El asombroso lugar del Líbano con estelas, inscripciones y dedicatorias egipcias, asirias, babilonias, islámicas y coloniales

Las inscripciones de Nahr al-Kalb según un grabado de Louis François Cassas, 1799 / foto dominio público en Wikimedia Commons

El río Nahr al-Kalb (llamado Lykos en la Antigüedad) nace cerca de la localidad de Jeita y recorre apenas 31 kilómetros hasta desembocar en el Mediterráneo a unos 30 kilómetros al norte de Beirut, la capital del Líbano. No es un río particularmente largo, y además en verano suele estar prácticamente seco. Pero el valle que forma y su desembocadura tienen un especial interés para la arqueología y la historia.

Y es que desde el siglo XIV a.C. hasta la época contemporánea, generales, conquistadores y reyes han erigido allí estelas conmemorativas con dedicatorias y relieves, formando un impresionante conjunto de 20 estelas a las que se conoce con el nombre de Estelas Conmemorativas de Nahr al-Kalb.

Estelas de Ramsés II (derecha) y de Asarhaddón (izquierda), fotografía de Félix Bonfils / foto dominio público en Wikimedia Commons

El primero que dio noticia escrita de tal maravilla fue el viajero del siglo XVII Henry Maundrell en su libro de 1703 Journey from Aleppo to Jerusalem at Easter A.D. 1697:

Para acomodar el paso, tienes un sendero de más de dos metros de ancho cortado a lo largo de su costado, a una gran altura sobre el agua; siendo obra del emperador Antonino…. El recuerdo de la buena obra se perpetúa con una inscripción, grabada en una mesa labrada en el lado de la roca natural, no lejos de la entrada al camino….. Al pasar de esta manera, observamos, en los lados de la roca sobre nosotros, varias tablas de figuras talladas; que parecían prometer algo de antigüedad… como si el viejo camino hubiera ido en esa región, antes de que Antonino cortara el otro pasaje más conveniente un poco más abajo. En varios lugares de por aquí, vimos extrañas figuras antiguas de hombres, talladas en la roca natural, y en grandeza igual a los vivos. Cerca de cada figura había una gran tabla, labrada en el lado de la roca, y rodeada de molduras. Tanto las efigies como las tablas parecían haber sido inscritas por todas partes: pero los personajes están ahora tan desfigurados que sólo se veían sus huellas; sólo había una de las figuras que tenía sus lineamientos y sus inscripciones enteras.

Franz Heinrich Weissbach, que estudió las inscripciones en 1922, identificó tres estelas egipcias con jeroglíficos, seis inscripciones cuneiformes neoasirias y neobabilonias, varias griegas, romanas y árabes, así como otras más modernas francesas e inglesas.

Mapa de las estelas egipcias (cuadrados) y asirias (círculos) por Franz Weissbach / foto dominio público en Wikimedia Commons

Las tres inscripciones egipcias llevan el nombre de Ramsés II. Se cree que al menos una de ellas fue colocada durante la primera campaña del faraón en el Levante, estableciendo el río Lykos como frontera entre la provincia egipcia de Canaán y el territorio de los hititas. No obstante, la inscripción está tan desgastada que solo se puede leer el nombre de Ramsés II y año 4. Algunos investigadores relacionan estas inscripciones con el faraón Sesostris, por lo que cuenta Heródoto:

Volviendo a las columnas que el rey Sesostris iba levantando en diversas regiones, si bien muchas ya no parecen al presente, algunas vi yo mismo existentes todavía en la Siria Palestina, en las cuales leí la referida inscripción y noté grabados los miembros de una mujer.

Heródoto, Historia II-106

De las seis inscripciones cuneiformes neoasirias y neobabilonias, una cuenta la toma de Menfis por el rey asirio Asarhaddón en el año 671 a.C. Aunque está muy dañada, se pueden leer referencias a las ciudades de Ascalon, Tiro y Taharqa, así como a 22 reyes vasallos. Otra de las inscripciones se atribuye a Nabucodonosor II, que fue rey de Babilonia entre los años 604 y 562 a.C., famoso por construir los jardines colgantes y conquistar Judá y Jerusalén.

