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La Iglesia norteamericana cuyos fieles manipulan serpientes y toman veneno


Seguramente no habrán oído nunca hablar de George Went Hensley. Fue uno de esos inefables personajes de la Norteamérica profunda, un predicador de la pentecostalista Church of God (Iglesia de Dios) que, sin embargo, desarrolló su propia línea de culto fundando lo que se conoce como Church of God With Signs Following, traducible como Iglesia de Dios con las señales que la acompañan. Su inaudita peculiaridad está -todavía existe- en que promueve el culto al Señor mediante el manejo de serpientes y el consumo de su veneno. Con estos estrambóticos elementos se hace casi imperioso echar un vistazo a la peculiar vida de Hensley.

Nació en el condado de Scott, Virginia, en 1881, en el seno de una familia muy religiosa. Fue educado en el baptismo, una rama del protestantismo originaria de la Holanda del siglo XVII que bautiza a sus fieles cuando ya son adultos y creyentes, haciéndolo además por inmersión completa y siendo ese sacramento el único que reconocen junto a la comunión. Los baptistas creen en la salvación por la fe, en la interpretación personal de las Sagradas Escrituras y en la competencia del alma (rendir cuentas a Dios). Por lo demás, se dividen en varios subgrupos, como es frecuente entre los protestantes.

Sin embargo, Henley abandonó el baptismo en 1901, el mismo año en que contrajo matrimonio con Amanda Winniger, entrando en unos años un tanto perdidos que le llevaron a regentar una granja en Tennessee pero, a la vez, probar otras cosas: desde el oficio de maderero en el negocio de su cuñado al de minero en explotaciones locales, pasando por la fabricación de whisky casero, algo que en esas fechas era ilegal pero que practicaban casi todos en el mundo rural de ese estado. Un día asistió a un oficio religioso de la mencionada Iglesia de Dios y experimentó una conversión radical, abandonando sus malas costumbres (alcohol, tabaco) para replantearse su vida.

El evangelio de San Lucas/Imagen: StockSnap en Pixabay

Retomó así la lectura de la Biblia, aunque sustituyendo el punto de vista baptista por el pentecostalista, que era al que se adscribía la Iglesia de Dios y que, si bien coincidía con él en la doctrina básica, reivindicaba una vuelta al cristianismo primitivo. Una de las características de los pentecostalistas era interpretar los textos bíblicos, incluso los aparentemente más inanes. Hensley se obsesionó concretamente con tres citas; una era del Evangelio de San Marcos (16: 17-18):

A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán.

La segunda correspondía al Evangelio de San Lucas (10:19):

Ved que os he dado poder para pisar serpientes y escorpiones, y sobre todas las fuerzas del enemigo, sin que nada os dañe.

La tercera estaba en los Hechos de los Apóstoles (28: 1-6):

Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Los indígenas nos trataron con una humanidad poco común; como estaba lloviendo y hacía frío, encendieron una hoguera y nos invitaron a calentarnos.

Pablo recogió un montón de ramaje y, al echarlo al fuego, una víbora, que escapaba de las llamas, le mordió la mano. cuando los indígenas vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: «Este hombre es ciertamente un asesino; se ha librado del mar pero la justicia divina no le ha permitido vivir. Mas él se sacudió la víbora, la echó al fuego y no sufrió daño alguno. Ellos estaban esperando que se le hinchara la mano y cayese muerto de repente; pero después de un largo rato sin que le pasara nada, cambiaron de parecer y decían que era un dios.

Crotalus adamanteus es la especie de serpiente de cascabel típica del sudeste de EEUU/Imagen: Snakecollector en Wikimedia Commons

Como se puede ver, las serpientes protagonizaban esos versículos y pasaron a ser el objeto de la atención de Hensley. Lo cierto es que la manipulación de ofidios empezaba a despuntar en el ambiente del Holiness movement (Movimiento de Santidad, que incluía a pentecostalistas, evangélicos y otros metodistas) del entorno de los Apalaches sin que se sepa el origen ni el porqué; en ese sentido, Hensley no sería el creador de la tradición, como a veces se piensa, sino el difusor. Él explicó contando que en un retiro espiritual en el monte vio una serpiente y la agarró sin sufrir daño, lo que le disuadió de las dudas que tenía sobre su salvación. En cambio, uno de sus hijos sugirió que su progenitor seguramente recordaba la arraigada tradición de manipular serpientes de su Virginia natal.

