Cuando 36 luxemburgueses defendieron el castillo de Vianden ante 250 Waffen-SS

El Castillo de Vianden en 1944 / foto Stand where they fought

Cuando se habla de batallas europeas de la Segunda Guerra Mundial imaginamos, básicamente, a alemanes o italianos combatiendo contra británicos, estadounidenses o rusos y podemos extenderlo a franceses, holandeses, balcánicos o escandinavos. Pero lo que nunca se nos pasa por la cabeza es a la Wehrmacht luchando contra soldados de Luxemburgo. Y, sin embargo, no faltaron enfrentamientos en ese país, de los que quizá el más célebre haya sido el del castillo de Vianden.

Vianden es una localidad que hoy apenas sobrepasa los dos millares de habitantes. Se encuentra en el Valle del Our, en la zona noreste, muy próxima a la frontera con Alemania. Nació a partir de un castellum galo-romano y durante la Edad Media se convirtió en un centro de artesanos de diversas especialidades (cerrajería, tonelería, textiles…), con los que se combinaban el cultivo de viñedos y la ganadería porcina, esta última generadora también de una considerable actividad curtidora. En esa época, entre los siglos XI y XIV, los condes de Vienen construyeron allí su castillo. Un terremoto seguido de un incendio lo dejó tan maltrecho que los dueños se marcharon a los Países Bajos -fueron los antepasados de los Orange-Nassau- y el edificio quedó abandonado.

Vianden y su castillo/Imagen: Bjalek Michal en Wikimedia Commons

Fue comprado en 1820 por un comerciante local que vendió no sólo todo su contenido -puertas, artesonados, muebles…- sino también sus piedras, por lo que apenas quedaron unas patéticas ruinas. Únicamente se acometió una restauración tres décadas después, aunque no completa. La capilla se llevó la mejor parte, si bien el resto debió experimentar una reforma suficiente como para habitar una parte porque en 1871 se alojó allí el escritor Victor Hugo. En 1890, Adolfo de Nassau-Weilbourg, gran duque de Luxemburgo, encargó una reconstrucción más profunda que se prolongó hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Para entonces estaba casi terminada pero quedó inconclusa y no se pudo rematar porque en 1939 llegó la siguiente contienda global.

El país fue ocupado y anexionado en 1940. La mitad del ejército huyó para integrarse en el belga, el británico o la Legión Extranjera, igual que se produjo un éxodo de civiles. Hubo entidades colaboracionistas, como el pro-nazi Volksdeutsche Bewegung (Movimiento Étnico Alemán) y un año después surgió lo que se llama la Resistencia de Luxemburgo, creándose grupos clandestinos como Letzerburger Ro’de Lé’w (León Rojo Luxemburgués), PL-Men (Operando Bajo Tierra), Lëtzeburger Patriote Liga (Liga Patriota de Luxemburgo) y varios más. Se centraron, sobre todo, en esconder a los jóvenes para evitar que fueran reclutados por los germanos pero también repartían propaganda antinazi, pasaban refugiados políticos a territorio aliado, convocaron una huelga general y, cuando disponían de equipamiento (cosa que ocurrió pocas veces), organizaban sabotajes. No obstante, no supusieron un problema demasiado grande para los teutones porque carecían de coordinación, al responder a ideologías diferentes, habiendo grupos comunistas, liberales, católicos…

Cartel anunciando la condena a muerte a los luxemburgueses procesados por la huelga general de 1942/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, en el otoño de 1944 la situación había cambiado: los Aliados avanzaban imparables por el continente y la Wehrmacht reculaba hacia su país, de modo que el Gran Ducado de Luxemburgo fue liberado por el ejército de EEUU en su mayor parte, quedando sólo algunas poblaciones bajo control del adversario en la región noreste. Ello, unido al temor a un posible contraataque, que en efecto ocurriría un mes más tarde, llevó a los miembros de la Resistencia a dejar atrás su carácter guerrillero e irregular para formar una milicia nacional con servicio militar obligatorio, a la que los Aliados dotaron de uniformes, armas y municiones. Su principal cometido era vigilar la frontera con Alemania y advertir de posibles concentraciones de tropas enemigas, algo para lo que Vianden era un lugar privilegiado; especialmente su castillo, que además de constituir una fortificación estaba situado en una colina, de entre 394 y 560 metros, desde la que se veía territorio alemán.

Pero el 15 de noviembre hicieron algo más que observar. Al descubrir una pequeña patrulla germana entre los pueblos de Wiessen y Bettel, la atacaron produciéndole cinco muertos. Aunque se trató de una escaramuza menor -sólo había once soldados teutones y los luxemburgueses no registraron bajas- el mando alemán entendió que aquel castillo delataba sus movimientos, así que decidió recuperarlo enviando una unidad de las Waffen-SS, la rama militar del Partido Nazi, integrada por soldados de su país pero también de los ocupados y otros, siempre que cumplieran los estándares raciales arios. En esa zona operaba el 7º Ejército del general Erich Brandenberger, quien destinó a la operación un pequeño contingente de doscientos cincuenta hombres.