La estela romana, muy desgastada, con su transcripción, fotografía de Franz Weissbach / foto dominio público en Wikimedia Commons

Entre las inscripciones greco-romanas destaca la atribuida a la Legio III Gallica del emperador Caracalla (originalmente reclutada por Julio César en 49 a.C. y cuya última actividad registrada se fecha a comienzos del siglo IV en Oriente Medio), que hace referencia a una calzada que construyeron allí. Es precisamente esta inscripción la que incluye las palabras Lyco flumen que permitieron a los investigadores identificar el Nahr al-Kalb con el antiguo río Lykos.

Otra de las inscripciones, en griego, conmemora una obra de ingeniería realizada por Próculo, gobernador bizantino de Fenicia en 382 d.C. durante el reinado de Teodosio I.

Inscripción del sultán Barquq, fotografía de Franz Weissbach / foto dominio público en Wikimedia Commons

La inscripción musulmana más antigua está dedicada al primer sultán de la dinastía buryí, que gobernó Egipto desde 1382 hasta 1517 durante el sultanato mameluco. Otra, dedicada al emir Fakhr-al-Din II de Líbano, ya no era legible en el siglo XIX debido al desgaste.

La tradición de levantar estelas y dedicatorias en el lugar continuó incluso en tiempos modernos. La primera de las inscripciones coloniales está dedicada a la intervención en Líbano de Napoleón III entre 1860 y 1861 para restablecer el orden durante la guerra civil que había comenzado con la rebelión de los cristianos maronitas.

Estela de Napoleón III / foto Freedom’s Falcon en Wikimedia Commons

Otra de 1919 recuerda la toma de Damasco, Homs y Alepo en octubre del año anterior por las fuerzas aliadas, al final de la Primera Guerra Mundial. De la década de 1920 es la dejada por las tropas francesas del General Gouraud que tomaron Damasco en julio de 1920 en la Batalla de Maysalun. Y en 1942 las fuerzas aliadas tallaron otra inscripción conmemorando la liberación de Siria y Líbano del régimen de Vichy.

Finalmente, en 1946 se levantó un monumento celebrando la independencia de Líbano ocurrida tres años antes. Y en 2000 otro conmemorando la salida de las tropas israelíes del país.

Estela del general Gouraud / foto DIMSFIKAS en Wikimedia Commons

Hoy todas las estelas e inscripciones están numeradas, salvo las posteriores a 1920. La única que se encuentra en la orilla derecha del río es la de Nabucodonosor II. En la orilla izquierda se disponen las demás, en un orden que va mezclando épocas y estilos superponiéndose en ocasiones, como el obelisco de 1942 que se dispone justo encima de la inscripción romana de Caracalla.

Inscripción anglo-francesa de 1918 / foto dominio público en Wikimedia Commons

El motivo de que tantos reyes, emperadores y generales hayan dejado testimonio de su paso por Nahr al-Kalb es que el río formaba una profunda garganta que solo se podía cruzar cerca de su desembocadura. Por tanto, era un paso de importancia estratégica para los ejércitos conquistadores. Los egipcios fueron los primeros que abrieron caminos en la roca, ampliados por los asirios, para facilitar la travesía. Los romanos, en época de Marco Aurelio alrededor del año 180 d.C., excavaron una calzada en la escarpada ladera que corría a unos 30 metros por encima del nivel del mar.


Fuentes: UNESCO Memory of the World / Lebanon Tourism / The lands of the Bible: visited and described in an extensive journey undertaken with special reference to the promotion of Biblical research and the advancement of the cause of philanthropy (John Wilson) / Factum Foundation / Come to Lebanon / Wikipedia.