En cualquier caso, a partir de 1908 Hensley empezó a exhortar a otros correligionarios a coger esos reptiles para afianzar su fe e incluso hacía demostraciones, lo que le dio cierta popularidad. En 1915 solicitó ser nombrado ministro de la Iglesia de Dios y le fue concedido, ampliando así su fama. De escasa estatura, su imagen resultaba agradable y simpática a la gente, pues además contrastaba con otros predicadores en que era de maneras suaves. Esa empatía se amplió gracias a que a menudo predicaba acompañado de una de sus hermanas, Bertha, que también tenía licencia de la Iglesia de Dios para ello, y a la publicación de numerosos artículos sobre su peculiar ministerio a lo largo de la década, algunos escritos por su esposa. Él, por cierto, era analfabeto.

George con su hermana Bertha en 1931/Imagen: Grace Cook en Serpent-handling belivers

Pese a la ayuda propagandística de Amanda, en 1922 sufrieron una crisis matrimonial y se separaron porque, al parecer, su marido seguía bebiendo, lo que le llevaba a pegarle y le involucró en algún que otro altercado. Irónicamente, los sermones de Hensley clamaban contra cosas mundanas como el juego, el lápiz de labios y el béisbol pero también contra el consumo de alcohol, esto último bastante hipócrita teniendo en cuenta que él seguía fabricándolo -y tomándolo- en casa.

De hecho, al año siguiente fue detenido por eso (la Ley Seca había entrado en vigor en 1920 y ya no se hacía la vista gorda con los alambiques domésticos) y pasó cuatro meses en prisión. Su buen comportamiento hizo que le destinaran a desbrozar caminos y un día que le enviaron a por agua aprovechó para evadirse, escondiéndose en las montañas primero y en la casa de Bertha después. Vivía en Ohio, donde retomó su actividad religiosa.

George con su segunda esposa, Irene/Imagen: La Creta Siemeones en Serpent-handling belivers

Hensley permaneció allí varios años, tiempo durante el que se divorció de Amanda y se casó con Irene Klunzinger, una luterana de origen alemán muy religiosa y veinticinco años más joven, que acudió a él en busca de ayuda al creer que sufría una maldición. Se instalaron en Washingtonville, al conseguir allí trabajo en una mina de carbón. En realidad, no permanecían mucho tiempo en el mismo lugar y fueron cambiando de uno a otro casi a la par que tenían hijos; si la primera mujer le había dado ocho, con esta segunda tuvo cinco. En cada nuevo hogar, Irene daba a un luz un retoño mientras Hensley fundaba una iglesia basada en su personal método de las serpientes, aunque se formó un pequeño revuelo cuando en Norton (Virginia) un niño mató a una serpiente.

En 1936 hizo una gira por el estado de Florida usando un remolque como casa y atrayendo a cada oficio religioso a cientos de personas. Ese mismo año, en Georgia, se produjo la primera víctima mortal, que él atribuyó a que el infortunado no estaba aún preparado para aquella experiencia. El escándalo subsiguiente hizo aconsejable desaparecer del candelero por un tiempo, regresando a Ohio para trabajar de maquinista ferroviario, empleo que simultaneaba con su labor pastoral allí mismo. Pero en 1939 las autoridades ordenaron su arresto al considerar que manipular serpientes era ilegal, debiendo lanzarse otra vez a la carretera.

George, a la izquierda, oficiando el funeral de una de las víctimas/Imagen: J. C. Collins en Serpent-handling belivers

Se instaló en Knoxville, Tennessee, durante tres años. Luego también perdió a Irene, que se marchó harta de sus malos tratos y de tener que mantenerle, si bien se reconciliaron tiempo después… para volver a separarse cuando él quiso dejar a sus hijos en un orfanato para que ella pudiera acompañarle en sus giras religiosas. Se divorciaron en 1943 y ella falleció posteriormente, durante una operación de bocio; su marido asistió al entierro pero después nunca más regresó y, por tanto, tampoco volvió a ver a los hijos que habían tenido juntos.

De hecho, iba y venía por el país a pesar de que para entonces había decaído algo el interés por la manipulación de serpientes. Aún así, Hensley se asoció con Raymond Hayes, un joven seguidor, para fundar en 1945 una nueva iglesia, la Dolly Pond Church of God with Signs Following, en la que el rito incluía el recurso a los reptiles. Precisamente en el seno de esa institución se produjo la segunda víctima mortal, un feligrés también en la juventud que sufrió una mordedura de la que no se recuperó, pese a que así lo había profetizado el predicador; éste exhibió serpientes en su funeral, aprovechando para subrayar que no eran inofensivas, como rumoreaban los no creyentes.

