fuegos en el Monte Quimera / foto Chrisbwah en Flickr

En cualquier caso, que varios escritores de la Antigüedad afirmaban que Quimera era un lugar antes que una monstruosa bestia, lo atestigua incluso Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (confundiendo, eso sí, Licia con Cilicia):

La Quimera se representa como una bestia de tres formas; un león en la parte delantera, una pitón en sus partes posteriores y una cabra en el centro. Ciertos escritores de historia natural dicen que no es un animal, sino una montaña de Cilicia, que en algunos lugares alimenta a leones y cabras, en otros se quema, en otros está llena de serpientes. Belerofonte hizo habitable este lugar, de donde se dice que «mató a Quimera».

Isidoro de Sevilla, Etimologías 11.3.36
Vista nocturna del monte Quimera / foto Dave Lonsdale en Flickr

Las leyendas de la zona dicen que antiguamente los marineros podían navegar gracias a las llamas perennes, usándolas a modo de faro (parece que hasta hace pocos siglos llegaban a tener hasta 2 metros de altura). Lo que es seguro es que ya ardían hace al menos 2.500 años, cuando aparecen las primeras referencias escritas.

Las llamas se distribuyen sobre una superficie de 5.000 metros cuadrados, y tienen un carácter estacional ya que en los meses de invierno parecen arder con mayor intensidad, posiblemente debido a la acumulación de presión por el aumento del agua subterránea y cambios en la presión atmosférica.

Según un estudio publicado en 2014 en la revista Applied Geochemistry, el metano que alimenta las llamas del Monte Quimera desde hace milenios no proviene de la descomposición de elementos orgánicos, sino de una reacción química dentro de las rocas. Es lo que se conoce como metano abiótico, y esta sería la mayor emisión descubierta hasta ahora en la Tierra.

Fuentes: Karamania (Francis Beaufort) / Historia Natural (Plinio) / Abiotic methane in continental ultramafic rock systems: Towards a genetic model, doi.org/10.1016/j.apgeochem.2019.01.012 / Science and Engineering of Hydrogen-Based Energy Technologies (Paulo Emilio Miranda) / Wikipedia.