La posible relación entre la primera aleación de bronce utilizada por el hombre y la deformidad de algunos dioses como Hefesto y Vulcano

El dios herrero finlandés Ilmarinen, cuadro de Akseli Gallen-Kallela (1893) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Hacia finales del IV milenio a.C. surgió en Oriente Próximo una tecnología revolucionaria, la metalurgia que daría nombre al período de la Prehistoria que hoy conocemos como Edad del Bronce.

El bronce fue la primera aleación de importancia obtenida por el hombre y durante milenios fue la aleación básica para la fabricación de herramientas, armas, y materiales de construcción, que consiguieron mayor dureza y durabilidad que sus predecesores en piedra o cobre calcopirítico, proporcionando a los pueblos que dominaban la nueva tecnología una ventaja sustancial.

La fragua de Vulcano, cuadro de Velazquez (1630) / foto dominio público en Wikimedia Commons

La técnica consistía en mezclar mineral de cobre (calcopirita o malaquita) con estaño (casiterita) en un horno alimentado con carbón vegetal. No obstante, el estaño no era demasiado abundante en algunas zonas, y por eso el primer bronce utilizado por el hombre no fue aleación de cobre con estaño sino con arsénico. Es lo que se conoce como bronce arsenical, una aleación blanquecina, muy dura y frágil.

La presencia de arsénico en una proporción habitualmente no inferior al 2 por ciento hace a esta aleación altamente tóxica, ya que produce —entre otros efectos patológicos— atrofia muscular y pérdida de reflejos.

Aunque el bronce arsenical se encuentra en registros arqueológicos de todo el mundo, los primeros artefactos conocidos fabricados con esta aleación datan de finales del cuarto milenio antes de Cristo y se han encontrado en la meseta iraní. No obstante, no está claro hasta que punto la presencia de arsénico en estos objetos fue deliberada o se encontraba de manera natural en el mineral de cobre.

Buda del siglo XVIII hecho de bronce arsenical / foto dominio público en Wikimedia Commons

Las sociedades que utilizaron el bronce arsenical incluyen a los acadios y los amorreos, y en general a todos los pueblos situados alrededor de los ríos Tigris y Éufrates, centros de las redes comerciales que extendieron su uso por todo Oriente Medio durante la Edad del Bronce. El uso del bronce arsenical llegó hasta el noroeste de China, a la región de Gansu-Qinghai, con las culturas Siba, Qijia y Tianshanbeilu, y al norte de Italia, con las culturas Remedello y Rinaldone en el 2800 al 2200 a.C.

Incluso en América del Sur el bronce arsenical fue la aleación predominante en Ecuador y en el norte y centro del Perú, debido a los minerales ricos en arsénico presentes allí. La cultura Sicán de la costa noroeste del Perú es famosa por su uso de esta aleación desde 900 a 1350 d.C.

Un estudio publicado en 1987 en British Journal of Medicine analizaba cómo el arsénico presente en estas primeras aleaciones de bronce pudo afectar a aquellos que trabajaban el metal. Entre los efectos que una exposición de ese tipo al arsénico pudo haber causado están dermatitis y otras enfermedades de la piel, pero a largo plazo habría aparecido otra manifestación del envenenamiento crónico por arsénico: una neuritis periférica que provocaría debilidad en pies y piernas.

Völundr (Wayland el herrero) / foto dominio público en Wikimedia Commons

En las conclusiones del estudio se hace notar el hecho de que muchos dioses patronos de artesanos y asociados a la metalurgia, como el griego Hefesto, el romano Vulcano, el escandinavo Völundr (Wayland en inglés) o el finés Ilmarinen, son todos tullidos. Y se sugiere que efectivamente la asociación de un síntoma tan particular con la ocupación del metal, tenga mucho que ver con neuropatías arsenicales. Por eso Hefesto y los demás herreros mitológicos son cojos y feos (de hecho Hefesto era el único dios griego físicamente imperfecto). Sin embargo, y dado que Hefesto era un herrero de la Edad del Hierro, no de la Edad del Bronce, la conexión de su cojera con el envenenamiento por arsénico se remontaría a la memoria popular, que asociaba el trabajo del metal a la mala salud.

Mas, cuando la fúlgida luz del sol llegó al ocaso, los dioses fueron a recogerse a sus respectivos palacios, que había construido Hefesto, el ilustre cojo de ambos pies, con sabia inteligencia.

Homero, Ilíada, I,605

El popular Ötzi, la momia de un hombre que vivió alrededor del año 3200 a.C. encontrada en los Alpes, mostraba altos niveles de partículas de cobre y arsénico en su cabello. Además la hoja del hacha que llevaba era de cobre, con una pureza del 99,7 por ciento, lo que sugiere que podía haber estado involucrado en el trabajo del metal.


Fuentes: Civilization before Greece and Rome (H.W.F. Saggs) / Possible toxic metal exposure of prehistoric bronze workers, M.Harper. British Journal of Industrial Medicine 1987;44;652-656 / Chemistry of Arsenic, Antimony and Bismuth (N.C.Norman, ed.) / From Horus the child to Hephaestus who limps: a romp through history (K. Aterman) / Wikipedia.