Otro momento del funeral anterior/Imagen: J. C. Collins en Serpents-handling belivers

Las autoridades seguían recelando y volvieron a detener y multar a Hensley en Chattanooga, amenazando con procesarle, ya que muchos estados prohibían -y lo siguen haciendo- el uso de esos reptiles por su peligrosidad. La presión de sus fieles no sólo evitó el juicio sino que logró la liberación de su líder, lo que favoreció que se instalara en la localidad. Había un motivo extra, eso sí: casarse en terceras nupcias con Inez Hutcheson, una viuda que tenía diez hijos. En esta ocasión la relación conyugal apenas duró un año porque ella no quería la vida peregrina que él se empeñaba en recuperar. No obstante, el predicador no se rindió y en 1951 tomaba esposa por cuarta vez: Sally Norman, que sí aceptó acompañarle en aquel nomadismo misionero, aunque finalmente se asentaron en Atenas, Georgia.

En el verano de 1955 Hensley viajó a Florida, donde durante un mes ofició reuniones de su iglesia sin serpientes. El tema sobre el que insistía últimamente era su milagrosa recuperación de un presunto accidente minero del que, sin embargo, no hay prueba alguna. En ese sentido, hacía bizarras demostraciones en las que bebía estrictina y ácido de baterías sin que le pasase nada. El caso es que empeñado en demostrar la capacidad de la fe para sanar, y quizá echando de menos a las estrellas de sus prédicas, compró una cascabel de metro y medio de longitud y durante un sermón público realizado en una herrería abandonada se la enroscó al cuello, frotándola contra su cara sin que ella le hiciese daño alguno. Pero cuando la estaba guardando en su caja, el animal le mordió en una muñeca.

La herrería donde George fue fatalmente mordido y los familiares que acudieron a su entierro/Imagen: 1: J.R, Hensley – Imagen 2: La Creta Simmons, ambas en Serpents-handling belivers

En realidad no era la primera vez que pasaba, pues según se cree había recibido ya cientos de mordeduras a lo largo de su vida. Sin embargo, esta vez la cosa fue diferente. El veneno empezó a hacer efecto, provocándole vómitos de sangre y dolorosas convulsiones, pese a lo cual rechazó recibir tratamiento médico porque la culpa, decía, era de la poca fe de su congregación. No pasó de esa noche. A la mañana siguiente, Sally acataba resignadamente lo que consideraba la voluntad de Dios mientras que la jueza del condado dictaminaba que se trataba de un suicidio. Le enterraron dos días más tarde en el cementerio de Calhoun, al son de una banda de country.

Hoy en día se cuentan en EEUU aproximadamente cuarenta iglesias en cuyo ceremonial se manipulan ofidios, la mayoría en el entorno de los Apalaches y los estados del sureste (Alabama, Mississippi, Georgia, Kentucky, Tennessee, Virginia Occidental, Carolna del Norte y Carolina del Sur ), aunque también hay cuatro en Canadá (Alberta y Columbia Británica). Los devotos, rezan y cantan mientras cogen a los animales aprovechando que, pese a ser ilegal (Virginia Occidental es la excepción), hay cierta tolerancia para no provocar denuncias contra la libertad religiosa.

Pero, además, observan ciertos convencionalismos estéticos como llevar el pelo corto y camisas de manga larga los hombres o melena y faldas hasta el tobillo las mujeres (que tampoco usan cosméticos). Los oficios pueden durar horas y si muere alguien atacado por una serpiente se considera simplemente que había llegado su momento de dejar este mundo. Según cálculos, se producen alrededor de un centenar de casos cada año.

Fuentes: Serpent-handling believers (Thomas G. Burton)/Snakes in american culture. A hisstory (Jesse C. Donahue y Conor Shaw-Draves)/The psychology of religion. An empirical approach (Ralph W. Hood, Jr., Peter C. Hill, Bernard Spilka)/Them that believe. The power and meaning of the christian serpent-handling tradition (Ralph Hood y W. Paul Williamson)/Taking up serpents. Snake handlers of Eastern Kentucky (David L. Kimbrough)