El Valle de las Maravillas alberga la mayor cantidad de petroglifos al aire libre de la Edad del Bronce en Europa

El Mago / foto Philippe Kurlapski en Wikimedia Commons

Situado en el Parque Nacional del Mercantour, al sur de Francia, el Valle de las Maravillas (Vallée des Merveilles) es un lugar excepcional en todos los sentidos, pero es especialmente interesante para los amantes de la historia y el arte porque allí se pueden contemplar más de 40.500 petroglifos y grabados rupestres protohistóricos que datan del Calcolítico y de la temprana Edad del Bronce, que lo convierten en la mayor concentración de éstos en Europa.

El Valle de las Maravillas en el Parque Nacional del Mercantour / foto Anthony Graizely en Wikimedia Commons

Se distribuyen por siete valles situados a más de 2.000 metros de altitud, alrededor del monte Bégo y de Rocher des Merveilles, principalmente en Francia, al norte de la localidad de Menton, pero con un sector, Vei del Bouc, en el lado italiano.

Los petroglifos se ubican en afloramientos de piedra repartidos por todo el valle, y fueron identificados por primera vez por el arqueólogo británico Clarence Bicknell en 1881, quien en los veinte años siguientes los estudió, copió y catalogó realizando más de 10.000 dibujos. El escultor Carlo Conti los analizó entre 1927 y 1942.

El Arbol de la Vida / foto Gregor Seither en Wikimedia Commons

Su estudio sistemático se inició en 1967, cuando el arqueólogo francés Henry de Lumley, junto con sus estudiantes de posgrado comenzaron la clasificación de los petroglifos en un área de 40 kilómetros cuadrados. La mayor concentración de ellos se da en la ladera del Monte Bégo, en una zona de unos 14 kilómetros cuadrados.

Los grabados representan objetos como dagas, hachas y guadañas, figuras geométricas que pueden ser soles, estrellas y espirales, óvalos con líneas entrecruzadas que podrían representar la tierra, animales con cuernos e incluso se han encontrado algunas figuras antropomorfas. Según Lumley serían obra de un pueblo mediterráneo de la Edad del Bronce que rendía culto al toro, y para quienes el monte Bégo sería un lugar sagrado.

Foto Gregor Seither en Wikimedia Commons

Pero también hay muchos grabados más actuales dispersos por el yacimiento, denominados grabados lineales. El más antiguo de éstos es una inscripción latina de siglo I d.C.: HOC QVI SCRIPSIT PATRI MIII FILIVM PIIDICAVIT. Otras figuras, antropomorfas y en forma de cruz, se atribuyen a la Edad Media, e incluso hay figuras de soldados que pueden ser del siglo XVIII.

Los investigadores opinan que los grabados más antiguos se relacionan con las creencias y ritos sagrados de las poblaciones de agricultores de la Edad del Cobre y del Bronce. Posiblemente el monte Bégo constituiría para ellos una divinidad, tanto por las abundantes aguas que fluyen de él como por las violentas tormentas que en él se dan.

Foto Gregor Seither en Wikimedia Commons

El tema más representado en los petroglifos es el toro, seguido de las representaciones geométricas, las armas y las figuras antropomorfas, algunas de las cuales han recibido nombres o apodos: el Mago, el Jefe de la Tribu, el Bailarín, etc. Otras representaciones son más enigmáticas, como el Árbol de la Vida.

En los últimos años se han sugerido numerosas teorías interpretativas, que relacionan los petroglifos con la posición de las estrellas o la relación entre el sol y la tierra. Hay quien, como la investigadora de la Universidad de Niza Chantal Jègues-Wolkiewiez, sugieren que todo el Valle de las Maravillas puede haber sido un gigantesco observatorio astronómico. Se basa en que en la Edad del Bronce el sol salía por la constelación de Tauro, lo que también explicaría el culto a este animal en la Liguria neolítica e incluso la leyenda cretense del Minotauro.

Otros, como el el etnólogo Emmanuel Larrouturou, creen que tienen que ver con ciclos lunares.

El Jefe de la Tribu / foto Philippe Kurlapski en Wikimedia Commons

Hoy en día el yacimiento sigue siendo estudiado por equipos de arqueólogos y estudiantes que turnan cada verano para inventariar, mapear, fotografiar, registrar y digitalizar los hallazgos, bajo la dirección de universidades, museos e institutos científicos financiados por el ministerio de cultura francés.

Existe un sendero que atraviesa el valle y se puede recorrer en unas 3 o 4 horas de marcha. Algunos de los petroglifos son visibles desde este sendero, pero está prohibido salirse de él sin la compañía de un guía oficial para visitar los grabados.

Fuentes: Vallée des Merveilles / Musée departemental des Merveilles / Office du Tourisme Tende-Vallée des Merveilles / Merveilles Gravures & Découverte / Wikipedia.