Kaspar Brandhofer, el actor al que los nazis ensalzaban como modelo ario, era un personaje inventado

Leon Moriz Reiss (a la izquierda bajo la puerta) en Confessions of a nazi spy / foto IMDB

«La sensación de la noche», tituló un crítico teatral. «El mejor actor natural de su generación«, declaró otro. Un ejemplo de la superioridad de la sangre aria, lo consideraban los nazis por su apostura. En 1936, la estrella del panorama escénico alemán era Kaspar Brandhofer, un actor tirolés de origen campesino y formación autodidacta cuyo trabajo se rifaban los mejores directores. Pero aquel desmesurado éxito le provocó vértigo y al cabo de un año de gloria hizo una impactante confesión: ni era de Tirol ni aquel era su nombre, ni siquiera su aspecto. Había adoptado aquella personalidad para poder ejercer el oficio que amaba, dado que por su ascendencia judía se lo vetaban las Leyes de Núremberg.

Cabe imaginar las proporciones que alcanzó el escándalo. Sin embargo, él debía estar curado de espantos a esas alturas porque su vida no había sido fácil, como no lo era para ningún judío de Europa central en aquellos tiempos. En realidad se llamaba Leon Moriz Reiss y nació fuera del mundo germánico propiamente dicho: en Dolyna, una ciudad que hoy está en el suroeste de Ucrania y que entonces formaba parte de Galicia, una provincia del Imperio Austro-Húngaro que contaba con una importante población ucraniana, la cual no quedó satisfecha cuando en 1918, tras la Primera Guerra Mundial, la región pasó a ser absorbida por Polonia.

Leon Moriz Reiss (Lionel Royce) / foto Wikimedia Commons

De hecho, al estallar esa contienda Leon se alistó en el ejército austríaco y fue destinado al Regimiento de Infantería Nº 4 Hoch- und Deutschmeistern, ascendiendo de soldado a teniente al final. Entremedias vivió momentos buenos y malos, resultando herido varias veces siendo condecorado por el valor demostrado y contrayendo matrimonio en 1916 con Stephanie Wagner, con la que tuvo dos hijos. De regreso a la vida civil, retomó la que era su gran vocación, el teatro, que en 1913, a los veintidós años, le había llevado a ingresar en la Universität für Musik und darstellende Kunst Wien (Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena). Debutó en 1919 interpretando El rey Lear a las órdenes del afamado actor/director Rudolph Schildkraut (quien se convertiría en un pionero del cine mudo germano) y que también era judío; quizá por eso o porque vio futuro en su pupilo, le apadrinó profesionalmente.

Para entonces, Leon había adoptado el nombre artístico germanizado de Leo Reuss, ya que en 1921 se trasladó a Múnich para unirse a la Münchner Kammerspiele, una compañía teatral fundada en 1906 por el dramaturgo Erich Ziegel que desde 1917 estaba bajo la dirección de Otto Falckenberg, la gran figura del espectáculo del momento. La carrera de Leon dio así un salto adelante y al año siguiente entró en el Berliner Staasteather (Teatro de Berlín), que dirigido por Leopold Jessner (también judío y pionero del expresionismo cinematográfico), y ya bajo patrocinio estatal, pasó a ser el más importante de la República de Weimar.

Rudolph Schildkraut. Su hijo Joseph trabajaría luego con Leon en Hollywood/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Allí alcanzó la fama como actor, colaborando con Berthold Brecht (al que había descubierto Falckenberg) y Erwin Piscator, un controvertido pero popular director al que se acusaba de tergiversar las obras que montaba para darles una orientación marcadamente izquierdista. El éxito profesional no corrió paralelo al afectivo, pues se divorció de Stephanie y en 1925 se casó de nuevo, esta vez con una actriz alemana: Agnes Straub, que era un año mayor que él y llevaba desde 1920 trabajando en el cine (como anécdota, cabe decir que su primera película -muda, evidentemente- fue una adaptación de El alcalde de Zalamea; sí, la pieza de Calderón de la Barca).

Leon y Agnes terminaron dejando la compañía para fundar una propia, a la que bautizaron con el nombre de ella: Schauspielerin Agnes Straub. Pero se acercaban tiempos turbulentos. Una nueva ideología desarrollada a lo largo de esa década por el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y dirigida por un oscuro excombatiente austríaco, Adolf Hitler, había ido creciendo progresivamente mientras difundía un mensaje abiertamente hostil a los judíos. En 1933, tras su ascenso al poder, se pasó de la teoría a la práctica, con boicot a sus negocios, agresiones y privación de ciudadanía que culminaron dos años después con la promulgación de las Nürnberger Gesetze (Leyes de Núremberg), un corpus legislativo racista y antisemita que prohibía los matrimonios interraciales y restringía el desempeño de profesiones.

