La misteriosa desaparición de Louis Le Prince, el verdadero inventor del cinematógrafo

Le Prince en la década de 1880 / foto dominio público en Wikimedia Commons

En la primera mitad de la década de los noventa del siglo XX, apareció una vieja fotografía en los archivos de la Préfecture de Police de París. Mostraba el cuerpo de un ahogado sin identificar que no tardó en originar una especulación: ¿sería ese infortunado Louis Le Prince? A falta de corroboración, sólo podemos recordar la historia del personaje citado, que desapareció sin dejar rastro en 1889. Algo que no tendría mayor trascendencia que la policial salvo por un importante detalle: de no ser por esa desaparición, a Le Prince se le hubiera considerado el verdadero inventor del cinematógrafo, por delante de los hermanos Lumiére y Edison.

El caso se vuelve todavía más interesante si tenemos en cuenta las hipótesis que se manejaron para explicar por qué, de pronto, no se volvió a saber de un inventor que estaba preparando un viaje hacia Estados Unidos para presentar la cámara con la que había grabado las primeras imágenes en movimiento. Y ahí es donde todo se vuelve morbosamente jugoso, pues surgen cuestiones como la guerra de patentes, una situación económica cercana a la ruina, y la posterior muerte de su hijo tras declarar contra Edison en un juicio.

Thomas Alva Edison en 1893/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Louis Le Prince nació en la ciudad francesa de Metz en 1841. Era hijo de un militar condecorado con la Legión de Honor que tenía amistad con Louis-Jacques-Mandé Daguerre, artista al que se considera el gran precursor de la fotografía al haber inventado el daguerrotipo dos años antes a partir de las experiencias previas en ese campo desarrolladas por el químico y litógrafo Joseph Nicéphore Niépce (el hombre que plasmó la primera imagen real en 1826). Daguerre, que por su trabajo había ganado la misma medalla que el padre de Le Prince, tenía un estudio donde adoptó al joven Louis como aprendiz, enseñándole pintura pero también química y fotografía.

El maestro falleció en 1851 y el alumno tuvo que continuar sus estudios en París y Leipzig; en la universidad de esta última se graduó en Química y a continuación, en 1861, viajó a Leeds (Inglaterra), aceptando la invitación que le hizo un amigo de la facultad, cuyo padre era dueño de una fundición. De hecho, ocho años después Le Prince se casó con su hermana y socia Elizabeth, (Whitley Partners, se llamaban), que era una consumada ceramista formada en Sévres y junto a la cual abrió una escuela de arte en 1871, la Leeds Technical School of Art. En ella impartían clases de técnica fotográfica, pues para entonces ésta ya se había generalizado, y empleaban precisamente la cerámica para imprimar imágenes en color.

Louis-Jacques-Mandé Daguerre/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La calidad de los trabajos fotográficos de los Le Prince, que obviamente resultaban muy vistosos, les llevaron a recibir encargos del primer ministro William Gladstone y de la mismísima reina Victoria. Ambas fotos se guardaron en la cápsula del tiempo que se colocó en los cimientos de la Aguja de Cleopatra. Era éste un obelisco de Tutmosis III regalado a Inglaterra en 1819 por el valí egipcio Mehemet Alí en memoria de la victoria de Nelson en Abukir y que, transportado a Londres en 1877, se ubicó en el Embankment, a orillas del Támesis.

Fue en 1881 cuando Whitley Partners le envió como representante a Estados Unidos, donde tenían los derechos de un nuevo proceso de diseño de interiores denominado papel incrustado Lincrusta. Decidieron establecerse allí definitivamente, aún cuando él dejó ese trabajo para ejercer como gerente de una compañía de artistas franceses cuya especialidad era fabricar panoramas (imágenes en 360º) de grandes batallas de la Historia que luego exhibían en giras por el país. Para mejorar esas obras, y mientras su esposa se hacía profesora de arte, Le Prince empezó a experimentar con la posibilidad de dotar de movimiento a las fotos que servían de fondo, de modo que el conjunto tuviera mayor realismo. Para ello, diseñó y patentó una cámara especial de dieciséis lentes que, sin embargo, no dio el resultado apetecido al captar el movimiento desde puntos distintos y, por tanto, al proyectar la imagen ésta se veía confusa.

Le Prince y su máquina-proyector de 1888/Imagen 1: dominio público en Wikimedia Commons – Imagen 2: Fair use en Wikimedia Commons

Necesitaba fondos y acudió al célebre inventor Thomas Alva Edison, aunque la ayuda de éste no se concretó y luego le recomendaron al francés alejarse de aquel hombre tan célebre como habituado a apropiarse de inventos ajenos. Así que el segundo intento tardó seis años en llegar y lo hizo en el 160 de Woodhouse Lane, Leeds, a donde había regresado para obtener dinero de su suegro y abrir un taller. Esta vez sólo empleó una lente pero tuvo éxito. En el otoño de 1888 realizó la que sería la primera grabación de imágenes en movimiento auténticas, mucho más allá que las del kinetoscopio. Se le ha puesto el titulo oficioso de Roundhay Garden Scene porque es una breve escena costumbrista mostrando a uno de sus seis hijos, Louis, sus suegros Joseph y Sarah (que curiosamente moriría unos días después), y una amiga llamada Annie Hartley simulando pasear por el jardín de Oakwood Grange, en el suburbio de Roundhay, donde hoy está el edificio de British Waterways.

