La historia de los sarcófagos fenicios de Cádiz y el hombre al que nunca dieron las gracias

Los sarcófagos fenicios del Museo de Cádiz / foto Emilio en Flickr

En 1887, con motivo de la celebración de la Exposición Marítima Internacional en Cádiz, se procedió a realizar el desmonte de los terrenos donde se ubicaría, en la denominada Punta de la Vaca de la capital gaditana. En las excavaciones apareció una necrópolis con varios enterramientos fenicio-púnicos, a unos cinco metros de profundidad, cuyos ajuares desaparecieron a manos de los operarios, que los vendieron a particulares.

El sarcófago masculino en el momento de su descubrimiento / foto dominio público

Pero también apareció un sarcófago antropoide masculino de mármol, enterrado en la roca y tapiado el hueco con sillares labrados, todo ello terraplenado con arcilla. Está formado por dos piezas de mármol blanco, la caja y la tapa, en la cual está labrada la figura de un hombre yacente con tocado egipcio, barba rizada y simétrica, el brazo izquierdo recogido sobre el pecho y algo que parece un corazón en la mano. El brazo derecho pudo sostener una corona de laurel pintada que ha desaparecido por completo. Los pies están descalzos y se apoyan sobre una peana, con el dedo gordo muy separado de los demás indicando el uso de sandalias. Tiene los ojos abiertos y está vestido con una túnica ceñida y sin mangas. Se creó con toda probabilidad en la ciudad de Sidón o en el sur de Italia, a cientos de kilómetros del lugar donde fue hallado, por artistas de origen griego o fenicios muy helenizados, hacia el año 450-401 a.C.

Toda la necrópolis quedó destruida el 18 de agosto de 1947 en la explosión del polvorín de la Armada que arrasó varios barrios de la ciudad. El sarcófago, junto con otros objetos encontrados en la necrópolis, dio lugar a la creación del Museo Arqueológico de Cádiz.

Busto de Pelayo Quintero en Uclés / foto Millars en Wikimedia Commons

Pero antes, hacia 1904, llegaba a Cádiz el arqueólogo Pelayo Quintero Atauri, nacido en Uclés (Cuenca) en 1867, y que había sido director de las excavaciones del yacimiento celta y romano de Segóbriga. En la capital gaditana ejerció como profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, director de excavaciones de la provincia, director del Museo Provincial de Bellas Artes, vocal de la comisión de monumentos, y otros cargos destacados.

Al mismo tiempo dedicó sus esfuerzos arqueológicos a la excavación de las necrópolis púnica y romana, recuperando gran número de objetos de ambas, como joyas, urnas, ánforas, ungüentarios y lucernas que hoy se guardan en el museo arqueológico de la ciudad. Pero Quintero estaba especialmente interesado en los sarcófagos fenicios. Dado que se había encontrado uno masculino en 1887, pensaba que pronto aparecería también uno femenino. Lo buscó de manera infatigable hasta su marcha de la ciudad en 1939, de lo cual quedan numerosas noticias en la prensa de la época, y se dice que incluso llegó a obsesionarle tanto que soñaba por las noches con su deseada Dama de Cádiz. Por desgracia nunca la encontró. Pelayo Quintero murió en Tetuán el 27 de octubre de 1946.

El sarcófago de la Dama en el momento del descubrimiento / foto Órbita Gadita

Curiosamente, y en un giro del destino digno de una película de Frank Capra, el 26 de septiembre de 1980, mientras se excavaba para colocar los cimientos de un nuevo edificio en la calle Ruiz de Alda de Cádiz, apareció un sarcófago fenicio femenino datado hacia el año 470 a.C. No solo eso sino que el edificio que anteriormente ocupaba el solar había sido el chalet del propio arqueólogo Pelayo Quintero.

El escritor gaditano Felipe Benitez Reyes se hacía eco de esta asombrosa coincidencia en su novela Mercado de espejismos publicada en 2007:

Quintero y Atauri tuvo, en fin, un sueño, pero nunca supo que dormía sobre ese sueño…. jamás se nos ocurre mirar la tierra que pisamos cada día de nuestra existencia, aunque la mayoría de las veces esa tierra pisoteada es el único tesoro accesible: un lugar insignificante en el universo

Claro que, como toda buena historia, la del descubrimiento de la Dama de Cadiz tiene su dosis de conspiraciones y teorías. No faltan, y una simple búsqueda en la red lo demuestra, quienes ven demasiadas coincidencias en el asunto: desde aquellos que opinan que el propio Quintero escondió el sarcófago en su jardín (no se sabe con que objetivo) hasta los que afirman haber visto documentos del arqueólogo donde ya antes de 1939 mencionaba su contenido y ajuar. Como suele pasar también, ninguna evidencia de esto existe, más allá de las palabras.

Otra imagen de los dos sarcófagos en el Museo de Cádiz / foto Fernando López en Flickr

La Dama de Cádiz es, al igual que su equivalente masculino, un sarcófago de mármol compuesto de tapa y caja, en esta ocasión representando una figura femenina. En el momento de su descubrimiento aun conservaba restos de pigmentos de color. Tiene la mano derecha extendida y la izquierda sostiene un alabastrón con tapadera. En su interior apareció un ajuar funerario compuesto de dos pares de pestañas de bronce, cinco amuletos colgantes en forma de ureos (representación de la diosa Uadyet con forma de cobra erguida), un escarabeo (amuleto en forma de escarabajo) y cuatro clavos de bronce.

Ambos sarcófagos, que se pueden contemplar juntos hoy en el Museo de Cádiz, constituyen la mejor representación de la presencia fenicia en España. En cuanto a Pelayo Quintero, desde 2011 tiene un busto en la plaza que lleva su nombre en Uclés, su localidad natal, mientras que la prensa gaditana le recuerda como el hombre al que nunca dieron las gracias.

Fuentes: Museo de Cádiz en Google Arts&Culture / Real Academia de la Historia / Diario de Cádiz / Wikipedia.