Clasificación racial según las Leyes de Núremberg/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ello obligó a Leo a irse a Austria para poder trabajar pero el nazismo también llegó allí, por lo que regresó y cambió de estrategia. Fue entonces cuando ideó el montaje que explicábamos al comienzo. Dado que como judío no podía seguir con su oficio, decidió cambiar de identidad, recluyéndose en una cabaña que había adquirido en las montañas tirolesas para estudiar e imitar los ademanes y maneras de la gente local. Se dejó crecer la barba, que tiñó de blanco, y se vistió al estilo del lugar, de forma que en unos meses podía pasar por uno de ellos. Así, como vimos, trocó su nombre por el de Kaspar Brandhofer, un campesino cristiano aficionado al teatro que marchó a la ciudad en busca de una oportunidad.

La encontró en un cásting realizado para una adaptación de Fräulein Else, novela del dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler que trataba sobre una joven judía. El director de esa selección fue Max Reinhardt, un renovador de las artes escénicas que también hacía cine y con el que Leon había actuado años atrás. Pero no sólo no le reconoció sino que le recomendó para el papel al director del montaje teatral. En Fräulein Else, dirigida por el prestigioso Ernst Lothar, compartió reparto con muchos antiguos compañeros que tampoco fueron capaces de identificarle, lo que demuestra la calidad alcanzada en la caracterización. El éxito de la obra, estrenada a finales de 1936, fue paralelo a las loas que aquel desconocido actor recibió de público y crítica y ello le hizo ganarse un largo contrato de tres años.

Max Reinhardt y Ernst Lothar/Imagen 1: dominio público en Wikimedia Commons – Imagen 2: dominio público en Wikimedia Commons

Paradójicamente, el triunfo resultó excesivo para él. La fama adquirida le obligaba a someterse cada pocos días a una solución de peróxido de hidrógeno para mantener blanco el pelo, además de verse obligado a hablar y comportarse continuamente como un campesino tirolés. A ello se añadía el hecho de que la situación de los judíos empeoraba por momentos y, teniendo en cuenta que estaba engañando al régimen nazi, vivía con la perenne presión de estar bajo la Espada de Damocles. Finalmente, no resistió más y desveló la verdad. Se armó un considerable escándalo pero tuvo la suerte de que los nazis todavía no se habían deslizado del todo por la pendiente de la locura. Aprovechando que Louis B. Mayer, el magnate co-fundador de la Metro-Goldwin-Mayer, le había visto actuar en Viena y le había ofrecido un contrato, hizo las maletas y emigró a EEUU en 1937.

En Norteamérica volvió a cambiar de nombre, adaptando el suyo al inglés como Lionel Royce, y reorientó su actividad al cine, participando en películas menores en las que se aprovechaba su acento para interpretar personajes alemanes; irónicamente, a menudo eran nazis. De esa etapa destacan títulos como María Antonieta (donde compartió cartel con Tyrone Power y Norma Shearer), Serenata de Broadway (junto a Jeannette MacDonald) o Confesiones de un espía nazi (con Edward G. Robinson y George Sanders), entre otros. Al mismo tiempo, a partir de 1939 se incorporó a una compañía teatral llamada Continental Players, que estaba formada por huidos del régimen hitlerianos.

Visita de Hitler y Goebbels a los estudios UFA en 1935/Imagen: Bundesarchiv, Bild, en Wikimedia Commons

Por eso resulta asombroso que a través de la embajada alemana en Washington se le ofreciera volver para dirigir la UFA (Universum Film AG), el estudio cinematográfico más importante de Alemania, del que salieron cineastas como Fritz Lang y F.W. Murnau, y estrellas de la talla de Marlene Dietrich, así como colaboraron otros nombres ilustres, desde Max Ophüls a Douglas Sirk, pasando por Leni Riefenstahl. La mayoría habían terminado por irse también a EEUU, de modo que la UFA se quedó sin sus principales profesionales y la industria germana del cine se desplomó, manteniéndose el nivel sólo en teatro. Por supuesto, Leon no hizo caso a los cantos de sirena que le garantizaban ser declarado ario honorario (sic) y rechazó la propuesta.

Todavía actuó en más películas hasta sumar un total de cuarenta y dos, de las que la más importante sin duda fue Gilda, en 1946. Ese mismo año se embarcó en una gira para entretener a las tropas destinadas en el Pacífico y, estando en Manila, falleció de un ataque al corazón.


Fuentes: Biography of Lionel Royce (Hal Erickson)/Leo Reuss – Der Bergbauer in der Josefstadt (Michael Mürkl)/Der Wasserstoff-Arier (Martin Schneider en Taz)/Wikipedia