Hay que remarcar lo de breve porque apenas dura dos segundos. Pero ya es historia y su autor, que había patentado el invento, pudo filmar más cosas. Filmar, por cierto, es la palabra adecuada, pues utilizaba película fotográfica Kodak con base de papel a una velocidad de siete fotogramas por segundo. A Roundhay Garden Scene la siguieron Traffic Crossing Leeds Bridge, en la que captó el tráfico del puente de Leeds (peatones, coches de caballos y el tranvía eléctrico), Man Walking Around a Cornery (un hombre doblando una esquina) y Acordeon Player (su hijo Adolphe tocando un acordeón). No contento con ese triunfo, además, en colaboración con un mecánico llamado James Longley, fabricó un proyector de tres lentes gracias al cual se podían mostrar las películas sobre una tela blanca, a modo de pantalla.

Ahora bien, únicamente familiares y amigos tuvieron ese privilegio; nunca hizo una presentación pública porque Le Prince siempre lo rechazó hasta estar plenamente seguro del perfecto funcionamiento de su invento… y cuando por fin su mujer lo tenía todo preparado para ello en Estados Unidos, se produjo la enigmática desaparición que contábamos al comienzo. Visitó a su familia en Bourges, Francia, y el viernes 13 de septiembre de 1890 cogió un tren desde París para verse con su hermano en Dijon, avisando de que regresaría a la capital gala el lunes. Pero cuando fueron a esperarle a la estación no venía a bordo. Tanto la policía francesa como Scotland Yard iniciaron una búsqueda que resultó infructuosa: no había rastro de Le Prince ni de su equipaje. No se obtuvo ningún testigo de nada sospechoso ni se halló jamás su cuerpo.

Esa incertidumbre originó todo tipo de teorías, basadas todas ellas en su contexto vital. Por ejemplo, el nieto de su hermano le contó a Georges Potonniée (autor del libro Histoire de la découverte de la photographie) que Le Prince estaba en la ruina, por lo que seguramente se suicidó. Claro que eso no explica ni las extrañas circunstancias ni por qué hizo desaparecer su equipaje, aparte de que, como vimos, su situación económica podría haber estado a punto de cambiar. En 1967 Jean Mitry, teórico del cine y productor, proponía en su obra Histoire du cinéma que si el hermano de Le Prince fue el último en verlo con vida, pasaba a ser el principal sospechoso; máxime teniendo en cuenta que discutieron antes de separarse. El motivo habría sido por la herencia materna, lo que constituiría una prueba más de que no había bancarrota y explicaría que su nieto tratara de proteger la memoria de su abuelo, exonerándolo de un fratricidio.

Uno de los pocos bocetos conservados de Le Prince: el proyector de tres lentes/Imagen: Wikimedia Commons

Una variante de esa hipótesis es la de que Le Prince se quitó la vida voluntariamente, no por dinero sino por su orientación homosexual. Lo sugirió en 1966 Jacques Deslandes en su Histoire comparée du cinéma y once años más tarde un periodista y escritor llamado Léo Sauvage, que en 1965 ya había tratado el caso de Lee Harvey Oswald, aportó una nota que le habría facilitado Pierre Gras, director de la biblioteca municipal de Dijon, dándole una vuelta de tuerca al asunto: Le Prince no se mató sino que se esfumó -según una versión alistándose en la Legión Extranjera (tenía experiencia militar; en 1870-71 participó en la Guerra Franco-Prusiana)- y en 1898 marchó a Chicago de incógnito a petición de su familia, para que no trascendiera su homosexualidad. Lo que ocurre es que no hay nada que demuestre ésta.

Así que una última posibilidad es la que reseñó Christopher Rawlence en 1990 sobre la mencionada guerra de patentes, que explicó en su biografía de Le Prince The Missing Reel (del que también hizo un documental). En él contaba las sospechas de Elizabeth y Adolphe hacia Edison, contra el que la American Mutoscope Company había presentado una demanda judicial (conocida como Equity 6928). Esa empresa aspiraba a que se anulase la patente registrada por el estadounidense, que aprovechaba una ambigua redacción de la patente de Le Prince años atrás, y para ello solicitó que los familiares testificaran.

Sin embargo, la causa les resultó adversa y Edison, del que hoy se sabe que no tenía escrúpulos en arrebatar patentes a terceros (otra cosa es que estuviera dispuesto a llegar a cometer un crimen), ganó el proceso. Rawlence, no obstante, creía más probable el suicidio. Para añadir más morbo al asunto, Adolphe, que había quedado desolado con la decisión del juez, murió en un accidente de caza sobre el que no tardaron en surgir nuevas habladurías. ¿Fue Edison el que arregló la muerte de Adolphe? ¿Robó conscientemente la idea de Le Prince? ¿Se alistó éste en la Legión Extranjera para quitarse de en medio?

En fin, que el misterio de la desaparición de uno de los pioneros de la fotografía y el cine sigue vigente y la única pista, si es que se trata de eso, es una foto perdida en unos archivos mostrando un cadáver que guarda cierto parecido físico con Louis Le Prince. Toda una ironía.


Fuentes: Inventores increíblemente poco razonables; Sus vidas, amores y muertes (Jeremy Coller)/Pioneers of Early Cinema: Louis Aimé Augustin Le Prince (1841-1890?) (National Media Museum)/Louis Aimé Augustin Le Prince (Stephen Herbert en Who’s Who of Victorian Cinema)/The Career of L. A. A. Le Prince (Kilburn Scott en pandora.nla.au)//The Missing Reel (Christopher Rawlence)/Histoire comparée du cinéma (Jacques Deslandes)/Histoire de la découverte de la photographie (Georges Potonnié)/Wikipedia