Uniformes improvisados por la Resistencia de Luxemburgo para los milicianos entre 1944 y 1945/Imagen: Brigade Piron en Wikimedia Commons

Frente a ellos, los luxemburgueses sólo contaban con una treintena de milicianos. La cosa se presentaba difícil porque los estadounidenses les dejaron equipo para resistir pero no refuerzos (aunque se les unieron cinco estadounidenses y un intérprete belga que se habían perdido), así que se evacuó a la población civil y ellos se atrincheraron en el castillo al mando de Victor Abens, un militante del LSAP (Partido Socialista de los Trabajadores de Luxemburgo, de tendencia socialdemócrata) y miembro de la Lëtzeburger Volleks Legio’n. La mañana del domingo 19 de noviembre llegó el momento de entrar en acción. Las Waffen-SS entraron en Vianden y atacaron el castillo, tratando de abrir una brecha en las murallas con sus lanzagranadas. A pesar de su superioridad numérica, tardaron un buen rato en lograrlo, pues los defensores, disparando a cubierto, les obligaban a mantenerse a distancia.

Finalmente consiguieron volar una parte, por la que entraron seis soldados que abrieron el portón a los demás. Sin embargo, dentro del recinto había multitud de estructuras arquitectónicas y casas desde las que los milicianos continuaban defendiéndose, lo que obligaba a los asaltantes a ir tomando casa por casa. En el transcurso de la batalla perdieron treinta y siete hombres por uno del adversario (más tres heridos graves, otros tres leves y un civil que falleció en su hogar por la explosión de una granada). Quizá eso disuadió al oficial germano al mando -cuya identidad se desconoce- o simplemente recibió orden de retirarse para unirse al grueso de las fuerzas que preparaban una contraofensiva, como veremos; el caso es que los luxemburgueses retuvieron victoriosamente la posición.

La Batalla de las Ardenas/Imagen: Wacht am Rhein map en Wikimedia Commons

Eso sí, un mes más tarde, el 16 de diciembre, la Wehrmacht y la Luftwaffe desataron conjuntamente la Operación Wacht am Rhein (Operación Guardia del Rin, título de un himno patriótico), el temido contraataque que reseñábamos antes, que pilló a los Aliados por sorpresa. Aunque fundamentalmente lo llevaron a cabo a través de los bosques belgas de Las Ardenas, de ahí que se lo conozca como Batalla de Las Ardenas (aunque los anglosajones lo llaman Battle of Bulge y en alemán se dice ArdennenoffensiveRundstedt-Offensive), la parte meridional se libró en Luxemburgo. Los Aliados tuvieron que reaccionar a la desesperada para enviar refuerzos y equipo con el que afrontar el crudísimo invierno pero al final lograron contener el ataque.

La Batalla de las Ardenas se dio por finalizada el 25 de enero de 1945 y técnicamente acabó en tablas pero para el ejército teutón fue una catástrofe: perdió decenas de miles de hombres y miles de toneladas de material (tanques, cañones…), aparte de que el temor a un nuevo intento llevó a los Aliados a solicitar ayuda a la URSS, que atendió la petición iniciando la Ofensiva del Vístula-Óder, que llevó al Ejército Rojo a setenta kilómetros de Berlín a principios de febrero. Los milicianos luxemburgueses, por cierto, aportaron su granito de arena, pues dispararon desde el castillo sobre los paracaidistas de la 4ª Compañía Fallschirmpionier del 5º Batallón que mandaba el teniente Hans Pridge, aunque luego, dado el tamaño del ataque alemán, tuvieron que escapar para unirse a los estadounidenses.

Victor Abens, a la izquierda con un amigo y a la derecha como eurodiputado/Imagen 1: Fédération des Enroles de Force – Imagen 2: Parlamento Europeo

Después de la contienda, al multicondecorado Victor Abens lo nombraron diputado nacional y alcalde de Vianden. En 1964 también fue elegido miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y en 1979 eurodiputado, retirándose en 1987 y falleciendo seis años más tarde en Lieja; en memoria de su hazaña, se rebautizó con su nombre la plaza del Ayuntamiento de Vianden.

En cuanto al castillo, demostró que poseía cierto valor militar incluso para la guerra moderna pero su uso se ha orientado al turismo. En 1962 se restauró la armería y a partir de 1977, tras su cesión al estado, se acometió una rehabilitación que terminó trece años después. Actualmente está abierto al público e, irónicamente, muchos de sus visitantes son alemanes.


Fuentes: Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler (Anthony Beevor)/The unknown dead. Civilians in the Battle of the Bulge (Peter Schrijvers)/Unheilvolle Jahre für Luxemburg: années néfastes pour le Grand-Duché (Aloyse Raths)/Battle. The story of the Bulge (John Toland)/Luxembourg (Patricia Sheehan)/Wikipedia