Ossip Bernstein, el ajedrecista que se jugó la vida en una partida

Ossip S. Bernstein en 1930 / foto Europe Echecs

El ajedrez es un juego que representa la guerra en un tablero y en el que, en función de su jerarquía, las piezas se eliminan entre sí en una metáfora del combate y muerte. Por eso resulta irónico que una partida jugada en 1918 salvara, literalmente, la vida de un hombre. Se llamaba Ossip Samoilovich Bernstein y debía vencer para demostrar su identidad, so pena de acabar ejecutado. Claro que tenía cierta ventaja porque era todo un campeón en ese deporte.

Nació en 1882 en Yítomir, una ciudad del centro de Ucrania que en aquella época formaba parte del Imperio Ruso, en el seno de una familia de comerciantes judíos con recursos suficientes como para enviarle a estudiar a Europa occidental. Concretamente a Alemania, donde en 1901 se graduó en la Escuela Técnica Superior de Hannover y pudo acceder a la universidad, doctorándose en Derecho entre las de Leipzig y Berlín en 1906. Para entonces ya se había convertido en un destacado ajedrecista que en 1902 se impuso en el torneo de la actual capital germana y quedó segundo en el de Hannover, por detrás del maestro Walter John.

Ossip Bernstein en su juventud, con apenas veinte años/Imagen: Österreichische Nationalbibliotek

Un año más tarde obtuvo el subcampeonato en el Torneo de Kiev, que ganó el que estaba considerado mejor jugador de Rusia, Mikhail Chigorin, y en los siguientes siguió codeándose con lo más granado del mundillo ajedrecístico: los austríacos Rudolf Spielman y Carl Schlechter, el inglés Horatio Caro, el polaco Akiba Rubinstein… siempre situándose entre los primeros de cada certamen. En 1907 logró empatarle una partida a ese último y el salto cualitativo llegó en 1911, al ganar el Campeonato de la Ciudad de Moscú, a donde se había trasladado tras obtener su doctorado. Allí ejerció la profesión de abogado junto al prestigioso Igor Kistyakovsky, que luego se dedicaría a la política llegando a secretario de estado de la República Popular Ucraniana.

Bernstein, que era asesor jurídico financiero de empresas (bancos, aseguradoras…), seguía progresando en el ajedrez y ese año visitó España para participar en el Torneo de San Sebastián, considerado uno de los de mayor nivel celebrados hasta entonces. Junto a su compatriota Aron Nimzowitsch, Bernstein presentó una protesta porque la organización admitió la inscripción de un joven jugador cubano que no cumplía el requisito exigido de haber quedado tercero en al menos dos torneos. A él precisamente tuvo que enfrentarse en primera ronda… y quedó eliminado. Claro que el caribeño ganaría el campeonato y, a la postre, se convertiría en una de las grandes figuras de todos los tiempos: José Raúl Capablanca. Bernstein se enfrentaría a él otras tres veces sin poder derrotarle nunca.

El cubano José Raúl Capablanca en 1920/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y eso que aquella fue la etapa más brillante de su carrera, ya que Ossip Bernstein quizá nunca alcanzó el brillo de otros ajedrecistas pero sí fue incluido en el Club Mikhail Chigorin (formado por jugadores que hubieran ganado una partida del Campeonato del Mundo) y consiguió mantenerse en el top ten mundial durante más de una década, entre 1903 y 1914. Quizá podría haberla prolongado de no ser por los acontecimientos que se encadenaron a raíz del estallido de la Primera Guerra Mundial, siendo el principal la Revolución Rusa. Los judíos esperaban que el antisemitismo que se había extendido por Rusia durante la época zarista remitiera con el nuevo régimen pero, si bien al principio se adoptaron medidas antidiscriminatorias, las buenas intenciones del gobierno chocaban con el criterio del partido, radicalmente laicista y hostil a cualquier manifestación religiosa. Por tanto, a partir de 1918, y a despecho de Lenin, las cosas empezaron a ponerse negras otra vez para el judaísmo.

A las confiscaciones y disolución de comunidades llevadas a cabo en zona soviética se sumaban los pogromos realizados por el Ejército Blanco. Para alguien como Ossip Bernsein la cosa resultaba aún peor, ya que perdió la fortuna que había amasado gracias a diversos negocios facilitados por su trabajo. Entonces se produjo el incidente que reseñábamos al comienzo. Bernstein viajaba de Kiev a Odessa en ese año 1918 cuando fue arrestado por la Comisión Extraordinaria de toda Rusia, la popularmente conocida como Cheka (policía secreta soviética destinada a combatir la contrarrevolución, la especulación y la corrupción). Todo fue muy rápido y bastó saberse que era abogado empresarial para que le pusieran ante un pelotón de fusilamiento.

Foto coloreada de oficiales de la Cheka en 1919/Imagen: Planetzerocolor en Wikimedia Commons

Entonces se dio una de esas casualidades con las que el destino juega a veces por capricho. Uno de los oficiales estaba revisando la lista de reos cuando reconoció el nombre de Ossip Bernstein. Resultó que era aficionado al ajedrez, así que le apartó de la boca de los fusiles y le preguntó si se trataba del famoso campeón ajedrecístico. Bernstein respondió afirmativamente pero, al parecer, no con la suficiente convicción porque el oficial le retó a una partida a vida o muerte; si Bernstein no era capaz de vencerle perdería también la vida. Por supuesto, el chekista no fue rival y resultó derrotado en pocos movimientos. Aquel día, Bernstein ganó algo más que una partida; ganó también su supervivencia y su libertad, que aprovechó enseguida para poner tierra de por medio.

Un buque británico le llevó hasta Francia y se instaló en París, donde en 1928 ingresaría en Astraea, una logia masónica formada por rusos. La guerra hacía que la gente tuviera cosas más importantes que pensar que el ajedrez y él lo sabía por partida doble dada su experiencia, así que, sin dejarlo del todo, aparcó temporalmente su afición. De vez en cuando jugaba e incluso hizo una gira acompañado de Alexander Alekhine, campeón mundial y compatriota con el que había entablado amistad. Mientras, aprovechando la recuperación económica de la posguerra, se las arregló para volver a reunir un considerable capital… que de nuevo perdió cuando se produjeron el Crack de 1929 y la consiguiente Gran Depresión. Debía ser tan bueno para los negocios como para el ajedrez porque una vez pasada la crisis amasó otra fortuna más; eso sí, no le tocó la mejor época para ello porque en 1939 llegó la Segunda Guerra Mundial y, con la invasión alemana de Francia, no sólo volvió a perderlo todo sino que tuvo que escapar del país.

Ossip Bernstein en 1946/Imagen: Nationaal Archief en Wikimedia Commons

En 1940, buscando refugio en España, atravesó los Pirineos con su familia en una dramática aventura, viajando de noche y ocultándose durante el día a lo largo de dos agotadoras jornadas; tanto que sufrió un ataque al corazón y ello les supuso a todos ser detenidos por la Guardia Civil. La gestión de algunos amigos influyentes les permitió salir de la cárcel y reunirse, estableciéndose en Barcelona hasta 1945, en que, finalizada la contienda, regresaron a París, ya que tenían la ciudadanía francesa desde 1932. Bernstein retomó el ajedrez y disputó varios torneos a buen nivel, quedando casi siempre entre los primeros. Hasta pudo volver a jugar en la Unión Soviética al finalizar la etapa stalinista.

El episodio más curioso de esos años tuvo lugar en el Gran Torneo Internacional Unesco de Montevideo, en 1954, donde participaron dieciocho jugadores. Bernstein perdió con el chileno René Letelier Martner, que a la postre fue el vencedor, y tuvo que jugarse el subcampeonato con Miguel Najdorf, un gran maestro argentino que primero había protestado por tener que jugar contra un anciano de setenta y dos años, y después, reconsiderando su presunta ventaja, logró arrancar a la organización que se incrementase la cuantía en metálico del primer premio quitándoselo a los siguientes puestos. Ya vimos que le salió mal porque ganó Letelier pero es que, además, Bernstein también le derrotó: treinta y siete movimientos inspirados en la Antigua Defensa India.

Ossip Bernstein en 1961/Imagen: Jac. de Nijs en Wikimedia Commons

Esa genialidad le hizo llevarse un galardón especial. Fue una década para él especial porque también entonces recibió el título de Gran Maestro Internacional, pero se acercaba ya al final de su vida. En 1962, un segundo infarto mientras viajaba en avión de regreso de la XV Olimpiada de Ajedrez de 1962 le dejó ya muy mal y falleció ese mismo año mientras dormía, durante una visita a unos amigos en el Pirineo francés.


Fuentes: The Bobby Fischer I knew and other stories (Arnold Denker y Larry Parr)/Ossip Bernstein (Bill Wall en WebArchive)/Lined up for the firing squad, this chess master was offered to play a game of chess for his life (Lindsay Stidham en History Collection)/Chessgames/Wikipedia